Una adaptación prestigiosa

Aprovechando su relativamente reciente salida en DVD, puede ser un buen momento para hablar de una de las películas que más impactó a dos terceras partes del Team Rescepto durante el 2006, “The prestige” (aquí se tradujo como “El truco final, y comprendemos los motivos, pero resulta un título tan patético que no volveremos a referirnos a ella de este modo) de Christopher Nolan. Pero claro, Rescepto, como ezine, se siente un poquito más cercano a la literatura que al cine (por mucho que en el blog no siempre se manifieste esta preferencia), así que, entroncando con una entrada anterior, vamos a analizarla desde el punto de vista de la adaptación de la novela original, de Christopher Priest, ganadora del World Fantasy Award en 1996 y editada en España por Minotauro (actualmente, es fácil encontrarla en su edición de bolsillo en Booket).

The prestige poster

La verdad es que pocas veces es posible encontrar un combo tan extraordinario de libro/película. Generalmente, las mejores películas “basadas en” suelen partir de libros mediocres (tomándose el adaptador muchas libertades), ya que cine y literatura son dos medios diferentes, que deben manejarse como tales, y lo que funciona en uno no tiene por qué ser efectivo en el otro. Trasladar algo único de las letras a las imágenes es aún más difícil que crearlo de cero, pero los cineastas, atrapados por las historias (o por los contratos), se sienten una y otra vez impelidos a probar suerte con este truco de magia. Al menos, Priest sabía lo que se hacía cuando exigió que fuera Nolan el prestidigitador, en detrimento de Sam Mendes, que era la opción principal del estudio.

Christopher Nolan y su hermano Jonathan (el duo detrás de “Memento”) son los encargados de transformar una novela de algo más de 400 páginas en una película de dos horas de duración, mostrando la enconada rivalidad de dos magos ingleses en las postrimerías del siglo XIX. A través de un montaje que abunda en el recurso de fragmentar la unidad temporal, bien sea saltando hacia el futuro como recreándose en el pasado, asistimos al enfrentamiento entre Alfred Borden y Robert Angier (Rupert en la novela), que asume una cualidad más personal que profesional, a medida que la tragedia y el odio que ésta genera va entrelazando sus vidas en una espiral obsesiva y (auto)destructiva.

La narrativa empleada es compleja. Hay un determinado momento en que lo que vemos en pantalla es lo que un personaje lee en el diario de otro respecto a lo que él mismo había escrito en otro diario que aquél transcribe mientras lo traduce (pues está en clave). ¿Suena confuso? La verdad es que no puede explicarse mucho mejor. Sin embargo, el conjunto ofrece una experiencia cinematográfica extraordinaria para quienes disfruten con este tipo de juegos (los que prefieran linealidad, mejor que se abstengan). Para que nos sirva de ancla, la película cuenta con un elenco extraordinario: Christian Bale y Hugh Jackman como protagonistas, arropados por Michael Cane, David Bowie, Scarlett Johansson y Andy Serkis (entre otros menos conocidos); de lujo. Por añadidura, la película fue merecedora de dos nominaciones a los Oscar (pocas, a nuestro entender): Mejor dirección artística y mejor fotografía. Para concluir con esta introducción, comentar que, con un presupuesto de $40 millones, recaudó 110 en todo el mundo.

A partir de aquí comienza los spoilers (intentaremos que sean pocos y poco importantes, pero no habrá más remedio que incurrir en ellos para hablar de los pormenores de la adaptación.

Lo primero que hay que recalcar es que “The prestige”-la película no es una adaptación fiel de “The prestige”-el libro. Primero porque no puede serlo (la misma estructura de la novela lo impide), y segundo porque no quiere (se da cuenta de que lo que funciona bien impreso no lo hace proyectado). La rivalidad en la pantalla alcanza cotas mucho más enconadas y se presenta de una forma directa e incluso violenta (desde el principio). La obsesión, que en el libro adopta una forma insidiosa, nos la presenta Nolan con total virulencia, desligándola un poco de los secretos mágicos para hacerla adoptar una cualidad más personal. Y esto es algo necesario.

The prestige poster 2

El tiempo de exposición limitado de una película afecta en especial a la introducción. No podemos permitirnos media hora de introducción, preparando a los personajes, dándoles profundidad y proporcionando riqueza a sus motivaciones (de hecho, en la novela de Priest contamos no con una, sino con tres introducciones, la del libro, ambientada en el presente, la de Alfred Borden, a través de su manual, y la de Rupert Angier y su diario, retrocediendo las dos últimas hasta sus respectivas infancias). Como en cine esto es imposible, al menos si queremos centrar la película en otros temas, la solución directa es acentuar uno de los aspectos para que su intensidad enmascare las posibles carencias en el resto, la rivalidad en este caso. Esta necesidad motiva algunos de los primeros cambios entre película y novela, por ejemplo, hacer a los magos conocidos desde el principio y, sobre todo, el destino de la mujer de Angier (sin revelar nada, hacía falta un detonante del odio mutuo de mayor carga emocional que el relatado en el libro).

Otro de los cambios lo encontramos en la estructura. La utilizada por Priest es muy propia de la literatura: cinco grandes bloques separados, dos de ellos (los que se refieren a ambos magos) narrando en ocasiones los mismos hechos desde perspectivas diferentes; los tres restantes sirviendo en cierta forma de andamiaje y proporcinando una presentación y una conclusión. Por añadidura, el estilo directo de narración, con mayor o menor énfasis en las entradas diarias, separadas a veces por años de silencio, crea un ritmo especial, donde cobran gran importancia los silencios y la subjetividad (la lectura de la versión de Angier arroja una luz distinta sobre muchos de los pasajes narrados por Borden). Es una estructura que invita a la relectura y que se inmiscuye lo menos posible en el discurso de los personajes, dejándoles libertad para contarnos Su verdad y que seamos nosotros los que, como lectores, decidamos cuál puede ser La verdad objetiva. Aunque este tipo de narración puede ser llevado al cine (y de hecho lo ha sido en numerosas ocasiones), estamos acostumbrados a aceptar los hechos tal y como los vemos (no siempre cuando nos los cuentan). Además, Nolan escogió no repetir escenas introduciendo variaciones de acuerdo con cómo las ven los protagonistas, primero porque las diferencias son a menudo sutiles y segundo (es una suposición) para no añadir un nivel extra de complejidad, habiendo optado por los flashbacks y flashforwards como elemento para crear la sensación de misterio que se va construyendo ante nuestros ojos. Lo que hace es barajar las escenas de ambas narraciones, alcanzando soluciones de compromiso en las ocasiones en que están enfrentadas o incluso cambiándolas de lugar (como en la escena en que Angier le pregunta a Borden por cierto nudo, al principio de la historia, que se corresponde con otra que en el libro acontece casi al final de su larga rivalidad) o de protagonista (acciones de uno llevadas a cabo por el otro). Por la misma razón, acorta el lapso temporal (lo que en el libro acontece en casi treinta años, lo comprime en poco más de seis) y funde a los diferentes ingeneur en un único asistente (interpreatado por Michael Cane, quien asume el papel de cohesionar la trama que en el libro ostentan los descendientes de los magos).

Quitando estas modificaciones, la película es una magnífica recreación del ambiente y la historia de Priest, manteniendo buena parte de sus temas (como la extraña dualidad que presentan, a modo de reflejo invertido, Borden y Angier) e incluso añadiendo alguno propio (al discurso sobre el coste de la magia añade la exigencia de “mancharse la manos” para conseguir el efecto, ejemplificado en la truco del canario). A este respecto, cabría destacar el trato dado a Nikola Tesla (aunque se echa de menos, tanto en libro como en película, profundizar un poco más en su extraordinaria vida y obra… algo que se entiende pues, después de todo, es un personaje secundario y no estaría bien que se impusiera a los protagonistas).

Quizás el mayor pero que se le puede poner a la adaptación resida precisamente en el prestigio que le da título. Nolan opta por realizar un cambio minúsculo y trascendental, precipitando un final mucho más cerrado e impactante (y también menos fantástico) que en la novela de Priest. Es aquí el único momento en que el guión se separa clara y conscientemente de su origen literario, buscando cerrar varios de los temas abiertos en la película (cerrando el círculo de venganza, culpa, secretos, obsesión y dualidad). Podemos especular un poco con las razones de dicho cambio. Por un lado, es probable que los guionistas pensaran que la historia ya se había escorado lo suficiente hacia el fantástico con la máquina de Tesla, y que introducir elementos más extraños aun podía alienar a parte de la audiencia y hacerles sentirse estafados. Por otro, una película representa una forma de narración que suele funcionar mejor con las tramas cerradas (si no que se lo pregunten a Zodiac), básicamente porque no es capaz de abrir tantas como una novela, donde se puede buscar un equilibrio entre lo que se acaba revelando y aquello que se deja en el aire. Por último, las modificaciones introducidas para enfocar y condensar la rivalidad exigen un fin diferente. No es factible realizar cambios y esperar que éstos lleven a la misma conclusión de forma lógica. Tomada como un todo, y dadas las opciones escogidas (sobre lo que se añade y se omite) el final del libro deja de ser óptimo. Christopher y Jonathan Nolan optan por mantener la esencia del mismo, pero alterándolo para que ajuste a su historia, y en nuestra opinión lo consiguen de forma sobresaliente, siendo infieles a la forma para ajustarse al fondo.

Para concluir sólo un apunte: la película sigue siendo igual de fascinante tras conocer todos los giros argumentales que se nos presentan al final y tras leer el libro del que parte. No existe mayor elogio para una adaptación.

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~ por Sergio en octubre 19, 2007.

Una respuesta to “Una adaptación prestigiosa”

  1. A mí me encantó la peli en todos sus niveles: una historia inteligente y fascinante. Difícil de clasificar, lo cual, al menos para mí, siempre es signo de nivelazo. Impagable David Bowie.

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