La ciencia española no necesita tijeras

Estamos en época de crisis. El estado ingresa menos y, consecuentemente, necesita revisar a la baja su previsión de gastos (y aumentar los impuestos indirectos, aunque ése ya es otro tema). Pero claro, no todas las partidas son suscepibles de recorte por igual. Alguna se mantiene (o incluso aumenta), alguna se reduce y alguna… alguna paga los platos rotos con una merma del 15%.

Esta última “alguna” es la ciencia.

Y aún podemos darnos con un canto en los dientes, ya que algunos borradores barajaban una reducción del 37% en la partida de investigación.

La situación es alarmante. Tal barbaridad merece una respuesta. Claro que si algo caracteriza a la comunidad científica es que cada cual va un poco a su bola, sin tiempo (ni ganas) de formar corrillos. Sin embargo, el golpe ha sido tan demoledor que ha sido capaz de movilizar lo casi inamovible, y una de las manifestaciones de este movimiento se observa en la red.

Gracias a una entrada de Jorge Ruiz en el blog “¡Lo que hay que leer!” tuve conocimiento de una iniciativa de “La aldea irreductible” para publicar hoy, 7 de octubre, en todos los blogs que se sumen a la iniciativa una entrada que, bajo el título “La ciencia española no necesita tijeras”, aporte una idea sobre por qué es una mala decisión este recorte. En el momento en que escribo estas líneas, la lista de blogs ya casi cuenta con 700 participantes, entre ellos, como podéis comprobar, Rescepto Indablog.

No_tijeras_en_ciencia

Así pues, me toca exponer una razón en contra de este despropósito.

Podría hablar sobre el modo en que se hipoteca el futuro a largo plazo de la investigación española, pues a buen seguro que en años sucesivos nadie se acordará de compensar con subidas mayores este agravio comparativo. O quizás sobre aquellos gastos en que repercutirá el descenso. Manteniendo lo sueldos de los científicos ya contratados, ese 15% se transforma casi en 40% en las partidas de material, actividad científica y nuevas contrataciones (se paralizarán proyectos y se potencia la fuga de cerebros que, visto lo visto, es improbable que decidan volver).

Sin embargo, dada mi actual situación, desligado hace tiempo de la investigación, estoy seguro de que otros (la inmensa mayoría) blogs serán capaces de transmitir estas ideas mucho mejor que yo. Así que, pensando en lo que podía aportar, se me ha ocurrido analizar el fundamento ideológico de la propuesta (tranquilos, nada de política en Rescepto, al menos no directamente; me refiero al razonamiento que se ha debido seguir para decidir dónde aplicar el tijeretazo.

En épocas de vacas flacas se imponen los sacrificios. Imaginemos (supongo que no hará falta demasiada imaginación) que nos vemos en la tesitura de renunciar a algo para mantener las cosas en funcionamiento. ¿A qué renunciamos primero? A lo superfluo, por supuesto. A los lujos que hacen nuestra existencia más cómoda y placentera. A partir de ahí, vamos quitando de todo lo que no resulta imprescindible para sobrevivir, en una secuencia determinada por la priorización de nuestras necesidades.

Ahora pasemos a la situación presupuestaria que se nos plantea.

La solución al recorte general pasa por castigar con saña la investigación, sometiéndola a la mayor disminución (casi tres veces superior a la media). Parece claro el mensaje subyacente (o cuanto menos la opinión de los gestores): la ciencia es un lujo del que podemos prescindir. La ciencia no es importante.

Siendo completamente objetivo, es hasta cierto punto cierto. Hay necesidades más inmediatas y vitales. Sin embargo, las cifras porcentuales de los recortes nos permiten no sólo establecer una priorización cualitativa, sino también medirla cuantitativamente; y ahí es donde nos encontramos con un panorama escalofriante. No sólo se considera a la ciencia como lo menos importante, sino que se la considera de una relevancia minúscula.

Volviendo a la comparación doméstica, vendría a ser como un hobby, del que se puede prescindir todo lo que haga falta para cuadrar las cuentas.

Se contradice así la opinión ampliamente expresada (supongo que por quedar bien) de que invertir en ciencia es fundamental para el desarrollo a medio y largo plazo de cualquier sociedad. Construir el futuro no es un lujo, sino una necesidad. ¿De qué sirve comer hoy si no se siembra la cosecha del año que viene? Es un concepto tan elemental que la única explicación que se me ocurre es que quienes han elaborado el presupuesto no ven a la ciencia y a la investigación como el motor del desarrollo venidero. Quizás piensan que el sistema sanitario, por ejemplo, no necesita de avances médicos para combatir con mayor eficacia la enfermedad, sino tan sólo crecer en cobertura. Desde luego, a corto plazo la cosa funciona, pero a la larga el estancamiento sólo conduce a una disminución en la calidad de vida potencial. Hace falta aumentar la cobertura Y cuidar la investigación. Por supuesto, los avances se pueden comprar, sólo que todo el mundo sabe que cuesta más adquirir que producir (pero con distintos plazos: producir se paga ahora, adquirir mañana).

Apliquemos esta misma idea a todo: energía, transporte, ingeniería, educación, salud… No resulta un panorama alentador, ¿verdad?

Ahora voy a ir un poco más lejos con la idea de que la ciencia es poco importante. Si ése es el concepto que se tiene de ella, es lógico pensar que lo que nos enseña alcanza una consideración parecida, lo cual da pie a la introducción de cualquier idea acientífica que se nos pueda ocurrir. La ciencia es nuestro sistema inmunológico contra la ignorancia. Si la debilitamos, estamos haciéndonos vulnerables a la estupidez. Me gustaría pensar que se trata de un acto irreflexivo, fruto de una evaluación equivocada de las prioridades, porque de lo contrario significaría que ya hemos pillado una infección de ésas de las que resulta muy, muy difícil recuperarse.

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~ por Sergio en octubre 7, 2009.

Una respuesta to “La ciencia española no necesita tijeras”

  1. Desafortunadamente, ese es el pensamiento preponderante en los países que han sufrido de desarrollo emergente crónico, a diferencia de los países con vocación de riqueza (como muchos asiáticos) donde se ve la ciencia y la investigación, y su correlación con la educación, como prioridades supremas. Luego no se extrañe nadie de que los chinos se conviertan en potencia mundial, mientras los países que bordean el Atlántico todavía se sientan a pensar qué les ha salido mal…

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