Santos, la epopeya del Niño Bola

Los integrantes del antiguamente conocido como Team Rescepto llevamos unos días de exploración cinematográfica. Primero disfrutamos como marranos en un lodazal con la desternillante Zombie Strippers (que ofrece exactamente lo que promete y es quizás la comedia gore más delirante y desfasada a este lado de “Braindead”). Anteayer, aprovechando la festividad local, pagamos tributo a Ben Stiller y su “Tropic Thunder” (“Zoolander” con más mala leche y cameo estelar de Tom Cruise). Pero si este blog sirve para algo (extremo que sería muy discutible), es para hacernos eco y apoyar las iniciativas de género fantástico españolas que valgan la pena, y la coproducción hispano-chilena “Santos”, que hemos visto esta misma noche en un cine casi vacío, es sin duda una de las más merecedoras de alabanza y apoyo.

“Santos” es una película atípica. Su director-guionista, Nicolás López, la describe (con cierta visión comercial) como una comedia romántica sobre el fin del mundo, aunque igual de bien (o mal) podría etiquetarse como peli de superhéroes apocalíptica o ciencia ficción metarreferente. Con siete millones de dólares de presupuesto, es una de las apuestas más atrevidas de los últimos años (como fue reconocida en el Fantastic Film Fest 2008 de Austin, donde cosechó el galardón a la película más innovadora), abordando sin complejos de ningún tipo una narración que cualquiera en su sano juicio hubiera pensado infilmable en una industria como la nuestra (no digamos ya la chilena). Sin embargo, Nicolás López, tal y como nos narra en sus notas sobre una mega-producción artesanal, rebuscó hasta debajo de las piedras y logró reunir un elenco de lujo: Elsa Pataky (impresionante, tal y como la presentan: una chica de manga en carne y hueso), Guillermo Toledo (el antropomosco, narrador inigualable de la historia), Javier Gutiérrez (el friki con camisa negra y sobrepeso… es decir, el público tipo, que también resulta ser el protagonista a su pesar de la aventura) y Leonardo Sbaraglia; un productor que confiara en el producto; una postproducción a la altura (ahí se involucró Troublemaker Studios, la empresa de Robert Rodríguez); y así, tras más de tres años de lucha, llega a unas trescientas pantallas de toda España (según cuenta en su blog, el dobleverso) un soplo de aire fresco.

Que consiga mover algún molino está por ver, que el conformismo y la mediocridad intelectualoide mandan.

Salvador Santos es un dibujante de cómics fracasado que constituye, sin embargo, la última oportunidad de salvación del universo (de los dos universo paralelos en realidad), pues lejos de ser un tipo insignificante, es uno de los últimos Santos, una especie de guardianes superheroicos del dobleverso, traicionados y aniquilados por Nova (el villano de turno). La historia se desarrolla a través de viajes interdimensionales, lugares tópicos (el adiestramiento del héroe por parte de su mentor) desarrollados del modo más atípico imaginable, peleas no tan épicas y triángulos amorosos, aunque en el fondo no es sino la típica historia de chico está enamorado de chica (que inexplicablemente le corresponde), chico pierde a chica, chico (bola) debe superarse a sí mismo para recuperar a chica (y, de paso, salvar el mundo).

Donde “Santos” triunfa es en el enfoque. Hubiera sido muy fácil caer en la parodia fácil, pero ese camino estaba vedado porque los responsables de la película no menosprecian el género de superhéroes, sino todo lo contrario. ¿Es por tanto un homenaje? Tampoco del todo. El personaje principal es inherentemente patético. En un momento en que se estila humanizar al héroe, en “Santos” se contempla el problema desde la perspectiva opuesta, “superheroizando” al hombre común y trascenciendo la ridiculez del concepto de partida para otorgarle una dignidad que tal vez sólo es alcanzable en el clímax de un cuento de hadas (postmoderno en este caso, pero no deja de ser un cuento de los de siempre).

Todo lo dicho, sin embargo, no da una verdadera impresión de lo que es “Santos”. El humor de que hace gala, por ejemplo, va de lo negro (y políticamente incorrectísimo, ya era hora) a lo estratosféricamente friqui (Guillermo Toledo tiene unas cuantas, pero lo que involucra a la Capitalcon, sobre todo después de haber asistido a un evento parecido, supone un cúmulo de carcajadas a nuestra costa). Los efectos especiales no son una maravilla (con el presupuesto con que contaba era imposbile hacerlo mejor), pero tienen el buen gusto de asumir estas limitaciones y emplearlas para darle el toque personal final a la producción, rompiendo la barrera entre medio gráfico (el cómic) y cinematográfico (la película). En definitiva, que tenemos que darle la razón al público de Austin: “Santos” es una de las películas más innovadoras que hemos visto en mucho tiempo.

Venga, todo el mundo al cine a verla, que tenemos que demostrar que éste es el tipo de cine que queremos, que para cuando la “descubráis” en DVD ya será demasiado tarde para ayudar a cambiar la marea.

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~ por Sergio en octubre 11, 2008.

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