Maestro del tiempo

Si tuviera que establecer un ranking de autores de ciencia ficción por la dureza de sus planteamientos es muy posible que Robert L. Forward se hiciera con la primera posición (Egan pierde puntos por sus ramalazos metafísicos, que no es que los desapruebe, pero fuerzan la especulación en demasía). Curiosamente, mi aproximación a Forward sigue el camino opuesto a casi todo el mundo. Aún tengo pendientes sus dos obras más famosas, “Huevo del Dragón” y “Estrellamoto”, en compensación ya he leído “Camelot 30K” (una broma científico-mitológica, con algunos apuntes curiosos sobre la física a temperaturas extremadamente bajas), “El mundo de Roche” (una mezcla de homenaje a Édouard Roche e impreso publicitario sobre las excelencias de la vela solar para el transporte interestelar) y ahora “Maestro del tiempo”, la que sin duda es la más exigente de las tres (al menos de acuerdo con mi formación).

El protagonista de la novela es Harold Randolph Hunter, multimillonario modelado a semejanza de Howard Hughes (suavizando bastante los aspectos más negativos, aunque manteniendo un leve trastorno obsesivo compulsivo relacionado con la limpieza). Al principio de la historia, Randy ha tomado posesión de la empresa familiar, dedicada a la astroingenieria (está embarcada en  la construcción de un sistema de roto-ascensores en la Luna, para pasar posteriormente a la Tierra; para una descripción detallada de su funcionamiento, basta con leer cualquier novela de Gregory Bendford, pues cuentan con un capítulo sobre un ser que se comporta como tal que repite una y otra y otra vez, sin apenas variaciones). Apenas una docenita de años antes (de acuerdo, catorce años para ser exactos, ya que “Timemaster” es de 1992), la construcción de un artilugio similar le había dado a Arthur C. Clarke para toda una novela, pero en este caso es únicamente el punto de partida de la narración de cómo el ser humano (en la persona de Randy) conquista el espacio tiempo.

Maestro_del_tiempo

El desencadenante de la acción es el descubrimiento en el cinturón de asteroides de una criatura (Cabello Plateado) formada de materia negativa, que además dispone de un agujero de gusano en el que replegarse y que está conectada mediante túneles de distorsión (agujeros de gusano) con su ascendiente y sus descendientes directos. Normalmente, leyendo a Forward, siempre hay un momento en que te pierdes (en “El mundo de Roche” me pasó cuando describía la dinámica de la transferencia de una masa de agua entre los planetas debido a mareas en el lóbulo de Roche, pero al menos capté el concepto). El problema que he tenido con “Maestro del tiempo” es que empecé a perder pie nada más empezar, pues desconocía el concepto de “materia negativa” y sus implicaciones (y, a falta de Internet fiable, no pude corregir esta carencia aunque sólo fuera en parte, por ejemplo, leyendo este artículo de la wikipedia). De algún modo, este descubrimiento confiere capacidad para proporcionar energía (y aceleración) sin límite a las naves estelares, abriendo el espacio a la exploración humana a velocidades cercanas a la de la luz. Además los portales de distorsión permiten, una vez distanciadas sus bocas a bordo de naves, el establecimiento de agujeros de gusano para trasponer, en sólo dos metros de recorrido interno, años luz de distancia.

Pero la cosa no acaba ahí. Debido al fenómeno de dilatación temporal al viajar a velocidades relativistas, la boca de agujero de gusano que se ha transportado es más joven que la que ha permanecido (relativamente) estática en el punto de partida, creando la posibilidad de utilizar un sistema de portales para viajar en el tiempo. Reconozco que la geometría espaciotemporal me da dolor de cabeza, así que he renunciado a visualizar el entramado de portales de distorsión, aceptando como acto de fe la palabra de Forward respecto al resultado (bastante he tenido con vislumbrar la idea de base). El problema que tiene el autor es que, al contrario que otros escritores de cifi hard, carece de facilidad para transmitir ideas científicas con un lenguaje asequible para el profano, por no hablar de que requiere de unos conocimientos previos por parte del lector como poco de nivel divulgativo alto.

Timemaster1

También es muy característico del autor su nulo rigor biológico, lo que le lleva a idear unos extraterrestres muy originales aunque fisiológica y psicológicamente incongruentes (y no quiero pararme a hablar del juicio en que se pretende establecer si los Cabellos Plateados son plantas o animales… ¡de acuerdo con la definición de una enciclopedia!), que le sirven para aportar su nota de humor a la historia. Y, por supuesto, está presente la caracterización forzada de los personajes y los diálogos planos e inverosímiles. No es un estudio de caracteres lo que nos propone Forward, sino una oportunidad de deleitarnos con las posibilidades físicas del universo. Utiliza como excusa la hipotética y rocambolesca presencia de materia negativa al alcance de un brillante, emprendedor (y rico) aventurero para entretejer una historia de viajes espacio-temporales, en un universo que se niega a permitir las paradojas (mediante un sistema de autoconservación que opera a nivel cuántico). Como casi todos los relatos de este tipo, cojea en lo referente a establecer la relación de causalidad (al final siempre acabamos reducidos al argumento circular de “hago esto porque me vi hacerlo en el pasado”), pero es superior a la mayoría al crear una estructura de agujeros de gusano que limita las posibilidades de viajar en el tiempo a unos saltos y en unas ubicaciones muy concretos.

Desde un punto de vista estructural, se aprecian tres grandes bloques narrativos. El primero está dedicado al planteamiento de la personalidad de Randy Hunter y de su rival, Oscar Barkham (lo de “personalidad” es un decir en su caso, ya que al final queda reducido a poco más que un obseso monomaníaco con el cerebro frito por las drogas, con mucho dinero e influencias), así como a la descripción de las obras de ingeniería espacial más “prosaicas” y al descubrimiento del primer Cabello Plateado. El segundo narra el establecimiento de la primera red de portales de distorsión entre la Tierra y los sistemas estelares más próximos, con los primeros apuntes de su potencial como atajos temporales, y concluye con el primer ataque directo de Oscar a Randy… abortado por una versión más mayor del propio Randy que acude oportunamente al rescate. A partir de ahí las cosas se complican, con hasta cuatro versiones del protagonista trabajando por prevenir la amenaza de Oscar Barkham, labor que culmina con el montaje de una trampa temporal, que aprovecha tanto la idea de los agujeros de gusano transtemporales como el principio de evitación de paradojas (y que, curiosamente, tal vez por su escala de apenas unos pocos cientos de miles de kilómetros, es lo más asequible de la narración).

Timemaster

En definitiva, se trata de una obra que no es para todos los paladares. Estoy seguro de que la hubiera disfrutado muchísimo más si hubiera podido seguir su meticulosa construcción de atajos espacio-temporales (al final trata de explicarlo con esquemas, pero sigo sin pasar de la fase de “sí, me parece que entreveo algo ahí”). Sin embargo, la visión del futuro de la humanidad es grandiosa. Estoy seguro de que Forward, como especialista en propulsión espacial y nuevos sistemas de energía, se propuso desarrollar el contexto científico necesario para cumplir los planes de exploración más ambiciosos que cupiera imaginarse en el plazo más breve posible (respetando, por supuesto, los postulados del universo relativista, con la velocidad de la luz como límite insuperable).

Nos invita a lanzarnos a la aventura, y aunque tal vez nos perdamos un poco por el camino, vale la pena intentar seguirlo.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 11, 2009.

3 comentarios to “Maestro del tiempo”

  1. El otro día que leí tu comentario sobre este libro me acordé de un cuento que siempre dejó un recuerdo muy claro en mi memoria, por ser tan completo a la hora de tratar la paradoja temporal en los viajes en el tiempo. Se llama Por sus propios medios (o By his own bootsteps) de Robert Heinlein, que éste publicó en la Astounding Science Fiction Magazine de octubre de 1941. No explicaba cómo sucedía el viaje temporal, en lo que se diferencia de este libro, pero trazaba un argumento tan perfecto alrededor de la paradoja temporal que casi que condenaba la existencia misma del viaje en sentido práctico. Me encantó en el primer momento en que lo leí (hace unos veinte años) y me volvió a encantar cuando lo encontré hoy… :)

  2. Vaya, me equivoqué un poco. El cuento de Heinlein se llama By his Bootstraps. ¡Qué memoria!

  3. No conozco ese cuento en particular, pero Heinlein tiene otro, “Todos vosotros zombis” (“All you zombies”), donde masacra sin piedad la paradoja del abuelo (o la eleva a la enésima potencia).

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