Rambo vuelve al hogar

Tras arrastrarse durante buena parte de los noventa y todo lo que llevamos de siglo XXI, Sylvester Stallone se reinventa a sí mismo… volviendo a sus orígenes.

Sí, puede sonar un tanto contradictorio, pero ése parece ser el objetivo del doble golpe de “Rocky Balboa” y “John Rambo”. La resurección de los dos iconos sobre los que cimentó su carrera a finales de los 70 y, sobre todo, durante los años 80 no es (sólo) un intento desesperado por reverdecer viejos laureles y sacar una última tajada a los rescoldos de su popularidad de antaño. Sly, a los 62 tacos, ya no es un jovencito que pueda aspirar a exprimir las franquicias durante unos pocos años más (o, para el caso, embarcarse en un tour del recuerdo, sacando “Marion Cobretti”, “Ray Tango” y “John Spartan”). Su futuro profesional debe apuntar en otra dirección… y hay que reconocer que ha sido tan certero como el propio Rambo con sus flechas.

John Rambo

Para valorar en toda su dimensión lo logrado por Stallone hay que prestar atención a la triple labor, como intérprete, guionista y Director, que aborda en ambas películas. No es que esto sea una novedad absoluta. De hecho, ya tuvo que recurrir a tomar la pluma para salir adelante en sus inicios. “Rocky”, la película que dio inicio a todo, cuenta con guión propio (nominado al Oscar), y fue concebida para labrarse un futuro en Hollywood haciéndose con un buen papel… aunque tuviera que escribírselo él mismo. Desde entonces, había metido mano en varios de los guiones de sus películas e incluso había dirigido las tres entregas siguientes de Rocky (junto con “Staying alive”), pero su labor como superestrella del cine de acción se eclipsó estos esfuerzos, abandonando la silla de director en 1985 (con “Rocky IV”).

¿Por qué volver ahora?

Bueno, para empezar, necesitaba un nuevo empujón (después de “Get Carter”, “Driven”, “D-Tox” y “Avenging Angelo” parecía que iba tomando la “ruta Van-Damme”), y qué mejor modo que recurriendo a la vieja fórmula del hágaselo usted mismo (sobre todo porque nadie más iba a confiar en él), pero, sobre todo, para recordar a los productores que una vez existió un director y guionista llamado Sylvester Stallone que era bastante competente en ambos apartados. Si había que aprovechar descaradamente a dos de sus hijos, pues que así fuera. Ambas sagas habían dado mucho dinero a Hollywood, era de recibo que ahora le devolvieran algo a su instigador.

No conocemos de “Rocky Balboa” nada salvo las buenas críticas que ha cosechado (entre profesionales y público) y la pasta que ha recaudado (130 millones de dólares en todo el mundo, frente a un presupuesto de sólo 24). Sí que podemos juzgar “John Rambo” con mayor propiedad, y podemos afirmar que veinte años después de que el musculitos ayudara a los pobres muyahidines afganos contra el ejército invasor (que por entonces, qué cosas, resultaban ser los soviéticos), Stallone ha saltado la brecha del tiempo y nos ha ofrecido una peli de acción ochentera, rodada con medios modernos pero adscrita a la misma desvergonzada ideología reaganista de la violencia es la solución a todos los males… y por muy retrógrado y reprobable que sea el mensaje, la verdad es que teníamos ganas de revivir aquellos maravillosos años en los que Charles Bronson, Chuck Norris, Steven Seagal, Arnold Schwarzenegger o el propio Stallone se dedicaban a impartir “justicia”.

Lo cierto es que no sólo el fondo ideológico proviene de los tiempos de la administración Reagan. También resulta refrescante disfrutar de un trabajo de dirección clásico y efectivo, alejado de toda hueca parafernalia post-Matrix (y de tendencias tan molestas como la maldita cámara bamboleante). Stallone demuestra una mano firme y madura detrás de las cámaras, capaz de contar una historia (sencilla y lineal como pocas) con enorme precisión y efectividad, apoyada en los fundamentos fílmicos de toda la vida (aunque bestia y salvaje como pocas veces se ha visto). El ritmo es perfecto, la dirección de actores adecuada (incluso se contiene para no glorificar en exceso su propio papel) y el montaje ejemplar (sobre todo en las escenas de masacre). ¿Qué importa si hemos visto este mismo desarrollo cincuenta mil veces? “John Rambo” no vende novedad, sino a un veterano del Vietnam haciendo lo que mejor sabe hacer: matar (incluso llegando a congraciarse consigo mismo en este aspecto). Así pues, aunque no vaya a ser una película que pase a los anales del cine, es perfecta en cuanto a que cumple exactamente con lo que promete. Si eres seguidor de la saga, sabes qué vas a encontrarte. Se agradece esa honestidad.

Rambo poster

Por supuesto, podríamos estar discutiendo sobre lo rematadamente facha que es, sobre el modo en que vuelve a convertir a los putos charlies (birmanos en esta ocasión), en estereotipos de lo más deleznable que puede producir la humanidad, en carne de cañón que sólo merece una muerte atroz, sobre el retorno al paternalismo neo-colonialista y superioridad yanquis (¡hasta los mercenarios son en el fondo buenas personas!), sobre el discurso acerca de la inevitabilidad del uso de la fuerza como argumento de supervivencia… pero bueno, eso es Rambo. ¿Esperábamos verlo dirigiendo una ONG? (como, de hecho, han intentado vendérnoslo).  No, como él mismo se dice a sí mismo, tiene que llegar a aceptarse tal cual es. Rambo no mata por su país, o por un amigo, mata porque eso es lo que lo define. Ya lo dijo el coronel Trautman: “Tú lo llamas infierno; él lo llama hogar”.

Rambo ha vuelto al hogar.

¿Y qué nos depara el futuro? Pues se habla de una quinta película de Rambo, aunque todo dependerá del resultado comercial de ésta (el jurado aún está deliberando). Lo que sí está en marcha, y demostrando que la jugada le ha funcionado a Stallone, es una nueva película en la que asumirá el papel de director y guionista: “Poe” (se rumorea que Viggo Mortensen podría encarnar al escritor maldito, lo cual sería un sueño convertido en realidad). ¿Será el principio de una nueva carrera de Sly detrás de las cámaras? El tiempo lo dirá. Cualidades tiene para sacarla adelante.

~ por Sergio en febrero 17, 2008.

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