Cerca del punto crítico

Hal Clement fue uno de los pioneros y principales cultivadores de la ciencia ficción dura. Licenciado en astronomía, máster en química, piloto de bombardero durante la Segunda Guerra Mundial y finalmente profesor de química y astronomía en una institución privada. Su producción, que se extiende por casi seis décadas, no es muy abundante, pero sí altamente influyente, hasta el punto que recibió el título de Gran Maestro de la ciencia ficción en 1999.

Sus historias más características acontecen en escenarios extremos, adelantándose a obras posteriores como “Huevo del Dragón” de Forward o “Los árboles integrales” de Niven. Por ejemplo, su libro más famoso, “Misión de gravedad” (1954) trata sobre una expedición de rescate en un planeta superjoviano que rota a gran velocidad, de forma que no sólo asume una forma elipsoide, sino que la fuerza de atracción varía en su superficie desde los 3g en el ecuador (debido a la fuerza centrífuga) hasta los 700g en los polos. “Cerca del punto crítico” (“Close to critical”), publicado en 1958 en revista y en 1964 en formato de libro) se inscribe directamente en esta corriente, presentándonos un planeta, Tenebra, en el que las condiciones de superficie se encuentran muy próximas al punto crítico del agua (274 ºC, 217 atm).

Close-to-critical-hal-clement

Vale, ahora es cuando toca hacer una pausa y examinar qué rayos es eso del punto crítico.

En termodinámica, se denomina punto crítico a las condiciones de presión y temperatura en las cuales la densidad de un líquido y de su vapor se igualan. Es decir, a partir del punto crítico desaparece la interfase líquido/gas y lo que se obtiene es un fluido supercrítico, con propiedades físicas (densidad, viscosidad, difusividad) intermedias entre ambos estados. Por añadidura, en las cercanías del punto crítico un cambio minúsculo en las condiciones puede conllevar alteraciones muy importantes.

En el mundo de Tenebra (así se llama el planeta), por ejemplo, el ligerísimo cambio de temperatura entre la noche y el día hace que los océanos (la parte acuosa, ya que queda un remanente de ácido sulfúrico) se evaporen en apenas unas horas y vuelvan a llenarse con la condensación nocturna (se forman gigantescas gotas apenas más pesadas que el aire, que alimentan ríos). Además el ambiente es extraordinariamente corrosivo. Los metales se oxidan y todo lo que puede disolverse lo hace en cuestión de minutos. Una fuente minúscula de calor (incluso el calor corporal) puede desencadenar reacciones bastante espectaculares (llegando incluso a provocar la hidrólisis). Para terminar de arreglar el asunto, la elevada permeabilidad del terreno (al no existir tensión superficial), unido a la gravedad de 3g y al continuo trasiego de masas líquidas, hace que la morfología del terreno pueda cambiar en cuestión de meses y no siglos. Se trata de un escenario fascinante… que Hal Clement introduce a lo bestia, sin casi preparación ni explicaciones preliminares (no sé en la época en que se escribió, pero yo he tenido que consultar la wikipedia para hacerme una idea de lo que era el punto crítico y poder seguir la trama).

Punto_crítico

La trama gira en torno a un batiscafo (la atmósfera es tan densa que se usa tecnología de hidrólisis en vez de cohetes para navegar por ella) accidentado con dos niños a bordo (una niña humana de doce años, o eso sostiene el autor aunque no actúe como tal, y un chaval extraterrestre de una edad relativa menor pero con tres metros de corpachón, parecido a una nutria con diez patas). A esta crisis se le une la suscitada por la toma de contacto entre un grupo de aborígenes, educados durante quince años por los miembros de la expedición humana de investigación mediante un robot de telepresencia, y un clan salvaje. Los tenebritas son inteligentes (tanto al menos como los humanos), pero su cultura se encuentra en un estadío evolutivo similar a nuestro paleolítico.

Como suele achacársele a la ciencia ficción hard (sobre todo a la más antigua), el desarrollo de personajes es un tanto deficiente y la trama parece por momentos una excusa para maravillarnos con el verdadero protagonista, que es el planeta Tenebra y sus peculiaridades fisico-químicas (la traducción de Edaf, que publicó el libro en España en 1976, tampoco ayuda demasiado). Resulta una lectura bastante ardua, pues los fundamentos científicos no son para nada ligeritos (no ayuda que no incluya anexos explicativos, como suele ser habitual en otras obras de estas características), y hay algunos “misterios” que quedan sin explicación (una triquiñuela de la época, para dejar abierta la puerta para una continuación, que en este caso no se verificó). Sin embargo, para quienes disfruten con la descripción de un ambiente singular, es un libro que compensa con creces sus deficiencias narrativas (otros lectores, mejor abstenerse, pues aunque tiene momentos graciosos en muchas ocasiones el chiste es demasiado privado).

En definitiva, se trata de un libro muy peculiar, dirigido a un segmento bastante restringido de la población lectora. Resulta muy reveladora la definición que Hal Clement hacía de las satisfacciones que le proporcionaba la creación literaria. Según él, la ciencia ficción era un juego, en el cual el lector se podía entretener buscando dónde el autor había metido la pata con respecto a los conocimientos científicos imperantes, siendo trabajo del escritor equivocarse lo menos posible (con alguna que otra excepción mutuamente aceptada para dar algo de cancha a la imaginación, como por ejemplo el viaje a mayor velocidad que la luz). Si ésta es también tu idea (o una de tus ideas) sobre lo que debe ser la ciencia ficción, sin duda “Cerca del punto crítico” está hecho para ti.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en octubre 1, 2009.

2 comentarios to “Cerca del punto crítico”

  1. Buen comentario. No me gusta mucho el hard, lo aguanto pero poco más, pero me has hecho simpático a Hal Clement y su libro.

  2. Gracias.

    Desde luego, “Cerca del punto crítico” es la quintaesencia del hard clásico.

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