Babel Dos

Entre 1978 y 1980 se editó la colección Albia Ficción (dentro del grupo Espasa-Calpe), que en los once números que duró abogó por un modelo editorial realmente único y meritorio, apostando por autores españoles, franceses y rusos (además de un par de novelas cortas de Silverberg y el único libro de Colin Kapp editado en España) con una colección claramente dirigida hacia el público en general. Fue un buen intento de ofrecer a los autores españoles la posibilidad de desarrollar trabajos mucho más ambiciosos de lo que los plazos y objetivos de las colecciones de bolsilibros permitían. Dentro de esta colección vieron la luz, por ejemplo, dos pequeños clásicos de la ciencia ficción español, “La caída del imperio galáctico” de Carlos Saiz Cidoncha y “El señor de la rueda” de Gabriel Bermúdez Castillo, pero también obras menos conocidas (porque las carreras de sus autores los apartaron de la ciencia ficción) como “Los aborígenes de Andrómeda” de Ángel Menéndez y Menéndez (cifi cómica a lo Mingote), “Los siervos de Isssco” de Guillermo Solana y “Babel Dos” de Juan José Plans.

Todas estas obras se enmarcan en un intento serio por abrir nuevos caminos para el género fantástico en España que, desgraciadamente, no funcionó, y oscilan desde la parodia mas gamberra de “El señor de la rueda”, hasta la literatura social y comprometida, fiel reflejo de la situación política que se vivía en plena transición (y posibilitada por el fin de la censura).

“Babel Dos” fue el noveno título de la colección, y se sitúa en el extremo de las novelas con “aspiraciones”, intención que se verifica tanto por su temática, que comentaré más adelante, como por su estilo, claramente experimental, con continuos incisos en medio de diálogos o descripciones de los pensamientos del protagonista (incluidos de forma poco ortodoxa entre paréntesis, sistematización mediante listas ordenadas del estilo de comunicación robótico y pequeñas citas crípticas al inicio de cada capítulo. No puedo afirmar que se trate de un experimento coronado con éxito, pues se me antoja más voluntarioso que efectivo (o más aparente que necesario), pero es de agradecer aunque sólo sea el intento de escapar de los moldes tradicionales y ofrecer un producto diferente, un poco en la línea de la New Wave que triunfaba en EE.UU., aunque temáticamente se asemejaba más a la producción de veinticinco años antes (me da la impresión de que el referente directo es “Farenheit 451” de Bradbury y, por supuesto, las novelas apocalípticas sobre el peligro nuclear de principios de los años 50).

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La historia sigue las desventuras de Barsén (Número), superviviente del estallido de una bomba atómica que ha sido exiliado, junto con otros mutantes, a Babel, una ciudad-guetto en la Luna controlada por robots. A través de cortos capítulos, con alguna que otra ruptura temporal, asistimos a su rebelión contra las máquinas que los tienen prácticamente esclavizados y su aventura por regresar a la Tierra y proclamar ante quienes quedan en ella su humanidad.

El gran problema del texto es la discrepancia entre sus intenciones y sus avales. Para empezar, pese a la maquetación que lleva al libro a las 118 páginas, ni siquiera puede considerarse novela corta, pues cuenta con apenas 16.000 palabras (la novela corta está estandarizada entre 17.500 y 40.000). En tan breve espacio, multitud de elementos y subtramas se quedan en el aire, sin recibir un adecuado desarrollo ni una conclusión satisfactoria. Por ejemplo, en Babel Barsén se pone a vivir con una chica, Prisca, que asiste con expectación, temor, triunfo y luego decepción a las primeras fases de su huida y personifica en cierta forma al resto de exiliados. El problema llega cuando Prisca desaparece de la narración en determinado momento y nunca más llegamos a saber nada en concreto de ella ni de los habitantes de Babel. Se trata de una omisión aceptable en un relato, pero no en una novela, porque la deja coja; la propia estructura de la narración (que es algo independiente de su longitud) obligaba a cerrar esa trama que el propio autor abre para dar relieve a la historia.

También juega en su contra la absoluta irrelevancia de los elementos científicos. Hasta el punto que la novela ignora que la Luna posee una gravedad que es un sexto de la terrestre (alguna película reciente cae en el mismo fallo garrafal). Vamos, que Babel está en nuestro satélite como podría haberse ubicado en Nueva Zelanda, sin que se mencione nunca la razón por la que montar un sistema tan costoso para marginar a los mutantes en vez de aplicar la solución lógica que sería dejarlos en la Tierra contaminada a su aire. Está claro que no es sino un recurso argumental que precisaba el autor para desarrollar su tesis y que nunca se molestó en dotar de lógica. Para finalizar, tampoco los robots son particularmente robóticos.

En definitiva, “Babel Dos” queda como un experimento fallido por producir un tipo de ciencia ficción diferente a la que se venía escribiendo en España. Ya en el momento de su publicación estaba anticuada con respecto a la vanguardia internacional, y ni qué decir tiene que ahora su lectura no constituye sino una curiosidad, un pedazo de historia editorial de un género que no terminó de encontrar su salto de la edad del pulp (que se correspondería con la de los bolsilibros) a una Edad de Oro autóctona que hubiera permitido consolidar todo ese potencial construido en torno a las novelitas de a duro (que ya  por entonces valían bastante más) y, por supuesto a Nueva Dimensión.

Como muestra palpable de esta situación, dos números más tarde se cancelaba la colección Albia Ficción, dando por finalizado el otro experimento mayor en el que se englobaba “Babel Dos”.

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~ por Sergio en abril 21, 2009.

Una respuesta to “Babel Dos”

  1. Gracisimas!!!!

    Este libro lo compre d segunda mano cn 8años y lo perdi en una mudanza sin terminarlo; solo conocia el titulo y gracias a ti podre terminar de leer (independientemente de la providencia narrativa dl autor o lo grato de su lectura) el libro x el cual me enganche a la tinta impresa y a la ciencia ficcion (mas q seguro por no haberlo terminado y quedarme en el momento algido de la revelion)

    De corazon te lo agradezco!

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