Otro clavo en el ataúd del cuento

La Terma (tertulia madrileña para los no iniciados) acaba de anunciar que el Pablo Rido, uno de los premios decanos del panorama fantástico en castellano, tiene las ediciones contadas (finalizará su andadura en la XVII edición el año que viene).

Ante todo, quisiera expresar nuestra admiración hacia los organizadores por su continuada labor en favor del cuento fantástico a lo largo de todos estos años. En su palmares podemos encontrar algunos de los más renombrados narradores del género, en muchos casos dándose a conocer al público. Receptores del Rido (anteriormente, premio “Aznar”; por la saga de George H. White) han sido César Mallorquí, Félix J. Palma, León Arsenal, Daniel Mares, Rafael Marín… Edición tras edición ha sido un referente en la literatura de corta extensión gracias a la labor desinteresada de los aficionados de la tertulia madrileña. Por desgracia, parace ser que le ha llegado la hora de desaparecer por decisión de sus organizadores, a los que ya sólo queda agradecer el haber aguantado tanto tiempo una iniciativa que tanto echaremos de menos (a ver si en estas dos ediciones que quedan aún conseguimos algo).

Sin embargo, también deseo mostrar mi discrepancia en cuanto a las razones aducidas (desde luego, no para negar su validez, sino por mantener un punto de vista diferente). Según su comunicado: “Hoy en día, las revistas y fancines casi han desaparecido, sustituidas por Internet, donde es mucho más fácil publicar obra breve. Todo ello hace mucho menos interesante un premio de este tipo y, por tanto, su mantenimiento.

Primero, quisiera recalcar que publicar en internet con garantías de calidad no tiene por qué ser más sencillo que en papel (al menos, eso pretendemos en Rescepto). Además, la “recesión” también ha alcanzado a los medios electrónicos. Hoy en día apenas hay un puñadito de ezines, y aun éstos se las ven y se las desean para que el público los lea. Hoy en día publicar un cuento en condiciones es extremadamente difícil. Sin embargo, el razonamiento, si no lo he entendido mal, es que al haber menor salida para los cuentos es menos interesante apoyarlos. No estoy de acuerdo.

De hecho, creo que estamos en un momento crítico para el relato fantástico. Sin revistas, con apenas un par de antologías, un fanzine en papel y unos pocos ezines, los cuentos no llegan al público. Resulta difícil discernir quién ha dado la espalda a quién, pero lo cierto es que el cuento está moribundo o, cuanto menos, bastante papucho. No es un buen momento para perder un referente.

La Terma también indica en su comunicado: “Creemos que el Rido ya ha cumplido sobradamente su papel al animar y fomentar a muchos autores en ciernes en momentos en que era difícil publicar o recibir el “espaldarazo” que les animara a seguir adelante en sus carreras literarias. Ahora, las editoriales que publican género fantástico, mucho más abiertas al autor español que antes, cubren esta labor sobradamente.

Desde luego, es su opinión y hay que respetarla, pero los autores tradicionalmente se convierten en opciones económicamente viables gracias a que se han venido dando a conocer en el circuito de revistas y premios. El apoyo actual se basa en la estructura anterior, en esa generación de autores que sí han recibido el espaldarazo de las publicaciones periódicas profesionales y de los premios como el Rido. ¿Qué vías se le abren ahora al autor novel? ¿Publicar de buenas a primeras una novela que atraíga la atención de uno de los pocos editores que se atreve con el autor hispanohablante neófito? (porque, desde luego, ni hablar de conseguirlo con las editoriales con más solera).  Incluso en condiciones ideales, la capacidad de estas editoriales es reducida (en número de volúmenes al año), así que muy pocos van a poder beneficiarse de esta conyuntura (y no sería de extrañar que hubieran bajas prematuras). En todo caso, y volviendo al cuento, salvo casos excepcionales, de antologías ni hablamos; no digamos ya de antologías que no cuenten con el apoyo de algún que otro relato destacado en un certamen.

Nos encontramos en un momento en que escribir cuentos no vale la pena, salvo por puro solaz personal. Los ezines (como Rescepto) no acaban de despertar el interés de los aficionados; no hay revistas, ni (casi) tan siquiera fanzines en papel; a menos que la apreciación de la edición electrónica cambie (estamos trabajando en ello), la única salida con verdadero interés promocional son los premios; y nos vamos a quedar sin uno de los más prestigiosos.

Así pues, como decía al pricipio, hay que respetar la decisión de la Terma y agradecerle su trayectoria y su apoyo de tantos años al género, pero, aunque la desaparición de un certamen no supone el fin del mundo, nos encontramos ante un panorama sombrío para el cuento fantástico… y ello repecutirá en el vivero de escritores. Veremos en un par de añitos si nuestro sistema editorial, sin una de sus bases, sigue siendo tan sólido.

~ por Sergio en mayo 7, 2007.

13 comentarios to “Otro clavo en el ataúd del cuento”

  1. Es que un premio sirve para mucho: para colocar una antología, para que una editorial te lea esa primera novela, para que un agente te haga caso. Siempre es malo que desaparezca un premio.

  2. Sip, sip. Muy malo, la verdad, porque además el Rido tenía solera, y era perfecto para abrir esas puertas.
    En fin, nada puede durar eternamente.

  3. Bueno, pues habrá que ir pensando en arriesgar al margen del circuito del fándom. Las editoriales “del gremio” pasan de publicar antologías, los fanzines no los lee ni dios y, sobre todo, es virtualmente imposible que te paguen un duro por escribir. No entiendo la gracia que le ve la gente a todo esto, la verdad.

  4. Ya, ¿pero dónde vas presentando una antología muy de género fuera del gremio? Terror aún, pero fantasía o cifi… Vamos, que si en “casa” no te quieren, muy chungo está fuera. A no ser que haya ahí fuera un mercado al que el circuito fandomita no llega y que, por un casual, algún editor lo descubra y lo explote. Desde luego, las editoriales mejor posicionadas son las que trabajan habitualmente con el fantástico, pero tenemos algunas consolidadas que no se arriesgan y otras que sobreviven precariamente con tiradas minúsculas y que tampoco están para muchos alardes.

    La cuestión es: ¿Hacen bien en no arriesgarse porque la situación no lo permite? ¿No se leen antologías porque no se editan o es al revés? ¿Cuánto tiempo podrá mantenerse la estructura actual si cambian las condiciones de base? ¿Afectarán las bajas en revistas (y premios) a la predisposición del público potencial? (que deja de recibir un estímulo actual y continuado de lo que se va moviento en el mundillo).

    En una pregunta: ¿De verdad está tan bien el asunto editorial como se suele proclamar?

  5. Pues, siendo breve: si encuentras que las editoriales consideradas de fantástico prefiere apuntarse a la nueva (y enésima) moda del bestseller histórico antes que arriesgarse a seguir apostando por literatura de género escrita en castellano, está claro que lo que buscan es una rentabilidad que está reñida con la parte “literaria” de su negocio. O al menos yo prefiero pensar eso antes que decir que la literatura de género escrita en castellano, y en especial los cuentos, son tan malos que no vale la pena publicarlos (ni escribirlos, en consecuencia) porque nadie los lee, como parece ser el mensaje.

  6. No, el mensaje es que no se publican y no se publican porque al parecer no venden (o viceversa, no venden porque no se publican), sin entrar a valorar los motivos ni mucho menos la calidad intrínseca del producto. Lo que resulta innegable es que el cuento no despierta mucho interés.

    Por supuesto, las editoriales de género se mueven con unos márgenes de beneficios muy limitados, así que tienen que apostar por valores más o menos seguros (curiosamente, las que más arriesgan suelen ser las más pequeñas y vulnerables, pero ésa ya es otra historia). En cualquier caso, puedo dar fe de que no resulta absolutamente imposible lanzar una antología. El problema, tal y como lo veo, se presenta ahora, cuando desaparecen opciones para crear las condiciones necesarias para que un autor se convierta en una opción económicamente viable.

    Imagina que alguien escribe el mejor cuento de la historia de la literatura fantástica española, y piensa dónde podría, a día de hoy, publicarlo (y una vez conseguido, cuánta gente lo leerá). Ahí hay un problema (que es independiente de la calidad). ¿Y si son 10 buenos cuentos?, ¿o 20? ¿Dónde se publican? No vale la pena escribirlos porque no hay donde mostrarlos, o mejor, no hay donde mostrarlos en condiciones (sobre todo de público potencial) que justifiquen el trabajo que cuesta crearlos (si es de terror, quizás entre en Paura).

    A largo o incluso medio plazo, esto no puede ser nada bueno. Ni para el cuento en sí, ni para el género fantástico autóctono.

  7. Si alguien escribe el mejor cuento de la historia de la literatura fantástica no lo publicará una revista ni un fanzine del fándom, me juego lo que quieras. Es posible incluso que el fándom ni siquiera se llegue a enterar de la existencia de ese cuento.

    Y eso es porque cuando uno llega a cierto nivel como escritor, se le tiene que quedar pequeño por fuerza un circulo con tan poca difusión y que, encima, no paga. Por no hablar de la castración creativa que supone un canon de cómo tiene que ser lo fantástico bastante estrecho en ocasiones.

    A mí no me preocupa la salud del género, hay bastante gente que escribe cosas que se parecen mucho a la ciencia ficción, al terror o al fantástico y les va francamente bien. Tarde o temprano el que quiera escribir de verdad tendrá que probar a jugar en es liga. Y, desde luego, es la única salida que le veo yo al cuento.

  8. Pues sí, si se parece mucho sí, pero no veo cómo un cuento de cifi o fantasía pura podría publicarse fuera del círculo. Es decir, hay opciones siempre que se enmascare que es de género. De todas formas, me parece que ésa es una cuestión diferente. Vamos, que nadie se ha rasgado nunca las vestiduras porque la gente haya tenido que buscarse las castañas en prados más verdes, como la literatura juvenil o el thriller terrorrífico (y, últimamente, la aventura ¿pseudo?histórica). Sin embargo, no deja de ser sintomático que la literatura de género, sin enmascarar, no triunfe (los primeros damnificados son los más débiles, los cuentos). Que hay salida, pues sí, pero sería más agradable que la salida no implicara una “deserción”.

    Ah, y una de las bases del problema quizás sea la identificación absoluta y exclusiva entre fándom y lectores potenciales de género fantástico.

    Resumiendo, que lo bonito sería romper el círculo desde dentro (utópico que es uno).

  9. Tendrías que aclararme qué entiendes por “ciencia ficción pura” porque es un concepto problemático, pero no estoy de acuerdo en que se trate de enmascarar el género. Se trata de hacer literatura, buenos cuentos, bien construidos, atractivos para un lector que pide algo más que el enésimo refrito de fórmulas que lleva sin variar desde los años cincuenta. Vamos, de hacer cosas que trasciendan las etiquetas –que no significa trascender el género. En otras palabras, ciencia ficción que no viva aislada de la verdadera literatura. Si eso es una deserción… Estoy de acuerdo de que el cuento no es muy rentable si se le compara con la novela, pero está ahí, igual que la poesía, que es un género aún menos rentable –¿quién lee poesía?–. Y sin embargo te abre más puertas en el mundo editorial haber publicado en un par de revistas digitales de poesía que en el Visiones.

    El problema, para mí, es que hay multitud de caminos y la gente no los ve. Supongo que lo que pasa es que esos caminos transcurren al margen del fándom. En otras palabras: creo que si alguna vez hubo la oportunidad de que salieran cosas realmente buenas para la literatura fantástica desde el fándom, se han ido al carajo. Si es algo cíclico o para siempre, está por ver pero de momento lo único que se puede hacer es seguir escribiendo. Como dice Víctor, el movimiento se demuestra andando.

  10. Exacto. El camino lógico y natural de que la literatura fantástica crezca es dentro del fándom (entendiéndolo en un sentido amplio como el círculo de personas que muestren una especial inclinación por el fantástico). Sin embargo, ese camino se está cerrando, y cada vez resulta más arduo y más infructuoso. Eso no quita que haya otras vías a explorar,
    pero ya no es lo mismo.

    Es decir, ya no se puede aspirar a ser tan extremo, porque para acercarse a la literatura general hay que renunciar a ciertos planteamientos. Por ciencia ficción pura, por ejemplo, entiendo la que de verdad hace hincapié en la parte científica, la que más difícil resulta de apreciar al publico en general porque sus principales virtudes le son como poco exóticas. Buscar la senda de la integración en otras corrientes literarias lleva necesariamente a un ajuste en forma y contenidos y a un emprobrecimiento del abanico de posibilidades que ofrece el fantástico (es más aparente en cifi, pero también se da en fantasía; no tanto en terror).

    En fin, es la conyutura en que nos encontramos.

  11. Personalmente, no estoy tan de acuerdo en que la ciencia cierre la puerta al profano, gente como Chiang o Egan me parecen escritores interesantes a un nivel literario (interesantes no quiere decir fácil) y comprensibles y yo no soy un experto, precisamente. La ciencia es una metáfora, como cualquier otra (como puede ser la historia o la intriga policíaca) y lo que hagas con ella es lo que marca la diferencia. Por ejemplo, Las Partículas Elementales de Houellebecq está plagada de reflexiones sobre física, biología, psicología, e incluso tiene un final de ciencia ficción pura y dura, y nada de eso hace que sea reconocida dentro del fándom. ¿Por qué? En mi opinión, porque usa todos esos elementos para escribir una novela satírico-existencial anclada en el mundo en que vive en lugar de una novela medio de aventuras medio thriller como hubiera hecho, por ejemplo, Sterling. ¿Eso la hace mejor? No necesariamente, pero la hace un caso a tener en cuenta, creo yo.

  12. Cierra la puerta del editor “profano”. Vamos, no me imagino a ninguno aceptando un cuento de Egan para publicar en un medio generalista. De hecho, los cuentos de Axiomático se publicaron principalemnte en Interzone e Isaac Asimov’s (y similares) (de Chiang no sabría qué decir, porque aún no me he leído “Los hechos de la vida”). En fin, que es precisamente ese tipo de cuentos es el que nos vamos a perder si no hay un circuito de producción especializado. Pequeñas joyas como las de Axiomático, o “Emjambre” de Sterling, o “Perdido en el banco de la memoria” de Varley, o “Entra un soldado, después entra otro” de Silverberg, o, salvando las distancias temporales, “La última pregunta” de Asimov, pienso que hubieran tenido difícil o imposible ver la luz sin publicaciones especializadas.

    De todas formas, parece que la situación precaria del cuento no es algo local o específico de género. Stephen King se queja en el prólogo de “Todo es eventual” de la mala consideración que tiene el relato como género literario, y de lo difícil que resulta venderlo (evidentemente, no a él), y eso que el terror es mucho más comercial.

    No sé, tengo la la impresión de que estamos dándole vueltas a matices insignificantes, aunque estemos de acuerdo en el fondo…

  13. No, si en el fondo pensamos lo mismo. Hace unas semanas asistí a una charla con uno de un escritor de los grandes, gran cultivador del relato, y venía a decir prácticamente que el cuento –independientemente del género al que se adscriba– sólo existe porque la gente se empeña en escribirlo y que a los editores no les interesa. En ese sentido, son necesarias las iniciativas no “profesionales” o no planteadas con ánimo de lucro, especializadas y no especializadas. Es decir, el fándom. Pero hay muchas formas de entender el fándom. Por un lado veo bien reivindicar a ciertos autores y maneras de escribir, pero por otro también hay que tratar de romper el aislamiento y abrirse a otros horizontes y explorar tendencias nuevas. No veo que ambos puntos de vista sean excluyentes. Lo principal es contar con gente nueva con ideas y ambiciones que se anime a escribir, por que si no sí que se habrá acabado todo.

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