XVII Premio UPC

Ésta es una de las críticas más difíciles que he tenido que abordar hasta la fecha, y ello es debido a que me presenté a este certamen con (en mi opinión) la mejor historia que he escrito hasta la fecha… obteniendo un resultado completamente negativo. Así pues, quizás carezca de la suficiente imparcialidad para juzgar el cuarteto de galardonados como lo haría con cualquier otra obra. Sin embargo, el Consell Social de la Universitat Politècnica de Catalunya tuvo la amabilidad de remitirme un ejemplar, y en estas circunstancias lo menos que podía hacer era reseñar el volumen. Al final, he decidido tirar para adelante con este pequeño aviso previo (más que nada, para dejar bien asentados los precedentes). Que cada cual le otorgue a los párrafos siguientes tanto valor como crea conveniente.

Sin más preámbulos, paso a detallar los textos que componen este tomo recopilatorio.

Tras la presentación de Miquel Barceló (que incluye el acta del premio), tenemos una curiosa transcripción de la conferencia impartida por Jasper Fforde acerca de una de sus creaciones, Thursday Next, y el mundo metaficticio en que se desenvuelve. Resulta curiosa tanto por su estilo (muy coloquial, dando la impresión, no sé si cierta, de improvisación) como por su contenido (a medio camino entre la autobiografía literaria y el autoanálisis de estilos y temas). Aún no he logrado determinar si me ha gustado o no, y lo peor es que los motivos para optar por una u otra posición son los mismos (digresivo, personal, heterodoxo…). Supongo que será más interesante para quien haya leído al menos “El caso Jane Eyre”. Si no, quizás podamos calificarlo como “curioso” y pasar a otros asuntos. Como por ejemplo “Belcebú en llamas”, una de las novelas cortas ganadoras “ex aequo“, del argentino Carlos Gardini.

Se trata de una obra bastante clásica, que trae al recuerdo los Cantos de Hyperion de Dan Simmons. El protagonista, Quinto, es un asesino perteneciente a una poderosa hermandad, que ha sido contratado por un alto mandatario de la Iglesia Trinitaria para cumplir un encargo en Belcebú, un extraño y herético mundo cuyos días están contados. Para añadir mayor capacidad evocativa, la narración se estructura en torno a uno de los arquetipos más reconocibles: el viaje iniciático por un río. La capacidad narrativa de Gardini está fuera de toda discusión. Quizás se le pueda achacar un gusto excesivo por el oscurantismo, con frases (y párrafos) muy cortos, referencias religiosas y diálogos crípticos, para acentuar la extrañeza del ambiente, pero todo ello forma parte de la ambientación. Quizás sea más criticable el que la incertidumbre por lo que hemos leído se mantenga incluso después de la última palabra, aunque no sé si esto se debe a una ambigüedad premeditada o a que, sencillamente, este tipo de ficción no va conmigo. En cualquier caso, se trata de un relato muy sólido y formalmente impecable, capaz de modelar un paisaje y unos personajes sugestivos.

El relato coganador, “En defensa de Elíseo”, de Brandon Sanderson, es justo lo que se esperaría de un escritor de fantasía que escribiera ciencia ficción (o de alguien que se haya empapado a conciencia de la cifi de los setenta). La explicación tecnomágica reemplaza a la científica en una trama de poderes extrasensoriales aplicados a la diplomacia intergaláctica. Se trata de una narración ágil y muy bien llevada, con las dosis correctas de acción y reflexión, pero que apenas esboza las ideas que propone. Y es que da la impresión de no dar la longitud mínima del certamen (se proporciona en caracteres, pero vendrían a ser unas 25.000 palabras). No es que sea una mala obra (muy al contrario, se nota el oficio de Sanderson), pero me deja un tanto descolocado. Sin duda, la aportación de Gardini me parece muy superior.

Hablando de superioridad…

Las dos novelas cortas que completan el volumen suponen un bajón considerable. Ambas son obras inmaduras, que fracasan en aspectos distintos para poder situarse al mismo nivel que las de Gardini y Sanderson (algo lógico, por otra parte).

“Tricordio (tres cuerdas y una única melodía)”, del barcelonés Joan Baptista Fonollosa (mención UPC), nos narra las peripecias de un grupo colonizador formado por cuatro astronautas que, por motivos que no llegan a explicarse, acaban arribando accidentalmente a un planeta con características muy peculiares, justo a tiempo de intervenir en la dinámica evolutiva de la especie llamada a ser la dominante. La historia se estructura en tres líneas independientes, dos de las cuales acaban convergiendo (aunque siguiendo una evolución temporal diferente, mientras que la otra no parece en principio poseer relación alguna con ellas). El estilo es simple pero cuidado, quizás con cierta tendencia a la parrafada descriptiva que rompe el ritmo de lectura, pero es éste un defectillo menor. Donde realmente se hunde es en las ideas utilizadas para construir la historia. Lo siento, pero conceptualmente se trata de una historia propia de los bolsilibros de la década de los 70. El que se opte por un enfoque más técnico y menos pulp no quita que no se sostenga y, de hecho, empeora el efecto. Cuando las piezas empiezan a encajar y se vislumbra hacia dónde van los tiros la decepción es brutal, y cada nueva revelación no hace sino aumentar la incredulidad ante lo que se está leyendo (a estas alturas). Esta historia hubiera podido funcionar, quizás, tratada con humor, pero por desgracia es terriblemente seria.

“Recuerdos de otra vida”, del leridano Jordi Guàrdia (mención especial) resulta bastante más interesante. Narra la milagrosa recuperación de un joven después de un accidente, tras verse sometido a una práctica quirúrjica experimental. Cuando al poco tiempo el doctor responsable del milagro muere en extrañas circunstancias (todos en ese mundo futuro llevan implantado, por motivos que nunca llegan a explicarse de forma satisfactoria, un chip localizador que permite controlar su posición en todo momento y saber cuándo mueren), el agente encargado del caso empieza a indagar sobre las circunstancias exactas de estos sucesos, con resultados sorprendentes. Las ideas que maneja, sin llegar nunca a profundizar en ellas, son bastante interesantes (aunque si has leído cierto cuento de Greg Egan no puedes dejar de notar su escaso desarrollo). El problema surge con la forma de la narración. Guàrdia escoge el presente como tiempo narrativo, lo cual prueba ser en ocasiones una apuesta excesivamente ambiciosa. A las discrepancias sintácticas se les une un estilo poco trabajado, que no arropa adecuadamente a las ideas empleadas y, sobre todo, un final decepcionante (por lo simple), que no está a la altura de las circunstancias. De haber conseguido cerrar de un modo satisfactorio, los pequeños problemas formales no hubieran pesado en exceso, pero tal y como está deja con la impresión de que se ha quedado a medio camino de sus posibilidades.

En definitiva, un volumen que no destaca ni por bueno ni por malo. Como ocurre a menudo, la narración más floja es la que corresponde a la mención UPC y donde más brilla es en la novela corta de Gardini (aunque casi parece el principio de una obra más amplia). A título personal, quizás destacaría lo poco innovador de los temas abordados. Sólo el texto de Guàrdia se atreve a experimentar con ideas novedosas, aunque en mi opinión le falta un poco de práctica para terminar de desarrollarlas. A ver si será verdad eso de que la ciencia ficción está en crisis.

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~ por Sergio en agosto 8, 2008.

3 comentarios to “XVII Premio UPC”

  1. Hola, soy Jordi Guàrdia (y no Guardiola) autor de “Recuerdos de otra vida”.
    Antes de nada quiero darte las gracias por tu crítica. Es constructiva y eso siempre es de agradecer, aunque evidentemente no esté de acuerdo con algunos de los puntos que mencionas.
    Más adelante haré un comentario general, pero en principio me gustaría centrarme en la crítica a mi relato. Tengo que confesar que me han sorprendido dos puntos de tu texto.
    1) Mencionas que nunca se llega a explicar satisfactoriamente el tema de los chips localizadores. Es un tema que tiene mucha importancia en el relato de aquí que justificar su credibilidad fue una de mis prioridades. Es cierto que no me extendí 50 paginas hablando de ello, pero creo que con la información que daba quedaba mas que claro (además añadí el capitulo de los bomberos, para dar otro punto de vista a lo que algunos consideraban un error).
    2) Lo que mas me sorprendió de tu crítica (y de verdad q me gustaría comentarlo contigo) es cuando dices que el final es decepcionante (por lo simple). ¡Dudo que puedas imaginar mi cara de asombro al leer esa afirmación! Jaja ¿Decepcionante? A pocas paginas del final hay un giro, a mi entender, bastante inesperado, que conlleva al desenlace. Es cierto que me quedé a dos páginas del límite que fija la UPC pero hice el final que quería. Se que cuando dices simple, te refieres a la última escena, quizá sucede demasiado rápido, pero me repito, hice el final que quería.
    3) Por último añadiré otro punto: El hecho de narrar la historia en presente. No quiero que suene a excusa, pero yo (al igual que Joan Fonollosa) entregamos el relato en Catalán, y los dos nos mostramos muy descontentos con la traducción (obra de la misma chica). Yo casi siempre utilizo el presente en mis relatos, me gusta el enfoque que le da, ya que el narrador va descubriendo los acontecimientos a medida que pasa. Quizá los errores que mencionas sean míos y no de la traducción, pero bueno, queda dicho.
    Ahora hablando desde un punto general, coincido con muchas de las opiniones que plasmas en tu crítica (el gran estilo de Gardini, que llega a introducir al lector en un mundo oscuro y la profesionalidad de Sanderson, que adapta su estilo para crear un relato interesante aunque a mi entender demasiado corto). En la obra de Gardini tú has encontrado puntos en común con Cantos de Hyperion, yo con Apocalypse Now.
    (Por cierto, no me he leído el relato de Greg Egan que mencionas en la crítica a mi relato).
    ¡Siento haberme excedido tanto en el comentario! Jeje
    Y me gustaría creer que la ciencia ficción no está en crisis, solo se está redescubriendo!
    Un saludo y ¡gracias por tu critica! (y no lo digo por compromiso, ya que de todo se aprende!)

  2. Saludos, Jordi:

    Gracias por pasarte a comentar. Permíteme que utilice tu estructura para responder.

    1) Lo de que los localizadores carecen de una explicación satisfactoria va en el sentido de la evolución social que los hace no sólo posibles sino aceptables. El poder de saber en todo momento dónde está alguien es un recorte brutal en las libertades personales que sólo se justificaría bajo condiciones extraordinarias (y, posiblemente, en un régimen totalitario, lo cual no parece ser el caso). Sin mayor información, parece un recurso arbitrario, concebido para construir en torno suyo la trama pero carente de plausibilidad sociológica.

    2) En estos momentos estoy de vacaciones y no tengo a mano el relato, pero si quieres en cuanto esté de vuelta a la civilización me pongo en contacto contigo. Te adelanto que va más en el sentido de quedarte un poco por detrás en la resolución de los temas que planteas a lo largo de la historia. Si puedes, hazte con la antología “Axiomático” de Greg Egan y échale un vistazo a cuentos como “Aprendiendo a ser transyo”, “El secuestro” o “Cercanía”. Quizás sea que esperaba una resolución más metafísica y no sólo policial.

    3) La verdad es que se nota que es una traducción (al menos se nota si conoces el catalán). Es posible que a tu relato le afecte más una traducción subóptima precisamente por utilizar el presente (he comprobado errores parecidos en traducciones del inglés).

    Respecto a la crisis de la ciencia ficción… Bueno, es una idea que parece estar de moda últimamente. Yo tampoco estoy en acuerdo con ella y en este volumen creo que, precisamente, es tu aportación la que explora los nuevos caminos que se abren para nuestro género.

    PS: ¡Ah, sí! Corregido el apellido.

  3. Muchas gracias! Estamos en contacto, y intentaré conseguir el “Axiomático” (ahora me a picado la curiosidad!)
    QUE VAYAN MUY BIEN LAS VACACIONES!

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