La longitud sí importa

Tras reseñar el Fabricantes de Sueños del año pasado, se me ha quedado una idea rondándome la cabeza. A decir verdad, se trata de algo que ya hace tiempo que me tiene… preocupado no sería la palabra exacta, tal vez desilusionado. Hace ya un par de añitos que las posibilidades de publicar un cuento fantástico son inversamente proporcionales a su longitud.

Como prueba más o menos objetiva, ahí tenemos los diecisiete cuentos que han entrado en el Fabricantes 2008 (244 páginas) frente a los 13 del volumen de 2006 (257 páginas) o los 10 del Fabricantes 2005 (240 páginas). Por ampliar, en el 2004 fueron 8 en 192 páginas y el 2002-03 10 en 203. Normalizando, resulta que tocan respectivamente (redondeando hacia el número entero superior y obviando la presentación) a 15, 20, 24, 24 y 20 páginas por cuento (cabe resaltar que el volumen del 2006 carecía de entradillas a los cuentos).

Son siete páginas de media menos, algo así como 2.200 palabras o, expresado fraccionalmente, un tercio más cortos. Y no es casualidad.

Fabricantes_suenos_2008

En el 2006 (por centrar la argumentación) los relatos procedieron de las revistas Asimov (1), Galaxia (2), Artifex (3), Antología propia (1), Axxón (3) y Alfa Eridiani (3).

En el 2008 tenemos Antología colectiva (2), Antología propia (2), NGC 3660 (2), Web (4), Miasma (3), Sinergia (1), Erídano (1), Axxón (1) y Aurora Bitzine (1) (y uno de los de antología colectiva fue publicado originalmente en Axxón).

Es decir, que los porcentajes de edición original en papel vs digital se han invertido. De 54/46 en 2006 a 41/59 en 2008. Además, de los editados en papel uno lo fue previamente en digital y tres corresponden a un fanzine con limitaciones de espacio (que, por desgracia, ya no está en activo). La inversión ya es completa si tomamos en consideración el volumen del 2005, con sólo dos cuentos en formato digital y una disrtribución 80/20.

Ojo, no pretendo inferir absolutamente nada respecto a la calidad de las obras, pero sí me parece pertinente ligar el medio de aparición con la longitud media. Sobre todo porque es algo que he tenido ocasión de verificar de forma independiente a base de pura experiencia (sólo que, para argumentarlo, me hubiera costado mucho más destilar datos objetivos del panorama editorial general del cuento fantástico). La pantalla de un ordenador no invita a leer obras de cierta longitud, y los responsables de publicaciones digitales lo saben, así que en general se busca el cuento breve, de menos de 5.000 palabras, apto para ser degustado de una sentada, algo que, tras la desaparición de las revistas tradicionales, se ha convertido en un estándard (una de las nuevas publicaciones, “Calabazas en el trastero”, por ejemplo, también maneja este límite superior, para encajar 13 relatos en 135/178 páginas, 11/14 por cuento).

Fabricantes_suenos_2006

Como resultado, dentro del panorama editorial del cuento fantástico, ya de por sí bastante depauperado, la principal víctima ha sido el relato largo, que se encuentra sin apenas posibilidades para ver la luz. Situación que no parece preocupar en exceso, dada la migración de buena parte del núcleo principal de aficionados hacia los foros, un medio que prima la concisión (menos de 2.500 palabras, ahí está la edición de “Tierra de Leyendas V”, que incluye 42 cuentos en 270 páginas, a una media de 7 por cuento), y la preponderancia de la publicación digital (El primer anuario de Axxón presenta 27 cuentos en 256 páginas, es decir menos de 10 por cuento).

A mí, personalmente, es una situación que no me complace, porque tanto como lector como en mi rol de escritor es en el cuento largo donde encuentro mayores satisfacciones (y por tal entiendo por encima de las 10.000 palabras, o 30 páginas de una publicación estándard, aunque a partir de las 6.000 la cosa empieza a tener su enjundia). Esta longitud te permite ir preparando con cuidado el planteamiento, desarrollar en profundidad todas las posibilidades y concluir sin premuras. Los relatos más cortos suelen estar descompensados, o bien se orientan en exceso hacia la conclusión (con giro sorpresa incluido, claro) o bien son puro planteamiento sin llegar a ningún lado. Se pierde, en cualquier caso, el factor narrativo, la descripción cuidadosa de personajes y situaciones, la dosificación del ritmo, la construcción meticulosa de un castillo argumentativo…

Fabricantes_suenos_2005

No es que el cuento corto no pueda ser igualmente satisfactorio. Hay ideas que no necesitan expresarse mediante un discurso, sino que deben soltarse de súbito, como un directo a la mandíbula. El equilibrio es fundamental y un escenario idílico sería aquel en que encontraran medio de difusión tanto el mircorrelato (menos de 500 palabras)  como eso que los anglosajones llaman novelette (entre 7.500 y 17.500 palabras) y nosotros podemos definir como cuento largo. Por desgracia, no es éste el caso, así que me veo en la tesitura de tener que abandonar el cuento, pues no hay nada más desalentador que ver cómo se acumulan los textos de 10.000 palabras sin que haya forma alguna de que vean la luz (salvo quizás todos juntitos en una antología personal… que saldrá con una tirada de 700 ejemplares). Quizás ésta sea una de las razones por las que no he escrito una palabra de ficción desde el 31 de julio.

Vamos, que el tamaño sí importa, al menos si quieres publicar.

Para cerrar la entrada, retomaré una novedad que tras el primer mes había dejado un poco de lado. Os dejo una encuesta sobre vuestras preferencias a la hora de leer relatos. Ya sé que en general la respuesta sería “no me importa la longitud mientras sea bueno”, pero asumamos que todas las opciones son de calidad. ¿Cuál sería entonces la longitud que os dapararía mayores satisfacciones?


(NOTA: 1000 palabras equivalen aproximadamente a tres páginas)

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~ por Sergio en octubre 13, 2009.

15 comentarios to “La longitud sí importa”

  1. Querido Sergio, coincido totalmente contigo. Personalmente me inclino por la novela (ya sea corta o larga). Entre el cuento largo y la novela corta quizás muchos de nuestro escritores podrían alcanzar esta última.
    En plan de broma, suelo decir en algunos foros que “en España hay muchos y buenos cuentistas pero pocos novelistas”.

  2. Creo que ha sido una cuestión de salida. El cuento la tenía prácticamente asegurada, la novela no tanto. Algo especialmente sangrante si tenemos en cuenta el trabajo que cuesta producir cada cual. En estos últimos años, sin embargo, están surgiendo muchos novelistas que apenas se han prodigado en el terreno del relato (José Miguel Vilar, por ejemplo). Espero que el mercado esté a la altura, porque la ilusión acaba perdiéndose cuando algo que te ha costado de producir meses desaparece de las librerías en cuestión de semanas (y no porque suscite una histeria compradora).

    Lo que menos me gusta de la situación actual es que escribir relatos cortos no te proporciona las herramientas necesarias para abordar una novela. El énfasis en relatos cortos o muy cortos que se da en foros y ezines está creando una generación de escritores que no se ha enfrentado nunca a los problemas que traen consigo los arcos argumentales largos. El salto de cuento corto a novela es uno de los fosos que tienen que superar, junto con el salto de la producción amateur no remunerada a la edición profesional (ambos, en gran medida, potenciados por la pérdida de las revistas).

    En otro orden de cosas, también me encanta el formato de novela corta, aunque ése sí lo tiene difícil para medrar, ya sea aquí o en EE.UU. (hasta Stephen King se quejaba de lo complicado que era colocarlas).

  3. Es curioso que la gente busque cuentos más cortos y novelas más largas. Por mi parte, como lector, me gusta que una historia tenga la extensión que debe tener. Es muy desagradable leer algo alargado artificialmente o acortado, mal resuelto y mal aprovechado.
    Por lo demás me atrevo a reivindicar el cuento como género. Sobre todo porque llevo un año dándole a ese palo y muchos de los que he hecho no pasan de un párrafo.

  4. Como escritor,´me siento más comodo en el relato que en distancias largas. Como admirador de Fredric Brown, me gustan más los relatos más bien cortitos.

    Pero tienes razón que la red favorece la publicación de historias cortitas. Y algo de lo que dices, tambien lo ha dicho Francisco José Suñer, qe ha puesto límite inferior a los relatos del Sitio, precisamente para que el relato tega una cierta entidad. Y aún quedan posibilidades (remotas eso sí) para el formato de cuento largo o novela corta en revistas como Artifes (si esque continúa, los Eridanos de Alfa Eridiani, y el UPC. No es que sea mucho, pero…
    Por cierto, que Procedimiento de rutina me lo rechazaron en un par de sitios web por su longitud, hasta que Francisoo José tuvo la amabilidad de publicarlo en el Sitio.

  5. Yo siempre he preferido la novela, tanto como lectora como en calidad de autora. Pero en aras de integrarme al mundo literario, me he encontrado de frente con el relato. Los relatos largos sí que los disfrutaba (tal vez por venir de la novela), mientras que los relatos cortos me han costado una barbaridad, no de leer -pues leer al final leo de todo- sino de escribir. Y muchas de las dificultades que encuentro están en el poco espacio para el desarrollo argumental. Pero todo se aprende, supongo. Y uno se adapta, ¡qué caray!

  6. Magnífica entrada. Ciertamente en las convocatorias para antologías, tipo Visiones o Calabazas…, da la impresión de que cada vez se pide menor extensión.
    Para mi gusto es un error; en las longitudes medias es donde suelen aparecer los relatos memorables, esos que recuerdas años después.
    Creo que antologías como las citadas deberían procurar que se pudiesen presentar relatos largos o novelas cortas (como la larga retahíla de aspirantes al UPC, que deben permanecer inéditas).

  7. Son circunstancias particulares de las convocatorias. El Visiones está enfocado a dar a conocer nuevos valores, así que es preferible publicar a 14 antes que a 10, por lo que se impone un máximo (que creo que está situado en las 6.000 palabras). Respecto al Calabazas, es una decisión editorial. Quieren sacar 13 relatos (por la mística del número) en una publicación tipo revista (para mantener el precio controlado), de ahí que se decanten también por limitar la longitud.

    El UPC maneja unos límites que van aproximadamente de 25.000 a 40.000 palabras (aunque siguen marcándolos por caracteres). En el Visiones se comería el espacio de cuatro a siete autores, mientras que ocuparían todo un volumen del Calabazas. Simplemente, no son el cauce adecuado. Cumplen su función, que también es muy importante.

    Lo que haría falta sería otra publicación orientada a esas longitudes (Artifex en electrónico admite por ahora novelas cortas, pero no creo que de las largas). La única opción que les queda, hoy por hoy, es formar parte de antologías de autor.

  8. ¡Hombre Sergio! que el Visiones es para nuevos valores es mucho decir.
    En esta pequeña lista (“Sergio Parra, Joe Álamo, José María Tamparillas, Juan Antonio Fernández Madrigal, Alfredo Álamo y Santi Eximeno, Laura Quijano, Ramón San Miguel y el maestro Domingo Santos… entre otros-copiada de lasombradegrumm), hay algún que otro que ya tiene algunas cosas escritas, y con cierta fortuna.

  9. Hola Jorge,
    Me temo que confundes el Visiones con el Fabricantes. Los autores que citas estamos en el Fabricantes, que es una reocpilación de rleatos ya aparecidos en otros lugares, a modo de panorama del año.
    El Visiones es uan antología de relatos inéditos especificos para la antología, enfocado sobre todo a principiantes

  10. Exacto. Ya verás como de los autores del Visiones no conoces a tantos.

    De hecho, el límite del Fabricantes fue estipulado en 17.500 palabras (justo antes de entrar en novela corta). El resultado viene determinado por las condiciones en que fueron publicados originalmente los relatos.

  11. Con la de convocatorias que lleva a cuestas el Visiones, creo que es preferible permitir que se presenten relatos de mayor longitud para, siempre y cuando su calidad lo justifique, se publiquen aunque sea a costa de que haya menos autores representados.
    De hecho, en varios Visiones de los 90 había novelas cortas o relatos largos y era finalmente lo que más valía la pena.

  12. Discrepo. Creo que la función de “presentación en sociedad” del Visiones, tal y como está concebido ahora, es fundamental, en especial en esta conyuntura en que nos hemos quedado, sin buena parte de los vehículos naturales para la distribución de relatos. Hay que cuidar la cantera. Es como una inversión. Los autores del Visiones son los que van a alimentar nuestra necesidad de literatura fantástica en el futuro.

    Los Visiones de los 90 eran otra cosa (recordemos que hasta 1999 no había siquiera Fabricantes de sueños). Buena parte de los autores eran ya consagrados, así que no presentaban a nadie (o a casi nadie). Con la política de poder optar al Visiones sólo si no se tiene una publicación propia o ya se ha aparecido en dos antologías de la AEFCFT, se ofrece una oportunidad a los que peor lo tienen, que son los que están intentando asomar la cabeza. A un chaval (y no tan chaval a tenor de la edad media de los participantes) que se pone a escribir hoy no le importa que los Visiones lleven muchas convocatorias a cuestas, le importa salir en el próximo, y utilizar esta publicación como un escalón para seguir progresando.

    Una asociación, en mi opinión, no debe regirse exactamente por los mismos principios que una editorial (buscar la mayor rentabilidad, que suele ir asociado a disponer de un producto óptimo). En la promoción y apoyo al género fantástico en español, creo que es más importante ofrecer una plataforma digna a los nuevos autores (si pueden ser quince, mejor que diez), sacrificando la posibilidad de disfrutar de obras de mayor longitud.

    Además, si tienes una buena novela corta existen otras vías de publicación (Espiral, AJEC, Erídano, Artifex…), lo sé bien porque he tenido que recurrir a una de ellas. Claro que quizás te sea más fácil si primero has publicado en algún Visiones.

  13. Coincido en que los Visiones son una excelente plataforma y un acicate para nuevos autores (además, creo que cualquier aspirante o gente relativamente novel debería tener la colección completa; sirve de guía y de estímulo), pero creo que no debería cortarse la posibilidad de presentar relatos de mayor extensión.

    En otro campo, el de internet, creo que favorecer los relatos cortos no ha favorecido que haya relatos de mayor calidad; en otras palabras, las distancias medianas curten.

  14. Una entrada muy interesante, Sergio. La dinámica de publicación actual, efectivamente, no favorece la salida del relato largo, qué duda cabe. No se considera comercial (lo que los excluye del circuito estándar) y en pantalla resulta más pesado de leer que el relato corto. No obstante, es algo que podría cambiar en poco tiempo si se popularizan los lectores digitales, ¿no? El tiempo dirá.

    Personalmente, no me inclino por una extensión u otra como lector. Como autor, me siento más cómodo últimamente con la novela corta, aunque he tocado todos los palos. Cada cosa tiene su encanto (discrepo en eso comentado más arriba de que los relatos memorables se sitúan en una determinada franja de extensión).

    Por otro lado, haces bien en señalar que las publicaciones obligan a unas determinadas extesiones. Un proyecto como el Calabazas en el Trastero no podría funcionar con relatos de mayor extensión con una periodicidad y un formato como los que está llevando. No creo que sean cosas malas o buenas a priori. Malo es, eso sí, que un determinado formato se quede fuera de juego. Habrá que buscar alternativas.

  15. No, si el que existan proyectos como Calabazas es magnífico. Gracias a ellos algunos relatos (los de la longitud adecuada) obtienen salida. Lo ideal sería contar además con otros vehículos para otras extensiones… que es de lo que estamos huérfanos.

    En cuanto a la digitalidad… Soy muy escéptico. Tecnológicamente está ahí, pero aún tengo que ver un modelo económico que compense a editores y escritores (y no sea abusivo para los lectores). Llegará, pero por el momento no salen las cuentas (y no sólo las monetarias). Al fin y al cabo documentar y planificar un relato largo o una novela corta no cuesta mucho menos que hacer lo propio para una novela (de longitud moderada). Sigue siendo una inversión de alto riesgo, pero ya no directamente suicida.

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