Los malditos guiones

Desde este blog ya cargamos hace unas cuantas entradas contra la relativa tolerancia que se tiene hacia las faltas de ortografía en el mundillo mayoritariamente amateur de la literatura fantástica (amateur porque vivir de esto está al alcance de muy pocos). Podéis refrescaros la memoria aquí.

Ahora vamos a concretar un poco más, haciendo referencia a uno de los errores más habituales y que, sin alcanzar una consideración tan alta como los acentos o las confusiones b/v, por ejemplo, es el causante de que la primera impresión a la hora de valorar un texto sea buena o mala. Lo peor es que no afecta sólo a los autores descuidados, sino que incluso es posible encontrar editores que permiten que estos fallos se cuelen en sus libros, convirtiendo la lectura en un ejercicio frustrante. El objetivo último de la normativización es que podamos olvidarnos de la forma para concentrarnos en el fondo. Las reglas, conocidas por escritor y lector, facilitan la comunicación entre ambos; eliminan la distracción que supondría prestar atención al vehículo para centrarnos en el mensaje. Esto es una perogrullada, pero cabe resaltarlo para justificar que no es lo mismo situar el guión largo (de diálogo) delante de un punto o detrás. Posiblemente esto no afecte de forma cualitativa a la comprensión del texto, pero sin duda la dificulta o, cuanto menos, distrae.

Aquí, claro está, asumimos que los lectores conocen la normativa, algo bastante aventurado. Sin embargo, un lector habitual sin mayores conocimientos lingüísticos puede captar, sin poder concretarla, una discrepancia en un texto dado respecto al volumen total de su bagaje literario. El trabajo de un escritor (quitando la poesía, que eso es otro cantar) consiste en transmitir un mensaje, así pues, se colige que su deber es eliminar cualquier distracción que se interponga en la consecución de este fin (incluyendo aquí no sólo las faltas ortográficas, sino cuestiones como cacofonías, aliteraciones, repetición de palabras o construcciones, sintaxis extrañas, barroquismo… a no ser, quitando el primer caso que es inexcusable, que estemos buscando un efecto, aunque nunca conviene abusar).

Volvamos ahora al tema de los guiones y seamos prácticos: pocos detalles causan tan buena impresión a un editor como encontrarse con un texto con los guiones bien empleados. Este hecho habla a las claras de la seriedad del escritor y predispone a su favor. Además, en realidad, su empleo se rige por unas normas que resultan muy fáciles de automatizar. ¿Cuáles son? Pues como no podemos explicarlo mejor, nos remitimos a esta página del antiguo taller literario de Axxón.

Para finalizar, sólo nos resta por comentar un pequeño detalle del guión de separación de palabra al final de renglón, que es, sin discusión el error ortográfico más ubicuo (hasta el punto que aparece en casi todos los libros, sin distinción en cuanto a editorial, género o tirada). Según puede leerse en el punto 5.12 de la Ortografía de la Lengua Española (descarga obligatoria en formato PDF de la página de la RAE), apartado b: dos vocales jamás se separan por guión, sin importar que formen o no diptongo.

Que ustedes lo guionicen bien.

~ por Sergio en octubre 4, 2007.

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