Una (o dos) de bolsilibros

Todos aquellos a quienes la época dorada de los bolsilibros (o novelas de a duro, aunque en su última etapa resultaban bastante más onerosos) nos pilló demasido jóvenes (o, directamente no natos) nos hemos visto en la tesitura de descubrir esta etapa de la ciencia ficción española a partir de las novelitas sueltas que sobrevivieron a las sucesivas purgas en las estanterías de nuestras casas. En muchos casos, supongo, estos libritos habrán sido nuestro primer contacto con la ciencia ficción. En mi caso, estrictamente hablando, la primera cifi que leí fue una antología de Isaac Asimov, pero inmediatamente a continuación vienen un buen taco de bolsilibros, entre los que destaca sobremanera la Saga de los Aznar, de George H. White (Pascual Enguídanos Usach), en su segunda edición (de los años setenta).

Durante mi infancia me habré leído los dos tercios supervivientes a los estragos del tiempo y las mudanzas al menos una vez por verano (acabaron en una estantería de mi apartamento) y, con posterioridad, he logrado hacerme con todos los números que me faltaban hasta completar los 59 títulos (e incluso he conseguido el primero dedicado y autografiado por Don Pascual). Son buenos recuerdos, pero no voy a hablar aquí de la Saga. Primero porque ya hay muchos que lo han hecho más y mejor, y segundo porque, dado que está todavía a la venta la tercera edición en Silente, son libros de actualidad que merecerían comentarios más elaborados (quizás algún día…).

saga

No, esta entrada va sobre el resto. Todos esos libros de Louis G. Milk, Lou Carrigan, Clark Carrados, Alex Towers, Profesor Hasley, Joe Bennet, P. Danger, Alf Regaldie, Red Arthur y tantos otros escritores españoles disfrazados bajo seudónimo anglosajón. Hoy en día podríamos mirar con un poco de envidia esa época en que los quioscos vendían novelas de ciencia ficción (en tiradas nada desdeñables) y los escritores incluso cobraban por su trabajo. Vale, las condiciones no eran las más óptimas, pero si comparamos con el panorama actual es para echarse a llorar. No sólo por falsa añoranza de tiempos pasados más gloriosos, sino por la oportunidad perdida para construir, al modo en que se hizo en EE.UU. a partir del pulp, un huequecito editorial decente para la literatura fantástica.

De hecho, muy pocos de estos autores lograron sobrevivir a la muerte de los bolsilibros. Ángel Torres Quesada, que firmó como A. Thorkent la otra gran saga de la ciencia ficción patria, la del Orden Estelar, reeditada por la desaparecida Robel, o Pedro Domingo Mutiño, que firmó sus bolsilibros como P. Danger y su importante actividad posterior como Domingo Santos, y poco más (ya hablaré más adelante de otro caso).

En cierto sentido, no es de extrañar. Los draconianos plazos impuestos por los editores (a los que preocupaba bien poco la calidad de su producto) les forzaban a escribir cuatro o más novelitas al mes (al menos a los profesionales a tiempo completo), así que salía lo que salía y se asentaban malos vicios. Eso por no hablar de la erotización de los argumentos en la época postrera, que llevó a la escritura de obras que no sabría clasificar si como paródicas o surrealistas (recuerdo una que iba sobre una expedición colonizadora, formada originalmente por cuatro hombres y cuatro mujeres, que por un accidente se ve reducida a uno para cuatro féminas… tratadas hormonalmente para aumentarles la líbido, por si la hibernación las volvía frígidas).

En fin, pese a todo, de vez en cuando te tropiezas con obras interesantes (destacaría la colección Espacio Extra, de Bruguera, por permitir novelas de mayor longitud y, evidentemente, más ambiciosas). Como no soy un experto en la materia, si tratara de hacer un repaso general sería injusto y parcial (hay muchos libros al respecto, pero yo, como soy así de ególatra, me limitaré a apuntar aquél en el que participé: “Memoria de la novela popular: Homenaje a la colección Luchadores del Espacio“). Así que particularizaré hasta el extremo, dedicando esta entrada a recomendar un par de mis novelitas preferidas.

elegidos_curtis_garland

La primera es “Los elegidos”, publicada como el número 21 de “La conquista del espacio Extra” de Bruguera en 1983. El autor es Curtis Garland, o Juan Gallardo Muñoz, mi favorito tras Pascual Enguídanos (he de señalar que no me tropecé con ninguna novela del Orden Estelar hasta mucho después, así que a Torres Quesada lo conocí primero por sus obras posteriores). Lo cierto es que también he leído auténticos bodrios firmados por Garland, lo cual no es de extrañar, pues cuenta en su haber con más de trescientas cincuenta obras (con posterioridad, publicó otros libros fuera del género fantástico).

En este caso en concreto nos presenta una expedición interestelar que encuentra los restos de una civilización esplendorosa, llevándose a su nave unas estatuas maravillosas de un metal desconocido. Una vez de vuelta al espacio, las estatuas cobran vida, revelándose como los Elegidos, un grupo de seres que gracias a los poderes místicos de una gema alcanzaron el poder de dioses. En su primera intentona por dominar el universo, una maldición los había petrificado, pero la intervención de los astronautas les concede una segunda oportunidad de alcanzar la omnipotencia. Por supuesto, gracias a la oposición desesperada de los expedicionarios (con algún que otro conato amoroso con bellas nativas), la tentativa fracasa de nuevo y el Universo se salva de la tiranía de los Elegidos.

En resumidas cuentas, una Space Opera que no escatima en sentido de la maravilla, tensión y exotismo, permitiéndose incluso pequeñas digresiones filosóficas sobre el poder absoluto y la soberbia que origina.

sombras-del-caos

Mi segunda recomendación es para “Sombras del caos”, de Lem Ryan, publicada como el número 213 de la colección “Heroes del espacio” de Bruguera (en 1984). Lem Ryan es un caso atípico dentro de los bolsilibros. Empezó a publicar muy tarde, cuando el tinglado ya se estaba viniendo abajo, pero, al mismo tiempo, muy pronto, pues contaba apenas con quince años cuando publicó su primera novela. Francisco Javier Miguel Gómez, que así se llama, ha retomado hace poco su afición, publicando en Equipo Sirius la novela “Nueva era” y seguro que aún tiene mucho que ofrecer.

Centrándonos en “Sombras del caos”, se trata de una novela de ciencia ficción lovecraftiana. ¡Sí, hay más gente convencida de que Lovecraft era un escritor de ciencia ficción! En ella, la nave Argos llega hasta un planeta cubierto de ruinas titánicas, donde se respira una atmósfera malsana. Se trata de un mundo que ha sido arrasado por los Primordiales y que conduce a los miembros de la expedición, uno a uno, a la locura y la muerte. Ryan consigue proyectar una atmósfera extraordinaria, fiel reflejo de la de su modelo, y tan sólo es de lamentar un final apresurado, truncado quizás por culpa de los plazos de entrega y la longitud máxima permitida. En todo caso, se trata de uno de los mejores homenajes a Lovecraft que he leído.

Otras obras de Curtis Garland reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 7, 2009.

8 comentarios to “Una (o dos) de bolsilibros”

  1. Hola Sergio
    He “publicitado” esta entrada tuya entre los aficionados a los bolsilibros. Espero que no te importe…;-)

    Yio sí viví la epoca final de este tipo de edición. Muchos bolsilibros leí en su día, gracias a la técnica del cambio a peseta de algunas tiendas especializadas. Que, por cierto, he descubierto estas navidades que en algún lugar aún se preactíca. En Ciencia Ficción, además de G. H. White (recomiendo su Saga de los Aznar a todo el mundo) los que más me gustaban eran Clark Carrados y Glenn Parrish (mucho más tarde descubrí que eran la misma persona). Otros como Curtis Garland, precisamente, me aburrían. Tambien leí algo de Thorkent, pero muy poco. Le descubrí mas tarde gracias a Nueva Dimensión y sus relatos de las Esferas.
    Es curioso como tras tantos años aún se recuerda este fenómeno de los bolsilibros. Desde luego, muchas de esas historias merecerían una reedición. ¡Joer, si hasta se reditan lals Joyas Literarias Juveniles y las Historias Selección de Bruguera…!

  2. ¿Cómo me va a importar algo de publicidad? ¡Qué cunda el ejemplo!

    Pues de Carrados creo que no he leído nada y las novelas de ATQ en Nueva Dimensión (supongo que te refieres a Dios de Dhrule y Dios de Kherle) me parecieron horrorosas (me reconcilié con él posteriormente con la Trilogía de las Islas, y aún más tarde leí una docena de sus novelitas del Orden Estelar).

    Eso sí, También echo de menos las revistas, con Nueva Dimensión a la cabeza. Allí había un público que hemos perdido por el camino (algún giro erróneo y adiós). Hemos retrocedido años en la evolución del panorama editorial. Habría que volver a los orígenes y tratar de fidelizar de nuevo a una masa crítica de lectores (la que había, por falta de cuidados, por exceso de ambición o por puro azar se ha ido desangrando hasta quedar reducida a pequeños corpúsculos, válidos sólo para sustentar micropublicaciones).

    Respecto a la reedición de bolsilibros, creo que sería una buena idea, si alguien se tomara el trabajo de tamizar las pepitas de oro de entre el cieno, pero de nuevo, el mundillo editorial actual y la falta de público objetivo limitan seriamente la viabilidad económica de la aventura. En otras circunstancias, éste sería un buen momento para echar la mirada atrás y honrar a los pioneros (así como redescubrir nuestros Howard, Lovecraft, Doyle, etc.), pero con lo negro que se presenta el panorama…

    ¿Necesitamos quizás un cambio de paradigma editorial? Y, lo más difícil, ¿cómo sería?

  3. Interesante artículo, sí señor. Yo la época pulp de la ciencia-ficción me la he perdido por completo y de esa época creo que sólo tengo una novela que compré en un mercadillo de segunda mano.

    Es intereseante lo qeu comentas del paso del pulp a un mercado editorial consolidado. ¿Sabés si hay algún artículo por ahí que hable en más profundidad de ello? ¿Nos tienes preparada alguna sorpresa ene ste sentido?

    Un saludo,

    Pedro.

  4. No, no, ya digo que no sé lo suficiente de la materia. Sin embargo, es curiosa la forma en que evolucionó el mercado americano. Hasta bien entrados los años 70, las obras de ciencia ficción y fantasía nunca o casi nunca se editaban primero en formato libro, sino que se publicaban por fragmentos (del tamaño de hasta novelas cortas) en las revistas herederas del pulp (muchas de las cuales siguen publicándose hoy en día). Lo importante que tenían era que pagaban lo suficiente para que un escritor pudiera profesionalizarse en ese medio.

    Lo más parecido que hemos tenido en España fue Nueva Dimensión, pero desapareció junto con los últimos bolsilibros en 1984 y ahora ni siquiera tenemos un entramado de revistas amateur (de las que no pagan).

  5. Muy interesante tu entrada, sí señor. Si no te importa, voy a incluir también la referencia en una entrada especial de mi blog sobre bolsilibros, como enlace recomendado.

    Un cordial saludo.

  6. […] Entrada sobre los aportes de los bolsilibros a la ciencia ficción española. […]

  7. Claro que no me importa. Gracias por el enlace. Y suerte con el blog, que siempre viene bien recordar a todos esos currantes de la máquina de escribir (y rescatar de paso alguna que otra joyita).

  8. super

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