Einstein reflejado en “El estanque de la luna” II

Continúo con la entrada sobre la novela de Abraham Merritt, aunque a tenor de cómo han descendido en picado las visitas no sé si es muy buena idea (tampoco sé si esperar que haya relación causa-efecto o no). En fin, como lo prometido es deuda, aquí va el análisis del modo en que los artículos del annus mirabilis de Einstein sirvieron de inspiración para una novela pulp de civilizaciones perdidas.

Primero un poco de historia.

Corría el año 1905 y el joven físico Albert Einstein compaginaba su trabajo en una oficina de patentes de Berna con su doctorado, que presentó por aquellas fechas. El jovencito Einstein (no confundir con el de la película) era un perfecto desconocido para el mundo académico que estaba a punto de sacudir con cuatro artículos revolucionarios, que trataban sobre el movimiento browniano, la relatividad especial, el efecto fotoeléctrico y la equivalencia masa-energía. Tal explosión de genialidad concentrada se mereció, con el correr de los años, el apelativo de Annus Mirabilis o Año extraordinario [Inciso: el primer uso de la expresión Annus Mirabilis se debe a un poema de John Dryden, que bautizaba así el 1666 por la presunta ausencia de desastres naturales; dio la casualidad de que en ese mismo período (en realidad en 18 meses, entre 1665 y 1666) Isaac Newton realizó extraordinarios avances en cálculo y óptica, descubrió el principio de gravitación universal y enunció sus tres leyes de la dinámica]. Dieciséis años más tarde, Einstein recibiría el premio Nobel por estos esfuerzos, aunque oficialmente se otorgó por el estudio del fenómeno fotoeléctrico, pues hasta 1938 no se obtuvo demostración experimental de la Teoría de la Relatividad.

einstein

Ahora recordemos que estamos a principios del siglo XX, en una Europa donde se estaban incubando las tensiones que desembocarían en la Primera Guerra Mundial, y Einstein tuvo la ocurrencia de publicar sus artículos en alemán, en la revista Annalen der Physik, así que sus ideas, aun siendo impactantes, tardaron en llegar al público en general, por lo que no es de extrañar que en Estados Unidos, en 1918, recién concluida la Gran Guerra, donde el enemigo había sido alemán (nacionalidad original del villano de “El estanque de la luna”), pocos pudieran alardear de estar al tanto de los trabajos de Einstein. Abraham Merritt era uno de ellos gracias a la combinación de interés por la ciencia y buen posicionamiento como corresponsal, primero del Philladelphia Inquirer y luego del American Weekly.

¿Qué extraños razonamientos le llevaron a la conclusión de que era una buena idea utilizar los artículos de Einstein como base científica de su historia sobre civilizaciones perdidas? No tengo ni idea (necesitaría saber mucho más de la vida y obra de Merritt para poder aventurar una hipótesis). Lo cierto es que ahí están, constituyendo un fantástico ejemplo de protocienciaficción.

Y ahora: las pruebas (todos los textos corresponden a traducciones mías del original inglés):

En el capítulo IX se expone:

Esto puedo asegurar: la puerta de la luna, que se activa claramente por la acción de los rayos de luna sobre algún elemento desconocido o combinado de cristales a través de los cuales los rayos de luna vierten sobre el estanque sus columnas prismáticas, son mecanismos fabricados por el hombre. Desde el momento en que están fabricados por el hombre, y siempre que “sea” de este flujo de luz de luna de donde el Morador extrae el poder para materializarse, el Morador mismo, si no el producto de la mente humana, depende al menos de un producto de la mente humana para su aparición.

—La luz de la Luna —contesté— es, por supuesto luz solar reflejada. Pero los rayos que rebotan hacia la Tierra tras su impacto con la superficie de la Luna se hallan profundamente cambiados. El espectroscopio muestra que pierden la práctica totalidad de las vibraciones más lentas que llamamos rojo e infrarrojo, mientras que las vibraciones extremadamente rápidas que llamamos violeta y ultravioleta se encuentran aceleradas y alteradas.[...]

—Luego, los globos a través de los cuales Throckmartin dijo que pasaban esos rayos a la Cámara del Estanque de la Luna les proporcionan quizás incluso otra misteriosa actividad. El resultado es el factor necesario para la formación del Morador. No habría nada científicamente improbable en el proceso. [...] Apenas empezamos a entender cómo manipular el potencial de la vibración magnética del éter que llamamos luz.

En este fragmento podemos encontrar ecos distorsionados del artículo “Sobre un punto de vista heurístico relativo a la producción y transformación de la luz”, en el que Einstein propuso el concepto de cuantos de energía (que, con el tiempo, sería un pilar fundamental para el desarrollo de la física cuántica, cuyas implicaciones tanto llegarían a incomodar al propio Einstein), para explicar el efecto fotoeléctrico (la producción de electrones por una materia que ha absorbido energía en forma de radiación electromagnética). En particular, la referencia al enriquecimiento en frecuencias elevadas, que incrementa la capacidad de generar “trabajo” por la luz (hecho ya observado por Phillipp Lenard en 1902). Como será la norma, Merritt no pilla una con respecto al meollo del artículo, confunde premisas con conclusiones y especula alegremente sin base científica alguna (me he ahorrado un fragmento donde habla del enriquecimiento de la luz por algún misterioso elemento lunar). Sin embargo, ahí está la sombra del fenómeno fotoeléctrico, extendida sobre la narración.

Admito que es una interpretación algo traída por los pelos, pero recibe mayor apoyo una vez seguimos analizando el texto para ver cómo se aplicaron el resto de artículos. Por ejemplo, en el capítulo XIV, donde hace referencia (equivocada) al artículo más famoso de Einstein:

 De forma incuestionable, hay una sutil diferencia entre el tiempo tal y como lo conocemos y el tiempo en esta región subterránea, con su discurrir aquí siendo más lento. Esto, sin embargo, está muy de acuerdo con la bien conocida doctrina de la relatividad, que presenta a ambos, espacio y tiempo, como invenciones necesarias de la mente humana para ubicarse en las condiciones bajo las que se encuentra. Intenté a menudo medir esta diferencia, pero no pude hacerlo nunca a mi entera satisfacción. Lo más aproximado que pude precisar es decir que una hora de nuestro tiempo equivale a una hora y cinco octavos en Muria. Para ulterior información sobre este tema de la relatividad, el lector puede constular cualquiera de los numerosos libros acerca de la materia.

La teoría de la relatividad especial la enunció Einstein en su artículo “Sobre la electrodinámica de los objetos en movimiento”… y Merritt, como casi todos nosotros, se hace un lío con el concepto de que el tiempo no es una constante universal, pues se le escapa el pequeño matiz de que, para darse estas diferencias, son necesarias velocidades diferentes (y al menos una lo más cercana posible a la velocidad de luz, que es constante independientemente del estado el observador). Sin embargo, sí que expresa de forma más o menos correcta la unificación de espacio y tiempo. Por fortuna, se contenta con dejarlo ahí y pasar a otras cuestiones.

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En el capítuo XV nos encontramos con el que quizás sea el fragmento más interesante, originado por una interpretación muy sui generis del artículo “Sobre el movimiento requerido por la teoría cinética molecular del calor en pequeñas partículas suspendidas en un líquido estacionario” acerca del movimiento browniano:

—Es bastante fácil de explicar, Larry —dije—. La entidad, es decir, de qué está hecho el rayo verde, no lo sé, por supuesto. Pero lo que hace, evidentemente, es estimular la vibración atómica hasta tal punto que la cohesión entre las partículas de la materia se rompe y el cuerpo vuela en pedazos, tal y como le ocurre a un volante motor cuando su velocidad se hace tan grande que las partículas de las cuales está hecho no pueden mantenerse juntas.

—¡Entonces lo cierto es que se despedazan! —exclamó.

—Completamente cierto —asentí—. Todo en la Naturaleza vibra. Y toda materia, sea animal o bestia o piedra o metal o vegetal, está formada por moléculas vibrantes, que están formadas por átomos vibrantes que están formados por partículas en verdad infinitamente pequeñas de electricidad llamadas electrones, y los electrones, la base de toda la materia, son ellos mismos quizás sólo una vibración del misterioso éter.

»Si pudiera situarse sobre nosotros una lente de suficiente tamaño y potencia, podríamos vernos como un tamiz, nuestra estructura espacial, como se llama. Y todo lo que es necesario para destruir la estructura es agitarla hasta la nada, si algún agente hiciera vibrar nuestros átomos a tal ritmo que escaparan de los invisibles cordajes y salieran despedidos.

El artículo de Einstein aportó la primera prueba empírica de la existencia de los átomos, al explicar, utilizándolos como modelo para la materia, los movimientos aleatorios de una disolución de partículas en un medio líquido o gaseoso, apreciables con un microscopio, sin que intervenga ninguna fuerza externa. Cuando un cuerpo se calienta, sus átomos vibran a un ritmo mayor, y es esta propiedad la que determina el paso de sólido a líquido y de éste a gas. En otras palabras, el arma descrita por Merritt transforma la materia sólida en plasma.

Lo más curioso de la referencia es la especulación que lanza alegremente al final de su explicación, eso de que “los electrones, la base de toda la materia, son ellos mismos quizás sólo un vibración del misterioso éter”. No hay salto lógico del artículo sobre el movimiento browniano a esta conclusión más bien poética, sin embargo, resulta estremecedor encontrarse en un libro de 1918 con una exposición tan clara de la teoría de las supercuerdas, que defiende precisamente que todo el cosmos no es sino un conjunto de “filamentos” de la longitud de Planck que vibran de diferentes modos, configurando así los diferentes tipos de partículas.

Por último, también la equivalencia entre masa y energía, la famosa ecuación E=mc², enunciada en el artículo “¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido energético?”, tiene su pequeño momento de gloria en “El Estanque de la Luna”.

Y quizás éste sea el mejor lugar para explicar la activación de los cascos de las corias. La fuerza que utilizaban era la energía atómica. Pasando a través de la bola giratoria, los iones volaban a través del cilindro hasta dos barras de metal fijadas a la base de los vehículos en cierto modo como los patines de un trineo. Excitándolos, producen una negación parcial de la gravedad, elevando ligeramente el casco y, al mismo tiempo, creando una poderosa fuerza repulsiva o empuje que podía ser dirigida hacia atrás, hacia delante o a los lados a voluntad del conductor. La creación de esta energía y el mecanismo de su utilización se explican brevemente como sigue:

En realidad no sigue nada, porque, dentro de la ficción, la información está censurada por el Departamento de Defensa (una buena forma de no especular con lo que no se sabe), afirmándose que los científicos estadounidenses están estudiando el modo de replicar el proceso, que requiere de materiales raros. Años más tarde, el propio Einstein intervendría en el Projecto Manhattan, que dio origen a la bomba atómica, liberando esta energía de la materia.

Con esto termina la influencia del Annus Mirabilis de Einstein en “El Estanque de la Luna” de Abraham Merritt, pero no la influencia de su trabajo en la obra. En 1916, Einstein hizo pública su Teoria General de la Relatividad, que unificaba la teoría de la relatividad con la ley de Newton de la Gravitación Universal (en lo que podríamos subtitular: la Fusión de Años Extraordinarios).

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De nuevo, estas ideas tardaron un poco en llegar a Estados Unidos (había una guerra de por medio, entre otros condicionantes), y no estaban al alcance, siquiera de alguien tan informado com Merritt, cuando publicó la primera parte de su novela. Sin embargo, no dudó en incluir detalles de última hora para tratar de justificar los aspectos más fantásticos de su relato y presentarlo como ciencia antes que fantasía (en cierta forma, sería un precursor de la literatura post-singularista que nos acecha hoy en día).

Al principio del capítulo XXVIII el narrador nos cuenta:

Sin embargo, en mi defensa, debo abrir ciertos senderos de aproximación preliminar al corazón de la perplejidad. Y la primera senda es la comprensión de que nuestro mundo, como quiera que sea, ¡ciertamente no es el mundo tal y como lo vemos! A este respecto, debo referirme a la exposición sobre “Gravedad y el Principio de Relatividad”, del distinguido físico inglés Dr. A. S. Eddington, a quien tuve el placer de escuchar durante su ponencia ante la Royal Institution.

Comprendo, por supuesto, que no es lógica verdadera la argumentación: “El mundo no es como creemos que es, por tanto todo cuanto creemos imposible es posible en él”. Aunque sea diferente, está gobernado por leyes. Lo realmente imposible es aquello que está fuera de la ley, y como nada puede estar fuera de la ley, lo imposible no puede existir.

El punto crucial del asunto se transforma entonces en determinar si lo que creemos que es imposible puede o no puede ser posible bajo layes que aún se encuentren más allá de nuestro conocimiento.

Arthur Stanley Eddington fue un astrofísico inglés que, efectivamente, impartió una ponencia en la Royal Institution en 1918, titulada “Report on the relativity theory of gravitation” (puede obtenerse en PDF aquí), durante la cual presentó al mundo anglosajón la Teoría de Relatividad General de Einstein (transmitida a través del astrónomo holandés Willem de Sitter). Parece evidente que Merritt estuvo presente en el acto, o bien recibió muy pronto una transcripción del mismo… y que no entendió ni jota (tampoco es muy de extrañar).

Lo más interesante del asunto es su defensa de lo anormal como científicamente plausible bajo unos conocimientos superiores (parece un poco el adelanto de la famosa ley de Clarke que dice que toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia). Si una teoría aceptada académicamente era capaz de generar conclusiones tan desquiciadas como las de la Teoría de la Relatividad, ¿qué extrañas maravillas no serían posibles bajo leyes aún desconocidas? Esta unión de la científico con lo fantástico, propio de una época en que las fronteras entre ciencia ficción, fantasía y terror eran poco claras, pudo quizás influir a su amigo Howard Phillips Lovecraft, que unos pocos años más tarde se encontraría a la búsqueda del elemento capaz de diferenciar su producción de los relatos macabros de Poe y las historias oníricas de Lord Dunsany. Ese elemento, claro está, fue la ciencia (en particular la física, con los anti-intuitivos planteamientos de la relatividad y, más tarde, de la física cuántica), que marcó como origen de un horror no ya sobrenatural, sino material y posible en nuestro universo, bajo unas leyes que lo convierten en un lugar caótico y terrorífico. Pero claro, esto ya es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión.

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~ por Sergio en diciembre 19, 2008.

6 comentarios to “Einstein reflejado en “El estanque de la luna” II”

  1. Dado que nadie contesta a tan ilustrado artículo, me veo obligado al menos a agradecerte el curro. Supongo que al no haber leído la novela en cuestión los fragmentos no me parecen tan “relacionados” con Einstein (el arma de plasma, por ejemplo, es más teoría cinética de gases, de alguna manera, aunque lo de la variabilidad del tiempo sí es impepinable). Me interesa especialmente lo de Lovecraft, siempre me ha resultado curioso lo de las “geometrías no euclidianas” y demás imaginería que utiliza para dar la impresión de horrores que se escapan a la intuición cotidiana del hombre

  2. Aquí tendría que hacer referencia a un cuento de Poe protagonizado por August Dupin, “El misterio de Mary Rogers”, donde venía a defender que la probabilidad total de un hecho no depende de la suma de probabilidades individuales, sino que debe examinarse el conjunto.

    Desde luego, la teoría cinética de gases está ahí (hay un barullo inmenso con todo tipo de teorías científicas), pero pequeños detalles como la vibración, y las referencias al resto de artículos de Einstein en el texto, avalan la hipótesis de que se esté basando en el movimiento browniano.

    Tenemos que situarnos en la época. El átomo era una entidad teórica que aún no había sido observado experimentalmente. En este contexto, la explicación del movimiento browniano aportó la primera prueba matemática de su existencia real. Por tanto, resaltaría como crucial la frase que indica que “Todo en la Naturaleza vibra. Y toda materia, [...], está formada por moléculas vibrantes, que están formadas por átomos vibrantes”. Además, hoy en día nos parece trivial aplicar las conclusiones de la teoría cinética a los sólidos porque entendemos que los diferentes estados de la materia dependen de la movilidad de los átomos (y ésta de la intensidad de las fuerzas intermoleculares en contraposición con el estado energético del sistema), pero no resultaba tan evidente en 1918. Por supuesto, es una interpretación personal que requeriría de un buen trabajo de investigación biográfica para apuntalarla.

    Respecto a Lovecraft… Tengo cinco folios de referencias para un artículo que se escaparía a las posibilidades de un blog (y eso que meto entradas-tocho). Todo el entramado de los Mythos se sustenta en los horrores provenientes de zonas del espacio con propiedades físicas diferentes, y hace referencia explícita en algunos textos a Einstein, Planck y de Sitter. En “Los sueños de la casa de la bruja” (el relato donde más trata de geometrías no euclidianas), incluso ofrece una descripción muy aceptable de un agujero de gusano varios años antes de que se bautizara así (de hecho, la susodicha bruja lo conjura gracias a conocimientos matemáticos, no mágicos).

    Aunque me temo que para desarrollar el tema necesitaría más tiempo y un lugar donde exponerlo con un mínimo de garantías.

    Gracias por el comentario.

  3. En rigor la probabilidad se multiplica, no se suma, así que tu interpretación es probablemente correcta, simplemente apuntaba que la vibración molecular de los gases es algo conocido con anterioridad. En cualquier caso lo que de verdad me ha chocado es como una novela pulp sin aparente trascendencia científica puede predecir el germen de las “supercuerdas” (que a mí me parecen algo más especulativo que otra cosa, pero que hay gente que cree que es lo más importante del universo). Cuando uno lee argumentos de talibanes del hard y llega a esto no puede evitar una cierta sonrisa. Después de todo De Broglie empezó siendo de “letras” y acabó con un Nobel en física. A veces es necesaria una perspectiva cruzada de otros campos para sacarnos de los paradigmas en los que nos movemos.
    Un artículo de 5 páginas que combine Lovecraft y Einstein puede ser más interesante de colocar de lo que parece, todo consiste en mirar más allá de los lugares típicos y enfocarlo más hacia un estilo divulgativo (desde el punto de vista científico), creo yo, aunque igual te obliga a rehacerlo todo.
    Un saludo, a ver si recontesto en Sedice lo del Rayo verde.

  4. Más que predicción, se trata de coincidencia afortunada, pero creo que ayuda a poner en perspectiva muchas de las grandes “predicciones” de la ciencia ficción.

    Respecto a lo de Lovecraft… son cinco páginas de referencias. El artículo completo estaría entre las 5.000 y las l0.000 palabras, que abarca los quince últimos años de su producción.

  5. Quisiera aprovechar para presentarte un libro que te podría interesar sobre la temática de las civilizaciones perdidas, en concreto un libro titulado “LA PIEDRA HABBAASSI”, cuya novela inicia su andanza en las remotas tierras de Chile, en una civilización casi desconocida LOS PARACAS, descubre los secretos que guardaban.
    Sin duda un libro interesante si te gusta hacerte planteamientos sobre el pasado, real y el posible.
    El libro lo puedes adquirir en la siguiente dirección:
    http://www.lulu.com/content/5224769

  6. Gracias por la información, pero en principio soy refractario a las autoediciones. No entro a prejuzgar la calidad del producto (de hecho, la sinopsis, si bien breve, apunta a cuestiones interesantes). Es, sobre todo, una posición personal de apoyo a la profesionalización de la labor del escritor. Desde mi punto de vista particular, opciones como Lulu o Bubok, no sólo constituyen en la inmensa mayoría de los casos un callejón sin salida para el autor (que sólo puede aspirar a seguir autoeditándose), sino que favorecen la implantación de un modelo (o filosofía) editorial pernicioso para el escritor novel que busca que una editorial apoye económicamente su trabajo (la única forma, hoy por hoy, de alcanzar con un mínimo de garantías el gran público).

    Todo lo cual no quita que te desee mucha suerte con tu libro.

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