La soledad de la pesadumbre

En el 2002 la por entonces pujante Ediciones Robel (responsable de la última andadura española de la Asimov’s Science Fiction o de la reedición de la saga del Orden Estelar de Torres Quesada, por ejemplo) sacó adelante una colección, Doble, bajo un concepto muy novedoso. Se trataba de publicar en un solo volumen dos novelas cortas de probada valía (modelo del que también se apropiaría Pulp Ediciones para su colección Double).

El caso es que el segundo volumen, de los cinco que se llegarían a publicar, fue el único que se dedicó a escritores españoles. Por supuesto, tirando hacia lo “seguro”, con dos autores de probada solvencia: Domingo Santos y Rodolfo Martínez (Domingo Santos era también el director de la colección, lo cual huele un poco mal hasta que descubres que la decisión se impuso desde arriba… aunque no deja de ser sintomático de lo minúsculo del mercado que se tuviera que recurrir a ello para que la novela corta, nada menos que de uno de los principales nombres de la ciencia ficcición española, llegara a verse publicada).

Da la casualidad que no son dos autores que tenga muy leídos; de Domingo Santos, sólo conocía un cuento largo, “En la ciudad” aparecido en un Nueva Dimensión glorioso, junto con nada menos que “Los reyes de la arena” de George R. Martin y “La persistencia de la visión” de John Varley… todo un atrevimiento salir a la palestra en tamaña compañía; mientras que con Rodolfo Martínez mi experiencia previa se reducía a “Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos” y al cuento que le publicamos en el Rescepto Especial Hispacón. Así pues, se me antojó un buen modo de empezar a corregir esta carencia mía.

Antes de entrar en materia (literaria), tengo que comentar que es una pena haber perdido a Robel como editorial, pues el volumen, quitando que no me acabe de gustar el formato, es casi impecable en su acabado (apenas un par de erratas, pero sólo me doy cuenta porque a estas alturas ya me saltan a los ojos). Por no hablar de la gran labor que realizaba con la encarnación española de la Asimov. ¿Quién hubiera imaginado cuando anunció que cesaba de publicarla que pronto la seguirían el resto de revistas? Quizás sea exagerado identificar el inicio del bache en que nos encontramos con su desaparición, pero, desde luego, resultó una de las señales más significativas de que algo se estaba torciendo.

La soledad de la máquina / Territorio de pesadumbre

Pasando ya al contenido, el primer texto es el de Domingo Santos y se titula “La soledad de la máquina”. Se trata de una narración de corte ultraclásico, acerca de las tribulaciones de una potente inteligencia artificial que supervisa una viaje de colonización a un lejano sistema estelar, siendo responsable de la vida de dos mil seres humanos mantenidos en animación suspendida. Como el mismo título adelanta, el problema con que se encuentra es que se le hace difícil soportar la terrible soledad del viaje, y para sobrellevarla sus circuitos lógicos están dispuestos a llegar a cualquier extremo.

Se trata de una historia muy correcta, con perfecto ritmo narrativo y un estilo simple pero adecuado. Pese a contar con sólo tres personajes, va desgranándose con suavidad, resultando en cierto momento un poco apresurada quizás, pero muy efectiva a grandes rasgos. El problema que se me plantea es precisamente su excesivo clasicismo. La encuentro un poco alejada de las corrientes actuales. El ciberpunk usó y abusó de modelos similares y todo ese bagaje deja una huella… que no se aprecia por ningún lado en “La soledad de la máquina”. No quiero decir que hubiera debido seguir sus postulados, sino que se antoja extraño leer acerca de estos temas con un sabor tan… en fin, clásico. Los razonamientos de la inteligencia artificial  son demasiado humanos, la tecnología empleada (como con unas cámaras de seguridad) ya es obsoleta hoy en día (y ya lo era cuando se publicó) y, en general, se aprecia una tendencia a ir directamente al meollo de la cuestión (la soledad del ordenador), aunque para ello hiciera falta simplificar todo lo demás. Es, en resumen, una ciencia ficción que en el contexto presente resulta demasiado poco científica para revestir las formas del hard como lo hace (máxime, después de haber leído “El estruendo del silencio” en el volumen “Gel Azul” de Bernardo Fernández, una obra que trata temas extraordinariamente similares).

Al final tiene una oportunidad de redimirse por completo, pero no acaba de completar el giro, explorando a fondo las ramificaciones que se suscitan, por lo que deja la sensación de terminar justo cuando empezaban a explorarse las cuestiones de mayor interés, quedándose en algo muy parecido a una de las resoluciones más tópicas de la literatura universal. Una pena, porque había mimbres para reconstruir a partir de ahí algo verdaderamente sugestivo.

Así pues, tenemos una historia correcta pero sin un interés ulterior al mero disfrute de la narración (que no es poco). Se abusa mucho del concepto de “sentido de la maravilla”, pero si algún relato necesita suscitarlo es precisamente el de una nave colonizadora interestelar con un superordenador de precaria estabilidad emocional al cargo de dos mil almas… y por desgracia éste se encuentra ausente.

Tampoco “Territorio de pesadumbre” tiene un inicio muy prometedor, y por unas razones muy similares. Leyendo las primeras páginas se tiene la sensación de que algo muy parecido ya lo has catado antes, aunque en aquel otro libro los Argicidas se llamaban Atreides y el mundo era desierto de por sí, no por culpa de ninguna catástrofe ecológica. Quitando de pequeños detalles, van apareciendo los Leto, Paul, Duncan, Vladimir, Feyd-Rautha… con otros nombres y un equilibrio de poder diferente, pero bastante reconocibles (en paridad, hay que reconocer que todos ellos son arquetipos que trascienden al género, pero todo se coaliga para provocar una persistente sensación de déjà vu).

Por fortuna, cuando todo parece bien encarriladito en una cómoda y conocida senda, la narración da un vuelco casi coperniquiano, lanzándose a explorar un territorio nuevo (aunque no inesperado por completo, a poco que se haya prestado atención al significado del nombre de uno de los personajes principales). He leído en varias críticas por internet que a muchos les choca este giro, hasta el punto de malograr el disfrute de la historia. Mi caso no puede ser más opuesto. Es precisamente lo impredecible y la extrañeza de la mezcla lo que le confiere un sabor especial y logra sacar a la narración de entre las estrechas paredes del tópico/homenaje, confiriéndole un sabor propio (que, casualmente, la acerca a la otra obra de Rodolfo Martínez que tengo en mi haber).

De ahí hasta el final, sólo cabe lamentar una resolución un poco precipitada, que supone una pequeña decepción, a tenor de la escala a la que el autor ha ido encumbrando la narración. Se trata, de todas formas, de un texto que logra escapar de su propia trampa y ofrecer algo novedoso, con cierto toques de ambientación muy interesantes, como la transmisión de memorias (y habilidades) mediante chutes de ARN, y algunos personajes memorables, (literalmente) como Legión.

Un volumen, en definitiva, muy recomendable, y una muestra de que existen salidas para la novela corta (la longitud que lo tiene más crudo, a pesar de contar con tanta tradición dentro de la ciencia ficción) y para el autor español (siempre y cuando tenga una trayectoria importante ya a sus espaldas, que en caso contrario de chungo pasa a tenerlo chunguísimo).

Otras opiniones:

Otras obras de Rodolfo Martínez reseñadas en Rescepto:

Otras obras de Domingo Santos reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en marzo 6, 2008.

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