Tik-Tok

Hay pocos elementos propios de la ciencia ficción que hayan dado más juego que los robots. Lo habitual es considerar (con plena justicia) a Isaac Asimov como el referente principal en el tema, pero existen otros puntos de vista y enfoques, como el abordado por John Sladek en “Tik-Tok”, una obra que superficialmente representa una parodia del robot asimoviano (en particular en lo referente a las tres leyes), aunque sus auténticos dardos se dirigen hacia la sociedad humana.

Sladek, pese a ser americano, desarrolló buena parte de su carrera en el Reino Unido, en estrecho contacto con el movimiento de la New Age. Allí se le debió de pegar el gusto por la sátira y el surrealismo (propio de compañeros como Douglas Adams o Harry Harrison, otro autor emigrado a las ilas), de la que “Tik-Tok” es un buen ejemplo.

La novela nos relata las andanzas de un robot homónimo, que determinado día descubre que, a pesar de la influencia de unos supuestos circuitos controladores (los asimov), es capaz de matar. A partir de ahí se embarca en una espiral de enriquecimiento personal (complicado, pues al ser una máquina no puede tener en teoría posesiones) y masacre de humanos. Todo ello contado a través de dos líneas temporales que se entrelazan, la primera narrando sus visicitudes desde el día de su montaje hasta su primera muerte, y la segunda detallando su carrera ascendente desde ese instante hasta que es desenmascarado, al poco tiempo de estar en disposición de acceder al cargo de vicepresidente de los EE.UU.

De buenas a primeras se me antojó una simple gamberrada de Sladek, una parodia simple de la literatura asimoviana justo cuando el hard (neocampbelliano) volvía a estar de moda. Baste con señalar que en ese mismo año 1983 el parodiado publicó la que podría ser su mejor historia sobre el particular, “Los robots del amanecer”. Y parte de razón no faltaría, pues la novela puede interpretarse como un reflejo distorsionado de la magnífica novela corta “El hombre bicentenario”. La diferencia crucial radica, quizás, en el divergente concepto que tenían Asimov y Sladek de lo que suponía “humanizar” a un robot. Así pues, mientras el viaje de Andrew Martin es un periplo de sacrificio e idealismo, Tik-Tok se va haciendo más humano cuanto más rastrero, egoista y sádico se vuelve.

Sin embargo, hay algo más en esta novela. Para empezar, me llama la atención el modo en que se articula. No tanto en lo que se refiere a las dos secuencias en paralelo como a su posible ascripción a un tipo de literatura que, en principio, no podrías considerar más alejada de la ciencia ficción: la novela picaresca. He aquí algunos apuntes que avalan esta opinión: 1)  Es el propio robot quien escribe sobre su vida, al final de la misma, esperando el desmontaje final, sin arrepentirse de nada. 2) La estructura es episódica, pasando al principio por las manos de varios amos y con posterioridad embarcándose en distintas empresas de nula moralidad. 3) El plantel de tipos humanos que se nos presenta va de deleznable a repulsivo; todos ellos son viles o estúpidos o ambas cosas a la vez, por no hablar de sus costumbres sexuales (abusadores de robots, “amantes” de los caballos, violadores de patos), su vacuidad (drogadictos, esotéricos, ilusos idealistas) o su cinismo (predicadores, piratas espaciales, políticos).

“Tik-Tok” se revela pues como un espejo de lo peor del ser humano, aprovechando su tono satírico para ahorrarse la molestia de presentar elementos redentores. Además, tiene tiempo de establecer un par de paralelismos con la historia de la comunidad negra en america, con motivo de la situación de los robots (de pura y simple esclavitud, idea reforzada por detalles como que el primer trabajo de Tik-Tok lo desempeña en una decadente mansión sureña) y su lucha por los derechos civiles. Aunque he de señalar que el mensaje de este paralelismo queda bastante ambiguo por la tremenda carga de cinismo que arrastra la historia, que convierte a su protagonista en rastrero incluso cuando está liderando causas justas (siempre lo hace por las razones más incorrectas posibles). Así mismo, igual de insustancial es su discurso acerca de la pertinencia y aplicación de leyes morales o sobre el libre albedrío, abordados de refilón cada vez que se mencionan los circuitos asimov (o su falta de efecto).

La carencia de un propósito definido, más allá de esparcir excrementos en todas direcciones, es el principal lastre de la historia, que por momentos alcanza también un carácter excesivamente episódico y reiterativo. Se salva, sin embargo, gracias a la personalidad de Tik-Tok, un sicópata de tomo y lomo (hasta el punto que la novela, más que picaresca, acaba siendo sicopatesca), así como por determinados hallazgos argumentales, que sin duda han servido de inspiración a creadores posteriores. Hay unos párrafos describiendo robots caídos en desuso y abandonados que invoca una escena muy similar de “Inteligencia artificial”, la película de Steven Spielberg, del mismo modo que resulta evidente que Tik-Tok se reencarnará en el siglo XXXI como Bender. No sólo hace gala de su inexistente moralidad, sino que presenta ya su obsesión de matar a todos lo humanos, los tilda de caracarnosas y los invita a besar las placas de cobre de su trasero.

“Tik-Tok” es pues una obra curiosa. Como buena parte de la literatura satírica (notables excepciones serían “Más verde de lo que creéis” o “La guerra de las salamandras”) lo suyo no es ni la sutileza ni la profundidad, pero de tanto en tanto apetece dejarse llevar en un viaje desquiciado que no se toma demasiado en serio a sí mismo.

Como nota adicional, los británicos, que son muy suyos, reconocieron la novela en 1984 con el premio de la Asociación Británica de Ciencia Ficción. Los americanos, que son más seriotes, sólo la destacaron en vigesimoséptima y penúltima posición en la votación de los Locus de ese año.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en febrero 28, 2010.

3 comentarios to “Tik-Tok”

  1. Hola: Gracias por el enlace, y buen punto el de relacionar Tik-Tok con las obras de picaresca. Saludos.

  2. Da nada. Gracias por permitirme ofrecer otro punto de vista.

  3. Pues esta no la pude acabar, o mejor dicho, no la quise acabar. Aunque es corta, bastante corta de hecho para los estándares actuales, la estructura de corrido sin capítulos que tiene, no me acaba de convencer (aunque acabo de leer “El Dios de Piedra Despierta” de Farmer, con similar estructura y, sin embargo, no se me ha hecho tan cuesta arriba como esta). En fin, será que no estaba de humor para la ciencia ficción de humor. Saludos

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