Sable 7. Especial Nocte

Hace unas semanas anunciaba la salida al mercado del número 7 de la revista Sable. Durante la pasada Hispacon, donde se celebró una presentación de las novedades de la editorial Tusitala, obtuve mi ejemplar (y algún otro número anterior), y ha llegado el momento de realizar una crítica del número, lo cual será un poco peliagudo, pues casi todos los autores son compañeros de NOCTE, la asociación española de escritores de terror (por no hablar de Fermín, el editor). No está mal como prueba de fuego.

Ante todo, una descripción general del proyecto.

Sable, para quien no lo sepa, es la única revista de relatos con formato A4 que nos queda. Fermín y su mujer, Blanca, decidieron embarcarse hace seis años en un proyecto editorial casi de guerrillas, con el sano aunque muy antilucrativo empeño de publicar lo que les apetecía, que era una revista de relatos (y cómic en los primeros números) abierta a autores de cualquier nacionalidad (y renombre). Eso, por supuesto, es muy loable, pero tenemos en un mundillo en el que ese tipo de enfoque garantiza casi una repercusión nula. Pese a todo, han perseverado hasta alcanzar su séptimo volumen… y prometen continuar al pie del cañón (eso es algo que admiro profundamente; nosotros con Rescepto, el ezine, nos quemamos en un año).

Este número, sin embargo, es un tanto especial. Fermín, que también es escritor (podéis consultar la crítica que hice en su momento de “Forastero en cuerpo extraño“), como miembro de NOCTE, propuso la edición de un Sable especial, dedicado al terror, con cuentos de los socios. El proyecto experimentó vaivenes y, cuando ya parecía muerto, resucitó y se concretó en una revista de 70 páginas, en Din A4, con trece relatos, ilustrados todos ellos por Pedro Belushi, y una magnífica (e inquietante) portada de Jonas Biorn.

Es, por tanto, un Sable bastante más homogéneo de lo habitual, lo cual no es óbice para encontrar variedad en el tratamiento y la longitud de los textos, algo bastante significativo, tal y como comentaba el mes pasado en la entrada “La longitud sí importa“.

Se abre el volumen con el relato “La necesidad del dolor” de José María Tamparillas, un texto que plantea con habilidad una situación extremadamente inquietante, la inversión mórbida de uno de los más arraigados instintos del ser humano. Hace uso, por tanto, de un poderoso mecanismo para despertar en el lector un rechazo instintivo y visceral. No sé si acaba de convecerme que, tras el suceso en sí, la acción prosigue en una especie de epílogo no menos perturbador, aunque se da la circunstancia de que la suma es tal vez en este caso menos impactante de lo que serían las partes por seaparado (tanto por pulsar fibras diferentes como por ofrecer cierto “alivio” en forma de castigo para la acción desencadenante).

A continuación nos encontramos con “Bajo París” de Juan Ángel Laguna Edroso, un cambio de registro importante hacia un cuento de estilo más narrativo, que relata las visicitudes de una pareja de investigadores de fénomenos paranormales en el sótano de un edificio abandonado por sus inquilinos a resultas de unos ruidos misteriosos. El texto va engarzando con precisión los distintos elementos hasta llegar a la resolución del misterio, que queda dibujado como una imagen repleta de posibilidades. Sin embargo, la conclusión se acomete con excesiva premura, desembocando en un final que no termina de explotar este potencial.

David Jasso ofrece en “Víctimas inocentes” un cuento que bebe de diversas fuentes, siendo quizás la más evidente “Soy leyenda”. Curiosamente, hace uso de elementos similares a la aportación e Tamparillas, aunque con consecuencias muy diferentes. Es el relato de mayor longitud hasta el momento y resulta un poco irregular. Deja la sensación de que hubiera podido extraerse algo más de la premisa y el desarrollo.

“El niño de las húmedas” de Blanca Libia Herrera constituye quizás el texto más singular de la recopilación, pues nos encontramos con un cuento escrito en prosa poética, con un lenguaje que juega continuamante a redefinir el significado de las palabras y las construcciones sintácticas. El conjunto transmite melancolía; un rito espontáneo para robar virutas de esperanza a una lucha abocada al fracaso.

Sigue la concatenación de opuestos con mi aportación, “Monstruos entre nosotros”, mi cuento maldito particular (antes de verlo impreso en este número de Sable lo había enviado a otras cinco publicaciones que dejaron de editarse tras haberlo aceptado o antes de pronunciarse sobre el particular). Como es mi costumbre, dejo que sean otros quienes lo valoren.

A continuación tenemos dos relatos breves, “Hamelín” de Santiago Eximeno, una revisión del cuento clásico del flautista de ídem, y “El hombre que nos saludaba”, de Luis Sánchez Graíño. No se trata de mi extensión favorita, y ninguno de los dos consigue ofrecerme algo especial que los haga destacar. El cuento de Eximeno al menos consigue evocar algunas imágenes perturbadoras, mientras que el de Sánchez se me antoja demasiado plano, sin que logre transmitir la desazón de los protagonistas.

Con “El ansia” de Miguel Puente se retorna a una extensión que permite un mayor desarrollo, con otra revisión, esta vez en clave (seudo)cientifista, de un tema clásico dentro del terror (o, quizás, una amalgama de varios elementos clásicos, iluminados bajo una luz modernizadora). Hacia el final se vuelve un tanto recargado, como si tratara de armonizar demasiados referentes en un único envoltorio (al menos en una longitud tan moderada), pero constituye sin embargo una aproximación interesante.

Otro relato breve, otra versión, en este caso de una leyenda contemporánea, por parte de Roberto Malo. “El ciclista fantasma” adolece también de cierta falta de garra. Sinceramente, estoy predispuesto a esperar más de Roberto (como poco, unos diálogos más incisivos). Lo siento, pero es lo que tiene aostumbrar al lector a cierto nivel.

“Siempre en mi recuerdo” de Marc R. Soto examina una figura clásica del género bajo un prisma novedoso, alterando una de sus características definitorias para poner bajo la lupa de la narración temas como la decadencia asociada a la vejez, la memoria y la cualidad cíclica del tiempo. Un esfuerzo remitificador que se ve coronado con un resultado notable.

En “El recital”, Juan Díaz Olmedo construye una historia que huye de los referentes clásicos para ofrecer una narración de tintes góticos, en la que pueden hallarse sublecturas sobre la deshumanización que tiene su origen en actitudes obsesivas. La historia gira en torno al experimento de una antigua diva, empeñada en conseguir la música perfecta sin reparar en medios ni consecuencias. Se trata de un texto que retrata a la perfección un ambiente enfermizo de compulsiones y tendencias autodestructivas.

El texto que me ha resultado más satisfactorio (también es el más largo) es “Dial”, de Emilio Bueso, un cuento ambientado en Ceuta, en los años sesenta, que tiene por protagonista y narrador al mismísimo príncipe de las mentiras, y por sufridas víctimas de sus malas artes a los quintos acuartelados en la ciudad; o tal vez sean éstos los protagonistas y aquél  la influencia en la sombra, tanto da. Los acontecimientos se vertebran en torno a un elemento tecnológico, una radio transistor, que bien sirve como ejemplo de la estupidez humana al conceder importancia a elementos que no dejan de ser accesorios (algo perfectamente extrapolable a cualquier época y lugar).

Por último, cierra el volumen “Hija de silencio y soledad” de Fermín Moreno, un cuento que, al igual que el de Blanca, juega con el lenguaje, recreando la sonoridad de la literatura de género en la época del pulp y buscando contrastar el barroquismo del continente con la crudeza del contenido. Una apuesta arriesgada que, sin duda, alentará opiniones encontradas.

Esta entrada se actualizará con enlaces a otras críticas en cuanto éstas se encuentren disponibles.

Otros números de Sable reseñados en Rescepto:

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~ por Sergio en noviembre 29, 2009.

3 comentarios to “Sable 7. Especial Nocte”

  1. ES GENIAL QUE LA “MALDICIÓN” HAYA SIDO ROTA JUSTO ENTRE LAS PÁGINAS DE SABLE ESPECIAL NOCTE… ELLO HACE QUE SEA UN EVENTO PRESTIDIGITADOR DE LARGA VIDA A NUESTRO SUEÑO DE PAPEL…

    GRACIAS POR REAVIVARLO…

  2. Lo cierto, Sergio, es que mi relato es muy corto y muy chorras. Espero enmendarme la próxima vez.

  3. Hola, Sergio:
    Muchas gracias por la reseña, y por todo el apoyo que nos has dado.
    Un cordial saludo.

    Fermín

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