Materializando

Me refería en la anterior entrada a un punto de inflexión. Será a muchos niveles, pero el único que interesa aquí es el literario. No voy a renegar del fantástico, ni nada de eso, pero muy posiblemente cambie mi modo de abordar ciertos aspectos de la profesión. Para empezar, por ejemplo, me temo que voy a hacerme más insistente y más “agresivo” con la promoción. La cosa parece que funciona así: el que no llora no mama, y me deprime, por ejemplo, leer por ahí quejas sobre que no se publica suficiente hard cuando yo tengo una antología que se está muriendo de asco en el almacén de alguna distribuidora.

Así pues, vayamos con lo ya hay.

Obviaré los trabajos no profesionales (es decir, no remunerados, salvo quizás en ejemplares de cortesía). La lista completa, ordenada por años y tipo de publicación, puede leerse, siguiendo este enlace, en Sedice. Así pues, la primera publicación propia sería “El rayo verde en al ocaso”, una antología de ciencia ficción dura que incluía relatos ya publicados en diversos medios (los menos) e inéditos. Entre estos últimos, destacan quizás “La tercera ley de la información”, finalista del ya extinto premio Pablo Rido en 2006, y la novela corta “Cuarenta siglos os contemplan”, mención ese mismo año en los premio UPC.

"El rayo verde en el ocaso"

En este mismo blog hay una página dedicada a la publicación, donde he recopilado las críticas y diversas tiendas online donde puede adquirirse. Lo cierto es que a estas alturas ésa será la única forma de hacerse con un ejemplar, pues la distribuidora pasa olímpicamente de mover una tirada tan reducida. O también puede pedirse a la editorial al correo grupo_ajec@msn.com (contra reembolso, sin gastos de envío). No llega ni a diez euritos y son 90.000 palabras de pura ciencia ficción. Venga, que tengo que tener contento al editor, que el año que viene, en fecha aún por determinar, me publicará el que, salvo volantazo inesperado del destino, será mi segundo libro:

“La mirada de Pegaso”

También una recopilación, pero en este caso compuesta por dos novelas cortas (es un decir, que una de ellas se queda en puertas de las 40.000 palabras) y un relato. Se trata de nuevo de ciencia ficción dura, pero quizás más personal, centrada ya en las obsesiones que he ido desarrollando con los años. Futuro cercano, en la frontera de lo desconocido (que en estos días tenemos a unas pocas décadas de distancia). La que da título al volumen se podría definir como un relato pre-apocalíptico, que explora temas de genética, ecología, astrofísica y sicología (paso mucho de la noción de que el hard no puede ser una literatura de personajes). En cuanto a la segunda, “Historia de un watson”, es un híbrido entre novela negra (clásica; el Raymond Chandler de toda la vida) e historia cuasi-singularista (con buenas dosis de genética, por supuesto). El post-singularismo me parece demasido etéreo e impreciso, y sólo me atrevo con él en el cuento que cerrará el volumen: “Las alas de la crisálida”.

pegaso

Pero no sólo de ciencia ficción vive el hombre. Como lector disfruto de varios géneros, y me parece tonto limitarme como escritor a uno solo (que encima tiene tan poca salida comercial, todo sea dicho).

Mi primera novela, de hecho, es de género fantástico, y no sólo eso, sino que además es juvenil. Se titula “La hormiga, el grifonicornio y el ave fénix” y está dirigida a chavales de doce años. Trata sobre la búsqueda de una criatura mítica, con muchas aventuras y no pocas maravillas, y un transfondo, cómo no, iniciático, con el paso de la niñez a la juventud, ejemplificado en el desarrollo del pensamiento hipotético-deductivo (científico) y la asumción de responsabilidades de carácter moral. El principal referente es Rudyard Kipling y su extraordinaria novela “Kim”, aunque hay ingredientes de Rider Haggard e incluso de William Hope Hodgson.

A ella se le suma “La ley del trueno”, mi primera (no será la última) incursión en la fantasía épica. Eso sí, muy poquito que ver con Tolkien. El Maestro lo hizo demasiado bien como para ir imitándole. Para empezar, la historia empieza y termina en 110.000 palabras (un solo tomo bastante estándar). Y termina de verdad, porque cuando me caliento soy bastante bruto y no creo en eso de reservar cosillas para otra ocasión. También la ambientación huye de lo medievaloide. Uno de mis géneros favoritos es la novela histórica, pero no cuento con suficientes conocimientos como para abordarla con garantías, así que me tengo que contentar con modelar mis mundos a imagen de la antigüedad clásica. “La ley del trueno”, por ejemplo, involucra un imperio con ciertas similitudes al romano durante la crisis del siglo III (aunque con algunas características más orientales). Y, por último, el estilo es directo, buscando el dinamismo de la espada y brujería clásica a lo Howard. Por supuesto, no me podía contentar con limitarme a narrar una aventura, por muy épica que fuera, así que la novela posee alguna que otra sublectura acerca del libre albedrío y de la subordinación voluntaria de los hombres ante fuerzas externas.

Con estas dos he concluido la “ruta de los concursos” (actualmente, están propuestas a sendas editoriales y a la espera de contestación), por lo que he podido explayarme un poco más en su naturelaza. El quinto libro acaba de empezar el via crucis, así que no voy a poder revelar ni su título. Me limitaré a comentar que se inscribe en el género del terror.

Eso nos deja con el futuro inmediato (este mes que acaba de empezar).

Mis planes consisten en dedicarme intensivamente (ocho o más horas diarias) a dos proyectos muy diferentes.

Por un lado, concluir una novela de espada y brujería, construida a modo de fix-up de novelas cortas (con fuerte conexión secuencial). Es quizás la empresa en que más tiempo he andado metido (las primeras frases las escribí allá por el 2000, aunque no sé si sobrevivirán muchas de ellas intactas). Llevo unas 70.000 palabras y le calculo algo por encima de las 90.000.

Además, escribir por fin la novela de ciencia ficción dura en la que llevo pensando desde hace varios años, ahora que con el premio Astro veo una leve esperanza de conseguir publicarla (por ello mismo, me reservaré cualquier detalle sobre su contenido).

Si sobra tiempo (¡Ja!), también tengo las primeras 10.000 palabras de otra novela de fantasía épica (con muy escaso componente fantástico, todo hay que decirlo) que podría empezar a estructurar, y una idea para volver a participar en el UPC, que se me ha pasado un poco la decepción del 2007 y algo tiene que terminar saliendo bien.

¿No?

Anuncios

~ por Sergio en agosto 6, 2009.

2 comentarios to “Materializando”

  1. Liado si que andas, sí. Esa es la única manera de llegar a algo en este mundillo. Adelante con tus planes y recuerda que no eres el único que tiene altibajos y que lo importante es ponerse en pie tras cada caida.
    Un abrazo

  2. Excelente actitud. Y así consigues darte aún más salida. Por mi parte, lo único que conozco de ti son dos cuentos diminutos que escribiste en Sedice para un certamen del caos y un TDL, uno de fantasía y el otro de ciencia ficción. Excelentes los dos, por cierto, lo que me hace pensar que sería una pena que un buen escritor como tú no tenga más salida. Así que ¡adelante!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: