Los hijos de nuestros hijos

Clifford D. Simak es uno de los autores de referencia de la ciencia ficción. Su obra se extiende durante casi cincuenta años, desde sus inicios a finales de los años 30 (fue uno de los “pupilos” de Campbell, convirtiéndose en una de las principales voces de la Edad de Oro. Además, nunca llegó a aventurarse en las nuevas corrientes literarias (aunque, sin duda, se vio parcialmente influido por ellas, como atestigua su único Hugo a mejor novela, “Estación de tránsito“). Durante los 60, 70 y 80 siguió abanderando una ciencia ficción “realista”, en el sentido de científicamente plausible (por supuesto, la definición de cada cual de “plausible” puede variar considerablemente), lo que unido a ciertos problemas de salud redujo su impacto como novelista (aunque siguió publicando asiduamente obras largas y, por supuesto, relatos). En 1977 fue el tercer receptor del título de Gran Maestro de la ciencia ficción (sucediendo a Heinlein y Williamson).

“Los hijos de nuestros hijos” (“Our children’s children”) pertenece a su etapa menos celebrada, pues fue publicada en 1974, y, desde luego, carece de la complejidad literaria y filosófica que ya empezaba a exigirse a la ciencia ficción. Resulta, sin embargo, terriblemente actual, hasta el punto de que no extrañaría a nadie una serie de televisión (todo lo superficial que se quiera) que siguiera los mismos planteamientos. Corre el año 1975 y Bentley Price, un reportero gráfico, asiste atónito a la apertura de una especie de portal del que empieza a brotar una multitud de personas, vestidas de forma curiosa, que se identifican como refugiados de un tiempo, 500 años en el futuro, en que la humanidad estará a punto de ser aniquilada por una feroz raza alienígena.

A partir de este planteamiento, Simak construye una historia narrada en pequeños fragmentos, con múltiples puntos de vista, que trata sobre la reacciones a esta situación (y a la petición de ayuda de los exiliados para construir nuevos túneles del tiempo que los conduzcan hasta su destino definitivo en el mioceno), tanto políticas (uno de los principales personajes es el portavoz de la Casa Blanca, y el presidente estadounidense juega un papel destacado) como religiosas (nuestros lejanos descendientes han prescindido de cualquier credo), económicas (con los problemas derivados de la súbita superpoblación y los intereses comerciales que podrían derivarse de la explotación de la tecnología temporal) o militares (uno de los monstruos del futuro consigue atravesar el portal, exhibiendo un rapidísimo crecimiento exponencial que multiplica cada poco tiempo la amenaza que supone). Por desgracia, 150 escasas páginas dan para poca profundidad en ninguno de estos frentes, por lo que se imponen simplificaciones tan extremas que la novela se antoja de una ingenuidad pasmosa.

No es ése el único problema. Los personajes son los típicos soseras de Simak, con la personalidad imprescindible para acertar a ponerse cada mañana los calcetines del mismo par. Resulta imposible empatizar con ninguno de ellos, e incluso cuando debaten sobre la supervivencia del mundo es complicado registrar ningún sentimiento de urgencia. Eso por no hablar de una visión brutalmente idealizada de los estamentos políticos (unido a un chovinismo extremo que pinta al presidente americano como poco menos que un santo), algo que sorprende enormemente, habida cuenta de que el país se encontraba inmerso en el escándalo del Watergate. Quizás detrás de todo ello se esconda una ácida ironía, pero si es el caso resulta tan sutil que se me escapa.

También es típica de Simak la especulación en torno al tiempo, aunque asume una postura un poco diferente a la habitual. En muchas de sus novelas, el viaje temporal implica una traslocación a universos paralelos, que no tienen por qué ser equivalentes. Así pues, en “Un anillo alrededor del Sol” las Tierras del pasado se alinean en un círculo infinito, constituyendo vergeles a donde los mutantes pueden escapar de la persecución y la intolerancia; y en “Ciudad” se presentan también como una vía de escape para la humanidad. En “Los hijos de nuestros hijos” se asume una posición intermedia con la clásica del hilo temporal único. Los refugiados del futuro viajan a un pasado equivalente pero no idéntico al suyo propio, por lo que no cabe la posibilidad de que cualquier cambio los afecte (desde el momento en que interfieren crean una línea temporal independiente). Se trata de una solución de compromiso para no empantanarse con paradojas que, sinceramente, no acaba de funcionar, sobre todo porque el propio autor vulnera las reglas que ha establecido al explicar un importante hecho del pasado de la Tierra con el devenir de los acontecimientos (el típico giro de tuerca final, que funciona mucho mejor en relatos, donde es mucho más sencillo no quebrantar ninguna de las premisas).

En definitiva, se trata de un escenario interesante, tratado con excesiva ligereza e ingenuidad y sin las dosis de mala leche necesarias para hacer creíbles los conflictos e interesante la trama.

¿O no?

Lo cierto es que entre tanta levedad se cuelan un par de ideas muy poderosas. Los visitantes del futuro justifican la elección de esa época como puerto intermedio en su periplo por ser la única en que la disponibilidad de recursos y la capacidad técnica y humana posibilitan la titánica empresa. Según palabras de una de ellos, poco depués de 1975 se iba a producir un colapso socioeconómico, provocado sólo en parte por el agotamiento de los recursos naturales, que conduciría a la guerra, el hambre y la destrucción de un estilo de vida condenado ya al fracaso, sobre cuyas ruinas se reconstruiría una civilización más responsable. La descripción que hace del proceso no deja de producir escalofríos:

Quizás un colapso económico sea la mejor definición. Probablemente hubo también una decadencia del sentido moral. Hubo una época de inflación incontenible que alcanzó cotas absurdas, acompañada de un creciente escepticismo, de una pérdida de confianza en el Gobierno, que contribuyó al fracaso de éste y abrió un abismo cada vez mayor en los recursos y en la comprensión entre ricos y pobres. Hubo un auge tremendo y después una caída, y no sólo en este país, sino en todas las grandes potencias. Cayeron una tras otra. La economía se hundió, el Gobierno se derrumbó y las masas se echaron a la calle. Las multitudes ciegas atacaban, no algo determinado, sino a todo y a todos.

Es un pena que Simak no supiera (o no se atreviera) a profundizar en estas ideas, a denunciar la incapacidad de los gobiernos, demasiado preocupados por los índices de popularidad a corto plazo, para apartarnos de una senda autodestructiva, a explicitar la responsabilidad, tan sólo insinuada (algo es algo, que los políticos se van casi de rositas), de las grandes religiones organizadas en la no prevención del caos futuro, a señalar acusadoramente al capitalismo desbocado por su avaricia criminal, a denunciar, en pocas palabras, la filosofía de vivamos bien hoy y que nuestros hijos carguen con las consecuencias (idea que, sin duda, se haya presente en la novela de forma embrionaria, no sé si incluso inconsciente, desde su mismo título). Entonces podría estar hablando de un libro-denuncia imprescindible, en vez de reseñar un entretenimiento simple e inofensivo, que cierra tan en falso su trama como no acierta a abordar los temas de mayor calado, que despacha con unas pocas y poco comprometedoras líneas.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en marzo 6, 2010.

Una respuesta to “Los hijos de nuestros hijos”

  1. Me parece que es impropio convertir una obra literaria en un panfleto político. Si el gobierno de ese momento fue uno de los peores ejemplos del imperialismo norteamericano es un dato de la epoca en que se escribio la obra, nada mas!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: