El camino de un hobbit

Terminó junio, empezó julio y todo sigue bastante liado.

Por fortuna, por ahí corren muchos hijos que explotar descaradamente para sobrellevar la época de vacas flacas. En este caso, se trata de la reedición de “Entre el Elegido y el Emperador de Todas las Cosas: el camino de un hobbit” en la portada de Sedice. Se trata de un breve ensayo acerca del papel protagonista de Frodo Bolsón en El Señor de los Anillos, que se aparta de dos de los arquetipos (vicios) del género fantástico, complementando la carga épica de la historia con auténtica altura moral.

El ensayo lo escribí después de leer uno de los que acompañan a “El sueño de hierro”, la novela-tesis de Norman Spinrad acerca del nazismo (no os la perdáis). Dicho ensayo se titula precisamente “El emperador de todas las cosas”, y en él el autor disecciona la catadura moral de buena parte de los héroes de la literatura fantástica, cuyo comportamiento y motivaciones no los hacen muy diferentes del propio Hitler. Es lo que tiene este tipo de personaje. Resulta muy fácil dejarnos arrastrar por su magnetismo y sus hazañas obviando la dudosa moralidad de sus fines o sus medios, cegados por conceptos como “el bien mayor” o “el mal necesario”. Es mucho más difícil atenerse a unas convicciones inamovibles… y en apariencia bastante menos heroico. Sólo en apariencia.

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~ por Sergio en julio 1, 2008.

3 comentarios to “El camino de un hobbit”

  1. Ya he leido el artículo. Me ha parecido muy interesante, aunque no coincido con ciertas apreciciones sobre el elegido en otras obras si que es cierto que Tolkien recoge muy bien esa circinstancia y la da un enfoque mucho más profundo.

  2. ¿Te refieres quizás a Paul Atreides? En ese caso, es cierto que su caso es diferente. Su presciencia le permite ver el futuro y verse convertido en Emperador de Todas las Cosas y lo detesta. Spinrad, en su ensayo, creo recordar que lo exonera porque renuncia voluntariamente a ese destino (en “El mesías de Dune”). Ese triunfo es, sin embargo, también un fracaso, pues deja la tarea inconclusa (para eso está su hijo, que acepta encarnar el papel de Dios en “Hijos de Dune”). Sea como sea, la cuestión es bastante más compleja que en los otros Elegidos (y si metemos por en medio las manipulaciones de la Bene Gesserit… ) y el juicio moral más ambiguo. Sea como sea, Herbert resuelve la papeleta mucho mejor que la inmensa mayoría de autores, por el simple procedimiento de reflexionar sobre el tema de la predestinación. Lástima que el punto de inflexión se encuentre en la segunda novela, que es muy, pero que muy floja.

  3. Pues justamente. En primer lugar desde mi punto de vista Paul cae en en el lado oscuro, si la historia no hubiera seguido el devenir que siguio se hubiera convertido en un tirano de la peor clase. Pero su gran diferencia para mí es que se salta ese determinismo del elegido (que como bien señalas que forma parte del coctel del exito). De todas maneras, es cierto es muy complejo, y para valorar en detalle debería leerme otra vez por lo menos los tres primeros libros con lapiz y papel para ir tomando notas :)

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