Silencio

Estoy de bajón (otra vez). Así que toca nuevo lloriqueo en el blog. Después hay quienes me dicen que no paro de quejarme, pero es esto o reventar.

¿Cuál es el motivo primario en esta ocasión? Pues que me encantaría recibir una nota de rechazo. Sí, de rechazo, ya ni tan sólo aspiro a un contratillo, me conformo con que alguien se avenga a leer lo que les ofrezco y decida no publicarlo. Aclaro que hay un par de cosillas enviadas hace poco y que, evidentemente, aún no han tenido ocasión de pasar por el proceso de evaluación. No va con ellas la pataleta, sino con otro par de trabajos (los más comerciales que he escrito, mira por dónde) que están a la búsqueda de editor desde hace dos y tres años respectivamente.

En todo este tiempo he recibido de uno de ellos una nota de rechazo perfectamente razonada y explicada, más allá incluso de lo que nadie podría aspirar en sus sueños a conseguir (de parte de uno de los editores fantásticos más reconocidos de España; que cuenta con mi gratitud en niveles tan apenas inferiores a si hubiera acabado aceptando la novela), y una escueta notificación, arrancada tras meses de retraso y merced de sucesivas peticiones de información, por parte de una agencia (tan aséptica y genérica que suscitó serias dudas sobre que el manuscrito hubiera salido del sobre en el que lo envié). Del resto… silencio.

Sí, ni siquiera un “no nos interesa”. Al menos, en otros proyectos sí he recibido respuestas del tipo de “no aceptamos originales no solicitados”, que ahorran un montón de tiempo y paz de espíritu (el cabreo pasa rápido; es sólo un efímero arrebato de furia, suscitado por la desesperación, que se esfuma sin dejar mayores secuelas que una editorial tachada de la lista de “posibles”). Ahora bien, el silencio… Joder con el silencio. Con lo fácil que es pillar el mail y mandar un mensajito, aunque sea del tipo de “no aceptamos manuscritos de pringadillos” (que viene a ser la traducción libre de “no solicitados”). Pero no, ni eso. Aunque se cumplan a rajatabla las instrucciones de envío de originales para su valoración. Silencio.

Supongo que por esto la mayor parte de los autores consagrados parecen un atajo de prepotentes endiosados. Para llegar hasta ahí supongo que habrá que tragar mucha mierda y muchos silencios; mucha falta de respeto, vamos. Que tan sólo buscamos una oportunidad para competir, ¿vale? No una subvención para vivir del cuento.

Algo imposible, por cierto. No ya vivir, sino siquiera conseguir alguna pequeña compensación.

Estoy leyendo una antología de relatos de Robert E. Howard. Tiene un poco de todo, cuentos de sus inicios y de su (relativa) madurez. Los últimos son geniales, entre los primeros hay alguno que de ser de otro autor hace décadas que hubiera desaparecido en el justo olvido. El caso es que eso me ha motivado a investigar un poco.

Howard vendió su primer cuento, “Spear and fang” a Weird Tales en 1925. Es un cuentecillo de cavernícolas de menos de 2.000 palabras, por el que cobró 16 $. No parece mucho, pero resulta que teniendo en cuenta el coste de la vida por aquel entonces, equivaldría a cerca de 200 $ actuales. Una década después, en 1936 (por cierto, le costó cinco o seis años de profesionalidad ir pillando el tono y empezar a producir ficción realmente significativa) cobró por una historia de 9.000 palabras en la misma revista 100 $, lo que equivale a algo más de 1.500 $ actuales (los cálculos han sido realizados aquí).

Por el décuplo de palabras yo puedo aspirar a obtener un tercio de eso (y ya me puedo dar con un canto en los dientes, que lo normal es trabajar gratis).

Por ello me hace un poco de gracia (y que me perdonen los responsables de la iniciativa, pero es lo que siento), la pretensión de instaurar una crítica profesional en la literatura fantástica en España, cuando los propios escritores so(mos)n unos amateurs de mierda que tienen que sacar tiempo y recursos de donde no hay para emplearlos en una actividad brutalmente deficitaria (ya no sólo considerando el coste de la “mano de obra” x horas de dedicación, sino incluso los beneficios brutos menos el coste de desarrollo (internet, luz, impresión, correos) y promoción (viajes y demás). Se me antoja como pretender empezar la casa por el tejado. Será que no he pillado el concepto.

Al final, supongo que seguimos en esto porque la esperanza es lo último que se pierde. Claro que los silencios, que son unos cabroncetes, no dejan de insistir para que la dejemos extraviada en cualquier parte.

Total, seríamos más felices sin ella.

Mientras llega el Gran Día, habrá que seguir coleccionando no-cartas de rechazo… y atesorar como oro en paño las raras ocasiones en que alguien responde que sí, que lo ha leído, pero que no le convence. Ahí al menos ha existido una oportunidad.

Anuncios

~ por Sergio en diciembre 1, 2009.

7 comentarios to “Silencio”

  1. Dicen que quien no llora no mama. Así que tienes razón, hay que llorar y hay que protestar. Pero sobre todo hay que insistir. Y mucho. Que cuando menos se piensa…

  2. Isaac Asimov escribió un poema (o al menos una construcción en versos rimados) con varios tipos de rechazo distintos. Es divertido, especialmente porque uno se identifica rápidamente con cualquiera de ellos, desde el más elegante hasta el más rudo. Le faltó uno, por cierto: el no-rechazo. Supongo que será el peor de todos.
    Mira, yo creo que tu mal es el de todos los escritores. Al final sólo sobreviven los tenaces. Y algunos de ellos triunfan con creces :)

  3. Ánimo. No decaigas en tu lucha.

  4. Yo rompo una lanza por los premios. Luego son lo que son, pero al menos ahí sí están solicitando el envío de material y se comprometen a ojear el manuscrito. Por lo demás, no os hacéis ni idea de los kilos y kilos de papel que entran en una editorial. Es que no hay forma humana de darle salida… Bueno sí, la biomasa, que debe ser la principal fuente de ingresos de los editores hoy en día. Si quereis probar fortuna probando el puerta fría, olvidaros de mandar todo el libro. Una sinopsis de un folio y tres capitulos en CD

  5. El 80% de los premios (tirando para lo bajo) están concedidos de antemano y/o sólo sirven para que editoriales de autoedición capten nuevos pardill… clientes. Los restantes, reciben una avalancha difícil de evaluar (en la que se priorizan los textos remitidos por agentes).

    Respecto a los kilos y kilos… Lo siento, pero eso no excusa el no dar una respuesta, aunque sea un escueto “En estos momentos no podemos atenderle”.

    Y, por supuesto, hace tiempo que trabajo con sinopsis (de tres páginas), las 5.000-10.000 primeras palabras, una breve descripción del producto con posicionamiento de mercado y el currículo (salvo que se especifique el envío de la obra completa).

    • Hola, Sergio.

      Si es que estamos en el Norte de África (Europa empieza en Francia). Aquí el que te contesta, aunque solamente sea una escueta negativa por educación, es la excepción (Grupo AJEC, Siruela, Salto de Página…) En el mundo civilizado (Canadá, Francia, EE. UU., países nórdicos…) las editoriales acostumbran responder, aunque seas un mindundi. En España en cambio, lo normal es que no acusen ni recibo (cuesta 1 segundo, pero para eso habría que consultar el correo, claro, y todo el mundo sabe que el “email” ese está pa´ figurar, no pa´ perder el tiempo leyéndolo…

  6. Como Sim, también apostaría por los premios. Ánimo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: