Nomen sacrum: El nombre sagrado

En el transcurso de una comida friqui-valenciana navideña, David Mateo repartió unos ejemplares de “Nomen Sacrum”, la novela corta ganadora del IX Certamen Nacional de Novela “Premio Ámbito Ediciones” de la Ciudad de Dueñas, obra de la pareja artística José Rubio y José Miguel Cuesta. Se trata, en su superficie, de un relato histórico, ambientado en la ciudad de Capua en torno al siglo IV a.C., que versa sobre un ataque por parte de la pujante Roma, ansiosa por poner bajo su dominio toda la península itálica.

He matizado que “en su superficie”, porque si bien utiliza recursos y ambientación de la novela histórica, lo cierto es que presenta una fuerte tendencia hacia la fantasía, no ya sólo por la utilización del recurso de conceder un papel activo a dioses y magos (en el sentido clásico, como intercesores entre el mundo natural y el sobrenatural), sino por la descripción de acontecimientos no históricos (Capua se alió inicialmente con Roma y no entró en conflicto hasta mucho después, principalmente durante las Guerras Púnicas) y elementos discordantes, como el culto en la ciudad a Lug, una deidad celta (irlandesa para más señas).

En esta península itálica alternativa, los antiguos etruscos representan el misterio y la comunión con poderes mágicos, imprescindibles para ganar el favor de los dioses (u obligarlos a concederlo, según se tercie). Son el pasado ignoto, el conocimiento casi perdido y el arma detrás de las conquistas de la incipiente superpotencia romana.

La originalidad de los autores supone al mismo tiempo el punto débil de la trama. Desde un punto de vista histórico, la injerencia de lo sobrenatural llega a hacerse excesiva. Por poner el ejemplo más cercano, Christian Jaq juguetea a menudo con este mismo concepto en sus libros sobre el antiguo Egipto, pero, quitando de posibles influencias y alguna que otra coincidencia asombrosa, todo cuanto narra podría tener una explicación natural. En “Nomen sacrum”, los autores van un poco más allá, optando decididamente por la influencia del mundo sobrenatural en el físico, lo cual podría echar para atrás a quien prefiera rigor histórico. Para agravar esta circunstancia, la intervención divina no parece muy grecorromana, sino más propia de la mitología celta, por lo que se antoja extraña a poco que hayas leído sobre Roma.

Quitando de estas pejiguerías, la historia no está exenta de virtudes. En el fallo del premio se destacaba:

El Jurado ha valorado la originalidad y amenidad de la novela, bien escrita y documentada, capaz de mantener el interés del lector con un estilo literario en el que destaca su narración fluida y el buen dominio del diálogo. Cabe resaltar asimismo la interesante recreación que los autores hacen del mundo de Roma y de las relaciones entre hombres y dioses.

Concuerdo con lo de los diálogos. Los autores crean además con unas pocas pinceladas una serie de personajes con los que no cuesta identificarse (en especial Torval y Virtix, dos jóvenes campanos para los que los acontecimientos suponen un rito de madurez). Sin embargo, al llegar a las partes narrativas me encuentro con dos dificultades. Por un lado una prosa que se llega a hacer demasiado ampulosa, por otro un ritmo muy apresurado, que obliga a pasar por encima de muchos de los acontecimientos clave con excesiva superficialidad (de nuevo me temo que mi experiencia con la novela histórica pueda influir en mi valoración). Para complicar las cosas, me da la sensación de que ambas cuestiones se encuentran entrelazadas: cuanto más vivo el ritmo, más grandilocuente se me antoja el texto).

Es por ello que prefiero los momentos en que el punto de vista se aparta de las panorámicas y se centra en primeros planos de sus jóvenes protagonistas, como durante la plegaria de Torval al dios de la ciudad o durante su participación en la lucha. Por fortuna (para mí), el peso de la narración se va decantando a medida que avanza la historia en este sentido (coincidiendo con la creciente importancia del elemento fantástico), por lo que ésta acaba en alto (si bien no alcanza, por las razones comentadas a resultarme plenamente satisfactoria).

No se trata, pues, de una valoración muy distinta de la que hice en su momento de “La ciudad de las puertas de oro” (con la que comparte, en mi opinión, virtudes y flaquezas), por lo que quizás su disfrute pueda ser un buen baremo para determinar el grado de aceptación que podría alcanzar “Nomen sacrum” en un hipotético lector.

Otras obras de los mismos autores reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 24, 2010.

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