Harry Potter, el cáliz de fuego y el Hugo

En medio del año de la Hugolatría, y en honor del megaestreno de la semana, no podía pasar sin dedicar una entrada al premio Hugo más polémico de sus cincuenta y seis años de historia. Con el nuevo siglo se inició para los Hugo (y, en general, para la ciencia ficción) un período de incertidumbre que desembocó en las que para muchos han sido algunas de las elecciones más cuestionables de este veterano galardón. Cuatro de los ocho ganadores hasta el momento son obras de fantasía (género tradicionalmente proscrito) y la obra que rompió el monopolio (aunque hay algún premiado anterior que combina fantasía y ciencia ficción) fue la cuarta entrega de la saga del niño mago Harry Potter.

Las voces disconformes se alzaron desde el momento mismo en que se anunció la obra ganadora durante la Worldcon de Filadelfia (The Millenium Philcon). Los críticos afirmaban que poner a competir una novela perteneciente a un género tan multitudinario como la fantasía infantil/juvenil con obras minoritarias de ciencia ficción y fantasía más o menos adulta era un contrasentido. Según esta opinión, Harry Potter sería la ganadora por defecto por la simple razón de que sería la única de entre los nominados que buena parte de los asistentes a la convención (la porción mayoritaria del cuerpo de votantes de la segunda ronda) habrían leído, especialmente por lo que respectaba a más jóvenes.

Por supuesto, no ayudó en nada que Joanne K. Rowling ni se molestara en estar presente para recoger el premio.

GobletOfFire

En seguida se produjo la reacción de quienes defendían el resultado y tildaban a los críticos de cifífilos compulsivos que no podían soportar que una novela de fantasía ganara su precioso Hugo. Argumento que quedó en nada cuando al año siguiente ganó Neil Gaiman por “American Gods” con el beneplácito de casi todo el mundo, en el 2004 Lois McMaster Bujold por la segunda entrega de su saga de Chalion y en el 2005 Susanna Clarke obteniendo un aplauso unánime por “Jonathan Strange y el señor Norrell”.

Las verdaderas razones para el desagrado son un poco más retorcidas. Simplemente, J.K. Rowling no pertenece al “guetto”. Lo suyo era la literatura juvenil (de hecho, sólo Harry Potter) y el género fantástico se la traía al fresco. Para cualquier otro autor, tener una nominación al Hugo, no digamos ya ganarlo, supone casi la consagración definitiva de su carrera. Incluso a nivel económico, el galardón implica un empujón comercial que muchas veces resulta crucial para avanzar profesionalmente. Para Harry Potter, ganar  no implica siquiera una nota al margen. Ninguna edición se promocionará haciendo mención a esta distinción, la más prestigiosa dentro del género fantástico. Ni lo quiere ni lo necesita. Sus ventas ya son millonarias y su público objetivo ni siquiera conoce los Hugo.

En ese sentido, premiar “Harry Potter y el cáliz de fuego” supone desperdiciar pólvora. Es como si le tocara la lotería a un multimillonario mientras los pobretones se quedan con dos palmos de narices… sólo que no hay azar de por medio, sino un simple concurso de popularidad.

Así pues, los críticos derivaron hacia argumentos sobre la competencia desleal. La saga de Harry Potter era, simplemente demasiado popular para competir con ella en igualdad de condiciones. Se corría el peligro de que el premio quedara desvirtuado, con una sucesión de ganadores cuyo principal (querían decir único) mérito era ser ultrapopular. Se pintaron futuros apocalípticos, con Harry Potter ganando por defecto todas las ediciones en que participara e incluso ganadores ocasionales del nivel de “El código Da Vinci”. De repente, el que los Hugo premiaran la popularidad era malo.

Lo cierto es que fue una actitud bastante hipócrita. Todo el mundo sabe que este tipo de premios, en el fondo, no se fijan en la calidad, sino en la popularidad. Es mucho más fácil ganar o ser nominado una vez ya has entrado en la lista de “premiables” y no es infrecuente la vieja gloria que es reconocido por obras menores. Eso por no hablar de los sesgos. El de la ciencia ficción está ampliamante reconocido, pero hay otros más sangrantes. Por ejemplo, se las dan de llamar a sus convenciones Worldcones, pero lo cierto es que si no eres anglosajón lo tienes muy jodido. Así pues, autores tan importantes como Stanislaw Lem, o los hermanos Strugatsky, o Michael Ende ni han olido los Hugo.  Los premios son coto privado de estadounidenses, canadienses y británicos (lógico hasta cierto punto, sólo jode el que tengan la desfachatez de considerarse el “world”).

el-caliz-de-fuego

Además, la cosa no fue para tanto. Aunque ya el año anterior había sido nominada “Harry Potter y el prisionero de Azkabán” (mucho más de género con sus juegos temporales, todo sea dicho), ninguna otra novela de Rowling ha llegado a finalista, pues en primera ronda los aficionados de un solo libro ni se molestan en votar (y el cuerpo de votantes habituales se ha cuidado mucho de tentar a la suerte de nuevo). En cualquier caso, una vez estudiado el resultado, los premios a la popularidad tampoco son tan malos. Los Nebula, elegidos por los colegas escritores (miembros de la Asociación Americana de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía), suelen decantarse (cuando no hay coincidencia) por galardonados muchísimo más discutibles.

Respecto al libro en sí… La verdad es que no me apetece mucho hacer una crítica pormenorizada de él. Ya expresé mi opinión acerca de la serie en su conjunto en la entrada sobre “Harry Potter y las reliquias de la muerte“. Éste es más de lo mismo: imaginativo, ágil, atrayente para su público objetivo, pero también incoherente, arbitrario y excesivamente largo. El torneo de los tres magos se come demasiadas páginas de puro relleno y el conjunto es bastante soso. Eso sí, los últimos capítulos son magníficos. Dan la impresión de que la serie por fin se está moviendo hacia delante, dejando atrás Hogwarts para abarcar un universo más amplio y oscuro, aunque después, vendría una marcha atrás, que ocuparía dos libros y medio con dilaciones injustificadas (pero eso ya no es culpa de esta entrega).

No es, en modo alguno, el peor ganador de un premio Hugo, pero sí que se trata de la elección menos disculpable (otros han perdido muchísimo en retrospectiva). El año no fue particularmente fuerte, pero entre los nominados se contaba “Tormenta de espadas” de George R.R. Martin (la primera entrega de su “Canción de Hielo y Fuego” nominada) o “El cálculo de Dios” de Robert J. Sawyer. En la votación de los Locus, “Harry Potter y el cáliz de fuego” se situó en 18ª posición en la lista de libros de fantasía y el ganador del Premio Mundial de Fantasía fue “Galveston” (proximamente en este mismo blog), ex-aequo con “Declara” de Tim Powers (publicada el año 2001). El Nebula lo ganó Catherine Asaro con “Rosa cuántica”.

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~ por Sergio en julio 17, 2009.

5 comentarios to “Harry Potter, el cáliz de fuego y el Hugo”

  1. Buena reflexión, Sergio, aplicable a casi todos los galardones de este tipo y no sólo en el mundo de literatura.

  2. Es lo que tienen los premios. No hay ni uno que se libre de intrahistoria y que no atesore su cuota de polémicas. Ni siquiera el método de elección es relevante. Lo único que importa para ganarse el prestigio es que el tiempo avale, en general, la pertinencia de los galardones concedidos.

  3. Si hasta los Nobel parecen haber derivado a una sucesiva premiación de cierto tipo de novelistas venidos de países olvidados, con temáticas políticas y aires de drama épico, los cuales casi nadie conocía antes de la nominación…
    Sin embargo, en lo que vale, a pesar de los fiascos, los premios ayudan mucho a la literatura a mantenerse activa entre los potenciales lectores y mueven a la industria algunas veces a favor de los mismos autores o sólo a favor de los libros en general. Creo que por eso podemos perdonar algunos amiguismos, algunos fiascos y hasta ciertas hipocrecías. ;)

  4. Es muy cierto que esta novela es un tanto arbitraria, basándose en reglas que la propia autora inventa sin colocarse apenas límites, pero también es una novela muy entretenida, quizá la mejor de toda la serie Harry Potter, con contínuas vueltas de tuerca que te mantienen atento, y llena de detalles que es lo que suele gustar a los que conceden este galardón. Si por calidad nos referimos, creo que debería ser justo al nombrar algunas de las novelas de cf más aburridad, pesadas e incomprensibles en cuanto a su recompensa recibida de la historia. Y estas no son fantásticas, son pura ciencia ficción:
    Al final del arco iris de Vinge, Los desposeídos de Le Guin, Danza de espejos de Mcmaster Bujold, Serpiente del sueño de McIntyre, Dune de Frank Herbert, El sindicato de policia yiddish de Chabon, Paz interminable de Haldeman…. y así un buen número de novelas que para muchos reunirán los requisitos que no reune Harry Potter y el cáliz de fuego, pero que no reunen la cualidad básica que debería poseer cualquier novela: la facultad de entretener al lector.

  5. Es una opinión, aunque dudo que sea muy compartida, en especial por lo que toca a referentes del género como “Dune” o “Paz interminable”, o a novelas aclamadas por la crítica internacional como “El sindicato de policía Yiddish”, en cuanto a tildar a “Danza de espejos” como “no entretenida”… en fin, la ficción de Bujold puede tener muchos defectos, pero jamás es aburrida.

    En cualquier caso, tradicionalmente el premio Hugo ha sido un termómetro de tendencias (bastante bueno, por cierto), que ha destacado obras de especial relevancia por cuanto ejemplifican nuevos movimientos literarios (o el pináculo de los mismos). En ese sentido, el premio a “El cáliz de fuego” parece más bien el resultado de una votación masiva por parte de lectores que, casi seguro, no habían leído nada o casi nada más de lo publicado en el 2.000.

    Desde que escribí la crítica me he puesto al día con algunas lecturas y puedo descartar “El cálculo de Dios” como alternativa. Sin embargo, echando un vistazo a los Locus de aquel año, podría añadir al menos otra opción más meritoria (aunque, sin salir de la fantasía, el principal candidato era “Tormenta de espadas”): “Espacio revelación” de Alastair Reynolds, abanderada de la nueva ciencia ficción británica, caracterizada por hibridar el space opera clásico con la ciencia ficción dura (en su vertiente actual, postsingularista y transhumanista). Claro que era su primera novela, y era además extranjero, así que tenía tan pocas oportunidades como Karl Schroeder, por los mismos motivos, con “Ventus”.

    Personalmente, a un premio Hugo le exijo algo más que que sea entretenido (por cierto, en mi caso Harry Potter cumple este requisito por los pelos). Necesita ser relevante, si puede ser a largo plazo mucho mejor, pero eso nunca se puede predecir por completo. No es el caso.

    Como comentaba, no se trata de una decisión terrible, pero tampoco muy afortunada (por no hablar de que supone malgastar recursos, ya que ni a Rowling, ni a sus editores, ni al grueso de sus lectores les importa un bledo un premio tan especializado como los Hugo). Dicho lo cual, personalmente, no me molesta en exceso. Con que un 1% de los lectores de Harry Potter crezcan para disfrutar de la literatura fantástica en general ya estoy más que satisfecho y justifica de sobras cualquier reconocimiento (aunque yo hubiera optado para ello por “El prisionero de Azkaban”).

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