La Ciudad de las Puertas de Oro

Como parte de la actual(si bien tímida) apuesta de Timun Mas por la fantasía nacional, en 2006 se publicaba “La ciudad de las puertas de oro”, de José Rubio y José Miguel Cuesta (recientes finalistas del premio Planeta con “El ocaso del sol invicto”, publicado por Equipo Sirius bajo el título de “Sol de misterio”). Resulta difícil etiquetar esta novela, y eso es algo que, aunque a priori podría parecer deseable, acaba revelándose como un pequeño obstáculo, porque toda la obra desprende un aura de indefinición que me ha impedido una inmersión satisfactoria en la historia.

Ciudad_Puertas_oro

Utilizaré el texto de contraportada tanto para ofrecer la preceptiva sinopsis como para ejemplificar mi postura:

Hace 12.000 años, la magia y los misterios pervivían en manos de los sacerdotes de la Buena Ley y los nigromantes de la Faz Oscura. De entre los diez reyes de la Atlántida surgió el Emperador del Sol de Medianoche, un heredero de la mítica Ciudad de las Puertas de Oro dispuesto a desafiar a los dioses convirtiéndose en uno de ellos.

Una vez leído este párrafo, la preliminar clasificación de la historia está bastante clara. Pertenecería a la tradición precataclísmica, popularizada sobre todo por Robert E. Howard, que describe unos imperios que medraron en el lejano pasado, antes de la historia que todos conocemos, que fueron sin duda borrados de la faz de la Tierra por un terrible cataclismo que devolvió a la humanidad a la edad de piedra y la forzó a seguir de nuevo los pasos de la evolución hasta alcanzar de nuevo la civilización. A esto se le añade, por supuesto, algo de la lucha épica entre el bien y el mal post-tolkienista y ya tenemos marco definido para la aventura.

Sólo que aún nos queda el segundo párrafo de la sinopsis:

El mundo se vio envuelto en un conflicto en el que lucharon guerreros atlantes, amazonas, ejércitos griegos; en el que los últimos vestigios de la magia egipcia hicieron frente a la tecnología de la Atlántida. Fuerzas telúricas invocadas por oscuros poderes, ruinas milenarias que resurgen del olvido, hierofantes de Shambala… Un universo entre la realidad y el mito; un viaje a un conflicto que marcó a la raza humana para siempre.

Hala, adiós a todos los esquemas. ¿Qué pintaban los griegos y los egipcios hace 12.000 años? ¿Tendrán cabida en 269 escasas páginas tan heterogénea colección de mitos? ¿Quedará espacio para la trama ante tal exhuberancia temática?

Puede parecer una pejigotería, pero el hecho de que la novela no acierte a apostar por el escenario precataclísmico o por el revisionismo histórico (un poco en la línea de Señores del Olimpo), me resulta más significativo que molesto. Podría aceptar civilizaciones helenoides o egiptoides en un mundo hipotético anterior al nuestro (el concepto no se sostiene, pero ofrece la excusa necesaria para activar la suspensión de la incredulidad), pero cuando aparecen espartanos, ataviados con su armadura al completo y equipados con grandes escudos (sobre los que volver de la batalla) adornados con la letra Lambda… digamos que la cosa no se sostiene, carece de, a falta de una palabra mejor, elegancia. La fantasía implica un contrato entre lector y escritor, una especide quid pro quo. El uno se compromete a no hurgar demasiado en las imposibilidades científicas o históricas y el otro a ofrecer un producto con suficiente coherencia interna para que estas imposibilidades resulten irrelevantes. Me da la impresión de que la ambientación de “La Ciudad de las Puertas de Oro” carece de la justificación suficiente para soslayar sus anacronías.

Atlantida

Ahora bien, si tan sólo fuera esto, no habría excesivo problema, pero se trata más de un síntoma de un problema subyacente de mayor calado que de un aspecto anecdótico.

El estilo narrativo, todo y ser impecable a nivel formal, refuerza la sensación de que algo no cuadra. La novela se extiende en interminables descripciones de escenarios, relegando a la acción a contadas escenas que priman la estética sobre la agilidad literaria. De nuevo, no es ni mucho menos un pecado, pero resulta cuanto menos sorprendente por la disociación entre intencionalidad y tono. No me convence una narración épica donde se echa de menos el dinamismo, donde casi todas las escenas las contemplamos, haciendo un simil cinematográfico, en un plano general. Echo de menos los primeros planos, incluso los planos de detalle. Echo de menos el acercarme a los personajes y mancharme con el polvo que levantan sus sandalias, que me salpique la sangre de sus heridas. Echo de menos, en definitiva, una conexión emocional que me permita sentir a un nivel visceral y no sólo intelectual la angustia de una pueblo abocado a la lucha definitiva por la supervivencia.

Esto afecta singularmente a los personajes. Ninguno de ellos logra salirse del molde arquetípico en que ha sido creado. El distanciamiento narrativo los convierte en poco más que marionetas de la acción. Se limitan a cumplir con su papel, evolucionando cuando deben hacerlo por puro decreto, sin apenas diálogos que nos habran una ventana hacia su interior (la mayor parte del diálogo de la obra es absolutamente funcional, diseñado como medio expositivo alternativo a la descripción).

Para terminar con las pegas, no puedo sino dejar constancia de la tremenda decepción que me ha supuesto la resolución. La venía temiendo desde hacía tiempo (al menos se insinúa aquí y allá, así que no pilla por sorpresa), pero aun así resulta demoledor comprobar que se recurre a una “trampa” tan clásica.

Bueno, concluido este análisis, no quisiera dejar una sensación tan negativa. porque la obra posee valores destacables. Ya he hecho mención del cuidado estilo. Se nota que los autores poseen tablas más que sobradas, porque la novela fluye, con segmentos realmente notables, sobre todo aquellos dedicados a la civilización atlántida y a sus logros. Se nota, de igual modo, que ha habido una cuidadosa documentación previa, y es de agradecer que se le haya concedido preponderancia a las fuentes históricas frente a las esotéricas.

Los mejores capítulos, sin duda, son los finales, donde la carga épica va tomando el control de la narración. En mi opinión, hubiera sido de agradecer algo menos de precipitación, pero supongo que ello va asociado a las opciones literarias adoptadas como fundamento de la novela.

Como siempre, os dejo con otras opiniones (nadie posee la verdad absoluta) sobre la novela:

Otras obras de los mismos autores reseñadas en Rescepto:


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~ por Sergio en junio 3, 2009.

Una respuesta to “La Ciudad de las Puertas de Oro”

  1. LEE EL TIMEO Y CRITIAS DE PLATON Y VERÁS DE DONDE SALEN ALGUNAS COSAS

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