El rebaño ciego

Aunque existe una clara inclinación a dedicar este blog al análisis de obras de género fantástico escritas originalmente en castellano, de vez en cuando es obligatorio emplear una entrada para recomendar fervientemente alguna novela extranjera particularmente meritoria. Tal es el caso que nos ocupa, aprovechando la publicación de una reseña un poco más tradicional en Scifiworld.

“Rebaño ciego”, del escritor británico John Brunner, no sólo se merece esta distinción, sino que la reclama a gritos. Existen buenas novelas de ciencia ficción y buenas novelas, y en ocasiones la excelencia se muestra en grado superlativo en ambos aspectos. “Rebaño ciego”, al igual que su predecesora en el tiempo, “Todos sobre Zanzíbar“, no es sólo una extraordinaria visión anticipativa (profetizando un futuro que ya es presente), sino también es una pedazo obra literaria capaz de enfrentarse en duelo con cualquier otra (dejándole escoger las armas) y vencer. Si deseáis conocer algo más de la trama, acudid a la reseña en Scifiworld, pues aquí me limitaré a entonar alabanzas.

La novela nos presenta la trama fragmentada en decenas de puntos de vista que, a modo de diapositivas ordenadas cronológicamente, van pintando un escenario y bosquejando un destino que se antoja cada vez más inevitable. En ese sentido, Brunner es muy poco condescendiente con el lector, que se ve obligado a construir la línea dramática a partir de estas fugaces viñetas, conociendo, por ejemplo, los resultados de una acción concreta por las referencias vagas que se aportan en otra línea argumental, con otros personajes, ubicada quizás un mes en el futuro y a centenares de kilómetros de distancia. Pese a lo (aparentemente) desestructurado de la propuesta, todo acaba interrelacionando, como el gran ecosistema que en el fondo representa. Si hay un mensaje subyacente a la alarma medioambiental es ése, que todo está interconectado, que cualquier acción provoca una reacción y que nadie puede excluirse, pues esa inacción también tiene consecuencias.

Rebaño ciego, Brunner

La escritura es un poco menos experimental que con la también extraordinaria “Todos sobre Zanzíbar” (donde lleva la idea de la narración multifacetada hasta sus últimas consecuencias), pero “Rebaño ciego” es superior por cuanto, pese a los treinta y seis años que han pasado desde su escritura, sigue siendo terriblemente actual (incluso puede serlo más ahora que en los setenta). Sus protagonistas son seres humanos, con esperanzas, miedos y razones para actuar según esquemas que nos pueden parecer meritorios o reprobables, pero siempre justificados e incluso, en última instancia, justificables (el único que se escapa a esto es el presidente de los EE.UU., un pelele caricaturesco, unidimensional, que recuerda poderosamente al actual gobernante… ahí queda eso por lo que respecta a la capacidad premonitoria).

“Rebaño ciego” es una historia descarnada, un relato apocalíptico tan fascinante como un accidente automovilístico. Sabes que va a ocurrir algo terrible, pero tus ojos no pueden apartarse ni un momento de la escena que avanza inexorable hacia su conclusión lógica.

Sirva la recomendación además para apoyar la reciente edición de esta obra por parte del Grupo Editorial AJEC y animar a que nos llegue algo más de la producción de Brunner (¡más de 50 novelas!, de las que apenas hemos visto unas pocas editadas por estos lares).

Tan sólo me resulta un poco discordante el texto incluido en la misma de James John Bell, activista ecologista. Y no me gusta porque, desde mi punto de vista, hace propias todas las actitudes negativas de los trainitas (los ecologistas radicales de la novela) y acepta tácitamente el mensaje de que el fin justifica todos los medios.

Pues no, no es así. Austin Train explica las acciones violentas de sus seguidores apócrifos como una consecuencia inevitable, un axioma del principio de acción y reacción. En realidad, la lectura que se puede extraer de la novela es que Train, el héroe, es tan responsable de lo que ocurre como los agentes económicos contaminadores, pues se retrae, renuncia al liderazgo y lo deja en manos de los exaltados. Y si hay algo que me dé tanta rabia como quienes hacen oídos sordos a los razonamientos científicos para justificar su propia codicia, son los que los enarbolan con descuido y falta de rigor para justificar sus propios valores preconcebidos. No son sino dos caras de la misma moneda…. y leyendo “Rebaño ciego” sólo cabe rezar para que cuando la arrojemos caiga de canto. No parece haber otra salida.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en junio 2, 2008.

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