Piratones del Caribe: en el quinto pino (a mano izquierda)

Últimamente el blog de Rescepto parece estar especializándose en crítica cinematográfica, mientras que el ezine en sí, se encuentra en un limbo impreciso del que vamos a intentar sacarlo tan pronto como nos sea posible con el ¿esperadísimo? número 9. Se dará la curiosa situación de que en la crítica del freak hablaremos de películas que en algunos casos llevarán año y medio estrenadas. Aún creemos que es un repaso interesante (más que nada por aportar un punto de vista desenfadado y cercano a intereses que no siempre se aproximan a los de la crítica tradicional), pero actual, lo que se dice actual, no lo es mucho.

No hay problema. Aquí tenemos el blog. Además, este formato permite que nos explayemos un poco más (y, si se tercia, alguna que otra divagación).

La película que nos ocupa en esta entrada es la tercera parte de ese éxito sorpresa del 2003, basado en la más improbable de las fuentes, una atracción de feria: “Piratas del Caribe”. Tras dicho éxito los estudios Disney, padres de la criatura, dieron luz verde a dos secuelas (que ya estaban previstas, por supuesto). La cuantía del botín recaudado, sin embargo, les permitió apostar fuerte y seguir un modelo que cuenta con ilustres (y no tan ilustres) predecesores: rodarlas simultáneamente (lo cual abarata un tanto los gastos de producción). El precedente ilustre, por supuesto, es la serie de “Regreso al futuro” allá por 1989. El más reciente, las secuelas de Matrix, que para el 2003 se gastaron la burrada (por entonces) de 300 millones de dólares y se estrenaron en un mismo año (demostrando, por cierto, que esa estrategia no era muy efectiva). Éste era el precedente no tan ilustre.

En una liga aparte juega “El señor de los anillos”, porque rodar juntas las tres pelis de una trilogía de esta magnitud es una jugada que posiblemente jamás vuelva a repetirse… (o no, que los de Hollywood están locos).

Jack Sparrow 

Mi papá dice que molo 

En fin, volvamos a los piratones, que tanto preámbulo sólo sirve para retrasar lo inevitable (digámoslo ya: no es truño al nivel de “Spider-Man 3”, pero es flojita, flojita, y como historia es… bueno, no es). Corría el 2004, decíamos, y los ejecutivos de la Disney le dijeron a Gore Verbinski: “Tío, ¿y si te damos 425 millones para que enriquezcas a los tipos de los efectos especiales y nos ruedas un par de aventurillas de ésas de las tuyas?”. Suponemos que la respuesta fue algo así como: “Mooooola”. Por supuesto, todos los actores estaban más que dispuestos a regresar a unos papeles que los habían aupado a la fortuna y la gloria. La mar estaba en calma, la luna estaba crecida, los pajaritos cantaban y las nubes se levantaban. ¿Cuál fue entonces el error? La verdad es que fue un pequeño fallo ya clásico en estas lides. Ya se sabe: la manía de ponerse a rodar sin tener un guión definitivo, que todo el mundo sabe que estas cosas se van montando prácticamente solas sobre la marcha.

Menos mal que había tantas fuentes de las que “tomar prestadas” ideas. ¿Qué hubiera sido de los esforzados guionistas de no haber contado con la inestimable ayudita de la serie de Monkey Island de Lucasart (Lucasfilm por entonces, ¡Ah, qué tiempos!), de “En costas extrañas de Tim Powers y, como añadido para la tercera entrega, de “Simbad”, la injustamente olvidada peli de animación de Dreamworks, que comparte con Piratas 3 muchísimo más de lo que cabría esperar el mero azar y de la similitud temática. Si además cuentas con un equipo de producción realmente extraordinario (y, recordémoslo, mucha pasta que gastar), ya tienes media película hecha. El problema surge a la hora de juntar todas esas ideas y todos esos escenarios fantásticos en una historia coherente o, cuanto menos, entretenida.

Y, vaya por dónde, ahí falla… estrepitosamente. La palabra que mejor define el intento de guión sería “Conspiración”. En un momento dado todos conspiran contra todos. Hay conspiraciones en las conspiraciones de las conspiraciones. El problema es que nunca queda claro qué es lo que pretende cada cual (si es que pretende algo, a lo mejor sólo conspiran por vicio). Es como si estuvieran tratando de vendernos la moto de que allí al fondo hay una trama compleja. Si los personajes se esfuerzan lo suficiente en hablar mucho entre ellos sin decir nada, y cada tres por cuatro alguien menciona la palabra “traición”, hasta es posible que, sin pretenderlo, el orden surja espontáneamente a partir del caos.

Esta estrategia también se ha seguido con los escenarios y los elementos de la trama: “Acumulemos, acumulemos, que algo saldrá”. Así nos encontramos con nuevos escenarios: un lugar que se parece en algo al sudeste asiático, aunque con elementos chinos y japoneses, por eso de que todo asiático es igual; un mar polar, un mundo de ultratumba de lo más soso, el mar Caribe del título, Melee Island(tm) (¡Huy, perdón, la bahía de los naufrágios, quería decir)… y desplazándose de un lugar a otro con una facilidad pasmosa. En cuanto a temas… pues como no les bastaba con el Holandés Errante (supongo que en el sentido groonesco del término), tienen que introducir una ninfa del mar ascendida a la categoría de diosa (cuya ira consiste en tirar de la cadena y cuya identidad no tienen muy clara los guionistas, ya que hay al menos dos candidatas propuestas y confesas a lo largo de la película), la Hermandad Piratona (o los Extras Pintorescos Sin La Menor Relevancia) y el coro de niños cantores colgados de Viena (que vete tú a saber qué pintan en todo este tinglado).

Y es una pena, porque a nivel formal la peli cumple (más en unos apartados que en otros, la música, por ejemplo, es la peor, que ya es decir, de la trilogía). Nos viene a demostrar, una vez más, que hoy en día se puede rodar cualquier cosa que se le pase por la cabeza al director. Se echa de menos algún hito específico, al estilo de los piratas-esqueletos de la uno o el Kraken y Davy Jones de la dos, pero todo el largometraje es un deleite visual (hasta límites empalagosos, ya que la saturación no obedece a necesidades narrativas, sino sólo al consabido “porque podemos”).

Otras características a destacar son que abandona por completo el intento de verosimilitud (extrema) de las acrobacias y entra de lleno en el terreno del “venga ya”, multiplica los elementos cómicos (sin decantarse por ellos) y se aferra a lo que presuntamente le funciona (si Jack Sparrow mola, qué no molaran múltiples Jacks, aunque aquí la infografía sea pésima).

Promo Piratas 3

Personajes borrosos… muy propio 

Para terminar con las miserias, una vez desmontado uno de los puntos esenciales de cualquier película de aventuras que se precie, la historia, habrá que echar por tierra el otro: los personajes. No hay ni uno solo con el que identificarse (o por el cual temer). Están ahí, llevan a cabo acciones muchas veces ilógicas, raramente heroicas y las más de las veces forzadas (peacho discurso estilo Braveheart de la Knightley).

En definitiva, “Piratas del Caribe: en el fin del mundo” hubiera precisado un buen jardinero que la podara de todo lo superfluo y que afinara la historia (no, no surge sola, hay que currársela). Sí, los medios empleados lucen mucho (y es lo único que salva la función), pero si no hay un fin no sirven de nada (la potencia sin control del anuncio). Lo triste del caso es que un resultado tan mediocre va a ser uno de los grandes éxitos comerciales de la historia, que reforzará la idea de que es inútil buscar la excelencia narrativa, cuando obtienes un óptimo resultado dedicando atención a otros aspectos (y mira qué poco hubiera costado, comparativamente, dedicarle tiempo a preparar el guión como se merece).

Y aquí estamos, en la época de los fuegos artificiales que nos ciegan y no nos dejan ver que sólo hay humo detrás. En un momento en que sólo importa que la recaudación el fin de semana del estreno sea lo más alta posible (por múltiples razones que quizás analice en otra entrada), un aspecto que no tiene nada que ver con la calidad de la película ni, mucho menos, con que la historia que nos cuenta sea interesante. Como dice el refrán, adaptándolo un poco, “el presupuesto no hace la felicidad”. La verdad, incluso en las películas de aventuras, esperamos bastante más que la mera acumulación de escenas más o menos espectaculares. ¡No es tan difícil! No siempre buscamos obras maestras. Sólo queremos coherencia, que la película se marque un propósito y lo persiga con honestidad. El problema es que, al parecer, estamos en minoría.

 PD: Y para peli de piratas, el Team Rescepto recomienda la denostada “La isla de las cabezas cortadas”.

~ por Sergio en mayo 27, 2007.

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