En 10.000 ya avisan que es prehistoria

Al menos no se puede decir que no vayan con la verdad por delante. “10,000 B.C.”, la última película de Roland Emmerich, prometía mucho (al menos a quienes la visión de una manada de mamuts en estampida nos parece poesía en movimiento), aunque al final se quede en eso: dos o tres escenas espectaculares colgadas precariamente de un argumento fino como un pelo de elefante lanudo).

“10.000” (en España se ha optado por eliminar el “a.C.”, quitando todo su poco sentido al título) es una muestra más de que, con suficiente dinero y solvencia técnica, ya no hay nada que no pueda recrearse en la pantalla de un cine. Todas las escenas con mamuts son soberbias, por supuesto, pero tampoco hay que desdeñar el ataque de las aves gigantes o diversas panorámicas de los logros de la gran civilización esclavista (con reminiscencias egipcias). El problema surge cuando los responsables pretenden ir de la escena A a la B… y fracasan miserablemente en el intento.

Aquí se hace evidente lo de que se trata de un relato ambientado en la pre-historia, porque el guión no es más sólido que un esbozo preliminar, un buen punto de partida para trabajar sobre él durante un par de meses y terminar de dar forma, y sobre todo voz, a las aventuras de D`leh y compañía. En pocas palabras, la tribu del prota susbsiste gracias a la caza estacional de mamuts y se encuentra en una situación delicada porque las visitas de éstos son cada vez más esporádicas por culpa (se presupone) de un cambio climático. Como las desgracias nunca vienen solas, son invadidos por una horda a caballo, dando lugar a la consabida escena de ataque-al-poblado(Tm). A los invasores sólo se les ocurre raptar a la chica del prota, lo cual le obliga a patearse medio mundo para ir tras ella. Por el camino hace muchos amiguitos, todos ellos puteados en mayor o menor medida por los malos, que se le unen para derrocar a los opresores. Sólo queda añadir a la mezcla dos arquetipos: el del elegido y el del héroe reluctante, y ya tenemos “10.000 B.C.”.

Como puede constatarse, es un desarrollo clásico (o tópico, según se prefiera) como pocos. No tenemos nada en contra de los buenos y viejos esquemas -después de todo han funcionado muy bien desde hace miles de años- pero, por favor, hay que trabajarlos un poquito más, que de vez en cuando alguna sorpresita estaría bien y además hay momentos de chiste; como cada vez que alguien abre la boca. Porque si el guión argumental es mediocre a lo sumo, los diálogos suponen un delito contra el arte dramático y el sentido común. Las arengas de D´leh no convencerían a un niño de siete años y las actitudes anacrónicas (y atópicas y a-lo-que-sea) menudean, hasta el punto que si el director hubiera deseado escoger cualquier otra ambientación en cualquier otra época, no habría tenido que realizar apenas cambios para que todo encajara igual de bien (o de mal). ¿Para qué preocuparse por buscar un contexto atractivo si después no vas a explotarlo? Tampoco había que llegar a los extremos de “En busca del fuego”, pero de ahí a hacer emplear a los primitivos cazadores de mamuts un vocabulario que ya lo quisiera para sí cualquier de nuestros políticos va un abismo.

Terminando con los aspectos negativos, hay toda una sección que me recordó poderosamente a “La gran odisea de Asterix”, en el fragmento ése en que los galos van por el desierto y no hacen más que tropezarse con todas las tribus habidas y por haber (en este punto, además, es cuando se dan las conversaciones más patéticas). Por añadidura, el conjunto tiene un tufillo racista que me sorprende que no haya saltado (por lo que sé) a la palestra. Todas las tribus con que se encuentra son de raza negra y, al contrario que los de la tribu de D`leh (bastante “normales” en apariencia) lucen todo tipo de parafernalia africana (cicatrices, piercings de hueso, indumentaria exótica). Se supone que ya están en el neolítico, pero su apariencia y actitud es más “salvaje” que los paleolíticos cazadores de mamuts. Estereotípico como poco. Si añadimos a ello que sólo esperan la llegada del gran líder blanco para que los una y les lleve a combatir al enemigo… en fin.

Pese a todo, la película puede disfrutarse (sin estridencias) como simple escapismo. Emmerich tiene buena mano para la acción y para los efectos especiales y logra generar las adecuadas dosis de tensión en escenas como la del ataque de las aves carnívoras (claro que palidecen en comparación con esfuerzos similares de Steven Spielberg o Peter Jackson). Además, toda la aventura tiene un airecillo pulp muy gratificante. Es una pena que los productores decidieran cargar las tintas sobre la faceta “histórica”, queriendo presentarnos la epopeya como algo que pudo acontecer en nuestro pasado, en vez de abrazar por completo el enfoque howardiano en que se inspira. La identificación de los protoegipcios con la Atlántida, que mencionada de pasada queda hasta ridícula, hubiera podido darle un pequeño plus de personalidad a la película. Claro que el género histórico tiene mucha mejor consideración que la fantasía, así que se pasa de puntillas por toda una serie de detalles que apuntan hacia una ambientación mucho más ambiciosa (como la naturaleza no-humana de los líderes esclavistas).

Aunque quizás me equivoque y no haya sido la fobia hacia la fantasía lo que ha retenido la mano del director-guionista, sino que podría ser un caso de vértigo a la complejidad. Tal vez pensaron que el público lo último que querría sería una historia elaborada, que con mucha acción y espectaculares panorámicas digitales basta y sobra para satisfacer sus exigencias. Quizá tengan razón. Después de todo ha funcionado a la perfección en muchos bodrios recientes. La única diferencia estriba, tal vez, en que éstos pretendían ser complejos a base de mucha palabrería sin sentido. Emmerich es un poco más honrado. Ofrece aventurillas para pasar el rato e impacto visual. A veces le sale mejor (“El día de mañana”), a veces peor (ésta que nos ocupa). Ya veremos en qué categoría cae la del año que viene.

PD: Obvio las evidentes barrabasadas científico-históricas porque considero ridículo prestarles atención en una historia como ésta, que ni se apoya, ni pretende apoyarse en ellas. Quizás sobraba lo de la revolución neolítica (que no aporta gran cosa) y, a fuer de ser pejigueros podría decirse que Vega fue la estrella polar en el 12.000 a.C. y no en el 10.000 a.C. Pero qué caramba, quien entra a ver una peli de Emmerich ya sabe lo que le espera.

~ por Sergio en abril 9, 2008.

4 comentarios to “En 10.000 ya avisan que es prehistoria”

  1. Lástima que algunos productores de cine desestimen la esencia de la historia por exaltar las bondades de la fotografía y de los efectos especiales.

  2. Supongo que la diferencia estriba en poder empezar a rodar la película con una preproducción de unas pocas semanas o embarcarse en un proceso de varios meses (incluso años). También hay que tener en cuenta que para poner en marcha un proyecto de esta embergadura siempre hay cuarenta manos tirando en direcciones divergentes.

    Claro que mientras les funcione…

  3. QUE FUE EL DINERO EN LA PERHISTORIA

  4. quiero saber cuando va a terminar

    esk me dejaron una tarea y quiero saber

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