NO, NO y NO

Harto estoy de escuchar una frasecita que me tiene hasta los mismísimos, así que voy a dejarlo bien claro:

¡¡¡NO ES UNA BUENA ÉPOCA PARA PUBLICAR FANTÁSTICO!!!

Vale, es un descanso soltarlo de una puñetera vez. Veamos ahora por qué.

La opinión más extendida es que hoy en día es más fácil que nunca publicar libros de temática fantástica, que resulta más sencillo llegar a las tiendas con tus historias que hace, digamos, 10 años (no digamos ya 20). ¡Ja! ¡Como si eso por sí solo sirviera de algo!

De acuerdo, se publica un mayor número de títulos, ¿pero cuántos volúmenes?  La inmensa mayoría de estos títulos no alcanzan siquiera las mil unidades (de los cuales un buen puñado acaban en manos del propio autor, o utilizadas como servicio de prensa, o un par de años después en un saldo).  Porque, simple y llanamente, al público se la trae al fresco y los editores no quieren o no pueden arriesgarse (los más dispuestos a ello son, precisamente, los que, aunque quisieran, no podrían aumentar su apuesta).

Un problema añadido. Con la desaparición de las revistas (la cabeza de turco suelen ser en este caso las revistas electrónicas que, ¡oh sorpresa!, tampoco es que anden muy boyantes), las dudas arrojadas sobre la transparencia de muchos certámenes (y la desaparición de alguno que otro) y la balcanización cada vez más exacerbada de ese ente impreciso que se da en llamar fándom, un nuevo autor lo tiene más jodido que nunca para llegar siquiera a ser considerado por una editorial… y aquí diría que incluso con razón en muchas ocasiones, pues éste es un proceso que se retroalimenta, pues la ausencia de otra salida hace que se formen grupúsculos dedicados al intercambio de textos en los que la cercanía fomenta la relajación del espíritu crítico. No hay nada más destructivo que la endogamia, y de eso hay cada vez más en el mundo virtual. Resulta curioso que la facilidad de interconexión no haya llevado a un intercambio de mayor riqueza, sino a una reducción de los horizontes. Destacar en uno de estos islotes no implica a priori nada, y como su proliferación se ha cobrado como víctima los puentes entre el circuito aficionado y el profesional, ambas esferas están ahora aisladas.  Cualquier elemento que en otras épocas se hubiera situado entre ambas y no haya sucumbido es víctima de la polarización, y se le empuja, en la percepción general, hacia uno u otro (y ya sabemos que siempre es más fácil degradar que promocionar).

Resultado: Ninguna de las editoriales más consolidadas ha publicado un solo libro de un nuevo autor en años. Cada una tiene sus propios escritores probados y hace uso de ellos cuando quiere subir la cuota nacional (que no suele ser tampoco la norma; antes es preferible un bodrio extranjero que, por cualquier razón, se haya vendido bien en algún otro lugar). Claro que los “aficionados” tampoco lo ponen fácil, porque en estas circunstancias no es una parte sola la que da la espalda a la otra. Como los autores “del gueto” se tropiezan una y otra vez con una barrera que les impide progresar (recordemos que, en muchas ocasiones, por deméritos propios, pero también se ve atrapada en la misma dinámica gente muy válida), y como no existe (casi) ningún peldaño intermedio que facilite la transición, a la larga cunde el desengaño y con él la indiferencia. Las ventas bajan y los editores encuentran confirmación a sus temores y se reafirman en sus estrategias.

Resultado 2: La capacidad crítica (y autocrítica) está alcanzando un nivel subterráneo (la llegada al mercado literario de quienes han sufrido el despropósito de la ESO también tiene algo que ver). ¿Cómo es posible que haya aspirantes a escritor que consideren normales las faltas de ortografía? ¿Cómo es posible que haya aspirantes a escritor que carezcan de la más elemental base como lectores?… ¡y se vanaglorien de ello! Dado que no hay ninguna criba intermedia (lo poco que queda resulta demasiado exclusivo y, para mayor inri, se ocupa en buena medidad desde arriba, donde también hay guetos, no se crean) el autor potencial se queda atrapado en un circuito con poca autocrítica y totalmente desconectado de los conductos más amplios que le permitirían quizás acceder al feedback y al boca-oreja imprescindibles.

Conclusiones: La desaparición de los cauces semiprofesionales está matando el relevo. Por ahora los cauces profesionales (que en cualquier otro ámbito se considerarían semiprofesionales… pero eso ya es otro problema) están bien atendidos por los autores consolidados. Pero también está pudriéndose el relevo de aficionados, y cuando éstos acaben de dar la espalda por completo al “orden establecido” veremos qué queda (quizás sólo la “Canción de hielo y fuego” de turno).

Por ahora, un vaticinio: las tiradas continuarán reduciéndose, la presencia de autores españoles en las colecciones continuará reduciéndose (a la par que se disparará la autoedición) y quien quiera sobrevivir migrará a géneros afines más o menos alejados del fantástico.

~ por Sergio en febrero 15, 2008.

2 comentarios to “NO, NO y NO”

  1. Un artículo que describe un futuro tan negro como solo puede serlo la auténtica realidad.
    Aunque a los ilusos como yo (y a lo mejor como ustedes), todavía tiene la esperanza de escribir algún libro y verlo publicado.

  2. Es lo último que se pierde (o eso dicen).

    De todas formas, esto no es más que una tendencia. Quizás todo se reconduzca. Quizás haya algún elemento (nuevo o ya presente pero aún poco activo) que permita invertirla.

    Lo importante para ello es reconocer que la situación presente no es ni mucho menos ideal y que algo tiene que cambiar… o muy pronto se pondrá peor.

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