Vender mierda en latas doradas

ATENCIÓN : Entrada extremadamente escatológica.

Tras dos semanas de saturación de “Spiderman 3”, y con los datos de recaudación en la mano (primera semana de récord, caída abrupta pero no tan estrepitosa como para evitar que vaya a ganar un pastón y 600 millones de recaudación mundial a día de hoy), podemos quizás hacer algunas valoraciones del fenómeno.

Para empezar, habría que sentar las bases: la película, en pocas palabras, es una mierda (para una crítica un poco más elaborada, consultar la entrada “¡Hey tíos, un rescepto!“).

Vale, ahora con el análisis.

Si es una mierda, ¿cómo puede estar arrasando?

Por dos razones. La primera es el marketing, la saturación informativa, la curiosidad por ver un accidente de ferrocarril, el simple hecho de que cuando inviertes una pasta en publicidad, al final te renta (algo que deberían aplicar los productores españoles… si sus truños no necesitaran recaudar un duro porque antes de exhibirse ya han recuperado costes). Vamos, lo normal. El segundo motivo es más preocupante: porque verdaderamente hay mucha gente que no es capaz de apreciar que es mierda, servida en una lata dorada pero mierda al fin y al cabo.

“Spiderman 3” es sólo la última y más gargantuesca. En realidad el cine lleva años y más años acostumbrándonos al sabor de la mierda. Dado que la calidad intrínseca del producto apenas es relevante de cara a su éxito o su fracaso, ¿para qué molestarse por evitar los truños? Hoy en día pueden envolver cualquier excremento en costoso papel de celofán para hacerlo atractivo (300 millones de dólares dan para mucho celofán), y eso suele bastar, porque en contra de lo que dice el refrán, una mona vestida de seda, al menos es una monada (perdón por el chiste malo).

Luego sólo hace falta vender bien el engendro y confiar en la suerte. No siempre funciona, pero, como he escrito antes, lo último que influye en esta fase es la calidad.

Y en cuanto tienes suficiente gente acostumbrada, ya ni siquiera necesitas esforzarte en vender las excelencias de la cropofagia. El mismo público te la pedirá y eso es el paraíso. Resulta mucho más sencillo preparar mierda que un buen plato de alta cocina, pues sólo requiere mucho dinero, que es una materia prima que abunda bastante más que el talento. Y el primero puede repartirse obviando por completo lo segundo. De vez en cuando se juntan, pero es por pura chamba… que no garantiza absolutamente nada en términos económicos.

Para cerrar, una confesión: Nos gusta la mierda (a veces). Pero cuando la consumimos sabemos que lo estamos haciendo y preferimos la honrada, la que no se disfraza para parecer lo que no es.

Por cierto, la etiqueta bajo la que se publica esta entrada, para beneficio de quien no suela fijarse en esas cosas, es “Mundo literario”.

~ por Sergio en mayo 14, 2007.

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