Trueno Rojo

John Varley es uno de los autores de ciencia ficción más desconcertantes. Saltó a la palestra a finales de los 70, con una serie de cuentos y novelas cortas memorables, en particular “La persistencia de la visión”, que ganó los premios Hugo, Nebula y Locus y es, sin duda, una de las obras cumbres del género (repitió la hazaña seis años después con “Pulse Enter”). A mí, personalmente, acabó de ganarme cuando leí su segunda novela, “Titán” (1979), y desde entonces ha sido uno de mis autores favoritos.

El desconcierto viene cuando se observa su evolución, desde el escritor hippy de sus inicios hasta el actual clon de Heinlein. Resulta casi increíble que el autor de “La persistencia de la visión”, 25 años más tarde, esté escribiendo libros como “Trueno Rojo”, pues ambas obras parecen situarse en antípodas ideológicas. Por lo menos, en la migración Varley no ha perdido su toque y ya sea una obra de su trilogía de Gaia (de la que se han traducido las dos primeras entregas, “Titán” y “Hechicera”) o de sus más recientes seudoremakes heinlenianos (“Playa de acero”, “El Globo de Oro”), sus libros ofrecen entretenimiento y grandes ideas.

Bueno, no todos. Con “Trueno Rojo” nos tenemos que conformar con el entretenimiento, que no es poco.

truenorojo

Vaya por delante una idea. Esta novela (sería más apropiado hablar de trilogía… por ahora) es la más heinleniana de su producción. En ella no sólo copia el estilo y busca inspiración en alguna obra del maestro, sino que incluso asume como propios sus planteamientos ideológicos. En otras críticas (podéis seguir los enlaces, como siempre, al pie de la entrada), se hace referencia a diversas obras juveniles de Heinlein como inspiradoras, y parte de razón no les falta (Varley, como buen conocedor, toma de aquí y de allá, e incluso se adentra en su etapa madura para inspirar momentos y personajes y dejar caer guiños cómplices), sin embargo, no apuntan al modelo original porque se trata de su primera novela de ciencia ficción, que nunca ha sido traducida al castellano: “Rocket Ship Galileo” (1947).

Sinopsis: Tras la Segunda Guerra Mundial, tres adolescentes aficionados a la astronáutica son reclutados por el tío de uno de ellos, ingeniero de cohetes, para construir una astronave, impulsada por un nuevo tipo de motor (nuclear), para ir hasta la Luna. Una vez allí, descubren que no son los primeros en montar una base, sino que los nazis han llegado primero. Tras una serie de ataques y contraataques, los americanos logran destruir a los alemanes y regresan a casa como héroes.

Ahora va la sinopsis de “Trueno Rojo” (2003):

Cuatro jóvenes de Florida traban amistad con un antiguo astronauta de la NASA caído en desgracia, en medio de un clima de Guerra Fría entre Estados Unidos y China, trasladado a una carrera espacial por alcanzar Marte. El primo del astronauta (un genio científico mayor que Einstein, Newton y Tesla juntos, sólo que un tanto “especial” por culpa de que su padre le abrió la cabeza de un garrotazo cuando niño… llamado Jubal para más señas) inventa la madre de todas las energías (limpia, gratuita e inagotable), planteando la posibilidad de construir una astronave capaz de adelantar a las nacionales (que ya han salido) y ganar así por la mano a los chinos, que llevan la delantera (y, de paso, quizás salvar a los americanos, cuyo motor, según cálculos de Jubal, tiene altas probabilidades de explotar).

A partir de ahí, divergen un poco, porque no es lo mismo acabar de salir de una guerra mundial que escribir la novela a veinte años del final de la guerra fría contra la Unión Soviética (el tema se antoja un poco desfasado, incluso cambiando al contrincante), pero en el fondo sigue siendo lo mismo: los americanos son la leche, el viaje espacial está al alcance de cualquiera que se lo proponga y trabaje duro por conseguirlo, los gobiernos o no son de fiar o directamente inútiles y el espacio es la nueva frontera.

Rocket_ship_galileo

La subtrama prebélica huele a rancio (el mismo planteamiento ya lo empleó Arthur C. Clarke en “2010: Odisea 2″, con la carrera entre la nave china Tsien y la misión americano-soviética de la Alexei Leonov por alcanzar al Discovery en Júpiter; sólo que corría el año 1982 cuando se escribió) y la historia adolece por completo de plausibilidad (vamos, no sólo un grupo de niñatos construyen una nave espacial, sino que lo hacen cumpliendo unos plazos imposibles; eso por no hablar del sistema de propulsión, que viola cualquier ley física y del sentido común que pueda imaginarse), pero en el fondo no importa. No es como si en algún momento la novela pretendiera ir en serio.

“Trueno Rojo” es un divertimento, un homenaje (fanfic) escrito por un profesional más que competente, que crea unos cuantos personajes atractivos (no sólo los protagonistas, sino también algunos de sus familiares) y escribe un cuento de hadas de la era espacial. Si después se ve obligado a forzar algunas cosillas para justificar el ambiente de tensión internacional o no sabe qué hacer con la panacea universal que se ha sacado del sombrero (lo del “estrujador” no es matar moscas a cañonazos, sino con un pepino termonuclear), hay que considerarlo exigencias del guión. La novela se lee en un suspiro y con una sonrisa en los labios, aunque de tanto en tanto haya que soltar un “¡Venga ya!”. Si alguien desea un poco de profundidad, que mira para otro lado, pero de vez en cuando sienta bien algo ligerito.

Existe, sin embargo, una pega. La traducción de la Factoría no me parece muy acertada. Varley recurre a menudo a flashbacks e incluso algún que otro flashforward, y no parece que el traductor haya seguido muy bien la línea temporal, originándose inconsistencias (en el prólogo, sin ir más lejos, habla de “tanques” cuando en realidad son vagones cisterna como descubrimos más adelante); eso por no hablar de la traducción literal del título de la película “The day the Earth stood still”, que como poco choca.

El año 2006 el autor publicó una continuación, “Red Lightning”, protagonizada por el hijo de los protagonistas, y el 2008 “Rolling Thunder” (referencia directa a “The rolling Stones“) protagonizada por Podkayne, su nieta.

No comprendo qué puede llevar a un autor con tanto original por contar a reincidir una y otra vez en el homenaje (o plagio creativo, según se mire), pero bueno, cada cual hace con su talento lo que quiere. En vez de seguir disfrutando de novelas rompedoras como “Titán” o incluso “Playa de acero”, tendremos que conformarnos con aventuras muy entretenidas como “Trueno Rojo”, que no es poco, pero…

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 11, 2009.

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