La marea del despertar

Cuando te dedicas a esto de darle a la tecla, resulta imposible leer un libro y no preguntarte, aunque sea un interés meramente anecdótico: ¿Podría haberlo escrito yo? En el caso de “La marea del despertar” de Roberto Malo, he de contestarme un rotundo “No”.

“La marea del despertar” nos cuenta la historia de Jesús (bueno, la cuenta él mismo), un joven músico con una capacidad extraordinaria (aunque poco útil) que recién acaba de descubrir: es una especie de portal entre el mundo de lla vigilia y el de los sueños, o quizás sea que vive a mitad camino entre ambas realidades, que para el común de los mortales constituyen reinos separados e inmiscibles.

La literatura onírica no es algo nuevo, ni mucho menos. Se ha utilizado a menudo como recurso para dar rienda suelta a la imaginación y crear escenarios surrealistas, no atados por las férreas reglas de la cotidianeidad o incluso del fantástico tradicional, a veces con intencionalidad simbólica, otras como simple liberación. En esta novela, sin embargo, hay un elemento diferenciador. Jesús es capaz de transportar al mundo de los sueños los objetos (y algo más que los objetos) con los que se acuesta a dormir. Así pues, introduce en el mundo onírico elementos… llamémoslos lúcidos, y de igual modo influye en el desarrollo onírico con intenciones lúcidas premeditadas. Por supuesto, no es algo tan sencillo como suena. La lógica del sueño sigue siendo intrínsecamente ingobernable. Jesús se limita a introducir semillas en torno a las que se articulan las imágenes del subconsciente.

Pero la cosa no acaba ahí. De igual modo que a través del protagonista el mundo de los sueños se ve impregnado por una pequeña influencia del mundo real, cuando está despierto la novela nos ofrece una realidad que tiene importantes elementos oníricos, como si Jesús dispusiera de la facultad de arrastrar parte de la libertad de los sueños a su día a día.

Supongo que hace falta ser Roberto Malo para conseguir que este entrelazamiento funcione. En una crítica a “La luz del diablo“, su última antología de cuentos, el reseñador apuntaba a la existencia de una especie de Universo Malo, que vendría a ser un lugar en el que las reglas , aun existiendo, poseen la flexibilidad necesaria para permitir la incursión de pequeños brotes de surrealismo que no desentonan para nada. Así es el mundo cotidiano de “La marea del despertar”, y su reflejo soñador es una experiencia surreal donde los pequeños brotes de voluntad consciente se incorporan con igual facilidad.

Pese a todo, la novela no acaba de llegarme (quizás porque soy un racionalista radical, lo cual no deja de ser paradójico habida cuenta de los géneros por los que me muevo). Todas las escenas oníricas son fascinantes, te atrapan en su lógica interna, que no puedes comprender pero que sabes que está ahí (vamos lo que ocurre cuando soñamos, que todo nos parece de lo más normal). Los diálogos son desternillantes y lapidarios en este sentido. Su contrapeso real ya es otro cantar. Y lo lamento porque me atraen de igual forma las aventuras de Jesús mientras duerme como sus peripecias estando despierto (él es, básicamente, el mismo personaje entrañable, y sus amigos también viven un poco en ese Universo Malo donde la facultad de Jesús es inverosímil pero no del todo imposible). Llega cierto punto en que los períodos de vigilia apenas parecen interludios necesarios entre sueños que hay que ventilar lo más rápidamente posible (aun a costa de dar la impresión de que Jesús se pasa sobando veinte horas al día).

Por último, también está la cuestión de la conclusión… Supongo que no cabría esperar que todo quedara atado y bien atado (después de todo, va de sueños), pero va aproximándose el final y empiezas a preguntarte si la trama va a apuntar a algún sitio o si, simplemente, va a terminar, obviando por completo las convenciones de presentación, planteamiento y desenlace.

Algo hay, pero no lo suficiente para satisfacer mis expectativas, claro que yo soy muy mío en estas cosas. Si ya no me gustan los cabos sueltos, aceptar que a veces no hay grandes explicaciones que lo dejen todo bien estructurado se aleja demasiado de mis esquemas mentales (una de las múltiples razones por las que no podría haber escrito algo como “La marea del despertar” ni en mil años).

En resumen, como experiencia particular, la lectura de esta novela ha sido una experiencia muy satisfactoria fragmento a fragmento y ligeramente frustrante en su conjunto. No todos tenemos la capacidad de conectar con nuestros sueños de este modo. Al menos tenemos a Roberto Malo para que lo haga por nosotros.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en noviembre 21, 2009.

Una respuesta to “La marea del despertar”

  1. Fabuloso paisaje onírico el que se retrata en esta novela que solo podía salir de la mente de Roberto. Es fascinante su facilidad para trasladarnos al mundo de los sueños, de sus sueños.

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