Luz de otros días

La ciencia ficción dura arrastra mala fama. Se suele comentar que se preocupa tanto por la parte científica que sus personajes quedan desdibujados, reducidos a meros títeres cuyo único papel es guiarnos por las maravillas surgidas de la especulación del autor. La verdad es que “Luz de otros días”, colaboración entre Arthur C. Clarke y Stephen Baxter, hace bien poco por desmarcarse de estos prejuicios.

La novela gira en torno a la invención de la gusanocámara, un dispositivo que estabiliza un agujero de gusano capaz de conectar una coordenada del espacio-tiempo con cualquier otra, permitiendo la transmisión unidireccional de imágenes. En otras palabras, ofrece a la humanidad la capacidad de verlo todo, justo cinco siglos antes de la prevsita colisión de un planetoide, el Ajenjo, con la Tierra (llevando a la ineludible extinción de toda forma de vida superior). A partir de esta premisa, los autores exploran las implicaciones económicas, sociológicas y morales de una tecnología que, en esencia, destruye el concepto de intimidad. Varias vueltas de tuerca a la idea nos van presentando posibilidades aún más extraordinarias, sujetas al férreo control de una evolución lógica.

Hasta aquí todo bien. Como han resaltado muchos otros críticos (la lista semicompleta al final de la entrada), el carácter especulativo es de primer grado. Si algo queda sin explorar se debe más a la amplitud del abanico de posibilidades, de la que deciden mostrarnos aquello que más les interesa. A este respecto, está claro que Clarke en esta ocasión hace algo más que poner su nombre y pasar a cobrar los cheques (como ocurre con las continuaciones de “Cita con Rama”). Mucho de lo que leemos es reconociblemente “Clárkico”, auqnue a veces, como en todo lo referido a las religiones, se aprecia cierta esquizofrenia entre el típico ateísmo foribundo e inocentón de Clarke y un respeto que se antoja comercial por parte de Baxter (que es, al fin y al cabo, el responsable de la redacción última).

luz_otros_dias

El problema surge con la historia y los personajes. Hay algo peor que los personajes planos, y son las caricaturas, es decir, personajes dotados con una parodia de profundidad, que los deja deformados, con características hipertrofiadas que destacan en un trasfondo inexistente y que parecen gritarnos: ¡Miradme, soy complejo! Estos personajes se mueven como zombies por la historia, incapaces de ofrecer sorpresa alguna que no esté sacada de la manga y que no haga sino obedecer al capricho del autor. Por supuesto, la pésima traducción y maquetación de la Factoría de Ideas no ayuda. Hay momentos en que te pierdes y no sabes si es que los autores están jugando (mal) con la imbricación de historias, si es el traductor que no se ha dado cuenta de que se ha cambiado de escenario y fuerza la homogeneización o si, simplemente, se han colado páginas que no tocan. Un caso absoluto que machaca las últimas expectativas de disfrutar de la lectura. También resulta cargante la americanofilia de la historia (los EE.UU. parecen los únicos que medran en el futuro y que no han cometido desmanes en el pasado). Sería para acusar a los autores de ombliguismo… ¡si no fueran británicos!

La historia hubiera requerido una prosa sencilla y directa, al estilo de las grandes novelas de Clarke de los años 50-70 (250-300 páginas máximo), o la multiplicidad de puntos de vista y capacidad narrativa de un Brunner en su mejor momento. Baxter nos somete a un atracón de paja, salpicada con grandes conceptos (algunos prendidos con alfileres de la trama principal). Con 400 páginas no tenemos ni carne ni pescado, sólo unas ganas terribles de que todo termine rápido y sin dolor.

Podría definir “Luz de otros días” como un experimento que salió mal. Un intento, por parte de uno de los escritores de ciencia ficción más importantes de la historia de acercarse a la vanguardia, explorando temas que parecen propios de Robert J. Sawyer o Robert Charles Wilson (near-future con un giro metafísico), todo ello sin abandonar por completo su estilo caracterísico. Lo que no tengo tan claro es lo que obtuvo Baxter. Tengo poco leído de él (sólo su novela steam-punk “Antihielo”), pero parece tratarse de un camaleón que igual se atreve con el hard como con el space-opera.

En definitiva, una obra decepcionante, que me explica muchas cosas sobre la mala prensa de la ciencia ficción dura. Me sirve para acuñar la máxima de que es preferible un personaje simple pero honrado a un simulacro de complejidad. Los primeros sirven para construir una historia, los segundos apenas para justificarla.

Otra cosilla que no acabo de comprender son los elogios casi unánimes. He aquí una muestra (los dos últimos van más en mi línea):

Otros libros de Arthur C. Clarke reseñados en Rescepto:

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~ por Sergio en noviembre 12, 2008.

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