Einstein reflejado en “El estanque de la luna”

Toca análisis de una obra clásica de verdad, y poco conocida, aunque ha sido señalada en numerosas ocasiones como influyente en la obra de H. P. Lovecraft (algunos de los que lo defienden no saben, probablemente, hasta qué punto). Se trata de “El estanque de la Luna” del periodista estadounidense, y gran cultivador del pulp, Abraham Merritt. La historia se publicó serializada entre 1918 (“The Moon Pool”) y 1919 (“The conquest of Moon Pool”), y posteriormente se editó en formato de libro. No está considerada la mejor obra de Merritt (esa distinción pertenece a “La nave de Ishtar”, 1926, editada en España por Valdemar), ni siquiera está bien considerada en la actualidad (aunque en su época fue bastante popular), pero a mí me ha resultado una lectura fascinante por motivos que si bien no son extraliterarios, sí que se apartan un tanto de la valoración del texto en sí.

Merritt fue, ante todo, periodista (llegó a editor de American Weekly para Randolph Hearst) y se ganaba muy bien la vida, así que la literatura constituyó una actividad paralela, para desengrasar. De ahí que su producción se limite a una decena de libros en casi treinta años, orientados hacia la fantasía, la protociencia ficción y el terror (vamos, todas las ramas de la literatura pulp). Como característica peculiar, su desahogada situación económica le permitió viajar por medio mundo y dedicarse a sus aficiones (coleccionar objetos peculiares y material de ocultismo, llegando a contar con una biblioteca de más de 5.000 títulos). Sin duda, esta circunstancia, unida a su interés por la ciencia de la época (sin una formación adecuada, cabe precisar), a tenor del ejemplo de “El estanque de la luna”, sitúan su obra en un interesantísimo punto pivotal entre la literatura fantástica de finales del siglo XIX / principios del XX y la moderna.

themoonpool

“El estanque de la luna” es en esencia una historia de “civilización perdida”, modelo configurado entre otros por Henry Rider Haggard y refinado por Edgar Rice Burroughs. El narrador es un botánico, el doctor Walter T. Goodwin, que en un viaje a las islas volcánicas del Pacífico Sur se tropieza con un colega y amigo, el doctor Throckmartin, que le relata el aciago destino de una expedición por él dirigida y el modo en que una criatura de luz le arrebató a su esposa y le dejó marcado. El mismo Goodwin es testigo de ese fenómeno, que se lleva a Throckmartin, y jura ir en su rescate. Durante el viaje se le une un aventurero irlandés, Larry O’Keefe (el héroe pulp), una marinero noruego, Olaf Huldriksson (el secundario musculoso, ávido de venganza), y el científico ruso Marakinoff  (el villano traidor, papel reservado por Merritt para rusos y alemanes, dependiendo de la época). Juntos llegan hasta la misteriosa isla de Nan Tauach, cerca de Ponape, donde se levantan unas extrañas ruinas (basadas en la ciudad semisumergida de Nan Madol, que también pudo ser la inspiración para la R’Lyeh de Lovecraft). Allí, gracias a los rayos de la Luna, concentrados mediante unas lentes especiales, logran abrir un portal que les conduce a una cámara subterránea (el Estanque de la Luna) y de ahí, a través de un portal, a un mundo subterráneo, con dos civilizaciones al borde la guerra y un arma, el Resplandeciente, como amenaza que pende sobre el mundo de los hombres.

No voy a revelar mucho más sobre lo que acontece en el mundo subterráneo. Tenemos las típicas maravillas: hombres enanos y musculosos, mujeres bellas (una malvada y la otra virginal), armas aterradoras, dioses ancestrales (los Silenciosos), paisajes subterráneos (con musgos gigantes y dragones de fuego) y, como novedad, el Resplandeciente, una entidad de luz, completamente alienígena, precursora según muchos estudiosos de los horrores cósmicos de Lovecraft. Si algo no se le puede reprochar a Merritt es que se guarde bazas en el bolsillo. Todo ocurre tan rápido que hasta la lógica se resiente un poquito, pero no importa, porque su escritura se basa en despertar a través de la descripción el sentido de maravilla. Por supuesto, a día de hoy el estilo se antoja recargado y un tanto basto y, a falta del sustrato que supo desarrollar Lovecraft, hueco. De todas formas, para cualquiera que disfrute con este tipo de narraciones constituye una lectura atractiva.

el_resplandeciente

En mi caso, habiendo coincidido casi en el tiempo mi lectura con la preparación para la conferencia sobre la base científica del horror lovecraftiano (a ver si encuentro ocasión de ponerla por escrito), no pude dejar de notar la importancia de los trabajos de Einstein en la construcción de la historia. Sí, es fantasía, pero se aprecia un intento por sembrar la duda, recurriendo a la ciencia puntera de la época (si ahora ya resulta complicada, entonces era casi esotérica), respecto a la verosimilitud de lo narrado. Abraham Merritt no era científico, pero su trabajo de corresponsal le había puesto en contacto con la vanguardia física y resulta encomiable su intento por integrar este conocimiento con la fantasía “cotidiana”. “El estanque de la luna” no llega a ser una novela de ciencia ficción porque raramente acierta una con sus especulaciones, pero marca el camino que Howard Phillips Lovecraft exploró a conciencia en sus mitos de Cthulhu. A raíz de mi investigación (reconozco que somera, pues me es imposible consultar toda la bibliografía relacionada con el autor de Providence), no considero descabellado que fuera Merritt quien proporcionó a Lovecraft la llave para hacer evolucionar su literatura, abandonando las etapas Poe y Dunsany de su carrera para descubrir su voz original. Y esa llave fue Einstein.

Es un tema demasiado amplio para tratar en una entrada de blog, así que os emplazo para un futuro incierto en que quizás organicé todo esto (lo que no sé es dónde podré publicarlo, que si la cosa está chunga para el relato, no digamos ya para un ensayo largo). Respecto a “El estanque de la luna” y su relación con los cuatro artículos del Annus Mirabilis de Einstein, pues lo comentaré en esta misma página, en un día o dos, que ya voy por las mil palabras y me quedarían quizás otras tantas.

Antes de dejaros, sin embargo, me veo en la obligación de realizar una advertencia final. “El estanque de la luna”, hasta donde yo sé, sólo la ha publicado en España Pulp Ediciones, empresa de la que ya hemos hablando y cuya actividad se vio salpicada de varios escándalos. Por ello, en conciencia, no puedo recomendar la adquisición de este libro en una tienda a precio normal (si aún puede encontrarse). Otra cuestión sería si lo pilláis de saldo, que ahí la editorial ya ha cobrado su miseria y no importa que se comercialice o no. Entonces sí que os invito a adquirirlo, que me parece harto improbable que vuelva a editarse en mucho tiempo.

(Hacia la segunda parte del análisis)

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en diciembre 17, 2008.

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