El camino del acero

De la obra de Andrés Díaz tan sólo conocía un puñado de relatos cortos, publicados años ha en el ezine “Los manuscritos perdidos“. Desde entonces ha sacado sendas novelas sobre su personaje Skarrion Gunthar: “Los guerreros sin rostro” y “La maza sagrada”, ambas en Timun Mas, obras que no he tenido la ocasión de leer, así que es con “El camino del acero” con la que tengo mi primera aproximación a la obra de larga extensión del autor. La experiencia ha sido mayormente positiva, aunque algunos pequeños detalles ensombrezcan el conjunto. Vayamos pues con esta crítica (que debía desde hace tiempo, todo sea dicho).

Primero una breve sinopsis: Carlos Alonso, un joven madrileño con una enfermedad terminal, se desvanece un día en la cama del hospital y al despertar se encuentra habitando el cuerpo de Dargor, el ornai, o jefe de los ejércitos, de la ciudad estado de Sarlia. Confuso, el protagonista debe aprender a sobrevivir en esta realidad salvaje y hostil, enfrentado a intrigas, invasores bárbaros, esclavistas y bestias fantásticas, mientras trata de reconciliar sus recuerdos con la realidad tangible de Durba, un transuto de la antigua Hélade.

El camino del acero

Con estos mimbres, Andrés Díaz construye una epopeya que lleva a Carlos/Dargor a múltiples peripecias que le conducen en un viaje que es tanto exterior como interior, enfrentándolo con sus propias creencias y obligándole a abrirse un sangriento camino hasta culminar su destino.

“El camino del acero” es una obra de espada y brujería, que troca la habitual ambientación pseudomedieval por un mundo que presenta ciertas similitudes con la grecia clásica (aunque existen algunas diferencias que resultan un tanto chocantes, como el empleo masivo de armas de acero). Por lo demás, la originalidad no es el fuerte de la novela. La premisa del debilucho trasladado a otro universo en donde es un campeón invencible podemos encontrarla en múltiples obras, sin salirnos de la espada y brujería ahí tenemos las aventuras de Den, el personaje creado por Richard Corben. Tampoco la caracterización de Dargor resulta creíble, algo que lastra de forma particular la novela ya que ésta se nos cuenta íntegramente en primera persona. Quizás el problema resida en que el estilo épico del Sword & Sorcery no es el más adecuado para esbozar personajes (el primer capítulo, sin ir más lejos, podría echar para atrás a más de uno por la superficialidad y los tópicos del retrato psicológico que nos presenta). Para terminar con los aspectos negativos, cabría señalar las rupturas en ritmo que suponen los largos párrafos encargados de situarnos en Durba, que a mi entender no se encuentran bien introducidos en la narración, y la tendencia a adelantar acontecimientos de tal forma que las sorpresas se desvanecen. Resulta reiterativa, por ejemplo, la situación en que le plantean al héroe con todo detalle las dificultades que le aguardan y depués asistimos al modo en que las supera… porque sabemos que las va a superar, que para eso es el protagonista. Y es una pena, porque donde más brilla la novela es en estos fragmentos de narración pura, donde Dargor realiza proezas casi sobrehumanas, empleando, como buen héroe bárbaro, la fuerza de su brazo, la rapidez de sus piernas o la astucia (es un dechado de virtudes, pero bueno, ¿cuál no lo es?).

Es gracias a esta habilidad narrativa (se nota el bagaje previo) que las más de quinientas páginas pasan en un suspiro, dejando un regusto satisfactorio. Una vez aceptadas las incongruencias, el mundo de Durba es atractivo y resulta un marco excepcional para las hazañas bélicas (y románticas, cómo no) del ornai de Sarlia. ¿Que hubieran sido más amenas sin las pistas iniciales que nos permiten casi anticipar el periplo? Posiblemente, pero el mismo estilo nos induce a vivir la aventura al momento, olvidándonos de pasado y futuro.

El camino del acero” es pues una novela entretenida, con muy buenos pasajes de acción y escrita con un lenguaje que, sin ser destacable, es correcto y funcional. Los pequeños fallos de estructura y credibilidad no desmerecen el conjunto (aunque provocan que cueste un poco entrar en la historia). Por último, no explora caminos novedosos dentro de la fantasía, pero a buen seguro satisfará a los amantes de la espada y brujería.

También cabe destacar la cuidada edición de Abaco, con ilustraciones de Manuel Calderón (en especial, destacaría la de un combate singular en la página 269). Quizás la cenefa con que se adorna la parte superior e inferior de todas las páginas resulte un poco barroca, pero por lo demás impecable.

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~ por Sergio en septiembre 27, 2007.

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