Alarido de Dios

Ésta va a ser una crítica complicada de sacar adelante porque no termino de hacerme una opinión definida sobre la segunda novela de José Miguel Vilar y, lo que es peor, no sé si alguna vez la tendré. Para agravar las cosas, me temo que tampoco me será posible valorarla de forma individual, sino como heredera de la primera, “Los navegantes”. El mismo autor se lo ha buscado, pues “Alarido de Dios” nos vuelve a hablar de la guerra, pero no una guerra gloriosa y épica, sino la guerra de verdad, el peor desastre que puede caer sobre un pueblo y el escenario que saca lo peor del ser humano y asfixia sus virtudes. Casi parece como si el cuadro pintado en Arialcanda, la ciudad sitiada de “Los navegantes” no hubiera logrado expresar en todos sus matices la visión, ciertamente poco épica, que de la guerra nos quería transmitir, y esa carencia se subsanara en las páginas de la nueva novela.

A decir verdad, son escenarios complementarios. Mientras que en la primera los protagonistas resisten como pueden un asedio, aquí Vervoék, el puñal de Ü, y Dedekáer el diplomático abandonan la ciudad de Sdtadtz en dirección a las salvajes colonias del norte con la misión de hacerse con un antiguo amuleto en el que los gobernantes depositan todas sus (escasas) esperanzas de sobrevivir a la guerra contra los demonios. De paso, podrían intentar recabar la ayuda de los norteños para defender a la humanidad, que está a punto de sucumbir ante su enemigo. En la presentación del libro, José Miguel habló de la solución de la espada y la solución de la palabra, y de cómo se van alternando (con mayor efectividad general para la primera). Lo cierto es que es una dualidad muy presente en todo el libro, que también podría definirse como el cinismo contra la esperanza o el instinto animal contra la humanidad, y que casi siempre acaba decantándose del mismo lado.

Alaridos_dios

El retrato que pinta de nosotros no es nada halagador. No busca serlo. Es directo como un tajo al estómago que deja a la vista una repugnante masa de intestinos (visión recurrente en la novela), es una llamada de atención respecto a que eso no es la excepción, sino la norma. Cualquier persona puede cometer acciones inhumanas, y una vez se empieza la frontera entre lo que es defensa y lo que es ataque se difumina, y el instinto de supervivencia se mezcla con la crueldad.

El conflicto en sí, su génesis y desarrollo, es irrelevante. La guerra contra los demonios no es sino un escenario intercambiable con cualquier conflicto que en el mundo haya sido. El propio enemigo apenas está esbozado. Es un espejo. Cada vez que nos acercamos resulta indistinguible del bando humano. ¿Por qué demonios entonces? Es la tendencia. El enemigo siempre es inhumano. Funciona como una especie de antimetáfora. En este caso en particular es posible demonizarlos sin faltar a la verdad, pues son (o eso se nos dice) otra especie, sin embargo, las diferencias que se nos muestran son inexistentes, así que podemos llamarlos con toda propiedad “demonios”, pero en el fondo son lo mismo que los hombres… sólo que están venciendo.

Esto por si sólo no bastaría para describir en su justa medida la sinrazón. Faltaría el más cruel de todos los conflictos, el del hombre contra el hombre, vecino contra vecino, hermano contra hermano. En el norte, la opresión de siglos ha ido acumulando un poso de descontento que puede ser utilizado para alimentar un odio ciego, estúpido y sin propósito último. Sobre esta tierra desolada planea el horror de las limpiezas étnicas, la retórica hueca que atizó el fuego de los balcanes, ecos de Ruanda, de los campos de exterminio nazis, de los sueños contrahechos de megalómanos que después no saben qué hacer con el poder, de la ciega aquiescencia de una masa que se deja engañar para cometer cualquier atrocidad en desagravio de alguna injusticia real o inventada.

José Miguel Vilar utiliza a sus personajes para mostrarnos todo esto, para desmitificar la guerra, para romper con la fascinación de la fantasía épica por los conflictos bélicos. Nos muestra que en este contexto no hay héroes, sólo supervivientes, y que para serlo hay que ser un hijo de puta de tomo y lomo. Además, lo muestra como una inevitabilidad. La barberie engendra barbarie, y los esfuerzos del diplomático se muestran las más de las veces inútiles. La única posbiilidad para el mundo sería que todos fueran como él, porque de lo contrario la violencia se impone.

Para contarnos todo esto, emplea su propio estilo, alterna entre narradores, y, aunque el grueso de la novela lo constituyen capítulos donde nos adentramos en la cabeza de Vervoék o Dedekáer, inserta fragmentos epistolares e incluso enciclopédicos, introduce digresiones, rompe incluso la linearidad de la narración y, sobre todo, introduce lo que ya otros han definido como vilarismos, que no son sino anacronismos en el discurso que, en cualquier otro, resultarían pegotes pero que él consigue justificar narrativamente.

Voy a centrarme un poco más en este aspecto, que es sin duda el más singular de la obra. Los anacronismos en “Alarido de Dios” cumplen básicamente dos funciones. Por un lado, está la meramente semántica. El término anacrónico posee para nosotros un significado y unas connotaciones muy específicas. José Miguel Vilar juega a darle la vuelta a la ecuación y a forzarnos a intercambiar los términos y a darle preponderancia a las connotaciones, descartando por irrelevante el significado literal. No es una metáfora al uso, porque cuando alguno de los personajes menciona, por ejemplo, un billete de autobús, no está estableciendo ninguna comparación, sino que lo hace como si el término poseyera en su contexto, de forma intrínseca, el significado que nosotros le concedemos por asociación de ideas. Nos fuerza, además, a aceptarlo bajo ese mismo prisma, hasta el punto que no desentona con la ambientación.

Hay otro motivo para su uso (o, quizás, sea más cierto afirmar que algunos de los anacronismos se emplean con una función completamente diferente). En determinadas ocasiones, lo que buscan es romper nuestro distanciamiento con respecto a los sucesos. Aquello es propio de cualquier época y lugar. Ni siquiera nosotros, sentados sobre décadas de paz, estamos a salvo de nada, porque la barbarie de la guerra anida en el corazón de todos los hombres. El anacronismo remarca que ningún tiempo puede reclamar para sí la exclusiva de lo narrado; rompe deliberadamente las barreras de tiempo y cultura para hacerlo universal.

Casi estamos al final de la crítica y no he justificado al ambivalencia que mencionaba al principio, así que va siendo hora de mencionar algo al respecto. Supongo que en parte es cosa de preferencias (o fobias) personales. Me revienta que traten de aleccionarme y los monólogos de los protagonistas, sobre todo los de Vervoék son demasiado machacones para mi gusto. Las invectivas del Puñal de Ü se dirigen contra sus dirigentes, contra los blandos de la ciudad, contra los fanáticos del norte y contra Dedekáer, pero en el fondo son contra el lector y sus fantasías probelicistas. Es un recurso, pero tengo la impresión de que se abusa de él. Suelo apreciar más la descripción que la exposición. Por momentos, me da la impresión de que nos lo da todo demasiado mascadito.

Otro detalle es que la narración (como suele ser habitual) se estructura en torno a una serie de elementos recurrentes, que en un determinado punto se vuelven quizás demasiado recurrentes, hasta llegar a convertir ciertas expresiones en muletillas.

O tal vez sea que ya no está presente al factor sorpresa de “Los navegantes”.

Así pues, aunque a nivel narrativo está mucho más controlada y los recursos mucho más pulidos, lo cierto es que aún sitúo un poco por encima la opera prima (quien lea mi crítica de ella verá que no se trata en modo alguno de un menosprecio) aunque sólo sea por la primacía. En cualquier caso, “Alarido de Dios” es la demostración palpable de que otra fantasía es posible, de que existen territorios casi vírgenes para la literatura fantástica (mejor si no se repite la visita demasiado pronto) y de que es posible tratar temas significativos y actuales recurriendo a otros mundos y otras épocas.

Y, por supuesto, de que no hace falta cambiar de idioma o buscar etiquetas raras que tienen demasiado de mercadotecnia para acceder a la vanguardia del género.

Lo que han opinado otros:

Otros libros del mismo autor reseñados en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 7, 2009.

11 comentarios to “Alarido de Dios”

  1. Es curioso: cuantas más reseñas leo sobre Alarido de Dios y más me la recomiendan por “realista” y “cruda”, menos ganas me dan de leerla. Tengo la impresión creciente de que la novela no es más que un pretexto fantástico para asestar críticas contra las guerras actuales que se libran en lugares como Afganistán o el Congo. Y tengo la impresión de que me quedaría entonces con el crudo relato periodístico antes que perder mi dinero y mi tiempo en una supuesta fantasía que me también me lo quiere contar…
    Por otro lado, aprovecho la ocasión para externarte mi aprecio por tus entradas, Sergio. Me gusta el raciocinio y el buen balance de tus opiniones. Saludos.

  2. Muchas gracias, Laura.

    Respecto a “Alarido de Dios”… es importante resaltar que es, ante todo, literatura (de la variante fantástica). Eso sí, la guerra real, con reminiscencias (que no equivalencia exacta) a muchos conflictos de la historia reciente (entre ellos, quizás sea Afganistán el menos pertinente y la Guerra de los Balcanes el referente más directo) es el eje central de la narración. Y sí, es cruda, aunque no morbosa. La gran diferencia con una crónica periodística, a mi entender, es que la novela no está interesada en mostrar una serie de hechos per se, sino que busca crear una historia que sea congruente con esta realidad. Qué duda cabe que no se trata de una fantasía al uso, pero sin duda emplea los recursos del género fantástico para transmitir sus sublecturas (personalmente, es algo que echo en falta en buena parte de la literatura fantástica, esa aplicabilidad, como la definía Tolkien).

    En cualquier caso, como indica Andrés Díaz en su crítica, no es ni pretende ser plato del gusto de todo el mundo. En la página web de Equipo Sirius puedes leer un fragmento y comprobar así si te interesa desde un punto de vista literario.

    Hasta luego.

  3. No pude o no quise terminar los navegantes. Me pareció pura pose contra la fantasía y desagradable a muerte. Lo de vanguardia del género (!) le viene grande a ese libro. No he leido el alarido pero si apuntas que no es mejor que los navegantes… Hay en España muchos autores de fantasía que merecen más atención que éste.

  4. Desde luego, si no te gustó “Los navegantes”, “Alarido de Dios” no sería de tu agrado. Para mí, de todo cuanto he leído en fantasía estos últimos años, me parece lo más rompedor e interesante, aunque el estilo quizás no haya alcanzado todavía el equilibrio. En cuanto a la vanguardia… la vanguardia es experimentación, búsqueda de nuevos cauces expresivos. Después, claro, puede gustar más o menos (de hecho, poco innovador sería si no provocara cierta controversia) y evolucionar o extinguirse. Los lectores tienen la última palabra.

  5. Ya era hora de que alguien se atreviera a opinar claro. Los Navegantes, con sus pequeñas notas positivas como su vigor narrativo, no es más que el experimento fallido de alguien que ha querido ir de aprendiz de brujo y ha fracasado con estrépito. El libro no atesora las dosis de imaginación que se le atribuyen y la prueba es que, a tenor de tu análisis, Alarido de Dios parece ser que redunda en las pocas ideas válidas del libro anterior, donde se exprimió demasiado un planteamiento que no daba tanto de sí.
    Nada nuevo bajo el sol. Vilar no es el primero que aplica literariamente el retorcimiento de tópicos y desde luego no es el que mejor resultado le ha sacado a esta técnica narrativa. El uso del humorismo puede darle a la narración un toque fresco, pero en este caso está del todo fuera de lugar y rompe la atmósfera, del mismo modo que la pornografía, truco simple donde los haya para llamar la atención. Y no hablemos de los anacronismos, un recurso fácil que inexplicablemente genera comentarios. O la supuesta “fortuna” que se supone que el libro ha tenido fuera del fandom.
    Esto es lo que hay. Como dice otro comentarista más arriba, hay otros escritores nacionales que merecen más atención.

  6. En lo que sí podemos estar de acuerdo es en que se trata de una obra que no deja indiferente, sino que polariza las opiniones de un modo extremo. Es la primera vez que se suscita este tipo de reacción en el blog. Gracias por aportar otro punto de vista.

  7. Hola, Sergio. Perdona que aporte un comentario a tu respuesta a mi primera impresión de tu reseña. Entiendo tus comentarios con respecto al deseo de “innovar” en un género y estoy totalmente de acuerdo con todo artista que desee plantearse ideas más allá de los tópicos. El problema con la fantasía “realista” es que ya existe en literatura un género muy poderoso, que ha producido tremendas obras, dedicado a pintar la realidad en todas sus variantes, desde las más exultantes hasta las más obscenas, que es precisamente el género realista. Lo vivimos en la larga tradición de la literatura española y lo vivimos nosotros los latinoamericanos en la endurecida tradición de la narrativa latinoamericana, desde sus inicios hasta el presente. Allí se encuentran relatos perturbadores que retratan lo peor y lo más crudo de la bestia humana en medio de dictaduras y guerras fratricidas, con el adicional de saber que se remiten a tiempos y figuras reales y a países existentes. Por eso, no consideraría realmente “innovador” que un autor pretendiera insertar la dura realidad en la fantasía, como si así la despojara de la magia que la hace diferente para meterla en el mundo literario que conocemos tan bien.
    Por supuesto, es tan sólo una opinión.:)

  8. No hay nada que perdonar. ¡Si a mí me encanta el diálogo! No hay nada más enriquecedor.

    Esto daría para una entrada algún día, pero bueno, intentaré ser (relativamente) breve. Toda literatura conlleva en mayor o menor grado cierta dosis de fantasía. La frontera entre la realista y la fantástica se traza en lo posible, aunque es bastante más difusa de lo que podría parecer. ¿Hasta qué punto es realista una concatenación de casualidades altamente improbables? Eso por no hablar del realismo mágico latinoamericano.

    En cualquier caso, uno de los posibles objetivos del género fantástico es contemplar la realidad desde una perspectiva diferente. En “Alarido de Dios”, por ejemplo, se utilizan recursos y temas propios de la fantasía, inaceptables para la novela realista, para arrojar luz sobre un aspecto del ser humano (que es, en el fondo, el tema último de cualquier forma literaria). En ese proceso, transgrede algunas de las convenciones clásicas del género (o al menos, de su desarrollo de las últimas décadas, que ya se sabe que no hay nada nuevo bajo el sol).

    Por supuesto, el lector puede buscar otras cosas en la literatura fantástica, como por ejemplo escapismo (sin que haya nada peyorativo en ello, al modo que expone Tolkien en su ensayo “Sobre los cuentos de hadas”). Esperar que todos los libros de fantasía satisfagan las mismas necesidades sería hacer de menos el género.

    Supongo que para eso sirven también las críticas, para ver si un determinado libro justificará lo que nos cuesta adquirirlo (no sólo en calidad, sino también en orientación).

  9. Pues yo me estoy leyendo Alarido de Dios y no estoy del todo de acuerdo con los comentarios que aquí se dicen. Primero que parece que estos “comentaristas” no se han leido el libro y para opinar de algo no hay que conocerlo primero? A mi no me parece tan mala la novela, me entretiene, me hace reir y me habla del mundo actual en un mundo fantástico. Creo que es una buena manera de comunicar lo que uno piensa, además creo que es una manera original de expresarlo. Quizá los lectores necesitemos nuevas formas de leer lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Por qué se habla de “si esto ya se ha hecho” o de “si éste no inventa nada nuevo”? La cosa es muy fácil leer y que te guste o no, y punto.

  10. Con todo el respeto que merecen las opiniones ajenas, me llama mucho la atención quienes vierten esas opiniones sobre Alarido de Dios sin haber leído el libro. Ahí sí que veo una falta de respeto por parte de estos “no-lectores” que lanzan críticas descalificantes.
    (¡Ojo! la misma opinión me merecerían las alabanzas de quienes no hubieran leído tampoco la obra, aunque este no suele ser el caso).
    Insisto, todos estamos expuestos a las críticas pero hombre, leed el libro antes o no tengáis el descaro de emitir juicios sin haberlo hecho.

  11. Pues, por supuesto que tienen razón quienes se enfadan si leen críticas negativas sobre un libro sin haber sido leído. Ahora bien, yo no criticaba el libro en sí, sino que hacía comentarios sobre las reseñas que de él he leído, intantando formarme un criterio sobres si me incitan a leerlo o si no. Por la reseña de Sergio (y de otros en otros blogs o foros), he tenido la impresión de que no me agradará o no me parecerá digno de atención, de acuerdo con lo que sé del género fantástico y de otros géneros (me refiero a mis lecturas personales). He leído mucho autor latinoamericano, realista puro y también de los que han escrito realismo mágico, he leído también realismo español y he leído varias novelas del género fantástica, desde muy buenas (en mi opinión) hasta muy malas (también en mi opinión). Puedo opinar de lo que leo, cierto, y aquí opinaba sobre una reseña que justo acababa de leer, no sobre el libro directamente. El día que lo lea, si llego a hacerlo, opinaré otra vez, diciendo que tal vez me había equivocado en mis impresiones iniciales o que éstas más bien se confirmaron.
    Saludos
    Sergio, pues sí tienes razón en cuanto al grado de ficción que toda literatura presenta, pero también es obvio que el grado de realidad es también medible. Pienso, en general, por ejemplo, que la ciencia ficción es el subgénero fantástico más realista del género fantástico y que los cuentos de hadas son la vertiente más filosófica y simbólica, si cabe. :)

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