Beowulf o la remitificación de un héroe

La última película de Robert Zemeckis no sólo cimenta la posición del director como un (silencioso) abanderado de la revolución tecnológica en el mundo del cine (en su trayectoria se cuentan ni más ni menos que la trilogía de “Regreso al futuro”, “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, “La muerte os sienta tan bien”, “Forrest Gump” y “Contact”; que acumulan tres Oscars a efectos especiales visuales y otro a los sonoros), sino que constituye un interesantísimo ejemplo de una práctica poco usual, que bautizaremos como remitificación.

Vale, ¿y eso qué es?

Tal vez sea más fácil explicarlo aludiendo a lo que suele ser habitual en estos casos, que es la desmitificación, ese ansia por “purgar” de elementos míticos cualquier leyenda para llegar hasta la esencia, hasta el origen histórico de unos hechos y unos personajes que han sobrevivido al paso de los siglos gracias a una vestimenta de mentiras que, si bien los han protegido del olvido, también los han deformado. Los ejemplos son múltilpes y los resultados variados (no tiene por qué ser una labor negativa). Sin salir del cine, tenemos ejemplos recientes, como “Rey Arturo” de Antoine Fuqua, o incluso más cercano al tema de esta entrada, “El guerrero número 13” de John McTiernan, basada en la novela “Devoradores de cadáveres” de Michael Crichton. Centrémonos en la última.

Asistimos en ella a la odisea de un árabe, Ahmed Ibn Fadhlan, que se ve obligado a acompañar a un jefe guerrero nórdico, Buliwyf, y a sus hombres en pos de una llamada de auxilio lanzanda por el rey Hrothgar, incapaz de defenderse del terror de los Wendol, unos salvajes semihumanos que arrasan todo a su paso. Durante la primera noche en el salón de banquetes de Hrothgar, los hombres de Buliwyf son capaces de repeler el ataque de los Wendol, consiguiendo como trofeo el brazo cercenado de uno de ellos. Sin embargo, la amenaza no ha desaparecido. Para conjurarla, los héroes deben buscar y matar a la madre/bruja de los Wendol en una caverna subterránea y, aunque consiguen su propósito, aún deben rechazar el último y bestial ataque de los salvajes, el “dragón” de fuego (hombres a caballo con antorchas). Durante la lucha final, Buliwyf muere, pero sus hazañas pervivirán gracias a la labor de cronista de Ibn Fadhlan.

Esta historia es, a grandes rasgos, la desmitificación del poema de Beowulf, quien acude al mando de sus gautas en auxilio del rey Hrothgar cuando el monstruo Grendel siembra la destrucción en Heorot, el salón de los banquetes. El héroe consigue derrotar a la criatura, cortándole un brazo, pero la madre de Grendel venga a su hijo y Beowulf se ve obligado a ir tras ella, combatiéndola en un lago subterráneo. Colmado de regalos, el gauta regresa a su tierra, donde a la postre se convierte en rey, y cincuenta años más tarde, ya en su vejez, debe luchar con un dragón por la posesión de su tesoro. El héroe vence, pero las heridas sufridas durante la batalla acaban con su vida.

Página de Beowulf

Hagamos un poco de historia. El poema nos ha llegado en inglés antiguo y narra de forma épica acontecimientos que tuvieron lugar siglos antes (sobre el quinto o sexto), cuando los anglosajones empezaban a establecerse en Inglaterra y mantenían estrechos contactos con los reyes germanos del norte de Europa. La historia se habría transmitido de forma oral hasta que un autor anónimo, del que sólo se sabe que era cristiano (posiblemente un monje), escribió su interpretación de la misma en torno al año 1010. La narración consta de 3182 versos aliterativos, con lo que constituye casi el 10% de todo el material que se conserva en ese idioma (la traducción, por tanto, es bastante compleja). Entremezclados con valores cristianos (Grendel procede de la estirpe de Cain, por lo que Beowulf se transforma en un adalid de la causa santa; aun siendo pagano), se encuentran otros tradicionales germánicos, como la gloria ganada en la batalla y la estrecha relación entre señores y vasallos. El protagonista es un héroe arquetípico, invencible y virtuoso, que muere en la cumbre de su poder, siendo amado y respetado por todo el mundo y constituyéndose en un ejemplo a imitiar (o del que sacar enseñanzas morales).

Saltemos ahora diez siglos hacia delante. En 1997 Neil Gaiman y Roger Avary escribieron un primer guión basado en esta historia clásica. La producción iba a ser modesta (15-20 millones de presupuesto) y se basaría sobre todo en conversaciones entre personajes. El proyecto dio varios tumbos hasta acabar en el limbo, del que fue rescatado por Zemeckis en el 2005, con el pequeño matiz de que ya no sería una película en imagen real, sino que se trataría de un filme de animación rodado con las técnicas de captura de movimiento que ya había empleado en “Polar Express”. Con esto, no sólo se disparó el presupuesto, sino que las posibilidades del medio digital propiciaron que se replanteara el uso de la acción, llevando a una reescritura completa de la batalla con el dragón. Un cuarto de las pantallas en las que se ha estrenado la película en EE.UU. ofrecían la posibilidad de ver la acción en 3D (se nota que hay varias escenas diseñadas para fardar en un cine IMAX). Sin embargo, esta reelaboración no afecta al enfoque primigenio: volver a contar el mito de Beowulf sin renegar de sus aspectos fantásticos (se nota que Gaiman estaba implicado).

Eso sí, para el público actual ya no sirve la imagen del héroe perfecto; un personaje así no tendría consistencia. La pregunta es: ¿Pueden introducirse los cambios necesarios sin faltar al espíritua del poema? La respuesta que encontraron fue: Sí, con un propósito bien definido.

Póster Beowulf

La “excusa” que emplean para justificarlos es que lo que ha llegado hasta nosotros es un canto de alabanza, que puede omitir los aspectos prosaicos o incluso negativos de la historia. Pero eso no quiere decir que todo sea falso… Aquellos hechos acontecidos ante varios testigos se consideran ciertos (incluyendo el ataque de Grendel y del dragón). Más juego ofrece la batalla con la madre de Grendel. De ella, sólo se tiene la palabra de Beowulf respecto a cómo aconteció. ¿Pudo mentir? ¿Para qué? Aquí entroncamos con otro problema que hubo que solventar. Entre la primera parte (Grendel y su madre) y la segunda (el dragón) transcurren cincuenta años. En el original no hay otra relación entre ambos acontecimientos que el propio Beowulf, sin embargo, hace falta algo que los una. Ahí radica la perspicacia de los guionistas para atar en una única trama acontecimientos dispares, aunque para ello deban recurrir a contradecir algún punto del poema (el que Beowulf no vuelva a casa y el destino de Hrothgar y su reino). Así pues, como el anónimo escritor medieval, funden los temas tradicionales (honor, hazañas bélicas, sacrificio) con otros nuevos (pecado y redención, amor emponzoñado por las mentiras) en un todo uniforme, con unos personajes que ya no son unidimensionales, sino que pueden ser comprendidos y con los que puede identificarse la audiencia moderna, pero sin renunciar a lo fantástico (he aquí la remitificación).

Como nota adicional, cabe resaltar el gran esfuerzo realizado por integrar los pasajes principales del original (incluyendo la competición de nado con Breca; interrumpida por unos cuantos monstruos marinos), los personajes (Hrothgar, Unferth, Wiglaf…) y los temas (el lago subterráneo, los funerales, la espada inútil), demostrando con ello el interés por mantenerse fieles en lo posible al texto de partida. Todo un acierto, porque si la historia ha sobrevivido quince siglos será que tiene algo especial, ¿no?

Para terminar unas palabras acerca del aspecto digital de la película. Primero: es una película de animación, pero no es una película para niños. Segundo: los escenarios son impresionantes, pero a los personajes aún les falta un poco para expresar toda la gama de emociones que se requiere de ellos (algo que es especialmente grave en el caso de la reina Wealthow, aunque quizás esta impresión esté agravada por su pésimo doblaje). Sin embargo, la lucha con el dragón es un anticipo de lo que la técnica puede estar preparando para un futuro cada vez más próximo.

“Beowulf” ha resultado ser una película mucho más interesante de lo que parecía.

 PS: Y qué decir del momento en que un bardo se pone a recitar el poema en el klingon original… Un toque maestro.

 

Anuncios

~ por Sergio en noviembre 28, 2007.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: