Las extrañas aventuras de Solomon Kane

Valdemar acaba de reeditar en bolsillo (coincidiendo con la inminente llegada de una película sobre el personaje) “Las extrañas aventuras de Solomon Kane”, la recopilación de todos los relatos escritos por Robert E. Howard en torno a su primer gran personaje, un inglés puritano que vive sus sombrías aventuras en las primeras décadas del siglo XVI.

Se trata de un Howard primerizo, lejos durante la mayor parte del volumen de la excelencia narradora que llegaría a alcanzar antes de su prematura muerte en 1936. Se trata, por tanto, de un tomo de inferior calidad a sus historias sobre Conan, el rey Kull, Bran Mak Morn o las recogidas en otros volúmenes de Valdemar, como su recopilación de relatos de terror (“La piedra negra”, “El valle del gusano”). Sin embargo, ofrece un atisbo a un proceso fascinante, la maduración como escritor pulp de un genio que acabaría sentando casi por sí solo las bases de todo un género, la espada y brujería.

Solomon_Kane_bolsillo

Los editores han optado por ofrecer únicamente los ocho relatos completados por el autor (uno de ellos inédito en vida), dejando de lado los cuatro recuperados por otros escritores a partir de fragmentos de mayor o menor longitud, y que encontraron acomodo en ediciones previas. Se completa el volumen con “La sombra del buitre”, una historia sin relación (más que de escenario temporal) con Kane, que tiene el honor de ser la narración de donde proviene, con una interpretación de lo más libre, el personaje de Red Sonja. Su inclusión en el tomo no deja de ser curiosa, pero me viene que ni pintada para cerrar el analísis estilístico que estoy dispuesto a abordar.

La ordenación en el volumen se atiene a un criterio de cronología interna (estimada), que no correlaciona exactamente con la fecha de redacción y publicación original.

En 1928 un Robert Ervin Howard de 22 años de edad intentaba abrirse hueco en el mercado de la literatura pulp (el primero a nivel mundial que permitió la existencia de escritores profesionales independientes). Desde su primera publicación profesional tres años antes en Weird Tales, una historia de cavernícolas titulada “Spear and Fang”, estaba buscando el relato que le permitiera conectar con el público y dar inicio a una serie. La oportunidad llegó con “Sombras rojas”, una aventura exótica, protagonizada por un puritano vengativo llamado Solomon Kane. Pese a ser rechazada por Adventure (una de las revistas pulp punteras de la época), encajó a la perfección en los gustos del refugio para la literatura macabra que era Weird Tales. El éxito le llevó a publicar seis cuentos más con Kane de protagonista a lo largo de los tres años siguientes, hasta que la evolución en su escritura (y la creación de personajes más populares), le hizo abandonar al puritano para concentrarse en empresas más lucrativas.

En “Sombras rojas” se nos presenta a un inglés alto, enjuto aunque fuerte y de anchas espaldas, con el rostro pálido y adusto, y dos ojos de mirada gélida. Va siempre vestido a la manera puritana, con atuendo negro y sobrio, un sombrero alto de ala ancha, sin adornos y una capa. Entre sus armas se cuentan dos pistolas de pedernal, espada, cuchillos y ocasionalmente un arcabuz. Más adelante se le añadirá a este arsenal un cetro de madera dura, del que ya tendré ocasión de hablar.

Weird_Tales_August_1928

Cierto día, en sus vagabundeos, encuentra a una joven moribunda, que acusa entre sus últimos estertores a un vandido, Le Loup, y su banda. Esto es todo lo que necesita Solomon Kane para actuar. Las motivaciones de los personajes en este punto de la carrera de Howard son mínimas. Kane recorre el mundo impulsado por el ansía de aventura, dispuesto a desfacer entuertos y enfrentarse al mal (de origen diabólico) como todo buen puritano está dispuesto a hacer. Así pues, tras masacrar el solo a toda la banda, se dedica a perseguir al cabecilla Le Loup por medio mundo, persecución que le lleva a África, una África que poco tiene que ver con la real. Para Howard, África es un territorio salvaje e ignoto, el escenario donde dar rienda suelta a su imaginación sin aceptar fronteras. Allí Kane conoce a N’Longa, el hombre yuyu o viejo hechicero que será crucial en el futuro devenir de sus aventuras, y finalmente se enfrenta a Le Loup y a un gigante negro, poniendo punto final a su venganza.

Aparte de la ya mencionada carencia de motivaciones creíbles, el relato adolece de múltiples deficiencias. Se trata de un texto largo, más de 40 páginas, que sin embargo se construye a partir de fragmentos breves mal interconectados. El lenguaje es más efectista que efectivo, y rezuma una absoluta carencia de documentación subsanada a base de prejuicios. En la distancia choca bastante, pero hay que tener en cuenta que Howard se crió a principios del siglo XX en Tejas. Su visión de los negros como una subraza, más próxima a la bestialidad que el civilizado y superior hombre blanco, si bien no puede disculparse ha de contemplarse con matices (del mismo modo que no conviene hacer mucha sangre de su concepto de la superioridad de la raza aria).

Precedienda a esta historia en la antología nos encontramos con la que escribió a continuación, “Cráneos en las estrellas”, publicada en 1929. Se trata, al giual que la siguiente “La mano derecha de la maldición” (publicada póstumamente en 1968) y la que sigue a “Sombras rojas”, “Resonar de huesos” (1929), de una especie de hibridación entre el cuento de fantasmas tradicional inglés y el concepto de héroe howardiano. Solomon Kane se enfrenta a los tres casos a lo sobrenatural, venciendo a base de pura determinación en el primer caso y por azar en los otros dos (ambas historias de venganza sobrenatural, que tienen a Kane como testigo más o menos pasivo). Son cuentos simples, que sólo se diferencian de la producción pulp general por el toque macabro tan del gusto de los lectores de Weird Tales. Al parecer, Howard pronto se dio cuenta de que tenía que buscar con mayor afán el exotismo, así que encaminó los pasos de su personaje de vuelta a África.

solomon kane weird tales

“Luna de calaveras” es una novela corta de 80 páginas, publicada en 1931 en dos partes. En ella Kane acude al rescate de otra joven inglesa, raptada de su casa y vendida a esclavistas otomanos, que ha acabado por extrañas vías en Negari, una ciudad-estado del África negra. Se aprecia en la descripción de escenarios y en la utilización de conceptos como el de razas ancestrales de un mítico pasado (relacionadas en este caso con la Atlántida), que Howard se está viendo influido por la producción de compañeros de revista. La historia se publicó entre junio y julio, y el primer contacto entre Howard y Lovecraft se verificó en agosto, con la publicación de un artículo del primero sobre las raíces gaélicas de “Las ratas en las paredes”. La concepción mitológica del pasado que desarrollaría en contacto con el conocido como Círculo de Lovecraft (de quien recibiría el apodo de Bob Dos Pistolas), es de crucial importancia para el desarrollo de sus historias de espada y brujería (de 1929 es “El reino de las sombras”, la primera aventura del rey Kull, uno de los últimos atlantes, recibida con entusiasmo por los lectores).

Nos encontramos de nuevo con el hombre inflexible, con una determinación poco menos que monomaniática, que se adentra con paso firme y sin dudarlo en el peligro, dejando toda planificación para los débiles. Y de nuevo también se repiten elementos como una raza negra degenerada y bestial (que se solaza en este caso en las ruinas de la civilización de morenos atlantes), así como errores estilísticos en la separación por capítulos, con apenas estructura interna ni progresión dramática, en el abuso de discursos explicativos para proporcionar información o en la increíble concatenación de sucesos azarosos (algo de lo que el mismo Howard se da cuenta y explica por boca de Solomon como evidencia de la intervención divina). Sin embargo, algo ha cambiado. El mundo de Solomon Kane ya no se limita al presente inmediato, sino que hunde sus raíces en horrores ancestrales, apreciándose un inicio de mitología interna que será explorada en posteriores relatos.

Solomon_Kane

Así pues, en “Las colinas de los muertos”, Solomon Kane retorna a la aldea de N’Longa, el hombre yuyu de su primera historia, alegando que África le llama a la aventura (abandona así la ambientación europea, pues un continente civilizado no es adecuado para desarrollar sus ideas; de ahí a la creación de un mundo propio va un paso). El relato fue publicado en agosto de 1930, y destaca sobre todo porque dota al protagonista de un arma mágica, un cetro invocado por N’Longa, duro como el acero y grabado con misteriosos símbolos, que liga en cierta forma al personaje con la misión de acabar con las fuerzas del mal, materializadas en esta primera aventura en una hueste de ¡vampiros! Personalmente, encuentro el relato un poco fallido por la forma de solucionarlo, que recuerda en demasía al recurso del Deus ex Machina (aunque en este caso haga falta invocar al dios). Solomon Kane requería mayor protagonismo, y eso es lo que obtiene en los dos últimos relatos de su serie, que ya pueden considerarse el pináculo del personaje.

En la edición de Valdemar aparecen en orden distinto, pero yo voy a seguir el de publicación, así que hablaré primero de “Los pasos en el interior”, un relato que bebe directamente de los mitos de Cthulhu y nos presenta a Solomon Kane enfrentado a un grupo de esclavistas árabes (¡y derrotado por ellos!, una muestra más de la madurez del personaje). Atravesando la jungla, la caravana de esclavos llega hasta un misterioso mausoleo, en cuya puerta hay grabados símbolos hebreos y en cuyo interior Kane (y nadie más) escucha el pesado retumbar de unos pasos inquietos.

El relato es memorable por varias razones. Por un lado nos hayamos ante una estructura más pulida, con un arco argumental bien definido que nos lleva hasta su conclusión. También nos encontramos con un personaje que si bien no alcanza mucha mayor profundidad, sí que reflexiona sobre sí mismo y su lugar en la historia, así como sobre la naturaleza de su misión autoimpuesta. Igualmente, se nos informa de la importancia del cetro, como un instrumento antiquísimo, anterior al mismo hombre, que por siglos sin cuento ha sido un objeto de poder y una herramienta para arrinconar a los monstruos.

El cuento se publicó en 1931, junto con los relatos (apenas tres) de la saga de Turlogh Dubh O’Brien, el antecedente más directo a Conan. Por estas fechas también, Howard empezaba a unificar todas sus historias en un gran ciclo mitológico (punteado por cataclismos que sirven de discontinuidad entre las distintas eras). Kull se convertiría en el antecesor, real o espiritual, de héroes como el picto Bran Mak Morn, que lo invocaría para que lo auxiliara en su lucha contra los romanos, o el irlandés Cormac Mac Art,  Turlogh o el propio Conan, en quien cristalizaría todo este trabajo.

solomon_kane_Valdemar

En julio de 1932 su publicó el último relato de Solomon Kane, “Alas en la noche”, que nos presenta al puritano enfrentado a una nueva amenaza en tierras africanas. En este caso se trata de una tribu acosada por extrañas criaturas semihumanas aladas. Se trata de la historia más sombría de Kane, que se enfrenta a una lucha imposible y, a la postre, a una derrota que sólo puede ser parcialmente restañada mediante la venganza. La prosa de Howard ya ha sido depurada de los errores de principiante, e incluso ha empezado a adquirir la sonoridad propia de un poeta (hasta 1930 compuso numerosos poemas, pero hubo de renunciar a este medio de expresión por resultar improductivo). Los párrafos que describen el ataque a la aldea y la furia berserker que invade a Kane se pueden considerar fruto de un escritor que por fin ha encontrado y pulido su estilo.

Temática y estilísticamente, Robert E. Howard estaba preparado para dar un nuevo salto en su carrera. En diciembre de 1932 publicó en Weird Tales “El fénix en la espada”, la reescritura de un viejo cuento de Kull que no había logrado publicar con un nuevo personaje, Conan de Cimmeria. En Conan se amalgaman todos sus héroes anteriores (el fatalismo de Turlogh, el salvajismo apenas domado de Kull, la determinación fanática de Solomon Kane, la cercanía de los boxeadores, pistoleros y aventureros de sus historias no fantásticas…). Es un personaje rico en matices, en un contexto, la Edad Hyboria, que no está limitado por la imposición de lo real, donde puede reflejar cualquier cultura o ninguna y evocar un pasado aún más misterioso. Un personaje que no hubiera podido tomar forma sin Solomon Kane y que, a la postre, lo condujo al olvido. Simplemente, Kane carecía de suficientes atractivos. Era una bosquejo, una declaración de intenciones, pero carecía de profundidad para seguir creciendo. Su pináculo fueron “Los pasos en el interior” y “Alas en la noche”. A partir de ahí sólo cabía repetirse a sí mismo, así que salió del escenario para dejar paso a su bárbaro descendiente (protagonista de diecisiete historias más entre 1933 y 1936, incluyendo una sola novela, “La hora del dragón”).

En las historias de Conan se aprecian también los elementos fantásticos de corte mitológico cuyo desarrollo es posible seguir leyendo la saga de Solomon Kane, así como la cristalización del estilo, que se podría describir como poemas épicos en prosa, rebosantes de acción dinámica, descripciones evocativas y un sustrato de existencialismo.

RedSonya

“La sombra del buitre”, la novela corta que cierra el volumen es un buen ejemplo de esta evolución. Publicada en 1934 en “The magic carpet magazine” (una publicación de corta vida, hermana de Weird Tales, especializada en aventuras orientales), constituye sin duda el punto fuerte del volumen. Tomando como personaje principal a Gottfried von Kalmbach, un guerrero alemán, poderoso como un toro pero también borracho empedernido y de dudosa moralidad, narra la invasión de Europa por las tropas de Suleimán el Magnífico y el asedio de Viena en 1529. Las descripciones del horror bélico son extraordinarias; el personaje de von Kalmbach, tan humano como puede serlo un héroe howardiano (contradictorio y falible, egoísta y generoso, irascible aunque buen camarada). Sin elementos fantásticos, es capaz de transmitir toda la fuerza de un conflicto en el que el turco ya no es una caricatura de hombre, sino el producto de una civilización que no carece de su propia grandeza (aunque, eso sí, el enfrentamiento racial es casi inevitable y nunca cabe dudar de en qué bando se encuentra la razón).

Es, en definitiva, una muestra de la extraordinaria producción de que nos privó su suicidio cuando apenas contaba con 30 años.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en octubre 18, 2009.

2 comentarios to “Las extrañas aventuras de Solomon Kane”

  1. Desde luego, se han lucido con la nueva portada… es bastante fea, sobre todo comparada con la portada de la edición en tapa dura.

  2. Bueno, lo cierto es que pega tanto con el personaje como con el tipo de publicación donde nació (seguro que el editor de Weird Tales la hubiera aprobado… aunque sugiriendo la inclusión de alguna fémina ligera de ropa). La portada de la colección Gótica es mucho más elegante, pero podría considerarse revisionista con respecto a la esencia y raíces de Solomon Kane.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: