3 días, el apocalipsis a la española

Acaba de estrenarse el primer largometraje de Javier Gutiérrez, un director que promete mucho; entre otras cosas, promete intentar sacar al cine español del páramo de las comedias de sal gruesa y los dramas sobre la guerra civil, lo cual no es poco. ¿Conseguirá asentarse? Difícil es vaticinarlo, y aún más complicado resulta aventurar si podrá desarrollar su carrera en España o tendrá que emigrar como Fresnadillo para encontrar pastos más verdes. Desde luego, el que se ruede en Andalucia (o en cualquir otra región, vamos, pero “3 días” se ha rodado en el sur) una peli sobre los tres últimos días de una familia rural antes de la extinción de la raza humana por la caída de un meteorito, es un hecho insólito… que por desgracia no parece estar cosechando muy buenos resultados comerciales.

La producción viene a cargo de Green Moon, una empresa fundada en 2001 por varios socios entre los que destaca Antonio Banderas, con la intendión de promover largometrajes rodados en Andalucia con una proyección decididamente comercial. La cosa no ha ido demasiado bien por ahora, con el batacazo de “El camino de los ingleses”, la segunda cinta dirigida por el propio Banderas, que con un presupuesto de 7 millones y medio de euros sólo consiguió sacar 1,3 en la taquilla española.  Seguirá con un par de cintas de animación y, para el 2010 al menos, “Boabdil de Granada”, que también dirigirá Banderas (¡Vaya lío con aquella miniserie protagonizada por Manuel Banderas!). Pero bueno, centrémonos.

“3 días” ha sido producida en asociación con Maestranza Films y ha contado con un presupuesto bastante ajustado: 2 millones de euros (la media nacional se sitúa un poco por encima de los 3; cifra un poco inflada por mamuts del tipo “Alatriste” o “El laberinto del fauno”). Al parecer el guión (de Juan Velarde) lo escogió el propio director a partir de unos pocos que habían superado un proceso de selección, y trabajó en él a continuación para hacerlo propio. La premisa es simple e impactante: un meteorito se dirige hacia la Tierra y no puede hacerse nada para evitar el impacto. Tras varias intentonas futiles, los gobiernos anuncian el fin del mundo con 82 horas de antelación. ¿Cómo reaccionar ante una noticia como ésta? El protagonista no lo hace. Su vida es, hablando claro, una mierda y no parece particularmente afectado porque un cacho piedra vaya a ahorrarle la molestia de hacer algo al respecto. Su madre, sin embargo, tiene otras preocupaciones. En medio del caos desatado quizás haya escapado de prisión el Soro, un psicópata que veinte años atrás dejó un rastro sangriento a costa de los niños del pueblo. Está convencida de que el Soro buscará satisfacer durante esos tres días de gracia sus ansias de venganza, y hará lo que haga falta para defender a sus nietos (hijos de su primogénito, el hermano del prota, responsable en su momento de la captura del Soro), que están solos e incomunicados en una masia en medio del páramo.

“3 días” es una película apocalíptica distinta. Para empezar, lo escueto del presupuesto no permite grandes alardes del estilo de escenas de histeria colectiva, ciudades en llamas o tomas espaciales a tutiplén (alguna hay). En vez de ello, los responsables se centran en un diminuto microcosmos, una aldea andaluza en algún momento de los años 80, y después lo restringen aún más, hasta abarcar apenas a siete personajes. Este ardid, por sí solo, no hubiera funcionado. Si nos anuncian el fin del mundo, queremos verlo en toda su magnificencia. Sin embargo, en vez de seguir la senda de la típica película de catástrofes, la del pequeño grupo en busca de su improbable salvación, o la del cine apocalíptico reciente: un comando embarcado en una misión desesperada por conjurar en el último momento el peligro, “3 días” parte de la premisa de que la caída del meteorito es ineludible. No hay salvación. Todos van (vamos) a morir sí o sí. Y entonces arroja a la mezcla la típica subtrama de los inocentes acosados por un asesino despiadado.

Y antes de entrar en los aciertos, vayan por delante los errores. Para empezar, la película defrauda en su retrato de una sociedad enfrentada a la aniquilación. Las reacciones de casi todo el mundo son demasiado frías. Quitando de los protagonistas, los vecinos del pueblo parecen más confundidos que desesperados, como si nadie fuera capaz de entender cabalmente la noticia, actuando a golpe de estereotipo (rezos en la iglesia, migración masiva hacia ningún lugar, algo de saqueo…) pero sin tensión. Los únicos que parecen reaccionar humanamente son aquellos que de un modo u otro se relacionan con la trama principal, pero incluso a sus escenas les falta emotividad. Toda la conmoción la vemos por la tele (en blanco y negro), o transcurre fuera de plano (entre viaje y viaje al pueblo, éste va mostrando los efectos de un presunto pillaje). Se trataba de un aspecto que era crucial retratar con acierto. Quizás pueda achacarse en parte esta carencia a las estrecheces prespuestarias, pero tengo la impresión de que el guión y la dirección cargan también con su parte de culpa. De igual modo, el guión resulta un tanto confuso en determinados pasajes, como si hubiera escenas escamoteadas. A y C no conectan sin B. ¿La razón de la falta de B? Una vez más se trata de un impresión personal antes que de una certeza, pero de tener que aventurar una suposición, diría que estas Bs han sido víctimas de una edición que buscaba ajustar antes el ritmo que pulir la historia.

Todo lo precendente, sin embargo, no echa a perder la película, que sigue siendo tremendamente interesante. En especial por la pregunta abierta que plantea: ¿Cómo te comportarías sabiendo que vas a morir en tres días? ¿Qué te preocuparía y qué dejaría de preocuparte? ¿Vale la pena luchar por nada? Entrando de lleno en el terreno de la pedantería, asistimos a la resolución del dilema ético del protagonista, cuyas acciones deben juzgarse a la luz del conocimiento de la muerte segura. No hay pues consecuencias, ni condicionantes extrenos. ¿Qué lo mueve a obrar como lo hace? ¿El sentido del deber para con su madre? ¿Algún atavismo natural preocupado por la preservación de la dotación genética (tío y sobrino comparten el 25% de los genes)? ¿Un imperativo categórico? Sea lo que sea, desde luego, el Soro no se ve afectado por ello.

¿Qué tiene de especial la subtrama del psicópata? Más o menos lo mismo que ya ha sido explicado. En realidad, el resultado no importa, pues todos van a morir. No hay esperanza ni futuro. ¿Por qué deberíamos empatizar como espectadores con una panda de cadávares que aún no han muerto? ¿Qué más da morir en el Armagedón o en el Armagedón – 1 día? ¿Deberíamos alegrarnos porque “triunfe el bien”? No hay triunfo. Todos los esfuerzos y penalidades son estériles. De nuevo, si tenemos que encontrar una justificación a nuestras predilecciones, ésta debe ser autoincluida en las premisas de partida. Todo, en el fondo, deviene en una cuestión de ética reducida a su más pura expresión, sin ningún condicionante externo. ¿Actúa el protagonista bien o mal? ¿Tiene sentido preguntarlo? ¿Cómo obraríamos nosotros en esas mismas circunstancias?

“3 días” es lo bastante honrada como para no arrojarnos estas preguntas a las cara. Están ahí, que cada cual saque sus propias conclusiones (tan sólo cabe lamentar la pequeña redención final; una especie de recompensa que se inmiscuye en la pureza del dilema ético). E incluso si no estamos de humor para calentarnos la cabeza, la historia es lo bastante atrayente para justificar por sí sola el precio de admisión a la sala de cine.

Por desgracia, da la impresión de que “3 días” va a sufrir el destino de casi todas las películas españolas (las que se lo merecen y las que no). En Valencia la proyectan en tres salas y la promoción está siendo casi inapreciable (uno de los grandes problemas del cine patrio). Con un poco de suerte, alguna productora yanqui comprará los derechos del remake y eso cuadrará las cuentas, pero tal destino hará poco por darle un empujoncito al cine de género y con proyección comercial. Tal vez hubiera hecho falta algo más de presupuesto para terminar de lucir el producto, pero ¿quién hubiera estado dispuesto a cubrir la apuesta? En cualquier caso, incluso en el terreno del quiero-y-no-puedo-del-todo, “3 días” es un producto que vale la pena catar en el pantalla grande.

~ por Sergio en mayo 3, 2008.

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