Mensajes perdidos

Venga, un poco de autobombo en Rescepto Indablog (es lo que tiene no contar con blog propio operativo).

La editorial Libro Andrómeda acaba de publicar su decimoquinta antología, “Mensajes perdidos”, que versa sobre los problemas de comunicación en contextos de ciencia ficción. En ella, encontrarán un pequeño cuento de un servidor, “Interferencia mínima”, que se había hecho esperar (ha tardado en ver la luz más de dos años). Pero nunca es tarde si la dicha es buena, que suele decirse.

Mensajes perdidos

El libro puede obtenerse por solicitud directa a la editorial (Mundo Imaginario) y en algunas librerías especializadas, aunque se trata de una tirada pequeña, así que la distribución no será muy amplia.

(EDITADO)

Una vez leído, y siguiendo nuestra política de apoyo al relato como forma de expresión básica de la literatura fantástica (y a los autores hispanohablantes), he aquí una reseña de sus contenidos.

Antes de entrar en detalles, sin embargo, cabría destacar el magnífico nivel del conjunto, con doce relatos y un artículo, versando sobre distintos aspectos del acto de la comunicación. Si bien no hay nada verdaderamente novedoso (casi todos los cuentos se han decantado por un estilo expositivo muy clásico, quizás lo imponía el tratar sobre un tema tan recurrente como la comunicación dentro de la ciencia ficción), el acabado formal es más que notable y las historias están bien construidas (cojean tal vez algunos finales, pero ya entraremos en eso cuento a cuento).

La antología se inicia con el artículo Ciencia ficción y comunicación de Gabriel Trujillo Muñoz, un texto interesante y amplio, aunque quizás se eche en falta un repaso a los nuevos enfoques del problema de la comunicación, pues casi todas las novelas mencionadas fueron escritas hace al menos cuarenta años, y eso en ciencia ficción son veinte mundos. Tal vez se podría argumentar que si nos estamos refiriendo a las raíces de los grandes temas es inevitable retrotraernos a los pioneros, pero precisamente en los últimos años estamos viviendo una revolución del mundo de la comunicación al que la ciencia ficción no es (no puede serlo) ajena.

El relato vencedor del premio Andrómeda del año 2006 (convocatoria a la que corresponde esta antología), y que abre la sección de ficción, es Unión de José Sorribas, un cuento que en seguida nos trae a la memoria “Frequency” la película que dirigió Gregory Hoblit el año 2000, con la asesoría científica de Brian Greene. De hecho, la justificación científica parece sacada del trabajo de este último, “El universo elegante”. Sea por coincidencia o por beber de las mismas fuentes, lo cierto es que su lectura provoca cierta sensación de déjà vu y está un poco lastrada por el hecho de que el lector es capaz de ir muy por delante de los protagonistas en cuanto a conclusiones e hipótesis. Por fortuna, tenemos dos tramas que se entrecruzan, siendo una de ellas la narración de un primer viaje a la Luna que difiere en algunos aspectos del que conocemos. Aunque el lenguaje de los astronautas no parezca muy verosímil, su historia reviste suficiente atractivo para mantener la necesaria tensión durante todo el relato. Lástima que éste sea uno de los cuentos que se deja la conclusión un poco en el aire. En definitiva, un texto formalmente impecable, que se ve lastrado por su falta de originalidad, pero que mantiene aun así el interés gracias a la historia paralela (en más de un sentido).

A continuación viene uno de los mejores cuentos de la antología y posiblemente también el más experimental en cuanto a forma. Se trata de Una llamada más, de Antonio Cebrián, un relato narrado exclusivamente en diálogo, aunque se trata de un diálogo un tanto especial. En sucesivas conversaciones telefónicas, va presentándose tanto una revolución en el campo de las comunicaciones como un pequeño misterio, que va haciéndose mayor a medida que nos acercamos al desenlace. Pensándolo detenidamente, no es en absoluto creíble (no sólo la conclusión, sino el conjunto), pero esto no siempre es necesario para construir una narración ágil y absorvente.

Completando la terna de ganadores, está Reiskolem de Miguel Ángel López Muñoz, es relato más clásico de la antología. Aquí puedo explicar con detalle de qué va, porque esto es lo de menos. En un momento indeterminado, y sin razón aparente, empiezan a aparecer por doquier mensajes que dominan el pensamiento de los hombres y les hacen cometer actos de extrema violencia. Con una ambientación típicamente postapocalíptica, el cuento nos narra las vivencias de una pequeña célula de supervivencia compuesta por ciegos y analfabetos. El autor no se limita a diseñar esta ficción (que recuerda a títulos como “El día de los trífidos” o “Soy leyenda”) sino que la viste con personajes interesantes y construye con ellos, en unas 5.000 palabras, una historia humana cuyo interés complementa, pero también es independiente del argumento.

Monocerotis, de Pablo Brito narra la historia de un músico muy especial, en un tono que se aparta del resto de la antología, donde predomina quizás la aproximación científica al tema de la comunicación. En última instancia, Monocerotis trata sobre la transmisión y el origen de la genialidad y tal vez su mayor mérito consista en que al final no sabes muy bien si conviene tomárselo de forma literal o alegórica… y si realmente importa qué opción escojamos.

Qeqertarsuaq, de Antonio Moreno Álvarez se mueve a dos niveles, por un lado está el problema central de la trama, el análisis de un objeto alienígena que se resiste a ser interpretado, y por el otro tenemos una aproximación al mundo académico, con sus miserias y sus propios problemas de interpretación. El relato funciona muy bien a todos los niveles, con un estilo muy correcto y una presentación realista de la ciencia y sus puntos débiles, sin llegar en ningún momento a ahogar la capacidad de maravilla. Su único defecto es un final truncado, que deja con la miel en los labios. Quizás la historia no requiera un cierre perfecto, donde todo quede bien atado, pero aun así hubiera sido de agradecer un poco más de elaboración para que el desenlace hubiera estado a la altura del resto del cuento.

El siguiente relato es Aduya, de Sergio Parra, que una vez más aúna calidad literaria y escasa originalidad temática. En esencia, viene a ser el comunicado final de alguien que siente que su vida está próxima a acabar y quiere relatarle a alguien sus últimos logros. Sin embargo, el texto en sí resulta intrigante, aunque la historia no acabe de cuajar, con continuas referencias lingüísticas y su enfoque duro para una ciencia habitualmente considerada como blanda. Hay pequeños detalles que quedan sin explicación (como la inversión que ya se refleja en el título), pero en términos globales es un texto interesante.

Monos con mirada humana, de Óscar Daniel Salomón sigue con la tónica general de historias perfectamente estructuradas, con personajes sólidos, enfoque cientifista (que no necesariamente científico) y clasicismo en las formas. Juega un poco al despiste con el tema de la comunicación, que se verifica hasta a tres niveles, lo cual lo dota de un interés añadido. Lástima de los tres últimos párrafos, a mi entender innecesario y efectistas en exceso, que le roban fuerza al que debería haber sido el último giro/reflexión del cuento.

Cuando la esperanza se pierde, de David Mateo es uno de los textos menos elaborados. Depende en exceso del giro final y tal vez se queda un poco en anécdota por falta de “andamiaje”. Quizás también influya su conexión temática con uno de los relatos anteriores, que hace que se establezca una comparación inevitable. En definitiva, tal vez sean los personajes los que no están suficientemente delineados, pero es un cuento que no acaba de despegar.

Como un caballa que va sin nadie estampando su locura por los muros, de Pedro Félix Novoa es otra rareza dentro de la antología, pues funciona menos como relato que como reflexión sobre las funciones del lenguaje, constituyéndose así en una especie de ejercicio metalingüístico, en el que los elementos fantásticos tal vez resulten demasiado simples y desentonen con la carga intelectual del texto.

En A, B, C, de Aster Navas tenemos un microrrelato que, como tal, es un texto de todo o nada. Personalmente, el ligero toque surrealista no es de mi agrado, pero bueno…

Sigue la chorradita de un tal Sergio Mars que se titula Interferencia mínima. En fin, hablando de clasicismo… Que otros juzguen, esta aportación.

Para cerrar el volumen se sitúa Eclipse de fe, de Claudio Landete, un relato un poco tramposo, pues trata sobre las consecuencias del resultado de una traducción, utilizando el lenguaje de la ciencia pero sin recurrir a auténticos hechos científicos para construir la trama (algo muy similar, y en la misma línea, cuando leáis el texto sabréis a qué me refiero, lo suele hacer Arthur C. Clarke como pequeño inciso en sus novelas). De nuevo, el cuento se sustenta principalmente en sus personajes y, aunque contiene un par de errores en otros temas, destaca también el tratamiento científico (matemático) de la comunicación.

En definitiva, un volumen muy interesante, sobre todo en la actual conyuntura de escasez de propuestas en torno al cuento fantástico, que demuestra que los autores están ahí, dispuestos a proveer de contenidos suculentos a los proyectos que vayan surgiendo. Ahora sólo falta que público y editores se animen, que sería una pena perder todo esta generación de escritores por falta de expositores. En cuanto a Libro Andrómeda, el próximo volumen estará centrado en ciencia ficción humorística y está abierta la convocatoria sobre política ficción. Y que siga por muchos años.

~ por Sergio en enero 8, 2008.

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