Días extraños

Es triste reciclar, pero más triste es no postear… además, el título viene que ni pintado.

Pues sí, van a ser unos días un tanto extraños, así que habrá que ver cómo y cuándo se puede ir actualizando el blog. Claro que si no hay caza siempre se puede echar mano de la carroña. Tengo por ahí un blog difunto (del que no me molestaré siquiera en poner enlace) que puede ser saqueado para “rescatar” entradas y darles una segunda oportunidad. Que la aprovechen mejor que la primera ya es otro cantar. Y sin más preliminares…

Hoy toca película, “Días extraños” (Strange days, 1995), dirigida por Kathryn Bigelow.

Ciencia ficción en la más pura línea dickiana que, de forma harto inexplicable, sigue siendo feudo exclusivo de unos pocos entusiastas, sin que haya conquistado el estatus de película de culto que otras cintas obtienen con menos méritos. Tal vez se deba a que se trata de una ciencia ficción “próxima”, con su clímax desarrollándose en la nochevieja del año 1999. Pese a ello, podemos perfectamente imaginarnos que todo sucede en vísperas del 2010 y asunto arreglado (el año no es relevante, siempre podemos imaginarla en un futuro cercano).

El desencadenante de los acontecimientos, y lo que le confiere su interés como película de ciencia ficción, es el SQUID, un sistema para grabar y reproducir sensaciones (visuales, olfativas, sonoras, táctiles y gustativas). En esencia, consiste en un procedimiento por el que el usuario se mete en la piel de otra persona y vive experiencias por mediación suya (un precedente podemos encontrarlo en “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, con películas, eróticas, por supuesto, que pueden “sentirse”). El protagonista, Lenny Nero (Ralph Fiennes), es un ex-policia, un típico perdedor que trafica con grabaciones extremas (que no impliquen la muerte del “molde”). Cierto día recibe de forma anónima un disco que contiene, desde la perspectiva del agresor, la violación y asesinato de una amiga. La búsqueda del culpable le lleva a destapar un caso de corrupción cuya divulgación podría tener resultados catastróficos, pues implica el asesinato de un rapero con fuerte ascendencia sobre la comunidad negra de Los Angeles (la idea proviene de los disturbios raciales que se desencadenaron a raíz del apaleamiento por la policia de Rodney King en 1991).

Kathryn Bigelow es una magnífica, aunque poco prolífica directora cuya película más famosa es “Le llamaban Bodhi” (1991). Por desgracia, sus películas no suelen funcionar en taquilla (para muestra, “K-19: the Widowmaker”, una supreproducción con Harrison Ford como capitán de un submarino nuclear ruso condenado, que apenas recaudó 60 millones de dólares en todo el mundo frente a un presupuesto de 100, sin contar publicidad). “Días extraños” no es una excepción. Presupuestada en 42 millones apenas recuperó 8 en su distribución americana, y eso pese a contar con un Ralph Fiennes justo entre “La lista de Schindler” y “El paciente inglés”.

Del resto del reparto destacan Angela Bassett, como miembro de la antigua pandilla de Lenny, que ahora trabaja como conductora/guardaespaldas; Tom Sizemore, antiguo compañero y “amigo”, un tanto raro; y, especialmente, Michael Wincott, en otro de sus memorables papeles de malo (justo al año siguiente de “El cuervo”). El guión es obra del ex-marido de Bigelow, el rey del mundo en persona, James Cameron (su único otro guión cinematográfico no dirigido en persona fue el de “Rambo”). Cameron también trabajó en la edición de las escenas de acción, aunque su labor no fue reconocida por el sindicato de editores americano. Para acabar con la parte técnica, sólo me resta hacer mención de la “extraña” pero eficaz banda sonora, obra de Peter Gabriel y Graeme Revell.

A destacar, las escenas en primera persona (se construyó una cámara especial para poder imitar los movimientos oculares), que nunca antes ni después han sido tan complejas en su ejecución, y el espectacular clímax en plena celebración de fin de año (una auténtica obra maestra, tanto desde un punto de vista dinámico como estético). En contra, tal vez un ritmo un poco inconstante y una duración excesiva (145 minutos), así como la relación bastante anodina entre Lenny y su ex-novia (Juliette Lewis).

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~ por Sergio en junio 7, 2008.

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