El caso Max Frei

Ésta va a ser una entrada larga. Sí, más que de costumbre. La culpa la tienen un par de libros publicados por Minotauro en el 2005 y el 2006 y reducidos de precio (que no saldados) a finales del 2007. Se trata de “Forastero” y “Reclutas de la eternidad”, las dos primeras entregas de la serie “Laberintos de Yejo” (creo) de los escritores rusos Svetlana Martynchik e Igor Stepin, que firman bajo el seudónimo de Max Frei (protagonista de sus aventuras).

Los libros son entretenidos y diferentes a lo que estamos acostumbrados, así que suponen una lectura muy agradable (si bien un poco repetitiva). Sin embargo, lo que me ha motivado a escribir esta entrada (en el blog de Rescepto las críticas suelen ser de obras de autor español) es que por sus características y las circunstancias que las rodean me suscitan una serie de reflexiones que son aplicables (o eso creo) al mercado fantástico patrio y, en general, a las opciones de cultivar nuestros generos favoritos.

Ante todo, vayamos con una breve reseña:

Max Frei es un chico de veintinueve años, sin otra distinción que tener los biorritmos a la contra de lo considerado correcto. Es decir, se duerme de día y está despierto por la noche. Esta circunstancia, además de complicarle la vida, la hace por completo insignificante. Por suerte para él, en sus sueños (que son tremendametne ricos y lúcidos) contacta con Sir Juffin Hally, un extraño sujeto que le ofrece el trabajo perfecto, como su rostro nocturno en el Cuerpo Especial de la Pesquisa Secreta del Departamento del Orden Absoluto de Yeho. El problema es que para aceptar el puesto debe abandonar su realidad y viajar al Mundo, un universo donde la magia es un hecho cotidiano.

Acepta, claro, si no, no habría novela, y se despierta en Yeho, la capital del Reino Medio, un lugar desquiciante pero al mismo tiempo amable (al menos para Max), donde pronto descubre que es poseedor de talentos que jamás hubiera podido sospechar y se embarca en una nueva vida de emociones, magia y bollos de crema. Los dos libros se organizan como una concatenación de novelas cortas (siete “Forastero” y cuatro “Reclutas de la eternidad”), que siguen en orden cronológico los esfuerzos de Max por adaptarse a Yeho (y viceversa) mientras solucionan diversos casos de índole mágica.

La gracia está en cómo se aborda la narración. Max Frei es un Gary Stu de tomo y lomo: es divertido, tiene sus pequeños vicios inofensivos (fumar y zampar bollos), una potra descomunal, cae bien a todo el mundo y no para de descubrir nuevos poderes que le permiten salir de las situaciones más peliagudas con una sonrisa y centrando la atención y alabanzas de todo el mundo. Se trata de un Gary Stu tan exagerado que no puede dejarse de notar la intencionalidad humorística. Básicamente, los autores nos están lanzando la sugerencia de que nos sentemos y disfrutemos sin tomarnos en serio nada de lo que vamos a leer. La propia vida en Yeho es un ejemplo perfecto de esta filosofía de “disfruta sin cuestionarte tu buena suerte”.

No es que el estilo esté libre de defectos. A la vigesimo quinta vez que los personajes se van al Glotón Bunba a cebarse de pastelitos de crema y beber camra (más o menos a mitad de la segunda novela corta), empiezas a desear que los autores introduzcan un poco de variación en la ambientación. Hasta el lenguaje coloquial (de los años 90, aviso) llega a cargar tras la infinita sucesión de “troncos” y “potras”. Por fortuna, la resolución de los conflictos es cualquier cosa menos tópica, porque Max, a parte de mostrar una gran predisposición a aprender trucos y adquirir poderes nuevos, lo que de verdad tiene es suerte, así que todas las situaciones parecen resolverse por sí solas (o por la aparición del Deux ex machina correspondiente. Esto, que podría ser un defecto, está perfectamente integrado en la naturaleza del Mundo. Sir Justin Hally contrata a Max precisamente porque tiene suerte, que es un método policial perfectamente válido en Yeho. No interesa tanto el modo en que se resuelven los conflictos sino su propia naturaleza y lo fantástico del ambiente. Vuelve a incidirse en el tema central: no te preocupes, sabes que a Max no le va a pasar nada malo, así que relájate y déjate llevar como él. Resulta una filosofía atrayente. Quizás un poco vacía a la larga, pero, ¡qué caramba!, como si leer tuviera que ser siempre una actividad seria.

Me llama la atención la organización en novelas cortas (de las de treinta y cinco o cuarenta mil palabras). La verdad es que se trata de una estructura inusual en fantasía (algo más común en ciencia ficcicón), donde en todo caso priman las antologías de relatos. Me costó un tiempo darme cuenta de cuál era la idea de base. La crónica de las andanzas de Max Frei se cuenta siguiendo el modelo de una serie de televisión. Es decir: a base de microarcos argumentales (las novelas cortas), en los que se abren y cierran temas, mientras de fondo se están desarrollando otras líneas a más largo plazo que sirven para hacer avanzar a los protagonistas. Los participantes específicos de las aventuras, una vez concluida ésta y si son lo bastante interesantes, se añaden al plantel de secundarios, creando poco a poco una red de personajes y lugares que van aumentando la riqueza de la ambientación. De igual modo, van consolidándose bromas y habilidades (a este respecto, cabe señalar la tendencia a ir acumulándolas, en el más puro modelo “Bola de Drac“). En el segundo tomo, “Reclutas de la eternidad”, esta red ya es lo bastante tupida para consumir una parte importante de la acción en labores de mantenimiento, un esfuerzo que tiene su propia recompensa en forma familiaridad que se ve agradablemente rota aquí o allá con alguna salida inesperada.

Hace poco defendíamos la novela corta como una longitud muy interesante para la ficción de corte fantástico, aunque los ejemplos que dábamos iban más en la dirección de la cifi. Pues bien, aquí tenemos un buen ejemplo de lo que se puede conseguir en fantasía.

Pasemos a otro asunto.

Creo que ha quedado claro que estos dos libros constituyen una experiencia lectora muy recomendable. ¿A que no habíais oído siquiera hablar de ellos? Y eso que están publicados por una de las principales editoriales fantásticas que tenemos por estos lares: Minotauro. Al parecer, en Rusia son un auténtico fenómeno, que no se ha trasladado en modo alguno a nuestras tierras. Algo falla.

Para empezar, está la cuestión del reconocimiento. Lo siento, pero “Max Frei” no nos dice absolutamente nada. La única razón por la que los adquirí fue por encontrármelos a seis euros en pleno agosto, momento en que por tiempo libre y escasez relativa de otras opciones decidí concederles una oportunidad. Vamos, que los experimentos en casa y con gaseosa. Pagar veintiún euros por el primer volumen (veintidós costaba el segundo), sin saber aboslutamente nada sobre él, me temo que suponía un riesgo excesivo. Lo propio hubiera sido presentar a Max Frei al público español de forma gratuita o, en todo caso, poco onerosa. Por ejemplo, con una de las novelas cortas en alguna revista, o quizás un artículo, o un cuento que también deben haber. Tampoco hubieran ido nada mal algunas reseñas previas.

Ah, que no existen revistas de género. Sí, ése es un problema. Pues nada, ajo y agua. Internet, hoy por hoy, no ha sabido cubrir ese hueco. Los esfuerzos promocionales se diluyen demasiado y hay una tendencia a encerrarse en círculos pequeños, aislando a los miembros de la cofradía de cualquier influencia externa. Lo dicho: autor desconocido, sin presentación en sociedad=fracaso casi seguro. Eso por no hablar de pagar casi cuatro mil pelas por un volumen en tapa blanda (el que en torno a la página 40 de “Reclutas de la eternidad” falten varias páginas ya es un error sangrante a estos precios). Claro, se van a vender pocos libros y hay que amortizarlos pronto, o el representante ha pedido un adelanto brutal y hay que pagarlo como sea, o quizás es que ha habido que pagar a dos traductores y un revisor. El caso es que el precio es absolutamente desproporcionado con la expectativa previsible.

Después, si se recurre a estrategias publicitarias ineptas, la cosa no puede sino agravarse. Porque eso de poner en la portada del segundo “Más de 1.500.000 ejemplares vendidos” no tiene nombre. Vamos, que los lectores no nos chupamos los dedos. Si vemos eso en un volumen desconocido en seguida sabemos que ahí falta, por lo menos, la coletilla de “en todo el mundo”, y esa ausencia hace que nos entren sospechas, por otra lado perfectamente fundadas, porque lo de 1.500.000 ejemplares hace referencia , hasta donde he podido descubrir, a las ventas de toda la serie en Rusia (trece volúmenes). Sigue siendo un número espectacular que habla a las claras de su potencial, pero es algo muy diferente de lo que el editor nos quiere vender con su escueto mensaje. Lo siento, pero este tipo de estrategias acaba rebotando y estallando entre las manos del que las usa.

Dicho lo cual, he de admitir que siento envidia de Svetlana e Igor. El mercado ruso es mayor, numéricamente, que el español, pero el volumen de negocio del segmento del ocio es muy parecido. Sin embargo, ahí está, fantasía patria convertida en superventas. Y no es un caso aislado, véanse las novelas de Sergey Lukyanenko. Algo así sería impensable por estos andurriales. Tenemos el potencial, pero no hemos sabido aprovecharlo. Quizás durante demasiados años se haya confiado en exceso en el fándom para sostener el mercado, y ahora, cuando ni siquiera éste funciona, es el definitivo fin del almuerzo (como diría uno de los personajes de Yeho). No sabría apuntar una solución (y menos en una simple entrada de blog), pero sí puedo señalar que aquí tenemos un problema muy serio.

Bueno, varios.

A todo lo comentado me remito.

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~ por Sergio en septiembre 6, 2008.

8 comentarios to “El caso Max Frei”

  1. Yo me estoy acabando “Forastero”, y me ha sorprendido enormemente; tanto que me lo llevo a giñar.

  2. Me he leido los dos libros que han salido en español, los encontre geniales. Ingeniosos, graciosos, un vocabulario que aunque repetitivo, a mi nunca me cansa y siemrpre entretenido. Lastima que no saquen mas a la venta y se hayan quedado en los dos primeros. Bien promocionados creo que podrian a ver conseguido muchas ventas ya que el libro no es para nada malo. ahora creo que si que pagaria 20 € por el 3er volumen. A los dos libros les doy *****(5/5) y lo recomendaria a todos los que les guste leer, fantasia sobre todo y aventura también.

  3. Yo los compre por las mismas razones: tiempo libre no previsto, letras pequeñas, libro grueso y bajo precio, pero la verdad no me arrepenti en ningún momento. Me reí montones. Me identifique plenamente con las salidas de Max, y me encanto esa habilidad suyo te ser un “simple” con suerte y con un gran corazón.

  4. La mera verdad yo lo vi en la bilioteca de mi barrio y como “dice Max” un nose que me llevo a decir que lo pdia dejar de leer LOS RECLUTAS DE LA ETERNIDAD y de algo estoy segura de que conseguire leer mas cosa de Sir Max tanto de supasodo y su futuro si el libro ya esta escrito

  5. Me parecen buenos, nada que envidiar a muchos libros “exitosos”… una pena que existan solo dos en español… hace tiempo espero la siguiente historia… insisto una pena

  6. Hola, bueno decir que a mi los libros también me encantan y la reseña totalmente genial. La verdad es que es muy difícil hacer publicidad sobre un autor ruso, en un pais como España donde les lectores digamos que no abundan (sin ofender). Después de hacer un par de búsquedas me he enterado que la agencia literaria que vendió los derechos aquí, en España (Elkost por si os interesa) quiere relanzar Max Frei pero en pequeñas dosis y por internet. Se iran colgando las micro aventuras de la peculiar Pesquisa Secreta a un precio ,muy asequible próximamente. La verdad es que después de leer varios comentarios creo oportuno que la gente lo sepa.
    Muchas gracias por tu reseña, la verdad es que ha sido muy curiosa y útil :)

    • A ver si funciona. Es difícil introducir escritores nuevos (y más si vienen de mercados “exóticos” como Rusia), sin la ayuda de algún fenómero paraliterario (una película, una moda….). Ante la situación, por supuesto, toca estrujarse las meninges e innovar (lamentablemente, la edición exclusivamente digital, hoy por hoy, no está teniendo mucho impacto; veremos si esto va cambiando).

  7. Yo sí pagué por los dos su precio de venta original, y lo valen. Son grandes libros y lamento que, por falta de publicidad, no hayan tenido éxito. No creo que sigan publicando más tomos en castellano así que me los leeré en inglés.

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