La gran aventura del espacio

Hoy toca prestar atención a una pequeña rareza, un libro de ciencia ficción, de autor español, publicado en 1980 fuera del circuito de los bolsilibros. Se trata de “La gran aventura del espacio”, escrito por Manuel Martín García (en la portada figura como M. Martín, por si la gente no prestaba mucha atención al acento y colaba como yanqui) y editado por Producciones Editoriales (fuera de su colección de bolsillo, “Infinitum Ciencia Ficción”, y de la hermana mayor “Infinitum”, donde Domingo Santos publicó “Gabriel”; también hubo otro español que consiguió que le publicaran cuatro novelas de la serie “Los vagabundos del espacio”, Carlos Echevarría Alonso, pero éste firmando como John Oxford). Por la época, salir de Bruguera (en sus colecciones Espacio y Espacio Extra, que era más gorda y daba para títulos un poquito más ambiciosos) o del resto de colecciones de bolsilibros era toda una hazaña al alcance de muy pocos. La única colección en formato grande que incluía con cierta asiduidad autores patrios era Albia Ficción (que a la postre estaba a punto de desaparecer), Ultramar ofrecía ocasionales oportunidades a autores ya destacados en otros frentes y Nueva Dimensión servía de aglutinante en el campo del relato (con la ocasional inclusión de alguna obra de mayor extensión; aunque por desgracia su andadura tenía también los años contados).

En este contexto, sería de esperar que una novela de cierta extensión hubiera alcanzado repercusión, pero lo cierto es que se trata de una obra olvidada, quizás porque de su autor, al menos por lo que a mis posibilidades de investigación se refieren, nunca se volvió a saber (tampoco he encontrado ningún precursor; no sé si firmaría alguna novelita de a duro bajo seudónimo, pero de algún lugar tuvo que salir).

“La gran aventura del espacio” es un space opera sin excesivas pretensiones, ambientada dieciocho años en el futuro, cuando la Tierra se encuentra políticamente dividida en cuatro grandes Confederaciones que se llevan lo bastante bien como para impulsar una misión de exploración espacial conjunta. Cada una de estas unidades políticas proporciona un tripulante. De parte de los rusos el profesor Yury Asimov, experto en supervivencia, por los americanos el coronel Anthony Ashe, como piloto y astronauta titulado, de la federación africana la doctora Esther Milland (una sudafricana rubia) y por parte de la Confederación asiática el genio de la cibernética Thasiro Yumeda. Los cuatro, en compañía de un cuarteto de robots de última generación, tienen la misión de pilotar una astronave experimental a través del hiperespacio hasta la constelación de las Pléyades, buscar planetas habitables o explotables y regresar en el plazo de un año.

Gran_aventura_espacio

No he encontrado otra imagen en internet. Como podéis comprobar por la marca de agua, la portada la he obtenido en la completísima base de datos de La Tercera Fundación.

Todo esto con un optimismo y una ingenuidad desarmantes, sobre todo habida cuenta de la situación política presente en el mundo. Se trata de una mirada hacia el futuro muy similar a la de Gene Rondenbery, con el espacio como nuevo frontera de una humanidad unida. La historia, narrada por Yury, avanza sin complejidades, con un lenguaje más o menos correcto (hay errores recurrentes, como utilizar el infinitivo como forma de imperativo, por no hablar de múltiples erratas tipográficas) que huye de las florituras y va directo al grano (aunque en ocasiones se pierda en un excesivo pasteleo).

Al final, acaban errando el tiro y emergiendo en plena nebulosa de Orión, a tres veces la distancia prevista, con la suerte de encontrar no uno, sino cinco planetas habitados en una configuración orbital que sólo sería justificable de haber mediado una avanzadísima astroingeniería (extremo que nunca llega siquiera a sugerirse, por lo que es posible que sólo obedezca al exotismo intrínseco de la propuesta). Tras ciertas peripecias, los exploradores descubren que allí viven unos descendientes de tribus amerindias, polinesias y de macedonios del tiempo de Alejandro (la elección de los dos primeros se justifica más o menos, los últimos… en fin, tan sólo entroncan un poco con otras narraciones de aventuras como “El hombre que pudo reinar” de Kipling, porque internamente no se sostiene y llega a resultar incluso incongruente), bajo la amenaza de unos seres decadentes que periódicamente aparecen para robarles a las mujeres fértiles y reducir la población a niveles manejables.

A partir de aquí se concatenan una serie de acontecimientos azarosos que ponen en manos de los astronautas novatos  unas armas invencibles con las que no sólo liberan sin mayores complicaciones los cinco mundos, sino que incluso les da para regresar a la Tierra a tiempo de abortar una expedición de estos mismos alienígenas, que pretenden destruir a la humanidad antes de que alcance una tecnología lo suficientemente avanzada para constituir una amenaza.

La historia es simpática y se lee con cierto agrado. Obliga, eso sí, a desconectar cualquier sentido crítico respecto a la verosimilitud, pues no sólo apela a coincidencias prodigiosas, sino que la ciencia no se sustenta en lo más mínimo y se lanzan a diestro y siniestro conceptos tergiversados como una interpretación reversible del fenómeno de dilatación temporal (resulta hasta cierto punto curiosa la mezcla de dominio aceptable de la terminología astrofísica y completa ignorancia de su fundamento científico). De igual modo están presentes muchos lugares comunes de la ciencia ficción de la era del pulp (en cierto sentido, en España vivíamos en las postrimerías de nuestra propia etapa pulpera, aunque nos llegaran gracias a colecciones como Ultramar o Nebulae las novedades anglosajonas). Así, por ejemplo, nos encontramos con razas humanoides capaces de engendrar descendencia con los humanos, robots ultrasofisticados, batallas espaciales, unos protagonistas a los que sólo les falta el halo para ser santos, viejas leyendas sobre el “Elegido” que libertará a los oprimidos… Pese a todo, no acaba de precipitarse en el abismo. Todas estas cuestiones son bastante secundarias y podrían inventarse justificaciones o parches para casi todas ellas. Lo único que realmente echa para atrás es un exceso de mojigatería y lo empalagoso de las relaciones de los exploradores (curiosamente, justo al final da un giro bastante poco congruente con lo expuesto hasta el momento, denunciando la belicosidad del ser humano y elevando a los protagonistas al papel autoasumido de guardianes de la decencia sideral, pecando la narración de una grandilocuencia que no le pega nada).

Como nota curiosa, no puedo dejar de notar ciertas similitudes con sagas anteriores. Por supuesto, el propio autor se encarga de señalar una de sus fuentes de inspiración, al proporcionarle a Yury el apellido Asimov, pero además mucho de lo expuesto me suena horrores a la Saga de los Aznar, publicada por Pascual Enguídanos (bajo el seudónimo George H. White) en Editorial Valenciana durante la década de los cincuenta, con una reedición en los setenta que podría constituir la fuente de inspiración. El personaje de Thasiro Yumeda guarda un extraordinario parecido con el medio bapturano Fidel Aznar (imponente presencia física, genialidad desbordante y un cerebro sobrehumano) y las batallas espaciales recuerdan vivamente a los enfrentamientos del universo de la Saga (la llegada de los exploradores, poseedores de tecnología alienígena, a tiempo de prevenir una invasión por una raza despiadada es común a este tipo de historias, pero las similitudes empiezan a ser excesivas cuando nos encontramos con robots antropomorfos pilotando pequeñas astronaves de ataque a las que sólo les falta el apelativo de Zapatillas volantes). En fin, quizás sea una coincidencia, pero resulta sospechoso hasta el mesianismo reticente de Yury.

Sea como sea, con todos sus defectos, creo que “La gran aventura del espacio” es una novela injustamente olvidada. Nunca pasará a la historia como una de las grandes obras de la ciencia ficción española, pero sin duda se merecería una nota al margen. Es un título inmaduro, tanto temática como formalmente, nada recomendable para quienes sólo estén dispuestos a degustar historias redondas (por supuesto, a años luz de la producción foránea de la época), sin embargo hay algo en su candidez que resulta inspirador. Cuanto menos, consiguió situar en las librerías una novela de ciencia ficción de autor español, y eso sigue siendo, incluso ahora, una proeza.

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~ por Sergio en agosto 19, 2009.

21 comentarios to “La gran aventura del espacio”

  1. Yo leí esta novela varias veces de adolescente. Coincido contigo en la valoración que haces; pese al estilo deficiente, las meteduras de pata científicas, las escenas amorosas tipo Michael Landon, los alienígenas malos risibles… pese a todo, creo que es una novela que debería recuperarse.

    Yo hice una crítica hace años y señalé lo mismo que dices tú, las similitudes con “La saga de los Aznar”. Concretamente, si has leído la serie (como así parece), a mí me recuerda a las novelas dedicadas a Exilo y las amazonas descendientes de los prisioneros terrestres de los thorbod. El personaje de Thas, qué curioso, me recordó a Fidel igual que a tí. Por otro lado, esos “rayos fotónicos” que sirven a los terrestres como arma y como impulsor de la nave, recuerdan muchísimo a la “luz sólida”.

    Por pura curiosidad, intenté averiguar algo sobre el escritor. En la base de datos del ISBN y la Biblioteca Nacional sólo aparece esa obra de Manuel Martín García (aunque hace algunos años que no vuelvo a comprobarlo y las actualizan continuamente). En un momento dado creí haberlo localizado, pero se trataba de otro escritor con el mismo nombre que jamás había escrito Ciencia Ficción.

    Me atrevería a especular que era joven cuando escribió la novela. Ese tratamiento de las relaciones amorosas, el estilo ingenuo, la utilización de elementos de una serie seguramente admirada…

    En fin, resulta extraño que no volviera a publicar. Si logras saber algo sobre él, te agradecería que me lo comentases.

    • Gracias por vuestros comentarios. Soy Manuel Martin García, autor de “La gran aventura del Espacio”. Me ha extrañado sobremanera comprobar los comentarios que originó mi novela. Y no, no he publicado nada más, y no ha sido por falta de ganas. Pero antes de que desapareciera Producciones Editoriales, ya les había enviado las dos partes siguiente de la trilogía originañ, tituladas “Etla” y “El regreso”
      También les había enviado otro origininal titulado “El poder de la mente”, pero no tuve contestación de la editorial, por lo que no sé que vida llevaron estos originales Después de esta desilusión, me fue imposible entrar en ninguna otra editorial.
      (El original enviado a Producciones editoriales era “Explrador IV”, pero ladecisión del nuevo título estuvo en manos de la editorial de ahí el ostentoso título de “la gran aventura del espacio”)

      • Gracias por dejarte caer por el blog. Espero que no haya sido un extrañamiento para mal. Muy difícil estaba publicar en unas condiciones mínimas por aquel entonces (y ahora también, claro, que publicar quizás sea un poco más fácil, pero las tiradas son tan minúsculas que llegar a los lectores es tarea casi imposible). ¿Algún plan para intentar completar la trilogía, aunque sea en edición electrónica?

        Cuanto menos, que quede que seguimos hablando del libro treinta años después, así que enhorabuena por el logro.

        • Muchas gracias por la contestación. Actualmente estoy completamente desorientado porqué después de casi treinta años, he podido leer un comentario crítico sobre la novela que escribi en la década de los setentas. Los comentarios de Rescepto Indablog” no me han molestado en absoluto, porqué esa novela como bien dicen, en aquellos tiempos era todo una odisea el poder editar, por lo que la escribí para mi uso, al ser yo el más convencido de que me sería imposible editarla. Un amigo, vio una maqueta de la nave que había construido, me interrogó afondo sobre aquello, y termine confesandole que era la nave que había creqado para una novela que estaba escribiendo. Me pidio leer el original, se lo dejé, y para mi asombro, me dijo que aquello era editable ( Por aquel entonces no sabía niescribir a máquina) Me puse en contacto con varias editoriales, pero solo me contestó Producciones editoriales, Me pedían el original escrito a máquina, así que llevé el manuscrito a una academioa de mecanografía, y lo envié a la editorial. Poco después recibí la contestación de la editorial, en la que aceptaban el original, siempre y cuando lo redujera a 850,000 puksaciones. Me compré una máquina de escribir, y con los dos dedos (actualmente sigo escribiemdo con ellos) les remití el original. Al dabo de dos meses, recibía 20 ejemplares de la primera edición. Me pedían así mismo algún otro original, y les envié la segunda parte y la tercera, ademas de otr0 original. ¡Nunca supe nada de ellos! Por quel entonces cambié de trabajo y trabajaba como Jefe de taller mecánico como vulgarmente se dice de sol a sol. Entre el cambio de trabajo y la decepción sufrida con Producciones Editoriales, dejé de escribir. Años más tarde, mi relación laboral mejoró, y volví a escribir. Aconsejado por mi hijo mayor, un gran lector, me aconsejó que escribiera para jóvenes, y eso hice. Envié varias novelas cortas a sendos concursos juveniles,y una novela (ajena a la Ciencia Ficción) al premio al concurso literario “Ateneo de Sevilla”. También en ese tiempo participe en el Premio “Alberto Magno” de Ciencia Ficción de la Universidad de Bilbao. Como es lógico y natural, no gané ninguno, pero al menos tuve la satisfacción de recibir todos los años posteriores una invitación para participar en el “Alejandro Magno”. De los ocho originales amnuscritos que tenía escrito, me han desaparecido todos, unos los dejé después del “éxito” obtenido por La gran aventura del Espacio, y otros creo que fueron mis hijos los que se los llevaron para dejarselosleer a sus amigos, hasta que se deterioraron tanto que sintiero verguenza el devolvermelo- Entonces no habia PC y seguía si saber escribir a máquina
          Una vez jubilado, escribí de nuevo una segunda parte de “La gran aventura del Espacio”. La escribí en segunda persona, pero de tal manera que no hiciese falta leer la primera parte para entenderla y comprenderla. La titulé “Hijos de “Etla” y la Editorial a la que la envié,fue:”Grupo Editorial CEAC” Esto era en Mayo del 1999, en Octubre de ese mismo años, les pedía noticias de mi original, y dos meses más tarde me lo devolvían, en tal estado de deterioro, que me hizo temer que había sido desencuadernado, y tal plagiado, aunque ete pensamiento lo deseché de inmediato
          Despues de haber intentado por todos los medios a mi alcance, entrar de nuevo en ese mundo, ma ha sido verdaderamente imposible, a pesar de que lo he intentado a traves de algunos Agentes Literarios, que ni se dignaron contestarme. Esa es a grandes rasgos mi experiencia como “escritor”, y porqué no han encontrado nada en ningún más sitio
          Dentro de mi humildad como “escritor” quisiera hacerle algunas observaciones sobre la crítica sobre mi novela.
          Le juro que no me guía ningún tipo de re3proche, todo lo contrario, quiero que se carcajee lo mismo que he hecho yo en compañía de mis hijos alleer la crítica tan acertada. Empecemos por las relaciones de pareja, al estilo “Michael Landon!. Esta escrita en los años setenta, y aún no se había publicado “Cincuenta sonmbras de Grey” Muchas de las escebnas que realto, la plagié de “Madam Bovary”. (en la edición de aquellos años, claro está) ¿Que otra cosa podía hacer, si me había críado en un internado religioso hasta los diecisiete años). es verdad que tal vez me inspeirara en la saga Aznar de George H White, ya que “La abominable bestis gris” fué la primera novela que leí en mi vida, y propordionada a escondidas, por el religioso que por aque entonces tenía como confesor. Poco a poco me fue entregando la serie completa. Nunca intentaría imitar o plagiar a Asimov. ¡Estaba fuera de mi órbita, y mi admiración por él, estaba más allá de mi propia compresión!
          Me he reido al leer la crítica de los robors. Muchos años después, aparecen los dos robots en la “Guerra de las Galaxias”, y el androide de la primera parte de “Allen” que con medio cuerpo destruido aún es capaz de ayudar a una humana. Tampoco soy físico, pero la energía FTL que empleo en mi novela, 15 años más tarde, Chaterine Asaró, que si está doctorada en física, la emplea en su novela “Inversión Primaria”, solo que yo empleo el vocablo “inducción” y ella emplea el vocablo”inversión”
          Espro que estos simple comentarios, no me hagan querer aparecer ante sus ojops, como un erudito en la materia, que no lo soy. Solo soy una pobre aprendiz, que estuvo muchos años obsesionado con la Ciencia Ficción. Hoy sigo leyendo mucho gracias a la tablet, y los libros electrónicos.
          Sobre lo que me dice de volver a editar, le tengo que decir que estoy completamente perdido, y lo que es peor, desilusionado. Pero estoy dispuesto para hacerle llegar las dos partes que faltan de la trilogía, si usted después de leerlas, ve alguna posibilad de su edición, sea en papel o en libro electroníco, estoy dispuesto a volver al “ruedo” siempre que pueda contar con sus consejos y su apoyo. Actualmente mi situación económica, no me permite muchos dispendios
          Vuelvo a reiterarle las gracias por su crítica y sobre todo por haberme contestado en el blog. Siempre a su disposición

        • Manuel, gracias por toda la información que nos das. El principal problema que tenía un autor en aquella época, antes de Internet, era el aislamiento. Había pocos medios de ponerse en contacto con otros autores, de intercambiar información y contactos y de encontrar editoriales que pudieran estar interesados en uno.

          Veo que hiciste como yo: a finales de los 80 envié un manuscrito a una editorial… y no me quedé con copia, pensando ingenuamente que lo devolverían después de leerlo. Debió acabar en alguna papelera.

          El de la comparación con Landon me temo que he sido yo y no Sergio, el autor del blog, ya me perdonarás, pero era sin mala intención. Ahora tengo 43 años y los enamoramientos del protagonista me pueden parecer ingenuos, pero te aseguro que cuando leía y releía la novela me encantaba. Además, como he dicho más arriba, la novela tiene sus defectos de primera novela, pero también tiene varias virtudes, y por ello es por lo que estamos hablando de ella.

          Por tu mensaje deduzco que hubo una “primera versión” de la novela, que te hicieron recortar (entonces, al contrario que ahora, no se llevaba el “tocho para calzar camiones”). ¿Conservas la primera versión sin expurgar?

          Por mi parte, me encantaría leer las dos continuaciones, siempre pensé que la novela era perfecta como inicio de una serie y veo que no me equivocaba…

          Es curioso que no haya habido hasta ahora ninguna reseña de la novela, porque si vas a Uniliber o Iberlibro, verás que aún se salda treinta años después, señal de que la gente la reclama.

        • Manuel, te escribo por privado (a la dirección que me has dejado en el formulario de contacto). A ver qué podemos hacer.

      • Manuel, un placer conocerte, aunque sea virtualmente. Como digo en alguno de los comentarios, leí tu novela muchas, muchas veces, cuando era adolescente. Es una pena que no lograras publicar más, porque aunque tiene algunos defectos típicos de “opera prima”, tiene en cambio varias buenas virtudes: un buen ritmo y un genuino sentido de la maravilla. Le debo a esa novela algunos de mis mejores ratos cuando era chico.

        He estado años indagando a ver si te encontraba, especialmente desde que existe Internet, pero macho, llamarse “Manuel Martín García” en España es garantía segura de anonimato (perdona la broma fácil), y no tenía ni un sólo dato al que agarrarme. Incluso pregunté a las viejas autoridades del tema (básicamente, Carlos Saiz Cidoncha, Agustín Jaureguízar y Paco Arellano) y ninguno supo darme ningún detalle que usar para tirar del hilo.

        Dos preguntas casi obligadas: ¿estás interesado en volver a publicarla? y ¿conservas las dos partes que completan la trilogía?

        Publicar ahora es incluso más difícil que entonces, porque se tiran menos ejemplares (y lo sé porque trabajo de maquetador), pero en cambio, ahora existe la alternativa de la autoedición, o incluso de la edición electrónica, que no requiere prácticamente inversión previa (no hay que pagar a la imprenta).

        ¿Puedes contarnos algo de tí? ¿De dónde eres, en qué trabajas? Para ubicarte un poco…

        Si andas por facebook, y te apetece, búscame como Mario Emecé.

        • Soy natural de Málaga, huerfano de padre y madre (mi padre murió 18 dias antes de nacer yo). Mi madre murió cuando tenía 14 años, y ya estaba interno. Actualmente tengo 75 años y estoy jubilado desde el año 2000. Actualmente vivo en Salou en la Costa Dorada. Estudié en Madrid interno en un colegio regido por religiosos. Una vez alcancé el título de maestro industrial mecánico, me quedé en el mismo centro como profesor de sgundo curso de mecánica. Volví a Málaga con diecinueve años, entre a trabajar como tornero en una empresa de la localidad, al tiempo que continuaba los estudios de Peritaje Industrial, estudios que tuve que dejar, por motivos económicos. Me enamoré, y me fui con la familia de mi novia a Zaragoza, donde inicié mi “prolífera” vida como escritor Soy un gran lector, ahora a pesar de la biblioteca electrónica que poseo, leo más narrativa que Ciencia Ficción, ya que de estas solo leo las novedades, que “cazo” por Internet. Si sigo escribiendo, aunque he cambiado de tema, y sigo escribiendo porqué es mi hobby. Escribo, corrijo, copio, encuaderno en rústica, y le regalo los libros a mis hijos, vecinos y a los amigos y amigas de mis hijos. Ahora con el ordenador se puede hacer todo. Escribo narrativa de varios géneros, pero después de leer las críticas, creo que sigo siendo un soñador, y mis novelas están impregnada de la candidez que dicen tuve en esa primera y única novela. una cosa es segura. Mi libros gustan a los jóvenes de ambos sexos wu los han leído, y sigo teniendo en mis hijos, a mis mayores crítuicos que no em dejan pasar una. No sé que más poder decirle, pero mi vida ha sido muy anodina en su conjunto, pero al menos, he tenido el placer de como dice el dicho popular, “He tenido hijos, he plantado un arbol, y he escrito un libro”

        • Muchas gracias por la información. Menuda infancia dura debiste tener, aunque parece que no te marcó para salir adelante, debes ser un luchador nato. Lamento sinceramente lo de tus padres, yo acabo de serlo hace un año y el temor de que mi hijo se quedase solo en el mundo es algo que tienes siempre presente.

          Me alegro un montón de que sigas escribiendo, aunque no hayas podido volver a publicar. Si entonces era difícil, ahora está jodido, porque la crisis ha hecho estragos en el sector. Pero no es imposible. Muchas veces es cuestión de conocer a la persona adecuada en el momento adecuado, y eso depende del azar. Creo que Sergio estará de acuerdo conmigo…

          Yo vivo en Madrid, así que el café al que pensaba invitarte va a tener que esperar un poco. Si te pasas por Madrid, dame un toque, porque me gustaría conocerte en persona.

  2. Me temo que durante la documentación que realicé para escribir la crítica no fui capaz de encontrar nada más. En la base de datos del ISBN sigue siendo su única obra y en las especializadas sólo lo he encontrado en La Tercera Fundación, también sin más registros.

    También me parecería extraño que esta novela fuera su primera incursión en el género.

    Habida cuenta de los datos de la editorial, quizás era barcelonés.

    En fin, en cualquier caso, una lástima que, por las circunstancias que fueran, no siguiera depurando su estilo, ya que se trata de una novelita que, fallos y todo, resulta muy prometedora.

  3. Pues es una pena. Parece un tipo que podría haber llegado a hacer cosas entretenidas a nada que se hubiera fogueado un poco más.

    Detalle friki/nostálgico. Cuando leía la novela con 12 añitos me hacía ilusión que el protagonista había nacido el mismo año que yo.

  4. Por cierto, saliendome del tema, también leí y releí en su día la serie de “Los vagabundos del espacio” de John Oxford, de la que se publicitaron 6 números y salieron únicamente 4, que aún conservo.

    No he vuelto a leerlas de mayor y no sé que opinaría ahora, pero en su día me gustaron mucho, pese a alguna cosa que chirriaba. Eran novelas claramente para niños y ese era el valor que tenían.

    • Vi en su momento (hará veintitantos años) “El planeta de los enanos” también de saldo, pero no me atrajo lo suficiente para comprármelo (en aquella época era bastante menos obsesivo). Creo que fue por el seudónimo. Por alguna razón, identifiqué desde el principio “M. Martin” como español y eso me resultaba intrigante, mientras que “John Oxford” me sonaba a escritor inglés desconocido, sin demasiado interés.

      • A mí me las compró mi padre cuando salieron. Eran una especie de “versión a la española” de “Perdidos en el espacio”, para que nos entendamos.

        • Mario, le he dejado un mensaje en el facebook. espero que lo lea y me conteste. Un saludo
          M. Martin

        • Manuel, acabo de entrar y no lo veo. Igual has encontrado el perfil en el que usé mi nombre completo. Ese no lo abro desde hace año y pico y ni siquiera recuerdo la contraseña. El que uso a diario es “Mario Emecé”…

        • Hola, de nuevo, Manuel. He logrado entrar en mi antiguo perfil de Facebook y no tenía ningún mensaje tuyo… y en el perfil actual, tampoco. Has debido dejárselo a otra persona.

  5. Mario, ya he corregido el defecto. Te lo acabo de enviar de nuevo

    • Niet. No sé qué ocurrirá… Vamos a hacerlo al revés: dime cómo apareces en Facebook y te envío una solicitud de amistad.

      • Mario, aparezco como mauel martin garcia, natural de Malaga. Yo si le tengo incluido como amigo. No obstante, debo estar haciendo algo mal. Mañana consultaré con mi hija y ella te lo mandará. Pero obra como me has indicado en tú mensaje.

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