Influencia de Los primeros hombres en la Luna

Por fin, con esta entrada, daré por concluida la serie que inicié con la reseña a “Los primeros hombres en la Luna” de H.G. Wells (continuada con el artículo sobre la ciencia en “Los primeros hombres en la Luna”). La empresa se ha alargado bastante más de lo que preveía, pero es difícil dejar de lado la riqueza de sublecturas y temas adicionales que ofrece una obra pionera.

No descubro la rueda si afirmo que H.G. Wells es quizás el más influyente autor de ciencia ficción de la historia. Sí, parte del mérito es que fue el primero y, por tanto, muchos de los temas clásicos no pueden entenderse si no es a la luz de las novelas fundadoras que él escribió, pero, quizás más importante que la primacía temática, también está el modo en que en sus manos maduró el concepto de fantasía de base científica hacia lo que hoy entendemos como ciencia ficción. La relación entre el hombre y la tecnología, la plausibilidad como ancla para una especulación socialmente significativa, la fascinación por expandir las fronteras del conocimiento, el lugar del ser humano en el universo… todo ello y mucho más empieza a cobrar forma en sus romances científicos.

Luego, el testigo pasó a otros escritores británicos, que expandieron estas ideas y las mantuvieron vivas hasta su fusión con la escuela americana, que había medrado en el fértil huerto de la literatura pulp (curiosamente, el punto de partida, como evidencia una lectura de los cuentos de ciencia ficción de Jack London, era similar; es evidente que las opciones editoriales modelan el producto que puede florecer en un determinado contexto… lo cual siempre ha sido un serio handicap para la ciencia ficción española; pero ése es otro tema).

georgegriffith

Antes de pasar a los autores influenciados por Wells, sin embargo, quisiera romper una lanza en favor de otro autor de romances científicos, contemporáneo suyo, que desarrolló temas similares a lo largo de su carrea (desde 1890 hasta su muerte, en 1906). Específicamente, en 1900 publicó, cinco meses antes que Wells, una historia sobre un viaje espacial por el Sistema Solar (con poca base científica, todo hay que decirlo), en una astronave impulsada por antigravedad. El relato, fue recopilado y ampliado para su publicación como novela en 1901, bajo el título “A honeymoon in space”. Griffith, muy popular en su época, está en la actualidad prácticamente olvidado (la sombra de Wells es densa y alargada), pero resulta muy interesante como ejemplo de protocienciaficción (a lo Verne). [Por si hubiera algún editor interesado, estoy traduciendo, aún no sé para qué, su novela de 1895 “The outlaws of the air”].

Respecto a las influencias, el “heredero” directo de Wells, perteneciente a la generación posterior (nació 20 años después) es el grandísimo Olaf Stapledon, quien estaba convencido de escribir romances científicos como su antecesor, aunque, dado lo tardío de su paso a la ficción (su primera novela es de 1930), su obra resulta a ojos actuales mucho más moderna. Mientras que en EE.UU. el pulp descubría princesas en Marte y alienígenas tentaculares en el patio de atrás, la obra de Stapledon apuntaba en la dirección marcada por su antecesor (y, al principio, amigo). La producción de Stapledon es social y moralmente significativa y científicamente rigurosa (pero con ese puntillo de especulación loca que permitió inventos como la cavorita). Su incursión en el campo de la ciencia ficción fue con “Los primeros y los últimos hombres”, una crónica de los 2.000 próximos millones de años, en los que la humanidad alcanza sucesivamente dieciocho estadios evolutivos diferentes, siendo su otra obra seminal “Hacedor de estrellas” (1937), donde se deja de andarse con chiquitas y describe todo el universo, con su especies, sus mundos y su historia futura (introduciendo docenas de conceptos que luego llevaría décadas desarrollar).

Olaf_Stapledon

Si bien al principio la relación con Wells fue amistosa, a la postre ésta se vició un tanto por, entre todas las desavenencias posibles, una cuestión teológica. Wells, ateo acérrimo, no comprendió que Stapledon, simplemente agnóstico, condenara las instituciones pero apoyara el sentimiento religioso.

También en la confrontación religiosa cabe buscar las raíces de la influencia de Wells sobre C.S. Lewis, cuya Trilogía Cósmica de Ransom surgió en cierta forma como una reacción frente a su ateísmo (que interpretaba, en un contexto más amplio, dentro de una deshumanización de la ciencia ficción). De hecho, el primer volumen, “Más allá del planeta silencioso”, refleja muchas de las características de “Los primeros hombres en la Luna” (que Lewis describió en cierta ocasión como  la mejor obra de ficción que había leído), si bien distorsionadas para acomodarlas a una nueva base ética. En “Más allá del planeta silencioso” nos encontramos con un científico, Weston, y un avaricioso hombre de negocios, Nevine, que al igual que Cavor y Bedford construyen en la campiña inglesa un vehículo interplanetario esférico, y de igual modo Weston acaba siendo entrevistado por el sabio gobernante del mundo alienígena (Malacandra o Marte), con lo cual pone también de manifiesto sus ideas imperialistas (al contrario que Cavor, Weston comparte esta visión). Lewis hace uso de los intentos por parte de Ransom (un profesor universitario de filología profundamente religioso) por traducirlo al idioma de Malacandra, para poner de manifiesto lo retorcido de conceptos tales como “robo”, “civilización” o “ejércitos”.

Silent_planet

Por último (en lo que respecta a escritores británicos), otra “obra de refutación de Wells” acabó transformándose en una de las más importantes novelas del siglo XX. Me refiero a “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, que escribió en 1931 como reacción al ingenuo utopismo de “Hombres como dioses”, escrita en 1923. Su idea de componer una sátira antiutópica pronto se salió de madre (algún día tengo que dedicarme a “Un mundo feliz” y a la influencia del biólogo J.B.S. Haldane en su elaboración). Entre las influencias, se cita a menudo “The sleeper awakes” una antiutopia escrita por Wells en 1910 (reescritura de “When the sleeper awakes” de 1899). Sin embargo, leyendo “Los primeros en la Luna” me encontré con un fragmento, en el capítulo XXIV, que sin duda debió de influir lo suyo en Huxley:

En la Luna —dice Cavor— cada ciudadano sabe el lugar que debe ocupar. Ha nacido para él, y la penosa disciplina de su educación y adiestramiento, y la cirugía que sufre le adapta, al fin, tan completamente para ello que no tiene ni ideas ni órganos para cualquier otra cosa. [Aquí describe extensamente la formación de un selenita matemático que omitiré por cuestión de espacio].

O bien, si un selenita está designado para ser guarda de terneras, desde los primeros años de su vida se le induce a pensar sólo en las terneras lunares, a vivir como una de ellas, a no encontrar placer más que en la ciencia terneril y a ejercitasre en su cuidado y persecución. Se le educa para que sea fuerte y activo, y se le acostumbran los ojos a las envolturas apretadas, con las cuales se forman los contornos angulares que le dan un aspecto vacuno. Pierde, al fin, todo interés por los lugares más profundos de la Luna, y considera a los demás selenitas que no están, como él, versados en terneras, con indiferencia  o con hostilidad. No tiene más pensamientos que para los pastos, y su dialecto es de una técnica vacuna. Lo mismo ocurre con todas las clases de selenitas. Cada uno es una unidad perfecta de la máquina mundial…

selenites

Sigue describiendo la educación/modelado de los intelectuales, los técnicos, los administradores y sus séquitos y formas aún más extrañas y especializadas, concluyendo con:

La formación de todas estas clases diversas de trabajadores debe ser un proceso curioso e interesante. Todavía estoy casi a oscuras acerca de esto; pero recientemente encontré a cierto número de selenitas jóvenes metidos en cántaros, de los cuales sólo sobresalían los brazos; es que estaban comprimiéndose para convertirse en maquinistas de una clase especial. Con este sistema de educación técnica se estimulaba el alargamiento de la “mano” por medio de irritantes, y se la nutre con inyecciones, mientras el resto del cuerpo se deja morir de hambre. Pi-Fu me explicó, y creo que le entendí bien, que en los primeros períodos estos seres dan muestras de sufrimiento, pero, poco a poco, se van resignando con su suerte. Aunque lo considero irrazonable, estos métodos educativos me hicieron mal efecto.

Y todas las clases, por supuesto, son felices con su lugar en la sociedad.

Cambio de tercio y cruzo fronteras de tiempo y espacio para venirme pa’ Valencia, hacia la década de los cincuenta, para encontrar a otro escritor de ciencia ficción claramente influenciado por “Los primeros hombres en la Luna”. Y ése no es otro que don Pascual Enguídanos Usach (G.H. White), autor de la saga de los Aznar.

En las pocas entrevistas que concedió afirmó que conocía muy poco de la ciencia ficción anglosajona, citando específicamente y como única excepción “algunas novelas de Wells”. Sería fácil relacionar “Los primeros hombres en la Luna” y la cavorita con la dedona, el manterial ultradenso de las novelas de Enguídanos que, bajo la acción de una corriente eléctrica, presentaba propiedades antigravitatorias (aunque, al igual que Wells confunde fuerza con radiación electromagnética, Enguídanos posiblemente razona a partir de un campo antigravitatorio que se opone al gravitatorio al estilo de un campo magnético positivo enfrentado a uno positivo, aunque tiene el buen tino de no dar explicaciones). Sin embargo, dispositivos antigravitatorios abundan en la ciencia ficción.

Más significativos me parecen otros detalles que me sorprendieron mientras leía “Los últimos hombres en la Luna” y recordaba las palabras de Enguídanos.

Enguidanos

El capítulo V, por ejemplo, que trata sobre el viaje a la Luna despertó ecos en mi mente. Al fin y al cabo, los sideronautas viajan en una nave esférica, en cuyo interior no hay gravedad, una versión en miniatura de los grandes autoplanetas de la Saga de los Aznar (su falta de gravedad obedece no a un aislamiento, sino a la suma de los componentes gravitatorios en el interior de una esfera hueca, que efectivamente da cero). Sí, muy traído por los pelos. Fue sólo una sensación de familiaridad con el modo de narrarlo que me hacía rememorar algo. No supe el qué hasta que no llegué a este párrafo:

 —Se sabía que la Luna tenía una gravitación específica más baja que la Tierra; se sabía que tenía poco aire o agua en la superficie; se sabía, también, que era el planeta hermano de la Tierra, y no cabía duda de que había de ser de diferente composición. La inferencia de que debía estar hueca era tan clara como la luz del día.

Ahí estaba la simiente de los mundos huecos de Enguídanos, desde Redención y Solima hasta el propio Valera (quien no sepa de qué estoy hablando, como es demasiado largo para explicarlo en breves líneas, que se dé un garbeo por la sección de la Saga en el Sitio de Ciencia Ficción). No tanto por el concepto, sino por la forma de explicarlo, como una cuestión de gravedad específica y volumen. Además, al igual que el interior de la Luna de Wells, Redención oculta en su interior un imperio alienígena (aunque no de insectos gigantes, que ésos llegarían más tarde, sino de algo mucho más extraño, una humanidad de silicio).

Se trata, he de reconocerlo, de una hipótesis que se sostiene sobre coincidencias que podrían considerarse circunstanciales, pero no deja de ser significativo que aparezcan en una de las pocas novelas que se sabe que pudieron influenciar en la concepción de la Saga, porque… ¡de algún lugar tuvieron que surgir todas esas ideas! Bastante asombroso resulta ya que lograra construir sobre esas ideas (especulativas e incluso políticas), una ciencia ficción propia y original (influenciada, claro está, por los canales de publicación disponibles, parecidos pero no iguales al pulp americano de unas décadas antes). A menudo me pregunto qué hubiera podido desarrollar en otras condiciones más favorables.

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~ por Sergio en mayo 14, 2009.

2 comentarios to “Influencia de Los primeros hombres en la Luna”

  1. Interesantísima la relación entre Wells y Enguídanos.

    Aprovecho para recomendar a los visitantes la adquisición del libro “Memoria de la novela popular” donde Sergio entrevista a Enguídanos.

    El libro se puede comprar directamente a la editorial (Universitat de València) o a Cyberdark

    http://tienda.cyberdark.net/memoria-de-la-novela-popular-n12005.html

    (Hey, Sergio, que se está vendiendo:)

    (En Silente lo han vendido pero no encuentro el enlace en este momento, lo siento.)

  2. Si es que, en el fondo, me da corte el autobombo (salvo para “El rayo verde en el ocaso”, claro).

    Pero, ya que estamos… En Cyberdark está actualmente a la espera de reposición, pero aquí dejo su enlace en el servicio de publicaciones de la Universitat de València.

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