El contrincante (o la importancia de apellidarse Smith)

Recientemente me he pegado un pequeño atracón de literatura fantástica española, y ya va siendo hora de que las respectivas críticas vayan viendo la luz en el blog. Para empezar, una novela de terror, aunque casi sigue más las convenciones del best-seller terrorrífico (a lo King o Koontz) que las de el horror puro y duro (sea eso lo que sea). Como se comprobará, con esto no se aleja demasiado de lo que podría considerarse la característica predominante de mis lecturas recientes, aunque los resultados (tanto a nivel de interés como comerciales) hayan sido muy diversos.

En pocas palabras, “El contrincante”, de Elia Barceló, publicada por Minotauro en su colección Hades en 2004, nos narra la historia de un actor de cierta fama a quien un día, sin venir a cuento, abandona su pareja. Este golpe lo deja aturdido, incapaz de reaccionar por todo un año, hasta que reúne las fuerzas necesarias para afrontar el hecho y tratar de recuperar a su chica. Descubrimos entonces que no todo ha sido tan inexplicable como pretendía, que se habían producido una serie de episodios extraños que podrían apuntar hacia la implicación de algún tipo de secta satánica. Cuando por fin decide lanzarse con todas a recuperarla, más y más detalles sobrenaturales van aflorando, desembocando la trama en la segunda parte de la novela, que acontece en un pueblo abandonado (como tantos que hay por toda la geografía española) donde al parecer se escenificará un nuevo round en el eterno combate entre Dios y su contrincante, en el que el protagonista tendrá un papel destacado.

Como vemos, no hay nada excesivamente novedoso. Incluso la reflexión teológica (que la propia autora gusta de resaltar) no es excesivamente profunda y, lo que es peor, nos la destripa la propia promoción del libro, tanto en su frase gancho como en la sinopsis de contraportada. Eso no se hace. Vale que se trata de atraer a los lectores, pero es como utilizar las mejores escenas de una película de acción o los mejores chistes de una de humor en un trailer, luego te quedas insatisfecho porque esperabas más. Y todo por intentar camelarse a unos compradores distintos a aquellos para los que se ideó la colección. Ya habrá tiempo de explayarme sobre este particular. Pasemos a las cuestiones positivas.

El contrincante Barceló

Lo mejor de la novela es el estilo, directo, fluido, envolvente, capaz de arrastrarnos desde una gran ciudad hasta unas ruinas pobladas por unos extravagantes satanistas, con las misma precisión literaria y sin que decaiga el interés. También unos personajes capaces de trascender el tópico de donde han sido modelados para alcanzar a nuestros ojos una identidad propia. Tengo la impresión de que esto lo logra a través de unos diálogos muy acertados, que definen a la perfección a quienes los pronuncian, sin necesidad de excesivas injerencias del narrador para terminar de delinearlos. Son personajes que conocemos de multitud de novelas y películas, aunque casi siempre con otros nombres. Nombres como Richard o Samantha o George o Kirsten… Viviendo en Nueva York o en Maine. Unos nombres mucho más “familiares”; al menos para los editores deben serlo, porque si no a ver cómo se explica que “El contrincante” tuviera que pasarse doce años en un cajón hasta encontrar salida y que, una vez hallada, resultara tan inadecuada.

Porque, seamos sinceros, como parte de una colección naciente dedicada al terror, lanzada por una editorial especialazada en el fantástico, no encaja. Aquí hay un doble error. Por un lado, Minotauro se equivoca tratando de subirse al carro del thriller sobrenatural, una decisión que no le sirve para acceder a ese (reconozcámoslo) vasto mercado porque los compradores huyen de algo como Hades, y que espanta a su público habitual, que suele buscar otra cosa en su literatura de terror. También es malo para “El contrincante”, que no alcanza el sector de lectores que de verdad disfrutarían con la novela y se ve en la tesitura de ser juzgada bajo unos parámetros que no son los apropiados. Todos pierden.

Ante esta situación surgen dudas en torno a por qué se ha desembocado en esta situación; por qué Elia Barceló no encontró una salida más apropiada; por qué Minotauro no se decantó por una obra de terror de verdad; por qué los compradores potenciales (que son legión) no fueron capaces de mirar más allá de la colección y descubrir un libro que, escrito por algún anglosajón y bien promocionado en una colección no de género hubiera podido ser un bombazo (quizás carezca de la superficialidad absoluta del típico best-seller, pero no se aparta tanto de sus esquemas como para espantar al lector habitual). Supongo que la respuesta a todas estas preguntas es “percepción”.

Elia Barceló, como autora española, sólo encontró salida a su libro cuando ya era una escritora de amplia trayectoria (más de diez novelas). En el prólogo de “El contrincante” se quejaba de que no había manera cuando la escribió de encontrarle salida. De repetirse la situación hoy en día hubiera pasado lo mismo. No ha cambiado el mercado, ha cambiado la percepción que éste tiene de la obra de Barceló. A lo largo de los años ha conseguido labrarse un prestigio que la hace “publicable”. Me da que la misma novela, exactamente la misma, presentada por un desconocido jamás hubiera llegado a salir en Hades. La cuestión es que, fuera del reducido circuito fantástico, la percepción sigue hasta cierto punto en su contra (es española y no importa cuántos libros haya podido sacar en guettos como la ciencia ficción o la fantasía). Lleva ya varias novelas en editoriales generalistas, pero no las suficientes para lanzar un libro como “El contrincante”, que por sus características plantea la necesidad de realizar una apuesta muy fuerte en promoción. También es cierto que a lo mejor hubiera tenido más suerte haciendo que, por ejemplo, uno de los personajes apellidado García fuera un Smith, o situando la ciudad abandonada en plenos Apeninos, o en medio de la Selva Negra. No serían retoques tan eficaces como cambiarse el nombre a Elly Liverpool o algo por el estilo, pero seguro que algo hubieran logrado.

Queda el asunto de Minotauro, que trataba de cambiar la percepción que el público tenía de ellos, sin atreverse a cambiar más que de forma superficial sus planteamientos. Evidentemente, con un intento tan tibio no se consigue nada (al parecer, han tenido más éxito con “Gothika”, con la que han abrazado por completo la comercialidad, espantando a los lectores de toda la vida y erosionando el prestigio del premio Minotauro… pero no se puede tener todo).

~ por Sergio en marzo 17, 2008.

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