Clase nocturna

Tras la desaparición de las revistas de género, último refugio de la ficción breve no antologizada, nos hemos quedado sin referencias sobre nuevos autores y tendencias. Así pues, las editoriales se encuentran con el marrón de tener que vendernos autores desconocidos por estos lares (punto que ya comenté en alguna reseña anterior). Esto obliga a las editoriales a ingeniárselas para convencernos de que valdrá la pena soltar los veinte eurazos (mínimo en estos momentos) que cuestan las novedades. La Factoría de Ideas, por ejemplo, recurre desde hace ya un tiempo al prestigio de los premios (Hugo, Nebula, World Fantasy, Jupiter, Locus, Bram Stoker… lo que se tercie; si no puede atribuirse a la novela, al menos sí al autor). Últimamente, una franja en la parte superior de la portada (donde antes se reproducía una cita convenientemente elogiosa) se reserva para glosar estos reconocimientos. Por supuesto, esta estrategia margina por completo a los autores españoles, pero eso ya es otra cuestión.

El caso es que esta estrategia se basa por completo en la percepción que tengamos sobre el galardón destacado. Los premios Hugo y Nebula en ciencia ficción (sobre todo, también cae a veces hacia la fantasía) poseen un prestigio bastante sólido (junto con el ocasional gatillazo, su palmarés histórico está cuajado de clásicos indiscutibles del género fantástico). Otros son menos conocidos (como el World Fantasy o el Mythopoetic) o valorados (como el Locus). Mientras que a un tercer grupo jamás se le ha prestado la menor atención. Tal es el caso de los premios Bram Stoker, concedidos por la Horror Writers Association.

En parte es culpa del propio estado del género, sin ninguna obra realmente espectacular surgida estos últimos años. También se debe a la cercanía al mainstream del género de terror, que le ha llevado a asumir características (y de vez en cuando volumen de ventas) del best-seller moderno (al fin y al cabo, la persona que más ayudó a configurarlo fue Stephen King). Este tipo de literatura no suele apoyarse promocionalmente en premios de carácter gremial. Para empezar, no suele necesitarlo.

Sin embargo, hasta hace bien poco el campo de la literatura de terror en España era un páramo donde sólo asomaban un par de escritores superventas (King, Koontz, de tanto en tanto Barker o Campbell), clásicos como Poe o Lovecraft y la ocasional novela adaptada al cine (“La profecía”, “El silencio de los corderos”…). Vamos, que no se puede decir que haya sido un género muy boyante (lo cual es curioso, dado que España es considerada una de las naciones donde mejor funcionan las películas de terror, tanto de producción propia como importadas). Por ello, las colecciones específicas no se han prodigado en exceso (fuera del mundo de los bolsilibros, tan sólo se me ocurren de cierta entidad las colecciones Super Terror y Gran Super Terror de Martínez Roca, dedicadas en buena medida a antologías, y desde principios de los 90, la editorial Valdemar, dedicada casi exclusivamente a la edición de clásicos). El año 2001 La Factoría de Ideas lanzaba su colección Solaris Terror con “Nazareth Hill”, de Ramsey Campell (lo tengo sin terminar, por puro aburrimiento, achacable quizás en parte a una pésima traducción). A continuación, intercalados entre los Campbell, Matheson y Barker, empezó a probar a nuevos autores. Uno de ellos, avalado por el premio Bram Stoker de 2002 (concedido en el 2003) fue Tom Piccirilli, con su novela galardonada, “Clase nocturna”.

El lector avispado se habrá dado cuenta de que llevo un buen montón de palabras y aún no había dedicado una sola a la novela sobre la que se supone que va la crítica. Sí, a veces se me cruzan los cables y me voy por los cerros de Úbeda, pero en esta ocasión tengo una excusa muy buena. No hay mucho que contar sobre “Clase nocturna”.

De su trama mejor no revelar nada, porque a poco que me extienda podría contar todo el libro en un par de párrafos. Además, tampoco sabría por donde abordar la exposición, porque funciona en gran medida como una acumulación de elementos poco y mal combinados. Baste decir que trata sobre Caleb Prentiss, un estudiante universitario (de un college) de 21 años, un tanto rarito, que se enfrenta a una situación todavía más extraña, desarrollándose toda la acción principal en apenas un día, aunque con numersos flashbacks entrelazados a modo de rememoraciones.

A falta de una historia sólida, el autor recurre a la ambientación para vender la novela. No creo que pueda definirse como de auténtico terror, aunque sin duda su propósito es despertar el mal rollo a base de sordidez. Por las páginas desfilan en caótica y fugaz sucesión suicidios, prostitución, alcoholismo, obsesión, niños hidrocefálicos, violaciones, asesinatos, personajes pintorescos, locura y depravación sexual. Por desgracia, todo se nos presenta muy superficialmente, envuelto en elaboradas metáforas (que a su vez escogen con cuidado las imágenes para acentuar la sensación de degradación) cuyo objetivo no parece ser tanto servir a un propósito como ser un fin en sí mismas.

Personalmente, nunca me ha atraído el recurso de primar la forma sobre el fondo. Sí, Piccirilli sabe lo que se hace a nivel estilístico (al menos hasta donde la traducción nos permite discernir, pues en más de una ocasión parece que su alambicada prosa logra que el traductor descarrile y no sepa qué está contando o quién está hablando), pero una novela debería ser algo más que un ejercicio de estilo. Es muy breve (llega hasta las 230 páginas, pero nunca había visto un tipo de letra tan grande fuera de los libros infantiles), pero aun así le da tiempo a aburrir, lo cual es imperdonable.

Lo peor llega al final, con una resolución que no sé si defrauda más por manida o por rocambolesca (el cuerpo de la la historia, despojado de sus elaborados ropajes, parece concebido por un chaval de diecisiete años hiperhormonado y altamente influenciado por la bazofia que suele ofrecer Hollywood; me sorprendió descubrir que Piccirilli ya contaba con más de 35 años cuando escribió “Clase nocturna”).

Al menos la apuesta funcionó, pues el libro se vendió lo suficiente como para justificar una segunda edición y la inclusión del autor dentro del catálogo de la colección, lo cual fue una suerte pues nos brindó la posibilidad de saborear “Un coro de niños enfermos“, una novela que utiliza prácticamente los mismos recursos y elementos que “Clase nocturna”, pero que lo hace bien (y que sólo fue finalista del Bram Stoker de 2003).

En definitiva, que me reservo mi opinión sobre el premio (tengo en el estante de pendientes al menos otro ganador, así que ya veré) y sobre Piccirilli (una decepción y un magnífico libro no es mal balance, pero el que sean variaciones sobre los mismos elementos y recursos arroja una sombra de duda sobre su versatilidad). Sin embargo, tengo que suspender a “Clase nocturna”. Espero más miedo de mis libros de terror, y más solidez de mi literatura en general.

Otras opiniones:

Otros libros del mismo autor reseñados en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 28, 2010.

2 comentarios to “Clase nocturna”

  1. Sorry you didn’t enjoy THE NIGHT CLASS. It’s the novel where I made the effort to jump from horror to crime fiction, using heavy atmosphere and suggestion of disturbing elments rather than concrete details. There seems to be very little middle ground on the novel. Readers either love it or hate it. I can see where you fall, but I do hope it doesn’t stop you from reading more of my work if/when it becomes available in foreign translation. In any case, thank you for taking the time to read and review the novel at length. Critical negative reviews are preferable to none at all.

  2. First of all, thank you very much for your comment.

    I`m sorry I couldn’t appreciate your novel better. Maybe it’s been due to high expectations as a result of the Bram Stoker award and my previous reading of A CHOIR OF ILL CHILDREN. From my point of view, in the later novel some of the same resources (disturbing images, fragmented narrative, weird characters) and even plot elements are used to a greater effect (and so I stated in my review).

    Definitely, I will be checking NOVEMBER MOURNS (your other translated book here in Spain) sometime in the future. A CHOIR OF ILL CHILDREN is a very powerful novel that fulfills all the promises of THE NIGHT CLASS.

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