El escritor y su obra

Nueva columna publicada en Scifiworld y nuevo aviso (con un poco de retraso) en Rescepto Indablog.

Antes de pasar a comentarla, sin embargo, quisiera realizar una aclaración respecto a la penúltima entrada, que se refería a (lamentaba) la fugaz presencia de la anterior (sobre “Recuerdos del futuro” de Robert J. Sawyer) en portada. A veces es complicado transmitir la frustración que se siente cuando ves cómo tu trabajo se hunde en la inmensidad del océano editorial sin provocar siquiera unas ondas. Llega y antes de que te des cuenta ya ha desaparecido (ayer, por ejemplo, me pateé media Valencia buscando ejemplares de “El rayo verde en el ocaso” y no encontré ni uno, ni siquiera en librerías especializadas). Lo cual jode por dos razones: así no hay manera de cimentar nada y, sobre todo, no cumple con su principal objetivo, que no es otro que compartir información, pues este proceso, como os enseñaron en la escuela, requiere tanto de un emisor como de un receptor.

Y siguiendo con los fundamentos básicos de teoría de la comunicación, hay otro aspecto que falla estrepitosamente. Los escritores necesitamos feed-back. Al principio, sobre todo, por parte de conocidos que no tengan miramientos en llamar a las cosas por su nombre, para ir mejorando y puliendo las aristas de nuestro estilo. Eso siempre es necesario, pero más adelante también surge la necesidad de conocer la perspectiva “opuesta”. ¿Conocemos nuestro propio trabajo? Pues supongo que sí, hasta cierto punto, pero siempre hay cuestiones que se nos escapan, bien sea por haber sido engendradas subconscientemente o bien porque, como cualquier experiencia con su cuota de subjetividad, un mismo texto es diferente para cada lector. El escritor no es responsable de todo lo que genera la lectura de su obra, pero sí es una de las causas generatrices. cuando nos trasladamos al campo del ensayo, pocas cosas hay más satisfactorias que una opinión genere debate y sirva de germen para nuevas reflexiones (que pueden o no estar a favor de la tesis defendida originalmente; en realidad eso importa poco).

Lo cierto es que esto es un ideal quasi-inalcanzable. La cruda realidad es que casi todo cuanto escribes desaparece sin más, así que hay que ajustarse a unas aspiraciones más modestas: que al menos alguien lo lea. Por ello, cuando incluso este objetivo de compromiso se enfrenta a dificultades imprevistas, la tensión rompe por donde puede. Poco puede hacerse salvo clamar contra los hados, pero es eso o reventar.

Y para que veáis que no hay mal rollo de ningún tipo, aqúi tenéis un enlace a la última columna, aparecida anteayer (creo) en Scifiworld. Estos días han sido de lo más… complicados, así que no no pude mencionarla en cuanto subió. Versa sobre “Transmetropolitan” una grandísima serie de cómics obra de Warren Ellis y Darick Robertson. Siguiendo con el tema de la entrada, el protagonista, Spider Jerusalem, es un periodista gonzo que mantiene una relación muy particular con la escritura (una especie de atracción-repulsión que la convierte en un arma incontrolable en sus manos). Poco puedo añadir ahora respecto a lo que allí comento, sólo que estoy convencido de que daría para una película (mejor una trilogía ahora que están de moda) magnífica. Aunque claro, sólo si alguien pusiera bastante pasta detrás de un proyecto de altísimo riesgo y contratara a Edward Norton como protagonista.

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~ por Sergio en junio 27, 2008.

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