La literatura (fantástica) y el lenguaje

Bueno, vamos a repartir ahora un poquito a los autores, que no se diga que en Rescepto no somos ecuánimes.

Para plantear este tema haremos unas preguntas introductorias que no tienen nada que ver con el asunto… o quizás sí. ¿Acudiríais a un concierto en el que los músicos desafinasen? ¿Pagaríais por un cuadro realista con las proporciones incorrectas? ¿Qué opinión os merece una película en la que no paran de verse los micrófonos? Entonces, ¿por qué cojones existe tanta manga ancha con la redacción descuidada en el mundillo de la literatura fantástica?

Todo parece supeditado a ese gran concepto que se conoce como la IDEA. Si la IDEA mola, no importan una docenita de faltas ortográficas (o dos, o tres, o docenas; según casos). ¿Cómo puede llamarse escritor alguien a quien le importa tan poco el lenguaje como para machacarlo sin piedad a poco que le dominen las musas? Una idea, mal expresada, es como un diamante en bruto; puede ser valiosa, pero apenas una sombra de su potencial. Cada error va sumando, y aunque es cierto que en los tiempos que corren la corrección gramatical está muy devaluada (ya no se supende a nadie en los colegios por faltas de ortografía, por ejemplo), una de las aspiraciones del escritor debería ser ayudar a conservar, como un tesoro, su herramienta de trabajo, y no permitir que sea pisoteada (o, más grave, pisotearla él mismo).

No me vale todo ese rollo de que las lenguas son entidades vivas, que cambian y se adaptan a las nuevas realidades. El cambio puede ser inevitable, e incluso deseable, pero el escritor jamás debe contribuir inconscientemente a él. Cada cual es muy libre de hacer lo que quiera con su lenguaje particular (se arriesga a no ser comprendido, pero ése es su problema), pero siempre de forma consciente, sabiendo lo que es normativo y lo que no y decidiendo, en su caso, quebrantar la norma (yo, sin ir más lejos, me posiciono voluntariamente en contra de la supresión de tildes en los pronombres demostrativos cuando no ha lugar a confusión, porque me agrada el concepto de diferentes grafías para diferentes funciones… y porque pienso que esta norma no hace sino dar patente de corso y legitimar que se pasara del diacrítico). En todo caso, no es ésta la situación contra la que arremete la presente entrada.

No es de recibo encontrar cuentos repletos de faltas o, peor incluso, libros, de esos que cuestan una pasta gansa y que duele leerlos. No sé cómo estará el tema en otros géneros (porque no soy tan exhaustivo en ellos), pero en el campo de la literatura fantástica la cosa está muy, pero que muy chunga. Aunque claro, si es posible encontrar cuentos premiados en concursos que son un muestrario de errores, si se leen críticas poniendo por las nubes textos casi ilegibles, si la revisión de estilo es a veces inexistente… no es de extrañar que al no haber presión, los perpetradores no pongan de su parte para subsanar esta deficiencia.

Y ya no vale la pena entrar en cuestiones de estilo.

La literatura fantástica debe ser primero literatura y luego fantástica, no al revés. Entre esto y la tendención a elevar a los altares de la literatura universal mediocridades (a nivel literario) sólo porque son entretenidas, después aún nos vamos quejando de que no haya reconocimiento del fantástico en el main stream.

~ por Sergio en julio 3, 2007.

12 comentarios to “La literatura (fantástica) y el lenguaje”

  1. La verdad es que a mi cada vez me preocupa menos el debate y más el cómo mejorar. Creo que el único camino es el del ejemplo. Al menos en el esfuerzo por conseguir una obra en condiciones.

  2. El ejemplo, tal y como están las cosas, no sirve de nada. Para mí, Alfredo, el único camino es el debate. El debate que se viene rehuyendo desde hace tiempo porque no le interesa a nadie que algunos vengan metiendo el dedo en el ojo, que jode mucho.
    Todo se reduce a que, tal y como encontramos el tema en este momento, todos están y son mucho más cómodos.
    Merece la pena hacer un menú del día con lentejas y tener clientela asegurada que meterse en platos experimentales.

  3. El problema del ejemplo es que, sin “presión evolutiva” a favor de la redacción impecable, no sirve de nada. Es decir, si no reporta una ventaja clara porque no es un factor a considerar (o a considerar significativamente) para leer/editar/premiar, no se justifica el esfuerzo que cuesta ponerle remedio.
    Y no se trata de abogar por la discriminación positiva, sino por el criterio.

  4. Por eso he dicho “para mi”, la verdad es que no me preocupa demasiado el trabajo de la gente que no se esfuerza, ni me interesa lo más mínimo. Si hay que dejarlos a todos en su corralito, pues se les deja. Será por pastos.

  5. El problema es que no quedan tantos pastos, seamos sinceros.

  6. Pero haberlos haylos.

  7. Sí, vale. Whatever…

  8. Lo absurdo del plateamiento es que desprende un aroma elitista que echa para atrás, es decir: hay muchos escritores de fantasía que no merecen tal nombre porque cometen faltas, o mejor dicho, cometen más faltas de las que yo/nosotros considero/amos aceptables. En realidad lo que debería plantearse es si la literatura de género patria no seguirá siendo de segunda mientres sea publicada por editoriales que quieren ahorrarse correctores de estilo. No creo que los escritores mainstream o de género extranjeros hagan menos faltas, sencillamente no las vemos, o las vemos menos, porque su obra, antes de llegar a nosotros, ha pasado por un filtro.
    Todo trabajador debe conocer bien su herramienta de trabajo y no es de recibo que un escritor maltrate el lenguaje con la excusa de que después ya lo corregirá alguien, sin embargo tampoco tiene sentido la postura de aquéllos que desprecian el trabajo de otros porque consideran que, en el arte de narrar historias, poner bien una coma o no dejarse ninguna tilde tiene más importancia que la imaginación, el sentido del ritmo o la caracterización de personajes. En definitiva, redactar un artículo de este tipo, en estos términos, supone que quien/quienes lo suscriben no se encuentran dentro del grupo mencionado; que quienes denuncian las taras detectadas con pose beatífica y dedo acusador pueden tirar cuantas piedras quieran pues están libres de pecado. Y a eso, en mi pueblo y en el de al lado, se le llama prepotencia.

  9. ¿Es elitista exigirle a un cirujano que maneje bien el bisturí? ¿O a un músico que no desafine? Las faltas son inaceptables, todas ellas. Una cosa es que resulte difícil que no se escape alguna (entre las prisas, los cambios de última hora, los fallos de tipeo). Pero para eso están los correctores (no para hacer legible lo que perpreta el escritor). Generalmente, lo de las faltas de ortografía está ligado estrechamente con la calidad general, por la simple razón de que quien no se preocupa por ellas se la suelen traen al fresco cuestiones como el ritmo, las cacofonías, las aliteraciones, la correcta puntuación de los diálogos…

    Pero bueno, sí, es elitista. ¿Y sabes por qué? Porque la escritura, como cualquier otro arte, tiene sus grados. Hay genios, hay buenos profesionales, los hay que cumplen, otros no pasan de aficionados entusiastas y los hay también que son una auténtica ruina. La clasificación en uno u otro escalafón depende del talento personal y del trabajo que se tome uno. Lo primero no tiene vuelta de hoja, se tiene o no se tiene, pero lo segundo está al alcance de todo el mundo (así que, por esa parte, no, no es elitismo).

    Es triste y sintomático, que sugerir la necesidad (obligación incluso) de escribir sin faltas ortográficas se considere elitista. Se supone que es una habilidad que se adquiere en primaria. Aunque claro, con los planes de estudios que se vienen sucediendo desde hace unos cuantos años…

  10. Sugerir la necesidad de escribir sin faltas es inteligente y razonable, lo que es elitista es pretender que como el corralito de la literatura de género nacional es pequeño, decidiremos quienes tienen derecho a estar ahí y quienes no con la buena ortografía y gramática como principal e indiscutible criterio. Vaya, que un mamotreto intragable impecablemente escrito es digno de elogio, mientras que una novela apasionante y envolvente merece ser denostada porque tiene un determinado número de errores. Es pretencioso determinar que la corrección ortográfica es el principal baremo a seguir para determinar quienes merecen estar y quienes no; es prepotente decidir que la buena y la mala literatura se distinguen principalmente por el numero de errores que uno puede encontrar en sus páginas. Obviamente se trata de mi opinión personal e intransferible, pero ¿qué quieres? A mí siempre me han gustado los Sex Pistols.

  11. Único criterio no, más bien sería un prerrequisito. Vamos, no es algo que esté fuera del alcance de nadie. Basta con tomarse el trabajo de repasar lo escrito, que todo el mundo conoce las reglas. Después está lo bueno o malo que sea el texto, que eso ya es independiente. Pero al igual que es infumable un libro perfecto a nivel técnico pero sin alma, lo contrario es igual de insoportable.

    Para mí, los libros deben cumplir a todos los niveles para poder considerarlos buenos.

  12. Si algo te enseña el hecho de recibir relatos para seleccionar (ya sea para algún concurso, ya sea para una revista o ezine. Y te aseguro que los que aquí escribimos tenemos algunos años de experiencia en ello) es que el más maravilloso de los relatos se convierte en una total pesadilla cuando está plagado de faltas de ortografías. Por otra parte, un mamotreto intragable sin faltas de ortografía no es digno de elogio. Simplemente está escrito como se debe.
    No se trata de determinar quiénes están o quiénes no están en base a las faltas ortográficas, se trata de (por lo menos) tener un respeto por aquellos que van a leer lo que les envías, ya sean los editores o los lectores.
    Y supongo que eso debería ser compatible con tus gustos musicales.

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