Las Chicas del Radio

Documentando la charla sobre Lovecraft para el próximo Liter Imaginarius (recordatorio: este viernes, a las 20:30 en el centro cívico Santiago Escartín Otín de Huesca, “El horror surgido del espacio), me he tropezado con una historia que se merece sin duda una entrada en cualquier blog que se precie, la historia de las Chicas del Radio. Fueron cinco, aunque tras ellas hubo cientos que no se atrevieron o no supieron enfrentarse a la poderosa crueldad de una gran compañía. Su amargo triunfo supuso un hito en la lucha por los derechos de los trabajadores, pues condujo a la instauración del derecho de un trabajador a demandar a su contratador por los daños ocasionados por prácticas laborales abusivas.

El desenlace se retrasó hasta finales de 1928, aunque el inicio de la historia se sitúa en New Jersey, en 1917. En esta fecha, la Radium Luminous Material Corporation, una empresa que comercializaba “Undark”, una pintura luminosa basada en el radio, se convirtió en contratista del ejército americano (involucrado en la Primera Guerra Mundial) y mudó sus cuarteles generales de Newark a Orange, contratando a un centenar de chicas jóvenes para aplicar su pintura luminosa a los números y saetas de relojes. En 1921, la empresa cambió su nombre por el de United States Radium Company. En la misma época (y sobreviviéndola) Standard Chemical Company utilizaba su producto “Luna” en sus plantas de Illinois (siguió haciéndolo hasta bien entrados los años 40) y la Cold Light Manufacturing Company usaba “Marvelite”. En total unas 4.000 trabajadoras en norteamérica se vieron expuestas a altas dosis de este tipo de pinturas radioactivas (muchos miles más en el resto del mundo).

undark

El radio habia sido descubierto por Marie y Pierre Curie en 1898 (Marie recibiría por ello su segundo premio Nobel en 1911; Pierre había muerto en 1906 en un accidente de tráfico). En 1934 moriría de anemia aplásica, una enfermedad contraída casi con total seguridad por su exposición a la radición. Sus cuadernos de laboratorio aún hoy son demasiado radioactivos para poder ser manipulados sin protección. La vida media de su isótopo más estable es de 1602 años y su peligrosidad estriba en la similitud de sus atómos con los de calcio, que hacen que al entrar en el cuerpo humano se deposite en parte en los huesos, de donde no es posible desalojarlo. En 1902, William Joseph Hammer, un colaborador de Edison, visitó a los Curie y se llevó de vuelta a los EE.UU. una muestra del nuevo material que éstos habían conseguido aislar, lo mezcló con sulfato de zinc y obtuvo una pintura luminosa cuya fórmula refinó Sabin von Sochocky un artista americano que fue uno de los fundadores de la Radium Luminous Material Corporation .

Saltemos de nuevo en el tiempo, esta vez hasta 1925.

Una ex-trabajadora de la planta de Orange, Grace Fryer comprobó que sus dientes empezaban a aflojársele y caer. Cuando su mandíbula inferior se inflamó acudió a un dentista, quien con una primitiva máquina de rayos X (más radiación, por si hacía falta) detectó una importante necrósis ósea. El caso corrió de especialista en especialista, hasta que alguien reparó en su inusual prevalencia entre las chicas de la zona y así, sumando dos y dos, se llegó a localizar el foco en la factoría de pintura.

radiumgirls

Resultó que los dueños, siendo plenamente conscientes de la peligrosidad de su producto (de hecho ellos y sus investigadores lo manejaban con férreas medidas de seguridad) no sólo habían mantenido en la ignorancia a sus empleadas (muchas usaron aquella bonita pintura para pintarse las uñas o espolvorearse el pelo), sino que las instruían para afinar sus pinceles retirando la pintura sobrante con los labios cada vez que tenían que trazar un número particularmente redondeado. Chupadita a chupadita, las trabajadoras ingirieron una cantidad de radio miles de veces superior a los niveles de exposición seguros. Entre las múltiples enfermedades que desarrollaron (anemias, neoplasias…) destaca la que destapó el asunto, que acabó recibiendo el nombre de “Maxilar de radio”, una deformación grotesca de la mandíbula inferior.

Grace Fryer decidió demandar a la compañía, pero era tal su poder que tardó dos años en encontrar un abogado que estuviera dispuesto a llevar su caso. A la postre, se le unieron otras cuatro ex-compañeras que solicitaron 250.000 dólares en concepto de daños por cabeza.

La empresa no estuvo exenta de dificultades. United States Radium Company presionó a los médicos para que no divulgaran sus resultados, e incluso trató de enfangar la situación pagando falsos especialistas que afirmaran que las chicas estaban sanísimas (un presunto médico de la Universidad de Columbia resultó ser un toxicólogo a sueldo de la compañía, y su colega, que refrendaba el diagnóstico, un directivo de la misma), o que sus dolencias se debían a enfermedades vergonzosas como la sífilis. Cuando por fin se inició el juicio en 1928, ninguna de las cinco chicas pudo prestar juramente de pie, pero no habían terminado ahí las maquinaciones de la empresa. De algún modo, convencieron al juez para que fuera retrasando la causa con los pretextos más peregrinos, con la esperanza de que las demandantes murieran antes de que se pudiera dictar sentencia.

radium_jaw

No contaron sin embargo con la intromisión de la prensa, que se hizo eco de la noticia y convirtió el juicio en una noticia de interés nacional. Las acusaciones contra empresa y magistrado menudearon, obligándoles a reanudar los procedimientos y, en última instancia, a alcanzar un acuerdo extrajudicial en unos términos que, una vez más, resultaron indignos para las cuatro Chicas del Radio supervivientes, que estaban desesperadas por conseguir sacar algo antes de morir y dejar a sus familias endeudadas. La empresa se comprometió a pagar a cada una 10.000 dólares en concepto de indemnización, los gastos médicos y jurídicos y una anualidad de 600 dólares mientras vivieran (de las que tuvieron que abonar muy pocas). A la postre, sin embargo, no se salieron de rositas. Debido a la pésima publicidad cosechada, la compañía tuvo que cerrar, alegando dificultades para encontrar nuevas trabajadoras. Irónicamente, 1928 fue también la fecha en que murió, por envenenamiento radioactivo, Sabin von Sochocky, el inventor de la pintura.

La cuestión de la responsabilidad de la empresa respecto a la salud de sus empleados siguió debatiéndose hasta que en 1949 el congreso de EE.UU. aprobó una ley regulando el derecho de los trabajadores a exigir compensaciones por los daños sufridos en el puesto de trabajo. En 1983 el enclave de la fábrica fue declarado contaminado por la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense. Entre 1997 y 2005 se excavó y limpió el lugar, así como las 250 viviendas cercanas que se habían visto afectadas por la difusión del material radioactivo (uranio, radio y radón). Las tumbas de las Chicas del Radio aún emiten radiación detectable con un contador geiger. 

Para más información, podéis consultar esta página de Damn Interesting o incluso podéis considerar la adquisión de un certificado original de la United States Radium Company, a la venta, con explicación del asunto, en esta página.

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~ por Sergio en noviembre 6, 2008.

11 comentarios to “Las Chicas del Radio”

  1. Joder, menuda historia.

    Sólo un detalle: dices que Marie Curie murió “en 1984”, asumo que será en 1948…

  2. Eso es lo que quieren que creamos…

  3. En realidad, la fecha es 1934. Corregido.

  4. […] Pruebas del juicio. Puesto de trabajo y estragos del radio en las mandíbulas de las chicas. Fuente […]

  5. […] Pruebas del juicio. Puesto de trabajo y estragos del radio en las mandíbulas de las chicas. Fuente […]

  6. Para todos aquellos que dicen que se puede confiar en las empresas ciegamente, buen articulo.

  7. Gracias.

  8. […] […]

  9. mi hija me comento del articulo y me intereso bastante y esto me inspira a seguir investigando para saber si en la actualidad se llevan a cabo un tipo de practica similar

    • Respecto a elementos radioactivos, es improbable, dado el mayor conocimiento que se tiene hoy en día sobre ellos. En cuanto a abusos… Por desgracia aún habrá muchos, aunque la lucha de las Chicas del Radio supuso sin duda un hito en la historia de la defensa de los derechos de los trabajadores.

  10. Sin ir mas lejos las pantallas de nuestros ipad la limpian, al final del proceso de fabricacion, en China, con un alcohol de secado rapido, que despide unos vapores extremadamente tóxicos.

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