El crimen de Oxford

El crimen, el de verdad, es estafarnos el dinero de la entrada con este bodrio de película-con-aspiraciones. Desconocemos cómo será la novela del argentino Guillermo Martínez, pero el guión de la película es, simplemente, deleznable. La verdad, hay un par de detalles en la trama que inducen a pensar que quizás, sólo quizás, en el fondo exista un entramado interesante y, hasta cierto punto, novedoso, pero la materialización es de una torpeza tal que resalta los fallos y diluye por completo los aciertos… entre diálogos que darían risa si no fueran tan presuntuosos.

En resumidas cuentas, la peli pretende vendernos un duelo intelectual (del tipo maestro-discípulo), girando en torno a la resolución de una serie de asesinatos con sustrato matemático. El primer fallo es que ese sustrato es tan tenue, que más que sabio emérito y alumno aventajado, parecen dos estudiantes de primer curso de carrera que acaban de descubrir su primera paradoja matemática. Sin lugar a dudas, éste es uno de los aspectos que se benefician de la mayor versatilidad expositiva de la ficción escrita, y del mismo modo hay que reconocer la extrema dificultad de conjugar erudición y accesibilidad en un diálogo creíble, pero los intercambios pseudofilosóficos entre ambos protagonistas son más huecos que la cabeza de Espinete. Al parecer, basta con mentar muchos nombres impronunciables (si son germánicos mejor), arrojarse mutuamente principios matemáticos elementales (explicados con metáforas, para mejor comprensión) y hacer de tanto en tanto vagas referencias a algún que otro problema arcano (como ejemplo de Saber Mágico, que no hace falta demostrar), para convertir la trama en un juego matemático. Que todo eso no tenga la menor relevancia para el desarrollo de la historia (al estilo de las novelas de Reverte) no importa demasiado; el objetivo es Aparentar.

Los cr�menes de Oxford

Baste citar como ejemplo de la extrema superficialidad de las matemáticas implicadas un par de detalles sobre las dos secuencias sobre las que gira el argumento (descontando la mil veces nombrada, en vano, serie de Fibonacci). Una de ellas también tuvo un protagonismo destacado en el capítulo 17 de la novena temporada de “Los Simpsons” (Lisa, Simpson), donde se describe el gen de la estupidez masculina de los Simpson (estamos hablando de 1998). La otra la “redescubren” los protagonistas en un libro de texto de primero o segundo de secundaria. Claro que por en medio nos han tenido que mentar hasta el principio de incertidumbre de Heisenberg… con frases que parecen haber sido tomadas de prestado de Morfeo o Esfinge (sí, el de “Mistery Men”).

Por supuesto, la única manera de colar esto es haciéndolo lo más impreciso y recargado posible, así que no nos extrañaremos si empiezan a circular rumores sobre lo “supercurrado” que está todo y lo “megaprofunda” que es la trama. Nosotros nos limitamos a prevenir de que si alguien pretende ser tratado con un mínimo de respeto intelectual, que busque por otro lado.

El otro gran eje de la película es el triángulo (cuadrilátero a veces) romántico que se establece por decreto. Porque tiene que establecerse, vamos, que los actores hacen muy poco por trabajárselo. De tensión erótica en pantalla nada de nada (algo de tensión erótica en la platea, provocada por las exuberancias de la Watling, sí que se consigue). Aunque parte de la culpa cabe achacársela de nuevo a los diálogos ineptos (y a un doblaje que, ya es la norma, deja muchísimo que desear).

Así pues, el verdadero núcleo de la película, el “quién lo hizo”, queda no ya en segundo plano, sino en tercero. Tan poco se confía en él, que en vez de sustentar el misterio por sí mismo, se intenta ocultarlo bajo las pseudomatemáticas y los líos amorosos (quizás con la esperanza de que no le dediquemos demasiada reflexión). Por supuesto, a la hora de encajar las piezas, faltan varias, y el esquema que se obtiene es de lo más arbitrario; lo cual no debería ser por completo malo, ya que parte de la idea central de la película gira precisamente en torno a la arbitrariedad de nuestros juicios. Es sólo que se ha pretendido huir tanto de esa lectura (no fuera a ser que adivináramos el final antes de hora), que antes que reflexión queda como excusa.

Resumiendo, que no se salva la dirección (con planos de lo más anodinos mezclados con alardes vacuos), ni el guión (por todo lo descrito), ni la interpretación (desafortunada, rozando el esperpento en determinados secundarios y, en general, con una falta de química apabullante en todas y cada una de las relaciones), ni la música (sutil no es la palabra que la definiría). Pese a lo cual, no nos extrañaría que se convirtiera en un éxito, pues ofrece justo lo que la mayor parte del público busca (aquí sacamos a relucir nuestra vena elitista): un espejismo de complejidad y profundidad que no supone ningún verdadero reto; y ha contado con una campaña publicitaria digna (es lo que tiene estar respaldada y cofinanciada por una cadena televisiva).

En vez de perder el tiempo (y el dinero) con este engendro prefabricado, proponemos vivamente disfrutar (ahora en DVD) de nuestra recomendación de mayo.

~ por Sergio en enero 20, 2008.

6 comentarios to “El crimen de Oxford”

  1. pues tampoco esta tan mal…ademas el final sorprende.
    asique tampoco te pases… si crees que esta mal haz tu una mejor bonita…ke eres muy bonita

  2. Para empezar, lo de “bonita” me ha descolocado, aunque viendo la “k” del “ke” supongo que puedo atribuirlo a algún tipo de dislexia extraña.

    En cuanto al argumento de que “el final sorprende”… ¡Como si eso fuera un mérito! Según la estructura interna de la historia, el final hubiera podido ser cualquier otro. Así no tiene mérito sorprender. No se basa absolutamente en nada, es una resolución al azar (apoyada por unas dotes analítico-extrasensoriales del personaje de Elijah Wood que ya hubiera querido para sí Sherlock Holmes). El quid del guión no debía haber sido sorprender, ya que eso es algo que se asume por defecto, sino hacer que la sorpresa sirviera para dar coherencia intelectual a la lectura sobre las infinitas continuaciones posibles a las series lógicas. Sí, parece que el propio director se ha decantado por potenciar los elementos sorpresivos. Quizás haya sido ahí donde ha empezado a írsele de las manos.

    Por último, ¿para qué tengo de demostrar que algo es malo haciéndolo mejor? Crítica y creación son dos aspectos independientes. Además, es algo indemostrable. A lo mejor, con 10 millones, sí que saco algo mejor. Evidentemente, carezco de la trayectoria previa de Álex de la Iglesia que le ha permitido poder contar con este presupuesto. De hecho, no sé gran cosa del proceso mismo de producción de una película, pero he visto suficientes para considerarme cualificado para decir si en mi opinión son buenas o malas (y algo sí sé sobre el proceso de estructuración de una historia).

    Disentir no sólo es aceptable, sino incluso necesario, pero por favor, la próxima vez, utiliza argumentos con un mínimo de peso… y déjate de descalificaciones personales pueriles.

  3. Yo estoy con el equipo rescepto. Nada más empezar, cuando elijah entra en la casa en la que va a vivir y la vieja le recibe con esa cordialidad, sin una pregunta de quién es, o asustada o simplemente un saludo, para llegar despues la hija y ponerse a discutir delante de un extraño…, pues la verdad, yo tenía otra imagen de la mentalidad inglesa y sus relaciones sociales.
    Y respecto a leonor, solo decir que está en la película para alegrar la vista, porque que personaje tan mal dibujado, ¿no os da la sensación de ser una viciosa?

  4. Sólo he visto un ritual de cortejo más bizarro y fugaz que el suyo con el prota, en “Gunan, el guerrero” (véase unas cuantas entradas más abajo). Respecto a la viciosidad… bueno, es una enfermera con un uniforme que parece diseñado por un japonés. ¡Cómo no va a ser viciosa!

  5. Pues me dejas patidifuá chico, con las ganas que tenía de verla y lo que me gusta Álex de la Iglesia. En fin!. En cuanto a trama científico-matemática y tal, el propio Álex dijo que no quería algo muy complicado que impidiera seguir los diálogos. Quizá intentando conseguir eso, la haya pifiado.

  6. “Los números no son personas”. El final de esta ¿película? es de lo más gracioso. El viejo queriendo sentir culpable a Frodo Bolson, Y lo más increíble de todo es que REALMENTE SE SIENTE CULPABLE, quitando todas las culpas sobre el viejo. qué poder de persuación, Dios.
    Lo mejor de este filme sin dudas es cuando muestran a la enfermera en pelotas con el delantal cocinando espagueti, y con ese par de increíbles tetas (naturales) sobresaliendo a la vista de todos. Si pagué dinero por ver una película mala, creo que lo positivo fue la señorita en paños menores.

    En fin, la película estuvo muy rebuscada, diálogos que intentan dejar al público con la boca abierta y con intentos de sorpresa. Quisieron dejar como estúpidos al público y a las personas que no se interesan por la matemática (la mayoría de todos nosotros, la gente “normal”), cuando los estúpidos son ellos que intentan hacerse los superhéroes, y son realmente unos bobitos por querer mostrarse superdotados, superiores a la gente vulgar.

    ¿Existe el crimen perfecto? Por supuesto que sí. ¿Cuántos asesinatos hay día a día, que no se encuentran los culpables?

    La matemática y la lógica me chupan tres huevos.
    Repito “los números no son las personas”

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