Star Trek, the reboot

El space opera no es lo mío, así que los viajes de la nave interestelar Enterprise nunca me han sido particularmente atractivos. Por supuesto, con un fenómeno cultural de estas dimensiones, quieras que no acabas asimilando lo suficiente como para hacerte una idea del conjunto: unas cuantas pelis por ahí, unas pocas decenas de capítulos de cualquiera de las múltiples series, algún cómic suelto e incluso un par de libros (de hecho, para mi sorpresa uno de ellos, “El cielo herido” de Diane Duane, no estaba nada mal). A falta de catar “First Contact”, mis películas preferidas eran la primera (la menos trekkie, claro) y la cuarta (por el humor que destila), aunque la única que había visto en cine era “Generations” (me aburrió como a una ostra). Hablando de humor, si no os habéis deleitado todavía con ella, no os perdáis la Balada de Bilbo Bolsón, de Leonard Nimoy. Estoooo… mejor retomo el hilo.

Llega pues J.J. Abrams (a quien tampoco tengo en muy alta estima) y acomete eso que tan de moda está últimamente, el relanzamiento de una franquicia moribunda (“Nemesis” fue un descalabro comercial y la serie “Enterprise” nunca llegó a despegar pese a resultar bastante longeva). El truco le había funcionado a Batman (¡y de qué manera!) y a James Bond, y aquí estaban en juego cientos de millones de dólares en explotación directa (sobre todo en DVD) e indirecta (muñecos, juegos de mesa, merchandising, licencias…). El objetivo era doble. Por un lado, no alienar a los fans de toda la vida (literalmente en algunos casos), y por otro embarcar en la Enterprise a una nueva remesa de reclutas que siguieran dando pingües beneficios en las décadas por venir.

De poder ser, tampoco estaría mal lograr una buena película.

Enterprise

Y el resultado sólo se puede calificar de éxito absoluto a (casi) todos los niveles.

Al parecer, la idea de contar el primer encuentro, en la Academia de la Flota Estelar, entre unos jóvenes Kirk y Spock ya rondaba la mente de Roddenberry en 1968 (la expuso aquel año en la Worldcon) y, puestos a relanzar, nada mejor que empezar cuanto antes para poder exprimir mejor a la nueva generación de actores (que, total, Patrick Stewart apenas es nueve años más joven que William Shatner). Una vez fijada la premisa, era importante conseguir un grupo de intérpretes que dieran la talla, tanto por sí mismos como enfrentados al reto de meterse en la piel de auténticos iconos populares. Evidentemente, sobre quienes más presión habría sería sobre los jóvenes James Tiberius Kirk y Spock (más sobre éste, ya que Leonard Nimoy se reenganchaba después de haber declinado la oferta con “Generations”). Los elegidos, Chris Pine (desconocido hasta la fecha) y Zachary Quinto (a.k.a. Sylar), dan la talla. Sobre todo Pine, a quien le sienta como un guante el papel de semidelincuente juvenil con ego estratosférico y aptitudes que están casi a la par.  Sin embargo, quien de verdad resulta sorprendentemente fiel a su predecesor es el que a priori parecía el casting más arriesgado: Karl Urban, especializado en héroes o villanos de acción, duros y de pocas palabras, lo clava como el doctor Leonard McCoy. Sulu (John Cho), Uhura (Zoe Saldana) y Chekov (Anton Yelchin) no cumplen con lo poco que se les exige y, sinceramente, no acabo de identificar a Simon Pegg con Scotty (quizás porque la imagen que tengo de él es la oronda de las películas). En cuanto al malo de turno, lo cierto es que Eric Bana está enormemente desaprovechado. Cumple sin más. Mala suerte, pero la historia no iba sobre un antagonismo a lo Khan (aunque éste tenga su reflejo invertido), sino que su atención está claramente enfocada hacia “los buenos”.

La película se centra inteligentemente en las relaciones entre ellos, a medida que van formando el núcleo de la tripulación del Enterprise que todos conocemos. Los guionistas (Roberto Orci y Alex Kurtzman) son conscientes de que el espectador sabe que todos van a acabar como amigos, así que no buscan explotar las a veces tensas relaciones como un medio de aportar tensión a la historia, sino como un fin, proporcionando a los espectadores la oportunidad de observar el modo en que van tomando forma los personajes y los roles que ya conocemos, con un ingrediente fundamental, que al parecer se había perdido un poco en las últimas encarnaciones de la franquicia: el humor (aun a costa de una historia por momentos inconexa y con más agujeros que un colador).

StarTrek_2009Movie

El otro centro de atención es la espectacularidad de los efectos espaciales. Había que aprovechar al máximo el presupuesto y la capacidad de los genios digitales de Industrial, Light & Magic para ofrecer algo que siempre se había echado a faltar en el universo de Star Trek, grandes batallas espaciales, así que ahí están, y empiezan bien pronto, para ir marcando diferencias.

Diferencias que, por otra parte, son mínimas. La promoción hacía hincapié en que éste no era el Star Trek de nuestros padres… y mentía, pues la undécima película es quizás la que mejor ha sabido reflejar el espíritu de la serie original. El espacio trekkie es luminoso y aventurero, con algún que otro peligro apocalíptico que sólo el capitán Kirk y su tripulación serán capaces de conjurar (aunque sea apelando a una suerte descomunal, algún que otro salto (i)lógico, mucha tecnojerga sin sentido y, por supuesto, saltándose todas las normas (y siendo condecorados por ello). En este sentido, los guiños al fan son innumerables, algunos evidentes, otros tan sutiles que seguro que se me han escapado a decenas. Son el modo de pedir perdón por lo que supone la película, que es, en resumidas cuentas, borrón y cuenta nueva.

La carga de cuarenta y cinco años de antecedentes era demasiado pesada. Las nuevas aventuras del capitán Kirk, Spock y compañía no podían nacer lastradas por un complicadísimo corsé que apenas les dejaría espacio para respirar. Necesitaban libertad, pero no a cualquier precio, los fans no lo permitirían. ¿La solución? Bucear en el corpus startrekkiano, repleto de saltos temporales, dimensiones paralelas, bucles causísticos y ciencia a la carta, hasta encontrar una pirueta capaz de lograr lo imposible, cambiarlo todo para que todo siga igual. Felicitaciones a los guionistas (¿quién lo hubiera pensado de los perpretadores del “guión” de “Transformers”?). Objetivo cumplido.

StarTrek

“Star Trek” (2009) es la mejor entrega de la longeva serie y proclama bien alto que le queda cuerda para rato. J.J. Abrams (con mérito más de productor que de director, faceta en la que es más bien normalito) ha conseguido reconducir a la Entreprise al siglo XXI, por al menos un par de películas más (que son aquéllas por las que han firmado todos los participantes, menos el propio Abrams).

Para concluir, un par de detalles negativos, que no echan a perder el conjunto, pero lo alejan de la perfección.

Primero algo que era de esperar. La ciencia en la película es mala. No, es muy mala. Todo el asunto de los agujeros negros es vergonzoso y hasta a la buena y vieja física newtoniana se la pasan por el forro siempre que pueden. Como peli de aventuras futuristas es perfecta, como peli de ciencia ficción es un desastre que merecería perder su primer nombre y quedarse en un más honrado “ficción”. Vamos, que no es la mejor película de cifi de la historia, por mucho que ya hayan voces que lo sugieren (la ciencia ficción cinematográfica tiene en general muy poco que ver con la literaria).

Segundo, la banda sonora de Miachel Giacchino no está a la altura de sus antecesoras. Resulta poco rica temáticamente y el corte principal queda lejos de la majestuosidad y el virtuosismo de la composición de Jerry Goldsmith para la película del 79 (el tema que todos reconocemos como de “Star Trek”, reescrito en una versión más aventurera por James Horner para “La ira de Khan” y utilizado desde entonces como la firma de la franquicia). Incluso al final, cuando recupera una melodía antigua antes de los títulos de crédito, optan por reescribir el tema de la serie original, compuesto por Alexander Courage (¿Un guiño quizás hacia la posibilidad de una nueva misión televisiva de cinco años de duración para ir audazmente a donde ningún hombre ha llegado?).

Otras películas de J. J. Abrams analizadas en Rescepto:

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~ por Sergio en mayo 10, 2009.

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