Gel azul

“Gel azul”, del mexicano Bernardo Fernández, ganadora del premio Ignotus 2007 a la mejor novela corta y bastante alabada por los foros de internet. La verdad es que con estos credenciales me esperaba mucho más de ella. Quizás por ello la decepción sea mayor.

Pero vayamos por partes. El número 7 de la colección Vórtice de Parnaso, publicado en octubre de 2006, consta de dos novelas cortas y un minicuento, con una ambientación que guarda cierta conexión (aunque bastante tenue, todo hay que decirlo). “Gel azul”, la obra que da título a la compilación, es un relato ciberpunk de lo más clásico (ya volveremos sobre esto), mientras que la segunda novela corta, “El estruendo del silencio” es una historia más difícil de clasificar, a medio camino entre el postciberpunk y la ciencia ficción clásica, con unos leves toques de hard aderezando el conjunto. Esta obra obtuvo una mención en la edición del 2004 del premio UPC. Por último, tenemos el relato corto “Bajo un cielo ajeno”, que de ciencia ficción sólo tiene el estar ambientado en Marte.

Portada Gel Azul

¿Qué ocurre con “Gel azul” para que mi apreciación sea tan negativa? Bueno, su principal “pecado” es que tal vez hubiera podido resultar interesante… si hubiera sido escrita hace veinte años. Tras un arranque prometedor, con una violación/asesinato ejectuado sin que la víctima se enterara al estar inmersa en un tanque de gel (azul), perdida en un mundo virtual, empiezan a desfilar uno tras otro todos los arquetipos del subgénero: hackers degradados, policias corruptos, trama de novela negra, ambiente decadente, el ciberespacio como un concepto más metafórico que informático… En fin, que salvo el hecho de ambientarse en Ciudad de México, no hay absolutamente nada que podamos tildar de original.

Para mayor inri, la trama detectivesca es torpe. El personaje principal, casi una caricatura de detective privado, va progresando en sus investigaciones a base de puros saltos intuitivos, sin que aparezca el menor esfuerzo por plantear ningún tipo de misterio. Simplemente aparece, reparte un par de sopapos, algún escupitajo y ya está, caso resuelto (más o menos). Y qué caso… ¿Seguro que no había ninguna otra opción más interesante?

Incluso a nivel de estilo deja bastante que desear (y no lo digo por los coloquialismos, que son totalmente necesarios). Se nota que es una obra inmadura que no ha sido lo bastante remozada para su publicación. Así pues, me sorprende sobremanera el que haya sido reconocida con el Ignotus (por muy menor que sea la categoría), sobre todo porque, entre otras novelas cortas, competía con “El estruendo del silencio”… y ahí sí que hay mucho más que rascar.

Empieza de un modo bastante lento y no demasiado prometedor, con capítulos cortos (algunos ultrocortos) que van situándonos en el cuerpo biomecánico de un extraño capitán de navío, al mando de una astronave colonizadora en un viaje de milenios. Poco a poco, su personalidad (y la de la computadora central) va desplegándose ante nuestros ojos, atrapándonos en su relato alienígena y al mismo tiempo cercano. Llegados a cierto punto, saltamos atrás en el tiempo, para asomarnos a la vida del impulsor (y algo más) de la expedición, Konji Cuahutémoc Kobayashi, el hombre más poderoso (o sea, rico) del mundo. También en estos pasajes brilla la narración (quitando de ciertos excesos hiperdramáticos). El incontrolado estilo de “Gel azul” encaja aquí en una estructura más ordenada y con un propósito más definido. La personalidad de Konji, así como la del piloto, van desarrollándose a medida que lo hacen también las dos historias, explicándose mutuamente a través del abismo de siglos y acontecimientos ignotos. Por último, todo este desarrollo cristaliza en una conclusión compleja y satisfactoria, que, pese a no abrir nuevos territorios, sí que explora paisajes mucho más actuales, donde aún es posible encontrar pequeñas joyas que se les han escapado a los rastreadores precedentes.

En definitiva, “El estruendo del silencio” es una obra meritoria que, desde luego, cumple cualquier expectativa que la mención UPC hubiera podido hacer recaer sobre ella. Es también una muestra de cómo se puede escribir ciencia ficción puntera sin renunciar a la propia herencia cultural (aunque caíga un poco en el cliché de la gran megacorporación japonesa). Quizás por razón de la cronología interna “Gel azul” debiera ir primero, pero la principal (la que da título al conjunto) y la que merecía mayor reconocimiento, es ésta. Incluso a nivel estilístico, se nota con ese punto de madurez del que la primera carece. Una narración altamente recomendable.

Por último, por mencionar algo sobre “Bajo un cielo ajeno”, tan sólo merecería el calificativo de superfluo. No aporta nada en absoluto a nuestro conocimiento del mundo que nos describen los dos primeros textos (de hecho, la conexión con ellos no pasa de anecdótica) e incluso su propia entidad como obra independiente de ciencia ficción podría estar en entredicho. ¿Qué sentido tiene emplear un género especulativo para no especular? No le niego su valor como obra literaria pura, pero desentona en este volumen y da la impresión de ser más una excusa para ocupar entre unas cosas y otras una docena de páginas.

Digamos pues que “Gel azul” (el volumen) es una obra de contrastes, con una primera historia (“Gel azul”, la novela corta) por completo prescindible y bastante primeriza, y otra, “El estruendo del silencio”, muy interesante y mucho más pulida. En conjunto, conforman un título aceptable, que además nos abre una ventana hacia una ciencia ficción desconocida por estos lares.

P. S. No quería dejar de mencionar que la portada, por muy atractiva que pudiera resultar en un cómic, no acaba de funcionar como presentación de un libro.

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~ por Sergio en febrero 11, 2008.

2 comentarios to “Gel azul”

  1. ¡¡¡Avisa, hombre. Avisa!!!
    No sé si me leeré este libro alguna vez, pero no me rompas la sorpresa.

    Jejejeje
    Hasta luego”

  2. ¡Pero si no hay spoilers!

    (O, en todo caso, son tan evidentes que a poco que hayas leído no te revelan nada que no puedas llegar a anticipar solo).

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